Capítulo 49
«…»
Odelli sintió una emoción peculiar ante el comportamiento de Rudville.
—…Ha venido otra vez —dijo sin abrir los ojos.
«…»
—Ya me tomé toda la medicina y el médico se fue. Hace poco, Su Alteza también cambió las toallas.
Rudville hizo una breve pausa, pero acto seguido, como si no fuera nada, retiró la mano y dijo:
—…Su respiración parecía irregular.
—No creo que haya necesidad de entrar y salir cinco veces.
«…»
Una vez más, él no ofreció ninguna explicación.
Entre ellos, un silencio incómodo se extendió.
Rudville tomó la tetera que estaba sobre la mesa y sirvió una infusión de hierbas caliente.
Al dejar la taza cerca de la mano de ella, dijo:
—El tratamiento posterior es responsabilidad mía, ¿no es así?
«¿Esa cláusula? ¿Acaso entra en vigor ahora?»
Odelli recordó el artículo del contrato matrimonial que prácticamente convertía el acuerdo en un documento de renuncia a su propio cuerpo.
[Artículo 11: Se prohíbe a la Duquesa realizar actos de purificación más de dos veces al día. En caso de violación, los derechos sobre el tratamiento y cuidado posteriores recaerán exclusivamente en el Gran Duque.]
«Así que esto es lo que significaba… vigilancia, protección e intervención en mi estado físico cuando fuera necesario.»
—Su cuidado es más sencillo de lo que esperaba —murmuró.
Al fin y al cabo, solo se limitaba a observar su estado y atenderla de vez en cuando.
«Si es así…»
«Quizá pueda salirme con la mía si uso mis habilidades de purificación de manera imprudente más adelante.»
No era que planeara arruinar su salud a propósito, pero podrían surgir circunstancias inevitables.
Sin embargo, Rudville respondió como si hubiera leído sus intenciones:
—Solo lo toleraré esta vez.
«…»
—Si se desploma y enferma otra vez por la misma razón…
Sus ojos púrpura brillaron con un atisbo de emoción intensa.
Contuvo sus palabras un momento antes de continuar:
—…Bueno, dejo eso a su imaginación.
Aunque no alzó la voz, la amenaza en sus palabras era más poderosa que cualquier intimidación.
De pronto, Odelli recordó uno de los incontables ciclos de regresión. En aquel entonces, Rudville era el Emperador, y después de sentarla en el puesto de Emperatriz…
«…Me encerró.»
No faltaba nada en el palacio de la Emperatriz.
Cortinas de hilos dorados, edredones mullidos, joyas extravagantes, flores hermosas y postres dulces.
Los médicos iban y venían mañana y noche, y en el jardín, los músicos tocaban melodías de amor todos los días.
Pero…
Las puertas estaban cerradas, y fuera de las ventanas había caballeros apostados.
Los únicos lugares a los que podía ir caminando eran la habitación, el baño y el balcón.
La purificación estaba prohibida.
Todo el palacio de la Emperatriz estaba cubierto por un sello que suprimía la energía mágica.
—Le he proporcionado todo lo que necesita.
—Porque no puedo permitir que se exponga al peligro nuevamente.
—…La amo, Odelli. Mi Emperatriz.
—Si esto no es amor, entonces ¿qué es?
Las palabras locas que susurró mientras besaba sus rodillas volvieron a su mente.
Una vida controlada por completo bajo la excusa de protegerla.
En aquel entonces, Odelli no era más que un pájaro en una jaula.
«En ese momento… fue así.»
«El estado mental de Rudville no era… bueno, para nada.»
Aunque mencionó el control en el contrato, el Rudville actual, que había perdido todos sus recuerdos e ignoraba incluso el concepto de regresión, no actuaría de manera tan extrema.
Así que seguramente no se refería a eso.
…Probablemente.
—Entonces, descanse —dijo él, volviéndose en silencio.
