Capítulo 11
Si-young, al recordar al hombre que tenía en frente, inclinó ligeramente la cabeza a modo de saludo, fingiendo no darse cuenta de que Young-joon le tendía la mano para estrecharla.
—Hola. —saludó ella de forma breve y concisa.
Sin avergonzarse, Young-joon sonrió y retiró la mano despreocupadamente. No obstante, Si-young observó su cara, aparentemente inocente, y se preguntó.:
«¿Son ellos dos tan cercanos como para irrumpir así, en la oficina, como si nada? Y, en el caso de que así lo fuese… ¿Cómo habían llegado a ser cercanos en primer lugar?»
Solo con un breve vistazo a ambos, era casi seguro decir que, Eun-gyeom y Young-joon, eran tan diferentes que no sería descabellado decir que eran dos personas completamente incompatibles.
Luego, Si-young miró a Eun-gyeom que, de alguna manera, ya se las había arreglado para subir el jersey de cuello alto hasta debajo de la barbilla, sin que Young-joon notara los arañazos que él escondía.
—¿Puedo ir contigo?—preguntó el hombre que los había interrumpido con descaro.
Con un indiferente encogimiento de hombros, Eun-gyeom se levantó y cogió su maletín, que estaba colgado a un lado del perchero. Sin embargo, antes de que pudiera darse la vuelta e irse, Eun-gyeom le ordenó a Si-young:
—Dame dos copias del contrato que acabas de fotocopiar.
—Claro. —respondió ella al instante.
Mientras deslizaba dos copias del documento en una carpeta, para entregársela a Eun-gyeom, Si-young, sin darle mucha importancia, pensó:
«¿Qué clase de contrato es este?»
Alistándose rápidamente, Eun-gyeom cogió el portafolios y ella se quedó atrás, en la oficina, con las manos cruzadas a modo de despedida, viendo cómo él, junto al hombre que había llegado de improvisto, se iban del despacho. Pero, en ese mismo instante, Young-joon asomó la cabeza por la puerta y le preguntó:
—¿No vienes?
—¿Disculpa?
—Vamos a una reunión sobre nuestra exposición de cine. Por eso digo, ¿no quieres venir, Si-young?
—¡Ah! Bueno, yo…
Una confundida Si-young miró a Eun-gyeom, detrás del joven, como si estuviera esperando que él diera su consentimiento. Al darse cuenta de ello, Eun-gyeom contestó por ella:
—Ella no viene.
Young-joon se quedó perplejo por la simple respuesta de él, que intervino de improvisto.
—¿Por qué?
—Tiene trabajo que hacer.
—Bueno, pero a menos que sea algo importante, deberíamos ir juntos, ¿no? Esa es la única manera de aprender para hacer bien tu trabajo…
Eun-gyeom miró a Young-joon con cara de cansancio y, se diera cuenta o no, de su innecesaria indiscreción, el hombre se volvió hacia Si-young, insistiendo:
—¿No es así, Si-young?
—…
—De hecho, nos están esperando otros miembros del personal, y quiero que tú también vengas con nosotros, Si-young. Así, ya os conocéis para futuras reuniones artísticas que realizaremos pronto. Ya sabes, serían cosas como programar la planificación de las próximas exposiciones que habrá en el Museo. Además, creo que es una buena oportunidad para que te integres con gente de la industria. Ya que estás de prácticas, no viene de más aprender viendo el trabajo real, ¿no?—explicó él rápidamente.
—Pero yo…
—Vamos, Si-young. —dijo Young-joon, quien, sonriendo, mientras palmeaba la espalda de Eun-gyeom, añadió—. ¿Vienes con nosotros?
—Haz lo que quieras. —cedió Eun-gyeom finalmente.
Al darse la vuelta, él parecía cansado, como si acabara de salir de una reunión que ni siquiera había empezado.
Por su parte, Si-young observaba atentamente a Eun-gyeom, mientras se apoderaba de ella un estado de completa confusión.
Aunque, de mala gana, Eun-gyeom les había lanzado una mirada de aprobación, al darse la vuelta, de espaldas a ellos, como si no existieran, también mostraba una clara indicación de que no estaba de acuerdo con esto. Con aquel comportamiento, era como si él esperara que Si-young diera alguna excusa para echarse atrás. Sin embargo, cuando ella vio su cara, esperando una respuesta de su parte, su expresión decía todo lo contrario. Era como si él realmente quisiera que Si-young hiciera lo que le apetecía hacer en ese momento. Ante eso, la joven, irremediablemente, se encontró en una encrucijada en la que no estaba segura de qué hacer.
—El equipo de cine que vamos a conocer, “Fairy”, es bastante famoso, ¿los conoces, Si-young?—siguió conversando Young-joon, ignorando el ambiente incómodo que se había formado entre ellos.
Si-young, que pareció sorprendida por un momento, al escuchar lo que él le decía, dio una respuesta corta:
—Sí.
Pero, Eun-gyeom, de forma perspicaz, notó el cambio en el tono de voz de ella y la miró de nuevo.
Era comprensible que Si-young se viera positivamente afectada con la noticia. “Fairy” era un equipo de producción que a ella le había gustado desde que se topó, de casualidad, con ellos mientras hacía un trabajo en la escuela. Desde entonces, siempre los había estado buscando en las redes, ya que había sentido curiosidad e interés por el tipo de vídeos y ediciones fotográficas que producían. Por eso, Si-young se sintió emocionada por tener la oportunidad de conocerlos.
—¡Genial! Vamos a su estudio a una reunión. ¡Ven con nosotros!
Si-young observó tímidamente a Eun-gyeom, quien todavía tenía una expresión de que no le importaba nada de esto.
Tras un breve debate entre su mente racional, diciéndole que no debía ir, y su deseo de conocer al equipo de vídeo, Si-young optó por la última dirección. Aquella que le dictaba su corazón.
—Si no molesto y mi presencia no causa ninguna intromisión con vuestros asuntos…
—¡Claro que no, Si- young! Eres, sin duda, bienvenida. ¡Ven entonces!
Cuando Young-joon terminó de hablar, Si-young seguía en su sitio, contemplando a Eun-gyeom. Tal vez, él, sintiendo su falta de voluntad para moverse, con aquellos ojos que buscaban su consentimiento afirmativo, se vio obligado a intervenir en la conversación.
—Prepárate.—dijo Eun-gyeom.
Era una palabra corta y sencilla, con un tono cansado, pero parecía darle total permiso, por lo que una leve sonrisa cruzó el rostro de Si-young.
━━━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━━━
Por algún motivo, el comportamiento de Eun-gyeom, en aquel momento, era diferente de lo habitual. No era tan falso y amable, como solía ser cuando estaba entre una multitud, ni tan frío, como cuando estaban ellos dos solos. Por tanto, Si-young se convenció de que aquel cambio se debía a Young-joon.
Eun-gyeom junto a Young-joon, era extrañamente diferente al Eun-gyeom que ella había visto antes. Un hombre que, por así decirlo, Si-young no había conocido hasta ahora, pues, por lo que parecía, solo mostraba su verdadero “yo” delante de Young-joon.
Sorprendentemente, en aquella reunión, Eun-gyeom se veía despreocupado y notablemente amistoso delante de todos los demás, sin ningún tipo de exageración o expresión forzosa. Por supuesto, eso no quería decir que, por ello, de repente fuera más amigable con Si-young. Sin embargo, sí que su comportamiento se había suavizado un poco con ella. No era tan impetuoso como lo había sido, más de una vez, en la mansión, y tampoco era tan frío como lo había sido en varias ocasiones, especialmente en aquellas en las que ambos se encontraban solos en la oficina. Por tanto, ante aquel nuevo y desconocido Eun-gyeom, Si-young se mostraba visiblemente confundida.
—¿Qué tal de sabor? ¿Te gusta, Si-young?—preguntó Young-joon, que poco a poco iba cambiando la impresión que ella tenía de él en su mente*.
*Fue bastante mala. En su primer encuentro con ella Young-joon fue bastante directo, entrometido e irrespetuoso al compararla con la hermana de Eun-gyeom abiertamente.
—Sí, está delicioso. —respondió Si-young.
