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Capítulo 43

Los recuerdos de su vida pasada surgieron con claridad.  

En aquel entonces también fue así.     

La epidemia, no… esta horrible calamidad…  

—Fue la familia Kardel quien la creó y la propagó.  

En su vida anterior, cuando Odelli se casó con Rudville y se convirtió en parte de otra familia, Kardel se vio en la situación de tener que lograr hazañas sin el antídoto.  

Pero ellos solo sabían explotar el antídoto, carecían de cualquier habilidad. ¿Qué logros podrían alcanzar?  

La elección de Gawain fue vil y clásica: crear una epidemia, propagarla y luego aparecer como un héroe para curarlos y convertirse en su salvador.  

—En la vida pasada, Rudville vio a través de todo esto.  

En los repetidos ciclos de regresión, su matrimonio no era la primera vez, y las acciones de Gawain siempre fueron similares.  

Al detectar las maquinaciones de Gawain, Rudville purificó el aura maligna antes de que la enfermedad se extendiera, arruinando por completo el milagroso aparecimiento que Gawain había planeado.  

El drama heroico que Gawain imaginó terminó antes de que el telón se alzara.  

Pero ahora…  

—Incendien toda la ciudad.  

Rudville, sin siquiera identificar la causa, estaba optando por métodos radicales e inhumanos.  

«En este momento, Gawain debe estar disfrutando de esto.»  

La orden de cuarentena emitida personalmente por el Gran Duque de Exion. 

La gente muriendo dentro de ella. 

 

Era un encuadre demasiado perfecto.  

Era obvio que, cuando Gawain llegara a Velader, controlaría la opinión pública diciendo:  

—Si yo no hubiera aparecido, esta ciudad habría quedado reducida a cenizas.  

Y luego, al resolver la enfermedad que él mismo propagó, actuaría como salvador:  

—El Gran Duque los abandonó, pero Kardel los salvó.  

Si esto continuaba, Rudville se convertiría en el villano.

  

Un monstruo, un loco, la calamidad del Imperio.  

—…Así es como lo llamarán.  

Tenía que detenerlo antes de que Gawain llegara, antes de que fuera irreversible.  

—En tu vida pasada, te empeñaste en salvarlos. Incluso en miles de regresiones.  

Claro, a veces los ignoro, incluso en algunos ciclos los abandonó y siguió adelante.  

Pero…  

En su última vida, cuando creyó que ya no podías regresar, los salvó personalmente. 

 

En el fondo, querías salvarlos.  

Así que Odelli usaría los recuerdos de Rudville, seguiría las huellas del conocimiento que él dejó y crearía el mejor resultado posible.  

—Como tú lo hiciste.   

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

—¿Están listos?  

El capitán de los Caballeros de de la luz, vestido en una armadura negra, preguntó.  

Detrás de él, los caballeros, preparados para la operación, empuñaban sus espadas con vacilación.  

Ya habían incinerado los cadáveres.  

Pero ejecutar a los infectados que aún respiraban no era tarea fácil, incluso para estos veteranos de innumerables batallas.  

—…¿Realmente debemos hacer esto?  

El subalterno dudó antes de preguntar con cautela.  

—¡No hemos hecho nada malo…! Por favor, mi señor…!  

—¡Al menos salven a nuestros niños!  

—¡Mamá…! Quiero ir a casa… ¡Mamá…!  

—El cielo me ha abandonado… Los dioses, el Imperio… nadie…  

El capitán cerró los ojos con fuerza por un momento antes de abrirlos.  

Bajo el paño negro que cubría su boca y nariz, una expresión compleja cruzó su rostro.  

Pero pronto siguió una voz firme:  

—Es la orden de Su Alteza el Gran Duque.  

Esas palabras borraron cualquier juicio. 

 

Así eran los Caballeros de la luz.  

Esta enfermedad no tenía cura.  

Ni la magia ni las medicinas funcionaban. 

 

La plaga se propagó rápidamente, y los infectados morían sin excepción.  

El humo de los cadáveres y el aura maligna que se asentaba en cada callejón demostraban que este lugar ya era un «infierno viviente.»  

Era horrible.  

