Capítulo 45
Lionell se postró en el suelo, abrumado por una emoción que lo desbordaba.
La luz que lavaba los pecados y salvaba el alma.
El verdadero salvador que había descendido sobre esta tierra.
Toda la fe de Lionell se había derrumbado, y ese vacío fue devorado por una devoción ciega hacia Odelli.
Aquel día, Odelli se convirtió en el Dios de alguien.
—…¿Por qué actúa así?
Aunque, en realidad, la propia interesada miraba con indiferencia al fanático postrado en el suelo de la plaza, como si estuviera viendo a un bicho raro.
La verdad era que no tenía tiempo para preocuparse por Lionell.
GLUP
La sangre brotó en su boca, llenándola por completo.
«…En serio, me pasé.»
El poder de purificación podía limpiar todas las impurezas del mundo.
Pero, a cambio, toda la malicia y los residuos fluían hacia su cuerpo.
Como si estuviera bebiendo veneno, la purificación solo se completaba después de absorber los vestigios del aura maligna.
Odelli apretó los labios con fuerza y tragó la sangre.
Sin dejar que ni una sola gota se escapara.
Con naturalidad, se limpió la boca.
Luego, consciente de las miradas a su alrededor, alzó la cabeza como si nada hubiera pasado.
Y en ese momento, sus ojos se encontraron con los de él.
El emblema plateado grabado en la armadura negra simbolizaba a la Orden de la Luz Crepuscular.
Al frente de ellos estaba Gareth Quentin.
El capitán de la Orden de la Luz Crepuscular.
Un hombre que había recorrido incontables campos de batalla junto a Rudville.
La espada más antigua del Gran Duque, que consideraba una desgracia caer antes que su señor.
«Siempre me odió con locura.»
En miles de regresiones, en cada una de ellas, sin falta, él había odiado a Odelli.
Y con razón.
Ella siempre había sido quien arruinaba al señor al que él había jurado proteger con su vida.
Pero…
—Dado que mi señor valora a la Princesa mas que a su propia vida, es correcto que yo también utilice mi vida para protegerla.
Una vez, él había muerto por Odelli.
Aún lo recordaba.
Su lealtad, protegiéndola desesperadamente mientras tosía sangre y caía al suelo.
Fue cuando la familia Kardel envió un grupo de asesinos para crear un nuevo purificador.
Aquel día, fue este hombre quien interceptó las espadas dirigidas hacia Odelli.
Y ahora.
Habiendo perdido todos sus recuerdos, volvía a mirarla.
Con una mirada fría, escrutándola como si la estuviera juzgando.
Sin saber que una vez había dado su vida por ella.
—…Fue un espectáculo bastante impresionante.
Gareth rompió el silencio.
Su voz grave resonó, cortando el aire.
—Una ciudad al borde de la muerte ha revivido, y la gente parece completamente curada.
Caminó lentamente hacia ella mientras hablaba.
—Pero hay algo extraño.
Un breve silencio.
—El que esparció la plaga fue Gawain Kardel, y ahora, quien la ha salvado resulta ser la Princesa de la misma familia Kardel.
Sin apartar los ojos de Odelli, preguntó con firmeza:
—¿Puede afirmar con certeza que no hay conexión entre ustedes dos?
Al detenerse frente a ella, Gareth apoyó la mano en la empuñadura de su espada y habló en voz baja:
—No soy de los que creen fácilmente en los milagros.
Aunque sus palabras eran corteses, la afilada ironía en ellas era evidente.
Los ojos de Gareth se estrecharon.
Era una mirada que preguntaba: ¿Sabes cuántos han muerto por esto?
—Si realmente no tiene nada que ver con esto, debería demostrarlo aquí y ahora.
—…
—No actúo por instinto ni sigo órdenes a ciegas. No soy tan ingenuo como para dejarme engañar por una simple actuación.
Odelli sostuvo su mirada en silencio.
Sin justificarse ni explicarse.
Tras un momento de silencio, fue ella quien habló primero:
—¿Terminaste de hablar?
—…
—Si ya terminaste, me gustaría que me ayudaras. Todavía queda trabajo por hacer.
Gareth se quedó sin palabras por un instante.
—¿Que…… le ayude?
Frunció el ceño, confundido.
—¿Qué es más importante? ¿Que te demuestre algo ahora o salvar el pueblo lo antes posible?
—…
—El aura maligna se alimenta de la desesperación humana. Aunque ahora esté calmada, puede resurgir en cualquier momento. Hay que sellarla definitivamente.
Dicho esto, Odelli abrió cuidadosamente un saco que había preparado desde que partió del Gran Ducado.
Dentro había hierbas raras, caliza marrón, cristales de maná y fragmentos de minerales.
Se arrodilló en el centro de la plaza y comenzó a colocar los materiales con movimientos precisos.
Era el “método de curación” que Rudville había usado.
Después de miles de regresiones, él había descubierto la forma más efectiva de suprimir la plaga:
Un sello que bloqueaba por completo el acceso del aura maligna a través de la emoción de la desesperación.
Pero para recrear el sello de Rudville, hacía falta un material específico.
Odelli le pidió a Gareth:
—¿Puedes traerme una roca?
—…¿Una roca?
—Del tamaño…… de ese hombre, aproximadamente.
Señaló una roca gigantesca, diez veces más grande que un hombre adulto.
—Y luego córtala exactamente por la mitad para hacer una losa.
—…¿Yo?
—Bueno, ¿quién más podría hacerlo aquí?
—¿Partir eso por la mitad?
—¿No puedes?
Odelli lo miró con curiosidad genuina.
No era una provocación.
En sus recuerdos, Rudville partía rocas así sin pensarlo dos veces.
Gareth guardó silencio ante su pregunta, pero luego desenvainó su espada y se dirigió hacia la roca.
Para resumir: Gareth logró partir la roca por la mitad, aunque apenas.
—…
Aunque exhausto, no dejaba de mirarla con una expresión que decía: Tengo mucho que decir al respecto.
Dejando eso de lado, Odelli colocó la losa plana en el suelo y comenzó a colocar los materiales uno por uno.
Luego, con una tiza especial, dibujó meticulosamente el diagrama mágico.
Sin un solo error, confiando únicamente en su memoria.
—…Listo.
Tras trazar la última línea, colocó un cristal de maná en el centro.
Como no era una maga, usó el cristal para convertir su energía mágica en energía de maná, especializada en hechizos.
Al mismo tiempo, sintió cómo la energía mágica fluía por sus venas.
Su corazón latía descontroladamente, y la respiración se le cortaba.
Los brazos le temblaban, y su visión se nublaba.
«Ugh.»
Aunque sentía que su cuerpo llegaba al límite, no se detuvo.
No hasta que la luz del diagrama mágico cubrió toda la plaza en un instante.
El sello estaba completo.
No quedaba espacio para que la desesperación echara raíces.
Los vestigios del aura maligna que flotaban en la plaza habían desaparecido por completo.
Sin embargo…
El cuerpo de Odelli, en el centro del sello, tambaleó.
Un mareo repentino blanqueó su visión.
Su piel se enfrió como el hielo, y hasta las yemas de sus dedos comenzaron a temblar.
—Princesa, ¿está bien?
Era la voz de Gareth.
Sorprendido, extendió la mano hacia ella, pero vaciló y la retiró.
—…Estoy bien.
Odelli forzó las palabras.
Pero no estaba bien en absoluto.
Intentó controlar su respiración, pero el aire entraba y salía de forma desordenada, y un dolor punzante golpeaba su pecho.
«Tal vez debí contratar a un mago desde el principio.»
Pero no había tenido tiempo, y en ese momento, hacerlo ella misma había sido la mejor decisión.
Rudville lo hacía con tanta facilidad, como si fuera un simple ejercicio después de comer, que nunca imaginó que terminaría así…
Las figuras de las personas frente a ella comenzaron a duplicarse, volviéndose cada vez más borrosas.
«Ah, esto…… me voy a desmayar.»
Justo cuando reconoció la sensación, alguien la agarró con fuerza antes de que cayera al suelo.
Un abrazo áspero, caliente, que olía a sangre y hierro.
—¡¿Está loca?! ¿Se te ocurre hacer esto aquí…!
Robin: Kyaaaaaa

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD