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Capítulo 72

«¿Cómo he terminado en una situación así?»   

Koi echó un vistazo a su alrededor mientras sorbía su Coca-Cola. Era la primera vez que se encontraba en medio de un ruido tan ensordecedor.

Sabía que los chicos del equipo de hockey sobre hielo eran ruidosos. Por supuesto, las animadoras también lo eran. Pero cuando ambos ruidos se combinaban, era imposible distinguir lo que decía nadie.

Si había algo positivo era que, gracias al barullo, Koi podía quedarse callado, bebiendo su Coca-Cola, sin que nadie se diera cuenta.

Después del entrenamiento, los jugadores de hockey devoraban cantidades asombrosas de comida. Aunque le había sorprendido lo mucho que comía Ashley, los demás no se quedaban atrás. Vio cómo arrasaban con toda la comida que llenaba la mesa en un instante y se lanzaban de inmediato sobre los platos que se reponían. Koi asintió para sus adentros: «Bueno, supongo que necesitan comer así para mantener esos cuerpos».

Tenía el estómago vacío y le dolía, pero no podía hacer nada al respecto. Koi esperaba que la cena terminara pronto y que comenzara la reunión. Con el ritmo que llevaban, no parecería tardar mucho.

Por supuesto, incluso en medio de todo aquello, lo que más le preocupaba eran Ashley y Ariel. Ni siquiera se oían bien las conversaciones de al lado, así que era imposible escuchar lo que ellos dos se decían con tanto jaleo. Pero, por sus expresiones serias, estaba claro que estaban manteniendo una conversación importante.

«No puedo esperar mucho tiempo.»

De repente, recordó las palabras de Ashley. Junto con ellas, le vino a la mente la imagen de Ashley inclinándose y Ariel susurrándole algo al oído. En ese instante, el corazón de Koi se hundió.

***

—Siento el comportamiento de mis hermanas —dijo Ariel en un susurro que era bastante alto para serlo. Aunque, aún así, solo Ashley podía oírla.

—¿Por qué actúan así tus “hermanas”? —preguntó él, moviendo los dedos índice y medio de ambas manos en forma de V.

Ariel se sintió un poco ofendida por la pregunta, pero respondió con desdén.

—Supongo que es su manera de reconocer que te acercas un poco a mi nivel.

—Qué honor —replicó Ashley con sarcasmo.

Ariel respondió con un puñetazo bajo la mesa a su costado. Fue un golpe rápido y certero, y Ashley se encogió con una mueca de dolor. Se sujetó el dolorido costado y preguntó, con el rostro contraído.

—Ya que estamos, solo por curiosidad, ¿también fueron tus “hermanas” las que extendieron el rumor de que yo te había pegado?

Ariel resopló con desdén y alzó la cabeza.

—No lo sé. Yo solo dije que habíamos roto.

—¿Y ellas, por su cuenta, inventaron ese rumor? —preguntó Ashley, incapaz de disimular su incredulidad.

Ella esbozó una sonrisa arrogante y continuó.

—Para ellas, la idea de que yo saliera perjudicada es tan absurda como decir que te vas a casar con un don nadie y vas a tener un montón de hijos.

—¿Por qué lo dices? —preguntó él, esta vez sin poder tomarlo a broma.

Porque, en realidad, Ashley lo estaba considerando seriamente. Claro que ese “don nadie” era Beta y, además, hombre, así que no podía tener hijos.

Ariel lo miró fijamente y señaló.

—Porque tu padre nunca lo permitiría.

Ashley enmudeció al recordar la existencia de ese hombre. Ariel soltó una risa burlona.

—Tu padre fue el primer hombre que me miró con tanto desprecio.

Ariel misma era guapa, pero venía de una familia de clase media normal y corriente, sin nada especial. A Ashley le gustaba precisamente por eso, pero, por la misma razón, a su padre no le caía bien en absoluto. Simplemente dejaba que Ashley hiciera lo que quisiera porque aún era menor de edad y porque su relación con Ariel no era tan seria.

Solo una vez, cuando su padre fue al colegio a ver al director, los pilló juntos. Al recordar la expresión que puso su padre entonces, Ashley entendía perfectamente la reacción de Ariel. Él intuyó la incomodidad que ella debió de sentir y repitió lo que le dijo entonces.

—Lo siento. Te debo una disculpa.

Ya se lo había dicho en aquella ocasión, pero esta vez añadió algo más.

—Siento que mi padre sea un cabrón.

—No se debería hablar así de los padres —le reprendió Ariel con severidad, para añadir acto seguido—: Bueno, no conozco los detalles de tu situación familiar.

—Tienes razón. No está bien hablar así de los padres —admitió Ashley con una sonrisa—. Pero ese hombre es un cabrón.

Ariel también sonrió al mirarlo.

—Debería haberle dado una bofetada en la otra mejilla.

Ashley rió abiertamente, extendió una mano y echó el torso hacia atrás.

—Por favor, perdóname, me dolió de verdad.

—Por supuesto que te dolió, para eso te pegué.

No obstante, pareció satisfecha con su reacción. Ariel sonrió y roció aliño sobre su ensalada. Mientras ella se metía un buen trozo de lechuga en la boca con el tenedor, Ashley preguntó.

—¿Le regalaste la bici a Koi, verdad?

—¿Y? —respondió Ariel, espolvoreando cereal sobre la ensalada y mezclándolo uniformemente—. Antes no te gustaba Koi, ¿verdad? Decías que era diferente a nosotras.

Ante la duda de Ashley, Ariel respondió sin vacilar.

—Por supuesto que no me gustaba. Y sigo sin hacerlo. Esos niños con la autoestima baja, siempre pendientes de todo y depresivos.

Bebió un sorbo de su refresco sin calorías y miró a Ashley.

—Pero, ¿qué puedo hacer? Se unió a nuestro equipo. Desde que decidimos aceptarlo, es mi hermana. Bueno, para ser exacta, es una jalapeña, pero da igual, sigue siendo del equipo.

Ashley sabía lo mucho que se esforzaba ella en todo lo que emprendía. Era una de las cualidades de Ariel que más le gustaban. Además, se tomaba las animadoras muy en serio, así que, en cierto modo, era lógico que valorará al nuevo integrante temporal, que era como un salvador para el equipo.

Es más, Ariel siempre era sincera y a veces llegaba a ser cruelmente mordaz. Así que su evaluación de Koi también sería sincera. Pero Ashley sentía que debía aclarar algo.

—Debo decirte algo. Sobre lo que dijiste de Koi —añadió sonriendo—. Las dos primeras cosas son correctas, pero la última no. Koi no es depresivo, solo es tímido.

Esperaba una refutación o una reacción incómoda, pero Ariel, para su sorpresa, lo tomó con naturalidad. Puso cacahuetes triturados sobre la lechuga bañada en aliño y dijo.

—Sí, es más alegre de lo que pensaba. Incluso un poco lindo.

—¿Lindo? —frunció el ceño Ashley.

Ella asintió. Mientras colocaba un trozo de lechuga en el tenedor, miró a Ashley.

—¿No se parece al conejo de cola de algodón que solía ir mucho a tu casa?

En la mansión de Ashley, en el jardín, a veces aparecían animales salvajes, y los más comunes eran los conejos. Al recordar a esos animales, que solían aparecer por la noche, pastando tranquilamente la hierba del jardín para luego salir huyendo despavoridos al menor ruido, la comparación le pareció acertada.

Pero el problema era que fuera Ariel la que lo dijera. Y además, “conejo de cola de algodón”… ¿No era una comparación demasiado adorable? Al pensarlo, a Ashley le empeoró el humor. Y Ariel echó más leña al fuego.

—Siempre me han gustado las personas que se esfuerzan.

—¿Que te gustan? —Eso sí que no podía pasarlo por alto. Ashley repitió la pregunta con aspereza, pero Ariel respondió con su tono habitual.

—Sí. O sea que Koi está bien. Para el equipo también, aunque sea temporal, es genial tener un integrante tan diligente.

Y ahí terminó la conversación. Ariel se concentró en comer su ensalada. Ashley la observó un momento y también comenzó a comer su hamburguesa. No pasaría nada. Koi no era para nada el tipo de Ariel.

……¿Verdad?

Su mirada se dirigió instintivamente hacia Koi. No era su intención, pero simplemente sucedió.

Koi, como si no estuviera acostumbrada al ambiente, tenía los hombros encogidos, bebía Coca-Cola con una pajita y miraba a su alrededor con nerviosismo. Parecía un erizo con las púas erizadas, y Ashley no pudo evitar sonreír. Si hubiera estado cerca, quizás le habría mordido la mejilla a Koi.

Justo cuando mordió su insípida hamburguesa de la cadena de comida rápida en lugar de la dulce mejilla de Koi, de repente, una animadora sentada a la mesa de al lado le dio un beso en la mejilla a Koi. En el instante en que vio la escena, Ashley se quedó paralizado, con la hamburguesa a medio morder en la boca.

—Oh, lo siento.

La compañera de equipo, que intentaba recoger su pintalabios del suelo, había rozado sin querer la mejilla de Koi con la cara. Koi le dijo que no pasaba nada e intentó sonreír. Siguiendo el ejemplo de la chica, que se agachó de inmediato, Koi también se inclinó y preguntó.

—¿Se te cayó algo?

—Sí, el Chanel… ¿Dónde está? No lo veo.

¿Chanel? ¿Qué era eso? Koi parpadeó, confundido, y se agachó también bajo la mesa, encogiéndose. Miró a su alrededor por si veía algo para decírselo, cuando de repente alguien golpeó la mesa con fuerza.

¡BANG!

Koi y la animadora, que estaban debajo, se quedaron paralizados por la vibración y el susto.

¿Q-qué pasa?

Desconcertado, Koi asomó de nuevo la cabeza por encima de la mesa. Ashley se había puesto de pie y la miraba con el rostro ensombrecido.



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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