Todos pensaban lo mismo en sus corazones. Pero la orden de su señor era la opción más rápida para proteger el Imperio. 

 

La más segura también.  

—…Solo den la orden.  

El capitán, con la armadura negra, cerró los ojos y tomó la decisión final.  

—Mátenlos y quemen los cadáveres.  

La orden fue tajante.  

Los caballeros alzaron sus espadas en silencio. 

 

Iban a asegurarse de que su muerte fuera lo menos dolorosa posible.  

—¡Esperen!  

Desde el grupo de infectados, un hombre vestido con una túnica blanca gritó:  

—¡No maten a estos inocentes! ¡Esta ciudad pronto será salvada…!  

Su voz temblaba, y su respiración era tan débil que parecía a punto de detenerse.  

Sus ojos estaban inyectados de sangre, y sus labios sangraban por las grietas.  

Pero no dejó de hablar:  

—¡El descendiente del Dios Bestia, el gran heredero de Kardel, vendrá a salvarnos!  

Su voz creció en intensidad, y comenzó a vomitar palabras delirantes sin parar.  

Pero para aquellos que temblaban ante la muerte, las palabras de Lionell eran un rayo de esperanza.  

—¿Un… salvador?  

—¿El heredero de la familia Kardel…? ¿Se refiere al señor Gawain?  

La gente se miró incrédula.  

Una mujer, cubriendo su rostro con las manos, sollozó:  

—¿De verdad… podremos vivir…?  

—Sí —respondió Lionell con la convicción enloquecida característica de un fanático.  

—Kardel nunca nos abandonaría.  

Entonces, un hombre que abrazaba a un niño aterrorizado gritó:  

—¡El héroe Gawain vendrá a salvarnos!  

Ese grito fue la chispa.  

Perdida la razón, la multitud prorrumpió en gritos de rabia y esperanza mezclados.  

—¡El Gran Duque nos encerró como bestias y quiso matarnos! 

 

—¡El Gran Duque Exion es un monstruo! ¡Un loco!  

—¡Gawain debería gobernar esta tierra en su lugar! ¡No ese Gran Duque sin corazón!  

En el momento en que alguien pronunció el nombre del Gran Duque, la ira de la multitud estalló. Algunos tomaron piedras, otros señalaron a los caballeros y comenzaron a insultarlos.  

La opinión pública se inclinaba sin control.  

Fue entonces.  

Más allá de las calles impregnadas de aura maligna, una silueta avanzó lentamente, abriéndose paso entre el viento.  

Alguien se acercaba.  

Vestía una túnica gastada, pero bajo ella, su largo cabello plateado brillaba bajo el sol.  

Cabello plateado, blanco como la nieve.

  

El símbolo de Kardel, la sangre sagrada.  

—¡Aaah…!  

El rostro de Lionell se llenó de éxtasis. 

 

¡El señor Gawain no me ha abandonado!  

Se había convencido a sí mismo de que todo esto era una prueba divina.  

Era la única forma de perdonarse por haber propagado la enfermedad, incluso bajo la amenaza a la vida de su hermano menor.  

Bajo la fachada del salvador de Kardel, se ahogaba en creencias, culpa y miedo.  

Cuando la figura finalmente se acercó y se quitó la capucha…  

No era Gawain Kardel.  

Era Odelli Kardel.  

—¿Lady… Kardel?  

La gente la reconoció.  

No podían ignorarla: la familia Kardel había difundido su retrato por todo el país cuando desapareció.  

Odelli caminó con calma hasta el centro de la plaza y observó a los infectados, cuyos rostros reflejaban confusión.  

Luego, habló:  

—Lamento decirles que Gawain Kardel no vendrá. Incluso si lo hiciera, sería después de tu muerte.  

Sus palabras cayeron como un rayo sobre Lionell.  

—¿Qué…?  

Odelli lo miró en silencio, mientras él se paralizaba en shock.  

Un joven sacerdote que había jurado lealtad a la familia Kardel.

  

Un fanático distorsionado, criado en una fe ciega y creencias retorcidas.

  

Pero también otra víctima más, utilizada por Gawain Kardel.  

Odelli sabía que su destino era morir hoy.  

Contagiado por la misma enfermedad que él propagó, sin que nadie lo salvara.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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