No sabía cómo habían acabado comiendo juntos, pero gracias a la influencia de Young-joon, era la primera vez que ella había comido con Eun-gyeom, sin preocuparse de tener luego una indigestión, como ya había ocurrido con anterioridad. También era algo completamente nuevo para ella que pudiera sentarse en la misma mesa con él y degustar el sabor de la comida. De hecho, Si-young se maravillaba de poder probar un filete de ternera que se deshacía en la boca con un gusto a carne sin igual. Todo, en general, estaba muy lejos de la última comida que tuvo en la mansión, en la que no estaba segura de si estaba masticando un trozo de bistec o solo goma.
—Bueno, me alegro que hayamos decidido colaborar con el equipo “Fairy” para crear un cortometraje para la próxima exposición. Por cierto, ¿qué te ha parecido la visita al estudio, Si-young?
—Fue bastante ameno. Gracias a ti, disfruté mucho verlo en persona…—respondió ella mientras miraba de reojo a Eun-gyeom.
Desde que ambos habían empezado a trabajar juntos en el Museo Janglim, se había convertido en una costumbre para ella, el observar a Eun-gyeom, sin importar lo que dijera o dijese.
En aquellos momentos, Eun-gyeom cortaba su filete impasible, con el rostro inexpresivo. Era como si bien, no hubiera oído la breve conversación que Young-joon mantenía con ella o como si, realmente, estuviera completamente desinteresado en ella. Aun así, de todos modos, Si-young se sorprendió interiormente, ya que era la primera vez que se encontraba en una conversación con alguien y no era observada con el ojo avizor de Eun-gyeom, que la analizaba a cada segundo.
—¿Y bien? Dime, ¿cuál es tu opinión personal?
—Creo que harán un buen trabajo.
—Ja, ja, ja… Se nota que te gusta “Fairy”, Si-young. Si te vieras… Te brillan los ojos con tan solo hablar de ellos.
—Bueno, es que han sido mi equipo de producción favorito desde que estaba en la escuela.
—¡Oh! Ya veo, entonces. —contestó Young-joon satisfecho, antes de preguntar—. Estoy hablando demasiado, ¿verdad?
Aunque fue a Si-young, a quien le iba dirigida la pregunta, Eun-gyeom interrumpió y contestó secamente.:
—Sí.
Sin embargo, Young-joon no se sorprendió por su intervención con aquella corta respuesta.
—Bueno, tú ya estás acostumbrado. —dijo él con una sonrisa, como si no le diera importancia a la opinión de Eun-gyeom.
—No, no estoy acostumbrado. —replicó.
—¿Qué pasa, Eun-gyeom? ¿Has venido a Corea y, por estar aquí, ya te has olvidado de cómo solíamos ser cuando estudiábamos juntos?—bromeó Young-joon y luego, volviéndose hacia Si-young, continuó—. No te contó nada, ¿verdad? Cuando estudiábamos juntos en el extranjero, vivíamos en la misma casa, e íbamos a la misma escuela. Así que, como estábamos juntos todo el día, la gente a veces nos llamaba…
— Choi Young-joon.
Young-joon se sobresaltó y se encogió de hombros ante el grave tono de advertencia en la voz de Eun-gyeom.
—En fin, nos conocemos desde que éramos niños, y luego nos hicimos más íntimos cuando comenzamos a estudiar juntos en el extranjero.—concluyó Young-joon, que decidió desistir y no hablar de aquel tema.
—Sí, entiendo…
—Te lo cuento porque, básicamente, pude ver en tu cara que tenías curiosidad por saber cómo nos hicimos amigos, así que ahora ya lo sabes, Si-young.
Mimy: Yo creo que este tipo se huele que a Eun-gyeom que le gusta Si-young, aunque no lo quiera reconocer, de ahí sus insistencias XD O vete tu a saber que se hablaron entre ellos cuando se fueron de copas después de la fiesta de la exposición XD
Obviamente, Young-joon dio en el clavo y Si-young no pudo decir que no. Aun así, de repente, aquel último comentario despertó una nueva curiosidad en ella. Algo que nunca se había planteado hasta ahora.
«¿Cómo es posible? ¿De verdad soy realmente tan expresiva, como para que los demás puedan saber lo que estoy pensando de un solo vistazo?»
Si-young siempre había creído que era buena ocultando sus expresiones faciales y fingir despreocupación. Pero, ahora, delante de Young-joon, que podía ver a través de sus pensamientos hasta el punto de avergonzarla, se preguntaba si, en realidad, ella misma era una de esas personas que revelaban más de lo que pensaban con su rostro.
«Me pregunto si Eun-gyeom también lo notó otras veces… No debería, ¿no? Eso espero… ¡Dios! ¡Que no sea verdad! Me siento innecesariamente ansiosa de solo pensar que él pueda leerme tan fácilmente como este hombre…»
—¿Qué hay de ti, Si-young?
—¿Disculpa?
—Bueno, he oído que él se queda contigo en la misma casa. Ya te he contado sobre cómo nos hicimos cercanos, y yo también tengo curiosidad sobre vosotros dos.
Si-young se quedó callada de nuevo. No estaba segura de si él lo decía por decir, o si realmente estaba interesado en ello. Cuando se le ocurrió que, tal vez, Young-joon no estaba pensando profundamente en ello, y probablemente no pedía una explicación llena de detalles, Si-young fue cuidadosa con su respuesta.
—En casa…
Pero, de súbito, Young-joon la detuvo bruscamente, como si estuviera a punto de recordar algo en concreto. Bajó la cabeza, sacó el móvil y, tras dudar un momento, dijo con cara de vergüenza.
—¿Qué debo hacer…? Debo irme.
—¿De repente?
Young-joon sacudió ligeramente su teléfono.
—Es una llamada a la que debes ir, cuando la recibes.
Si-young asintió, ligeramente confusa. Lo repentino de la llamada era desconcertante, pero ella no quería indagar y convertirse en un estorbo a la hora de atender sus asuntos.
Comparado con Si-young, que lo aceptó manteniéndose en silencio como una tumba, y Eun-gyeom, que no había reaccionado en absoluto a la noticia, Young-joon parecía bastante decepcionado.
—Es una pena… Pero ha sido bastante divertido….
Al instante, Young-joon se levantó rápidamente y, de forma amistosa, palmeó a Eun-gyeom en el hombro. Luego, como si las palabras fueran urgentes, exclamó deprisa:
—¡Nos vemos la próxima vez!
—Sí, algún día que…
—No. —cortó Young-joon mientras le enseñaba el móvil que tenía en la mano.
Cuando Si-young parpadeó confundida, él se rió entre dientes.
—Ja, ja… Contáctame para entonces.
—¡Ah!
—Porque ahora trabajamos en la misma industria, Si-young.
Si-young, dubitativa, no contestó directamente y Young-joon, en lugar de entregar su teléfono, puso los ojos en blanco y miró a Eun-gyeom. Eun-gyeom, por su parte, lo observaba atentamente con los hombros encorvados, pero, a diferencia de él, no puso su mirada en blanco, sino que clavó ambas pupilas en él.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?—preguntó Young-joon, lanzando una mirada nerviosa a Eun-gyeom—. No estoy tratando de quitarte a una empleada, así que no te preocupes.
Sin embargo, Eun-gyeom no respondió y simplemente se encogió de hombros.
—¿O hay alguna otra razón para no hacerlo?—insistió Young-joon.
La pregunta sobresaltó a Si-young y, al mismo tiempo, Eun-gyeom frunció el ceño. Pero, en un instante, él disimuló su expresión mostrando su cansancio abiertamente mientras apretaba firmemente sus dedos entre las cejas.
—Nunca dije que no.
—Estoy de acuerdo con que no lo hiciste, pero me lanzaste una mirada que decía que no. —dijo Young-joon que volvía a tenderle el móvil a Si-young—. Tú tampoco me has dicho nada, Si-young. No sé lo qué estás pensando en esa cabecita tuya, pero no me veas así, por favor. No te voy a acosar, es solo darme tu número. Al fin y al cabo, nos vamos a encontrar mucho en el trabajo con este proyecto, así que es bueno tenerlo, nunca se sabe.
Si-young siguió dudando por unos segundos, pero al final cedió. Ignorando la mirada de Eun-gyeom, Si-young le dio su número de teléfono a Young-joon. Le hormigueaban las yemas de los dedos mientras se desplazaba por los dígitos de la pantalla y, aunque no levantara sus ojos del móvil, era consciente de lo intensa que debía ser la mirada de Eun-gyeom en aquel momento, pues notaba el fuego de sus pupilas, fijas, sobre su piel.
—Toma…—murmuró Si-young.
