Capítulo 44
—Pareces desconcertado.
Ella habló con tranquilidad, observando a Lionell, que se agitaba inquieto, mientras le revelaba la verdad con calma.
—Te sometiste a las órdenes de Gawain sabiendo que contraerías la plaga. Creíste que vendría a salvarte. Pero esa persona que esperas con tanta ansia… nunca tuvo intención de hacerlo.
—E…eso no puede ser…
—Si mueres por la enfermedad, las pruebas desaparecerán limpiamente.
La plaza quedó en silencio, como si alguien hubiera arrojado un balde de agua fría.
En medio de un silencio tan denso que ni siquiera se oían los respiros, alguien murmuró:
—¿Órdenes? ¿Pruebas? ¿Está diciendo nuestra señora que ese sacerdote propagó la plaga?
Odelli giró la cabeza hacia la multitud.
—Así es.
Y con una voz serena, añadió:
—Es una enfermedad creada a propósito. Él mismo la vertió en el pozo para esparcirla por el pueblo.
Si alguien ajeno a los Kardel hubiera aparecido de repente diciendo eso, nadie lo habría creído.
Pero eran palabras pronunciadas por alguien del linaje Kardel.
Más aún, por la menor de los Kardel, la hermana menor de Gawain.
Al principio, les pareció absurdo, pero poco a poco, la duda se transformó en una inquietante posibilidad.
Los murmullos se extendieron rápidamente entre la gente.
—Lo vi merodeando cerca del pozo hace unos días…
—Es cierto, yo también lo vi.
—En cuanto se propagó la plaga, se apresuró a cuidar a los enfermos… ¿Era todo una farsa?
—¿Nos infectó y luego fingió ser nuestro salvador?
La multitud estaba paralizada por el shock.
Hasta hace poco, Lionell había sido quien arengaba a la gente, diciendo que Gawain Kardel vendría a salvarlos.
Miradas afiladas se clavaron en él.
El mismo que había proclamado: El gran heredero de los Kardel vendrá a rescatarnos.
Sus sospechosas acciones volvieron a mencionarse, y las dudas de la gente se convirtieron en certeza.
—¡E-Es mentira!
Lionell, aturdido por las revelaciones, gritó con la voz quebrada por la desesperación:
—¡El Heredero jamás haría algo así! ¡Vendrá…! ¡Seguro que vendrá…!
—Sí, vendrá. Después de que mueras.
Odelli lo afirmó con frialdad.
—Y cuando la plaga se haya descontrolado y ordenen incendiar la ciudad, aparecerá como por arte de magia, fingiendo ser el salvador.
En el fondo, él ya lo sabía.
Que Gawain no vendría a rescatarlo.
¿Acaso se había negado a aceptar la verdad?
Cuando Lionell finalmente la asumió, lágrimas de sangre brotaron de sus ojos.
Cuanto más profunda era su desesperación, más espesa era la energía maligna que surgía de él.
La energía maligna se alimenta de la desesperación humana.
Cuando la esperanza se rompe, cuando la fe se quiebra, cuando la traición perfora el alma, devora la vida de las personas.
—Dijo que era solo una prueba. Que cumplía un mandato divino… Que yo era quien abriría el camino. Que todos seríamos salvados…
Lionell perdió el equilibrio y cayó de rodillas.
Entonces, la energía maligna en el aire se enroscó alrededor de él como una criatura viva.
Lo que Gawain había creado no era una simple energía de bestias malignas ni una enfermedad.
Era un desastre artificial, una fusión de energía maligna y enfermedad.
Los contaminados sufrían físicamente por la plaga, mientras su mente colapsaba por la desesperación.
El resultado era una autocontaminación, una propagación sin fin.
—Él dijo que si obedecía, todos seríamos salvados… Entonces, ¿por qué nadie viene…?
Lionell murmuró con la mirada perdida.
Con lágrimas rojas como la sangre, su última esperanza se esfumó.
—¿O acaso… solo era un asesino…? Yo…
«Ni siquiera pudo salvar a mi hermano menor… ni a mí mismo…»
Susurró entre la neblina de su conciencia.
De su boca solo brotaban arrepentimiento, miedo y desesperación.
Y en ese momento…
Una corriente dorada comenzó a fluir del cuerpo de Odelli.
Una onda de luz se expandió silenciosamente bajo sus pies.
—Dios mío, ¿eso es…?
—¿Magia antigua… verdad?
Murmullos surgieron entre la multitud.
Quienes estaban familiarizados con los espectáculos de los Kardel reconocieron la forma y el color.
Magia antigua.
El ritual simbólico de la familia Kardel.
Pero esto era diferente.
No había ceremonias, ni conjuros, ni túnicas simbólicas.
No había un ejército de magos, ni gestos grandilocuentes.
Ocurrió en silencio, sin la pompa habitual.
La energía maligna que envolvía a Lionell se retorció como un ser vivo.
Intentó escapar, pero fue inútil.
Al contacto con la luz dorada, comenzó a disiparse, como si retrocediera por voluntad propia.
Así comenzó la purificación.
Toda la energía maligna que impregnaba las calles convergió hacia los pies de Odelli, como absorbida por un remolino.
En medio de la corriente dorada, el poder de la purificación latía con fuerza silenciosa.
La fiebre de los niños disminuyó, los labios azules de los ancianos recuperaron su color.
Una mujer que tosía sangre abrió los ojos, un hombre moribundo exhaló con alivio.
—La fiebre bajó.
—¡La tos se detuvo! ¡Puedo respirar!
—¡Estamos vivos! ¡Vivos…!
Al principio, algunos no lo creían, pero pronto comenzaron a palpar sus cuerpos, incrédulos.
La emoción y la gratitud se apoderaron de la multitud.
Purificación.
Como si lo contaminado volviera a su estado natural, limpiándose a sí mismo.
Todos contemplaron los rastros de la luz dorada que emanaba de Odelli.
El resplandor era tan surrealista como si alguien hubiera esparcido polvo de estrellas.
Ante la abrumadora presencia de aquella luz, nadie podía apartar la mirada.
Nadie se movió.
Era un milagro… era la salvación.
En un silencio tan profundo que ni siquiera se oían los respiros…
—…Es la verdadera salvadora.
—Ella… es la verdadera heredera del dragón.
El silencio no duró mucho.
Las emociones contenidas estallaron en vítores.
—¡Dios no nos ha abandonado!
—No es Kardel… ¡Es ella! ¡Ella es la verdadera heroína!
Alabanzas y admiración se extendieron como fuego.
El milagro ya no era solo una plegaria.
Estaba ahí, frente a ellos, y quienes habían estado al borde de la muerte lo atestiguaban.
Incluso el sacerdote Lionell…
Quien había estado a punto de morir, revivió, envuelto en la luz dorada de Odelli.
La miró con incredulidad.
«¿Ella tenía este poder…?»
«¿Y aún así me salvó, a pesar de mis pecados?»
Abrió la boca, pero no pudo hablar.
Las lágrimas llenaron sus ojos.
—…Gracias, oh misericordiosa.
Finalmente, se arrodilló.
Juntó sus temblorosas manos y murmuró como en una plegaria.
Como alguien que, tras vagar por tanto tiempo, finalmente había encontrado a un Dios real.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD