Capítulo 50
Odelli se incorporó en la cama después de mucho tiempo y miró por la ventana.
Aunque su habitación estaba en silencio, todo el castillo parecía estar inusualmente agitado.
Los sirvientes corrían de un lado a otro con pasos rápidos, y hasta vio telas decorativas colgando de los balcones.
Era como si se prepararan para un gran evento.
«…¿Qué está pasando?»
Movida por la curiosidad, atrapó a Leona, quien pasaba corriendo por el pasillo con prisas.
—Leona, ¿qué ocurre? ¿Por qué hay tanto alboroto?
Leona, al verla, mostró una sonrisa mezclada con alegría y emoción.
—¡Ah, señorita…! No, ¡debería llamarla “señora” ahora!
—Bueno, eso estaba planeado, pero aún no…
—¡Vamos, claro que es usted la señora! ¡Se están preparando para la boda! El gran salón del templo será el lugar de la ceremonia. ¡El mayordomo lo confirmó! Dice que, aunque normalmente solo lo usan los miembros de la familia imperial, esta vez se hará una excepción para que todo sea grandioso…
Odelli se quedó boquiabierta, mirando a Leona con incredulidad.
—…¿Dices que están preparando una boda?
—¡Sí! ¡Su Alteza dio las órdenes personalmente al mayordomo!
Finalmente, Odelli entendió la razón detrás de toda esa actividad sospechosa en el castillo.
«¿Acaso Rudville, al perder la memoria, también olvidó que nuestro matrimonio es solo un contrato?»
Era solo un trámite legal, nada más.
Aunque estaba aturdida, ya era demasiado tarde para detenerlo. El ambiente no permitía que sugiriera algo más sencillo.
Poco después, una mujer llegó a buscarla.
—Es la primera vez que nos presentamos formalmente.
Era una mujer de mediana edad, vestida con un elegante traje de lino negro y un broche plateado. Ni un solo cabello estaba fuera de lugar. Su postura rígida transmitía una actitud implacable, sin espacio para errores. Hasta Theodor parecería un “abuelo amable” frente a ella.
—Soy Freya, la dama de compañía a cargo de los preparativos de su boda a partir de hoy.
Odelli sintió que las cosas se complicarían mucho.
—El vestido ya está en el taller de costura. Las medidas se tomaron según los registros médicos, y habrá tres sesiones de prueba para ajustar los movimientos. Aquí tiene el itinerario.
Freya extendió un conjunto de papeles perfectamente ordenados sobre una bandeja de madera.
—Incluye el recorrido durante la ceremonia, el orden para abandonar el altar, el momento exacto para tomar la mano de Su Alteza el Gran Duque…
—…¿Ya tienen todo eso planeado?
—No lo planeé yo. Son los protocolos tradicionales, señorita.
Odelli ya se había casado varias veces.
«Claro, todas con Rudville…»
Pero ninguno de esos matrimonios había seguido tradiciones tan complicadas. Lo usual era adaptar lo necesario y dejar el resto a gusto de la novia. Incluso cuando se casó con el Emperador Rudville y se convirtió en Emperatriz, no fue tan elaborado.
Sin embargo, los estándares de Freya eran claros.
—Los nobles del norte y del centro, incluida la delegación imperial, asistirán.
Añadió con firmeza:
—No se permitirá ningún error.
Su tono era educado, pero no dejaba espacio para negociaciones.
—El peinado será a las 8 en punto. Las uñas están astilladas, así que las arreglaremos. Siéntese, por favor.
Odelli, arrastrada por la determinación de Freya, se sentó sin protestar.
La dama de compañía inspeccionó todo al instante y comenzó a dar órdenes a las sirvientas.
—Las cortinas de la ventana no dejan pasar bien la luz cuando entre Su Alteza. Ajústenlas.
—Los bordados deben mezclar hilos de oro y plata. Los emblemas de la Gran Casa y de Kardel deben entrelazarse.
Revisó personalmente cada joya que se usaría en la ceremonia: diamantes tallados para brillar excepcionalmente, una tiara hecha por artesanos del norte, zafiros de un azul intenso como el mar invernal…
Al examinarlos, levantó la vista y dijo:
—Como esperaba, los zafiros son los más adecuados. Serán la joya principal.
Decidió sin consultar, como si su palabra fuera ley.
Aunque su eficiencia era agradable, también era abrumadora.
Los movimientos de Freya eran precisos, sin vacilaciones. Pero Odelli notó algo: no era solo perfeccionismo, sino casi una obsesión.
Era evidente cuántas reglas se había impuesto a sí misma.
—Gracias. Sé que esto es mucho trabajo.
Odelli habló en voz baja mientras Freya ajustaba el zafiro en el tocado.
La mano de Freya se detuvo por un instante.
Pero pronto continuó, como si nada hubiera pasado.
—Eso es lo mínimo. Por favor, hable como corresponde a una dama de su posición. Agradecer por lo obvio resta elegancia.
«Se alteró.»
Odelli notó el cambio sutil en sus manos. Era mínimo, pero real.
Aprovechó ese momento de vulnerabilidad.
—No te exijas demasiado. Cuídate mientras trabajas.
Freya detuvo sus manos y entrecerró los ojos.
—No diga cosas tan blandas. El honor de la Casa Exion está en juego. Una boda no es una fiesta, es un acto político. Compórtese como la futura Gran Duquesa.
Mmm…
Odelli sabía por qué Freya era tan estricta.
«Ella solía servir en el palacio imperial.»
La Freya original era competente, pero no tan obsesiva.
Sin embargo, un pequeño error la hizo caer en desgracia ante la familia imperial, y terminó exiliada en el norte.
Tras años de leal servicio a Rudville, ahora era la dama de compañía principal de la Casa Exion.
Freya se aferraba a las reglas como escudo. No era solo por evitar errores, sino para que nadie la desechara otra vez.
«Y ahora viene una delegación imperial…»
Mostrarles una futura Gran Duquesa impecable era quizá su única venganza.
«¿Estará bien?»
Odelli tragó saliva.
Freya tenía una condición médica, pero la ocultaba con tanto cuidado que mencionarlo era difícil.
Alguien que buscaba parecer perfecta no admitiría debilidades.
Así que Odelli decidió aceptar su terquedad.
A su manera, protegiendo su orgullo.
«…Después de todo, será mi última boda con Rudville.»

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD