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Capítulo 38

—Como bien sabe, este incidente fue culpa exclusiva de Su Alteza el Gran Duque —añadió Odelli, como si intentara justificarse.    

Ante esas palabras, Rudville dejó escapar un breve suspiro.  

—¿Acaso alguien ha dicho lo contrario?  

Era cierto que necesitaba purificaciones a intervalos regulares. Pero los plazos de tres o cinco años sin duda los había inventado Odelli a su conveniencia. Después de todo, ella era la única que podía curar su estado sin solución.  

Ahora, la única opción que tenía era aceptar.  

Pero…  

Él nunca había tenido un deseo genuino de vivir. Aunque tampoco tenía la energía suficiente para terminar con su propia vida. Simplemente existía, sin voluntad, dejándose llevar.  

Hasta que la Princesa lo detuvo.  

Justo cuando estaba a punto de convertirse en una bestia. Con un poder cercano al milagro, eliminó la energía corruptora y, sin pedir nada a cambio, le ofreció prestarle esa fuerza.  

«No, dijo que tenía ambiciones.»  

Pero que su condición fuera un simple matrimonio contractual de cinco años… No cuadraba en absoluto. Era casi como trabajo voluntario.  

«¿Estará planeando asesinarme dentro de esos cinco años y quedarse con mi título?»  

Eso al menos tendría más lógica.  

«Aunque, si ese es su juego, podría ser divertido.»  

Pero la intención de Odelli era todo lo contrario. Ella intentaba arrastrarlo hacia la luz, alejándolo de la muerte a la que él mismo se acercaba.  

—Princesa —preguntó Rudville de repente.  

—¿Sí?  

—¿Tu poder de purificación no tiene efectos secundarios?  

Era una pregunta directa al corazón del asunto.  

—¿Quieres decir si no hay un precio por usar un poder tan cercano a un milagro? Este mundo se rige por la ley del equivalente intercambio, después de todo.  

—…

Por un momento, el silencio llenó la habitación. Los dedos de Odelli temblaron levemente, pero disimuló agarrándose los pliegues de su vestido.  

Tras una pausa, respondió con calma, sin pestañear:  

—Por eso establecí un plazo largo.  

—Mmm, ¿así el daño es menor?  

—No habrá problemas.  

Rudville asintió sin sospechar nada.  

—Entiendo.  

Aunque su instinto lo llevó a hacer preguntas incisivas, no pareció considerar la posibilidad de que ella estuviera usando su propia vida como garantía para purificarlo.  

—Supongo que los efectos secundarios son tolerables.  

—…Así es.  

Era una reacción natural. ¿Quién creería que alguien que apenas conocía sacrificaría su vida por él?  

Odelli se alivió en silencio. No lo había descubierto. Todavía no.  

Afortunadamente, había podido ocultar su deterioro físico tras usar su poder, excusándose con el cansancio para refugiarse en el carruaje. Nadie en el Gran Ducado sabría la verdad.  

Mientras Odelli se tranquilizaba, otro breve silencio llenó la habitación.  

Rudville la miró de reojo, estudiando su rostro sereno.  

Aunque todas sus opciones estaban bloqueadas, y en cualquier otra circunstancia habría rechazado la ayuda para disfrutar de su nueva vida como monstruo o morir en paz… esta vez, extrañamente, la restricción no le resultaba desagradable.  

«Qué raro.»  

Aunque la Princesa era transparente en sus intenciones, incluso descarada, algo en su determinación lo hacía querer aceptar.  

No era que de repente deseara vivir. Sino que sentía un impulso extraño, casi familiar, de decirle que hiciera lo que quisiera.  

Rudville la observó un largo rato antes de apartar la mirada.  

—…Aún faltan dos semanas para la fecha límite. Hablaremos del contrato entonces.  

Odelli sintió una punzada de decepción, pero asintió con calma.  

—De acuerdo.  

Porque, en el fondo, sabía que él ya estaba casi convencido.  

Lo que necesitaba ahora era tiempo para pensar. La jugada estaba hecha. Solo quedaba esperar pacientemente a su respuesta definitiva.  

Mientras tanto, ella seguiría haciendo lo que podía.  

—Esperaré hasta que me llame.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Rudville salió abruptamente del castillo, arrastrando a su asistente Edwind como si fuera un lastre.  

Edwind, como siempre, lo siguió sin permiso, como si fuera lo más natural del mundo.  

—¿Su Alteza casi se convierte en una bestia, dice? —preguntó Edwind.  

Rudville frunció el ceño al verlo. Su mirada era suficiente para hacer temblar a cualquiera, pero Edwind, impasible, replicó con una mirada que decía ahí va otra vez.  

—Hay un dicho: “Para cazar monstruos, a veces hay que convertirse en uno”. Pero no creo que se refiera a esto…  

—…  

—Si me va a ignorar, ¿para qué me nombró su asistente?  

Rudville imaginó coserle la boca. Pero Edwind era de esos que, si no hablaban, gesticulaban, así que era mejor dejarlo ser.  

—¿Adónde vamos?  

—A Rosenbach.  

—¿Ese pueblo perdido? ¿Para qué…?  

Rudville no respondió.  

Desde que presenció el poder de purificación de Odelli, una intuición lo perseguía:  

«Quizás ella tenga la clave de la “magia antigua”.»  

O tal vez…  

«Su poder mismo sea la esencia de la familia Kardel.»  

Decidió investigar. Visitó territorios donde los Kardel habían usado su magia antigua para purificar.  

Y, poco a poco, sus sospechas se confirmaron.  

En cada aldea, el mismo patrón:  

Paisajes perfectos en la superficie.  

Calles demasiado silenciosas.  

Habitantes sonrientes.  

Pero algo artificial flotaba en el ambiente, y los movimientos de la gente parecían forzados, como actores en una obra.  

«…Ilusión mágica.»  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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