Con un hábil movimiento de pulgar, Young-joon accionó el icono de llamada.
BZZ, BZZ, BZZ…
—Ese es mi número el que está llamando ahora. Guárdalo, ¿ok?
—Sí.
—¡Oh, mierda! ¡Se me ha hecho tarde! ¡Me tengo que ir! ¡Hasta luego, hasta luego! ¡Chao!
Young-joon hizo una rápida lista de cosas que decir y desapareció como el alma que lleva el diablo. Fue tan veloz, que ni siquiera se notó ni un rastro de su presencia, como si nunca hubiera estado allí.
Tan pronto como Si-young y Eun-gyeom se quedaron solos en el comedor, ella sintió frío en el ambiente que los rodeaba. Era como si un helado escalofrío recorriera, de arriba a abajo, su espina dorsal. Pese a que la temperatura real era moderada, con tres velas encendidas en la larga y amplia mesa, los calambres del frío, que le atravesaban el cuerpo, se sentían como si estuviera afuera.
En lugar de cortar la carne, Si-young, nerviosa, bebió un sorbo de vino, haciendo una mueca por el sabor amargo que bajaba lentamente por su garganta. Dar pequeños sorbos de alcohol, era mejor que llevarse todo el vino a la boca de un trago, y también era la única forma de pasar el tiempo en silencio, evitando, así, una conversación incómoda. Si-young, con esa estrategia en mente, volvió a llevarse el vaso a los labios y, mientras lo inclinaba, observó atentamente a Eun-gyeom.
En aquel momento, él tenía los ojos cerrados, apoyando los codos pesadamente sobre la mesa, se frotaba ligeramente el entrecejo y la frente con los dedos. A estas alturas, ella ya había compartido el despacho con él, el tiempo suficiente como para saber que ese era un hábito suyo. Uno que siempre hacía cuando estaba sumamente cansado.
Si-young sabía, de sobra, que Eun-gyeom había estado muy ocupado preparando la nueva exposición. Pero no se había dado cuenta de que estaba tan cansado hasta que lo vio así; sentado a la mesa y con los ojos cerrados.
«Debería no haberme entrometido e ir a la reunión con “Fairy”. Aunque me haya gustado mucho el estudio, es mejor que me mantenga alejada de los asuntos de Eun-gyeom… Al fin y al cabo, desconozco por completo su agenda, sus planes y… Bueno, casi todo de él.»
Pensó ella, sintiéndose innecesariamente avergonzada por haber prolongado la comida con su presencia.
Como los ojos de Eun-gyeom estaban cerrados, no era difícil, ni incómodo, contemplar su rostro. Si-young dejó, lentamente, su copa de vino en la superficie, sin hacer ruido, y volvió a mirar a Eun-gyeom. Ya bien sea que, en aquel momento, estuviera hipnotizada, o más bien hechizada por él, lo cierto era que Si-young no podía quitarle sus ojos de encima. De todas formas, en vez de mantener su mirada fija en él, ella deslizó sus pupilas suavemente por sus cinceladas facciones masculinas, grabando, en su mente, cada detalle de su rostro. Desde el borde alto del jersey, que le cubría la mayor parte del cuello, hasta la mano fibrosa, que seguía masajeando su frente. Sin embargo, cuando su vista alcanzó la muñeca, que era invisible bajo la manga del suéter, sus ojos se abrieron como platos, sorprendida por la traición de su subconsciente.
—…
«¿Qué estoy haciendo? ¡Oh, basta ya, Si-young! No deberías pensar en eso…»
Incómoda, Si-young apartó la mirada de forma poco natural. Con cuchillo y tenedor en ambas manos, cortó, de forma superflua, un trozo de la jugosa carne, por la que ella ya había perdido su interés.
No obstante, sin venir a cuento, la voz grave y gélida de Eun-gyeom atravesó el silencio con una inesperada revelación.
—Había marcas de quemaduras en el cuerpo de Yoo Si-young.
¡CHANG!
El estruendoso ruido del cuchillo al golpear el plato, tras aquellas palabras, fue la respuesta de Si-young.
—Cuando ella era muy pequeña, no sé con qué mierdas estaba jugando al lado del fuego, pero derramó agua caliente y se quemó la pierna. Yo, en cambio, terminé con una cicatriz en la muñeca.
Si-young levantó la cabeza ante lo repentino de la historia y vio a Eun-gyeom, que ya había descubierto su mirada ante ella. Sus ojos, agotados, estaban entrecerrados horizontalmente mientras la contemplaba fijamente.
—Las cicatrices son de esa época.
—¿Qué…?—dijo ella, atónita.
Al ver la confusión de Si-young, sus cejas se movieron ligeramente, antes de aclarar, de forma escueta:
—La herida que viste.
{—Yo… Lo siento.
—Lo viste, ¿verdad?
—…
—No trates de fingir que no lo sabes. Lo que viste, olvídalo.}
«¿Por qué me dice esto ahora?»
Si-young, sopesando la situación, habló lentamente:
—No se lo diré a nadie.—dijo de forma cautelosa y, mientras fruncía sus labios empapados de vino, añadió—. Si puedo, borraré el recuerdo de haberlo visto.
Si-young intentó calmarse bebiendo, uno tras otro, varios sorbos de vino. Pero, el calor que bajaba, empapando su garganta, no hacía más que emborracharla. Por tanto, más que tranquilizarse, ella comenzó a sentirse algo aturdida.
—Así que, no necesito que me cuentes más…
Pero, antes de que Si-young pudiera concluir su frase, Eun-gyeom la interrumpió:
—Ese día, después de una gran discusión con mi madre, mi padre intentó matarme. —continuó él, inclinándose hacia atrás en su silla.
Fue un movimiento ligero comparado con el peso de sus palabras, que no paraban de salir de su boca.
—Ignorarme y dejarme solo, como si estuviera muerto, no era suficiente para él. En aquella casa mi padre solo sería feliz, si yo desapareciera del mapa. Así que, no solo abusó de mí hasta la saciedad, sino que también cortó mis venas en contra de mi voluntad.
Si-young se tapó la boca con la mano, atónita por la cruda confesión de Eun-gyeom.
—Quizás, por eso, no me importó tanto las represalias que hubo tras lo de mi hermana. Romper esa “familia perfecta”, era la única forma de vengarme de mi madre, la que permitió que todo aquello ocurriera.
—¿Qué…?
—Por eso, ella me envió a estudiar al extranjero, para mantenerme alejado, porque temía que se supiera todo, de puertas para afuera. Con tal de mantener las apariencias y no hacer pedazos su falso concepto de “felicidad”, siempre estuvo dispuesta a hacer cualquier cosa.
—…
—Pero bueno, siendo sinceros, es lo único que le agradezco, porque, gracias a eso, no volví a ver a mi padre hasta que murió.
Sus ojos, rojos y secos, parecían que podrían resquebrajarse de un momento a otro. Mientras murmuraba perezosamente, como si estuviera contando casualmente la historia de otra persona, ajena a su desgracia, observaba atentamente cada movimiento y gesto de Si-young. No obstante, para ella, era difícil escuchar sus palabras aparentando que nada de esto tenía que ver con él. Era como si cada sílaba, pronunciada de entre sus labios, fueran granos de arena que se deslizaban entre sus dedos, sin pegarse a la mano marcada por los recuerdos de una cicatriz.
—Ahora que lo sabes, ¿qué te parece?—preguntó Eun-gyeom, como añadiendo la guinda del pastel.
Si-young, ante esto, bajó la cabeza. Ella no quería mostrarle sus ojos, su expresión, o cualquier otra cosa que revelara un mero indicio de sus sentimientos. Por algún motivo, sentía que no debía. No quería que él supiera que sentía lástima por él, así que mantuvo la cabeza tan baja como pudo.
—Si hubieran muerto juntos* entonces, como quería tu padre, ¿habría sido eso una venganza contra ella?
*Se refiere a Eun-gyeom y la hermana.
Intentando ocultar las emociones, que estaban a flor de piel, Si-young hizo aquel comentario con una voz demasiado casual, haciendo que pareciera una terrible y fría suposición, propia de alguien que no tenía corazón. Por supuesto, tan pronto como terminó la frase ella se arrepintió, mordiéndose el labio inferior mientras Eun-gyeom le respondía con el mismo tono:
—No, no habría sido una venganza. Solo habría sido una molestia engorrosa.
Si-young, no sabía qué decir, dudaba de los motivos de Eun-gyeom para decir esas cosas, especialmente a ella, la persona que había suplantado a su hermana, fingiendo ser como ella. Pero, tan pronto como pensó en la situación de Eun-gyeom, cuando se conocieron, y la vio haciéndose pasar por alguien que no era, con el único propósito de llenar el vacío que dejó Yoo Si-young, sonaron campanas de alarma en su cabeza.
«¿Por qué me haces esto? ¡No necesito saber tanto de la historia! ¿Lo haces para que me sienta culpable? ¿Para mortificarme haciendo obvios los motivos de tu odio hacia mí?»
Sin embargo, ahora, con aquel nuevo punto de vista frente a ella, Si-young no podía descargar su irritación contra él. Estaba más bien molesta consigo misma y, al mismo tiempo, pensaba en el joven Eun-gyeom, que debió haber sufrido con el rechazo de su padre. “Una vida de lujos, en una mansión, donde lo trataban como a una molestia”; así fue la vida de Eun-gyeom en Corea, hasta su adolescencia. Siendo así las cosas, ¿qué diferencia había entre ella, huérfana, y él, cuya existencia era un estorbo?
—Yo no habría hecho eso si fuera tu padre. —murmuró ella finalmente.
—…
—Y lo de tu madre… Lo sé. Lo supe desde el principio.
Tan pronto como dijo aquello, Si-young frunció el ceño. Se debatía interiormente si apoyar o no a Eun-gyeom, quien confesaba abiertamente las penurias de su pasado.
«¡No! ¡De ninguna forma yo…! ¡Aaaah! ¿Por qué he dicho eso? No quería mostrar mis sentimientos cuando sus intenciones son demasiado obvias…»
—¿Hablas de que sabes que busco una manera de vengarme de mi madre?
Si-young levantó la cabeza lentamente.
«Venganza…»
La palabra de sus pensamientos apenas fue audible cuando la murmuró entre dientes. La mirada de ella se elevó y los ojos de ambos chocaron en el aire. La atracción magnética entre los dos era palpable en el ambiente y, mientras Eun-gyeom se empapaba con la sensación, contemplaba a la hermosa Si-young, cuyas pupilas se iluminaron como velas.
—Sé cómo hacerlo, así que ¿por qué no?—dijo Eun-gyeom, ladeando la cabeza hacia la izquierda—. Al fin y al cabo, hace tiempo que quiero vengarme.
Como si se ahogara, Si-young clavó los ojos en él, olvidando cómo respirar.
Un zumbido llenó su cabeza, como una alarma que advertía del peligro. Una especie de mecanismo de autoprotección que la avisaba de que estaba corriendo un riesgo muy grande, especialmente si se quedaba al lado de aquel hombre. Si-young no sabía exactamente por qué, pero sintió que ella era “la herramienta” que él necesitaba para completar su tan ansiada venganza.
«Está siendo demasiado evidente… Está claro que me va a utilizar, o más bien va a usar el hecho de que Tae-ra me trata como a una hija delante de los demás… Pero, aun así, ¿cómo lo hará? ¿Qué pretende hacer este hombre conmigo? Seguro que no le importa si yo salgo mal parada de todo esto… No le gusto, es obvio, y por tanto, el “no hacerme daño” no está entre su lista de intereses, viendo como ya me trata ahora. ¿Será por eso que me ha contado toda esta historia? ¿Para que no le eche en cara nada en el futuro, porque, según él, tiene un motivo?»
Si-young lo observaba fijamente con los ojos entrecerrados mientras reflexionaba sobre ello, dándole muchas vueltas en la cabeza.
Lo esencial, que ella sacó de todo esto, era que Eun-gyeom iba a vengarse de Tae-ra, y no dudó en revelarlo.
Al final, de todo el torbellino de pensamientos, solo quedo una pregunta suspendida en su mente:
«¿Cómo voy a tratar con él, así?*»
*Aquí, Si-young se refiere a que cómo va actuar “bien”, con él, frente a los demás, en el Museo. Algo que Eun-gyeom le pidió expresamente en capítulos anteriores. Sinceramente, después de semejantes declaraciones, hasta yo (Mimy), no sabría cómo actuar con él como si nada pasara.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R