La puerta se cerró, y el silencio volvió a apoderarse de la habitación.
Odelli, ahora sola, reflexionó:
«No repetiré esos tiempos.»
«No permitiré que vuelva a suceder.»
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
Unos días después, Odelli finalmente recuperó sus fuerzas. Pero al abrir los ojos, se dio cuenta de que muchas cosas habían cambiado.
Para empezar, ya no podía regresar a su antigua residencia en el ala vieja.
—La residencia de Su Alteza será cambiada —anunció el mayordomo Theodor con cortesía, transmitiendo el mensaje del Gran Duque.
—A partir de ahora, Su Alteza residirá en la habitación privada que tradicionalmente usa la esposa del Gran Duque, adyacente a la alcoba de Su Alteza.
Odelli, todavía aturdida por el sueño, parpadeó con expresión confusa.
Por un momento, pensó que era un sueño, pero claramente era la realidad.
—…Mayordomo, ¿acaso esta habitación en la que estoy ahora no es esa?
—Así es. Este es el lugar donde residirá a partir de ahora.
Odelli no podía creerlo.
Solo recordaba haberse desmayado en la habitación del Gran Duque después de que el médico la examinara.
Pero al despertar, hasta la cama era diferente.
El tamaño de la habitación no se comparaba con el de su antigua y modesta suite.
El techo estaba decorado con molduras doradas y murales coloridos, y del centro colgaba un candelabro tallado en cristal.
La cama era un dosel con cuatro columnas.
El dosel blanco filtraba la luz suavemente, y una manta de seda bordada con hilos dorados cubría su cuerpo.
La ventana era enorme, curvada y llegaba desde el suelo hasta el techo, con cortinas de encaje lila y terciopelo púrpura en capas.
Cuando las sirvientas las abrieron, Odelli pudo ver el jardín del palacio ducal: abedules blancos, una fuente serena y un laberinto de setos cubiertos de nieve bajo el balcón de piedra.
Era evidente que esta no era una habitación para invitados.
Era, sin duda, la habitación de una dueña.
—¿Me movieron de habitación mientras dormía?
Era una notificación tardía, después de haberla trasladado.
—Fue una medida tomada considerando su salud —explicó Theodor con su habitual cortesía.
—El ala vieja es propensa a corrientes de aire.
—Aun así, hacerlo sin decirme nada…
—Si al despertar, Su Alteza se hubiera encontrado bajo esas frías paredes de piedra, habría llevado esa imagen dolorosa en mi corazón por el resto de mi vida —dijo con un toque de humor.
Odelli percibió la sinceridad detrás de sus palabras.
No era solo por deber; después de cuidar de su salud durante tanto tiempo, él había desarrollado un genuino afecto por ella.
—En esta época del año, cuando el sol sale tarde, el frío que se filtra por las paredes llega hasta los huesos —dijo la sirvienta Leona, acercándose con una sonrisa radiante, como si un deseo largamente esperado se hubiera cumplido.
—El viento del norte en pleno invierno es más persistente que un monstruo, royendo a las personas poco a poco.
Odelli suspiró.
«Solo me desmayé un momento…»
Y ya habían cambiado su residencia.
Incluso Leona, emocionada desde la mañana, exclamó:
—¿Su Alteza? ¡No, ahora debo llamarla “señora”, ¿verdad? ¡Ah, esto es tan emocionante!
Era cierto que estaba destinada a convertirse en Duquesa, pero…
«Es un matrimonio por contrato… ¿No es esto demasiado serio?»
Sentía que estaba siendo arrastrada hacia algo más grande.
Entonces, Theodor, como si se hubiera acordado de algo, añadió:
—Por supuesto, una vez que los dos celebren formalmente la boda, también hay una habitación preparada para que compartan.
«…….»
“Mmm.”
Odelli decidió que debía añadir una cláusula especificando que tendrían habitaciones separadas.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD