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Capítulo 37

Los resultados de la prueba biológica confirmaron que las palabras de la señora imperial eran ciertas.  

El médico añadió:     

—La reacción autoinmune había superado sus límites, y la exposición repetida a la sangre de bestias demoníacas hizo que la energía corrupta se acumulara en sus órganos internos.  

—¿Y?  

El médico lanzó una mirada fugaz a Odelli antes de continuar:  

—Si la señora no lo hubiera encontrado a tiempo… ahora mismo no estaría aquí conversando con Su Alteza.  

Un momento.  

Rudville encontró algo difícil de creer en las palabras del médico y preguntó de nuevo:  

—¿Que ella me encontró?  

¿Acaso no había sido la orden de caballeros la que lo rescató?  

Ahora que lo pensaba…  

{—Dijo que me necesitaría.}  

Recordó aquel rostro pálido y aquella voz temblorosa murmurando esas palabras.  

Por un instante, Rudville pareció sorprendido y volvió a mirar a Odelli con nuevos ojos.  

—¿Cómo lo hizo?  

—Es mi habilidad de purificación.  

Esta vez, fue Odelli quien habló.  

Sus orejas, antes enrojecidas, habían recuperado su color natural, y su voz sonaba imperturbable.  

Rudville sintió una inexplicable punzada de decepción.  

—Ya se lo mencioné brevemente antes. Es mi habilidad única.  

Su tono era puramente informativo.  

Sin embargo, Rudville percibió la intención oculta tras esa frialdad: un intento de destacar su utilidad.  

Era una persuasión calculada, una forma de recordarle que su presencia era indispensable.  

Pero… si lo que decía era cierto, ni siquiera necesitaría esforzarse por convencerlo.  

Con una habilidad así, cualquiera en el mundo estaría dispuesto a pagar fortunas por tenerla a su servicio, incluso el Emperador en persona la buscaría sin descanso.  

Era un talento absurdo, inconcebible.  

Y si realmente era una habilidad única, ni siquiera había discusión posible.  

«¿Purificó la energía corrupta cuando estaba al borde de la transformación?»  

Eso no tenía nada que ver con aliviar un simple dolor de cabeza o diluir temporalmente los efectos de un veneno.  

Era algo de otro nivel.  

Era como purificar agua envenenada hasta hacerla potable de nuevo.  

Lo que ella había hecho equivalía a devolverle la corriente a un río estancado y putrefacto.  

«¿Qué clase de mujer es esta?»  

¿Qué tipo de existencia era?  

Nunca antes había visto algo así.  

«…No, eso no es cierto.»  

El antiguo hechizo de Kardel había logrado un efecto similar.  

Pero esto era diferente.  

Cuando los Kardel usaban magia antigua, lo hacían con rituales pomposos y teatrales.  

Reunían a magos, dibujaban complicados círculos mágicos en el suelo, recitaban grandilocuentes conjuros y aseguraban que todos presenciaran el proceso.  

Bajo el pretexto de la sagrada magia antigua, convocaban multitudes para orar y venerar.  

Sin embargo, la hija menor de esa familia, aquella que nunca había mostrado su rostro en público debido a su frágil salud, había purificado la energía corrupta… ¡sola!  

¿Era eso siquiera posible?  

Sin herramientas, sin magos, sin oraciones, sin conjuros, sin retrocesos mágicos…  

Esto no era magia antigua.  

Rudville lo sintió de inmediato: su “habilidad de purificación” podría ser la verdadera forma de purificar que los Kardel habían ocultado.  

«¿Por qué se escondió todo este tiempo?»  

Estuvo a punto de preguntárselo.  

¿Por qué en todos los actos oficiales solo aparecía el primogénito, Gawain?  

—Y, sobre todo, no es una purificación completa.  

Antes de que ella añadiera eso con firmeza, Rudville ya estaba reflexionando.  

—La energía corrupta está demasiado arraigada en usted. No desaparecerá con uno o dos intentos. La falta de emociones retrasó su manifestación, por eso ni siquiera yo me di cuenta hasta ahora. Tampoco el médico…  

Odelli hablaba con calma, pero de pronto alzó las cejas, como si algo la hubiera irritado.  

—…¿Cómo es posible que, en solo tres meses, una persona termine así?  

—¿Me está regañando, señora?  

Rudville encontró la situación absurda, pero también sintió un extraño deleite.  

Era como si su rostro siempre sereno se hubiera quebrado por un instante, revelando su verdadero yo.  

Él, fascinado por el ceño fruncido de ella, extendió la mano como un niño, pero Odelli la apartó de un golpe.  

—Qué malos modales.  

—Viniendo de usted, es gracioso. Además, hace un rato fue usted quien…  

—En fin.  

Odelli cortó su frase y continuó:  

—Necesitará purificaciones continuas. Si sigue esforzándose como hasta ahora, la energía corrupta podría reactivarse. Y si, para colmo, cumple las condiciones para la transformación…  

—Podría convertirme en una bestia demoníaca.  

—Exacto.  

—Una bestia demoníaca… Toda mi vida las he cazado, pero nunca pensé que me convertiría en una.  

Siempre lo llamaron monstruo, pero ¿ahora sería un monstruo de verdad?  

Qué irónico.  

Rudville esbozó una sonrisa burlona, sin rastro de preocupación.  

—No hable así. Mientras yo esté aquí, jamás permitiré que eso ocurra.  

Su voz rebosaba seguridad, como si fuera una experta que hubiera repetido ese proceso incontables veces.  

«Ahora entiendo por qué siempre ha sido tan segura de sí misma.»  

Era una confianza bien fundada.  

Tenía el poder para respaldarla.  

De hecho, si hasta ahora había subestimado sus habilidades, era casi demasiado modesta.  

Como si estuviera acostumbrada a esconderse.  

«Odellia Kardel.»  

La hija menor de la familia Kardel, la consentida.  

Pero si realmente la hubieran amado, no habrían ocultado una habilidad de purificación que superaba con creces la magia antigua.  

Con un poder así, lo lógico habría sido nombrarla heredera y exhibir su talento para elevar el prestigio familiar.  

Sin embargo, la ocultaron.  

Lo más probable era que…  

Mientras Rudville reflexionaba, preguntó:  

—¿Entonces es curable?  

Odelli asintió.  

Antes de que ella pudiera hablar, el médico intervino, nervioso, como temiendo que Rudville, en su locura, despreciara a semejante talento.  

—El concepto de habilidad de purificación es nuevo para mí, pero según los testimonios de los soldados, parece ser un poder extremadamente raro y especializado en eliminar energía corrupta.  

Su tono dejaba claro que no podían permitirse perder a alguien así.  

Odelli asintió y añadió:  

—Con sesiones regulares de purificación, podría recuperarse en unos años. Entre tres… y hasta cinco, en el peor de los casos.  

—…  

Casualmente, ese plazo coincidía con el período del contrato que Odelli le había propuesto.  

Rudville la miró con una expresión extrañamente ambivalente. 



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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