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Capítulo 36

«¿Será similar a cómo Rudville me busca desesperadamente, a mí, que ni siquiera recuerda, cuya existencia ha sido borrada?»     

Odelli escondió su rostro febril, hundiendo la frente contra su pecho. Y susurró aún más bajo:  

—No sé qué hacer contigo.  

¿Debería fingir ignorancia… hasta el final?  

Sí, eso es lo que debo hacer.  

Él tiene un cuerpo tan resistente y una esperanza de vida natural que supera los cien años. Pero, ¿cómo terminó atrapado con alguien como yo, viviendo una y otra vez miles de muertes?  

Solo Odelli podía romper ese horrible ciclo.  

Tenía que fingir que no lo sabía. No debía conocer a quién esperaba él. Ni por qué sentía déjà vu al mirarla. Como siempre, debía actuar indiferente y darle una nueva razón para vivir.  

«Ya lo decidiste.»  

No podía debilitarse solo porque él la había abrazado un momento. No podía permitirse arrastrarlo de nuevo a la muerte. Ya había hecho eso miles de veces. Era suficiente.  

Ahora, realmente debía dejarlo ir.  

Poco a poco, relajó los brazos que rodeaban su espalda.  

—¡…Milady!  

En ese momento, los soldados de la brigada que perseguían a Odelli corrieron hacia ellos.  

—¡Dios mío, ¿qué está pasando?!  

—Su Alteza perdió el conocimiento y cayó hacia mí.  

Odelli borró toda emoción de su rostro en un instante y les explicó la situación con frialdad.  

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Con esfuerzo, levantó sus pesados párpados.  

Los patrones del techo, apenas visibles, poco a poco cobraron enfoque. Era un techo familiar.  

«…¿Estoy en mi habitación?»  

La luz entraba tenue en la estancia. Los rayos del sol matutino se filtraban entre las gruesas cortinas, iluminando el borde de la cama.  

Rudville inhaló lentamente. Aunque sus pulmones se llenaron de aire, algo en su pecho se sentía extrañamente vacío. Como si hubiera perdido el mundo entero.  

Aunque no había perdido nada.    

Y era una sensación inexplicablemente desagradable.  

Sin motivo, se tocó el pecho. Pasó por su mente la absurda idea de que alguien le hubiera arrancado el corazón mientras dormía. Pero, por supuesto, seguía vivo.  

El techo familiar, el cansancio familiar, el dolor familiar. Nada era distinto a lo habitual, pero hoy todo se sentía extrañamente ajeno.  

Como si hubiera estado agarrando algo con fuerza… pero ahora sus manos estaban vacías.  

Rudville miró su palma y cerró el puño lentamente, una y otra vez. Pensó que lo había agarrado con fuerza, pero…  

Como granos de arena escapando entre sus dedos, se dio cuenta de que solo había estado sosteniendo una ilusión. El latir de su pulso era la única realidad.  

«…Había algo.»  

Alegría y plenitud. Una intensa sensación de alivio, como si algo hubiera encajado perfectamente. Por un momento, sintió como si estallaran fuegos artificiales en su cabeza.  

Pero ahora su mente estaba en blanco.  

¿Qué lo había llenado tanto? ¿Qué había intentado sostener sin soltar? Todo había desaparecido, dejando solo un anhelo al borde de la locura.  

Rudville cerró los ojos, se tocó la frente y, por costumbre, extendió la mano para buscar en la mesilla. Quería encontrar el estuche de plata con sus cigarrillos.  

Tal vez si fumaba y forzaba el sueño, podría revivir ese dulce sueño. Para aferrarse a un instante de ilusión.  

Pero antes de que pudiera hacerlo, alguien le agarró la muñeca.  

—Su Alteza.  

Era Odelli.  

—…  

Rudville la miró con expresión aturdida antes de bajar la vista hacia su mano capturada. Una mano pequeña y suave. Blanca y delicada, como si nunca hubiera conocido el trabajo duro…  

Sin pensar, pasó el pulgar por su dorso.  

—…¿Qué está haciendo?  

—Fue usted quien agarró mi mano sin permiso.  

—Su Alteza empezó a buscar en la mesilla como un adicto en cuanto abrió los ojos. Por eso lo hice.  

Odelli respondió con exasperación.  

—¿Un adicto? ¿Así que me agarró para detenerme?  

—Sí, exactamente.  

—Entonces, ¿Milady será mi sustituto?  

—¿Qué…?  

Odelli perdió momentáneamente la compostura. Rudville acercaba su rostro cada vez más, como si fuera a besar su mano. Ella la retiró rápidamente, como si hubiera tocado fuego.  

—Parece que aún no despierta del todo. Recupérese.  

La mirada de Rudville se dirigió hacia la oreja de Odelli. La curva blanca y perfecta ahora estaba teñida de un rojo tímido, como un pétalo.  

—…Mira eso.  

Sus ojos, antes negros como cenizas muertas, brillaron con interés. Con una sonrisa burlona, como un depredador que encontró su presa, levantó la comisura de los labios.  

—Ahem.  

En ese momento, el médico, que había permanecido en silencio, tosió para llamar la atención.  

—Su Alteza, los cigarrillos están prohibidos por ahora.  

La expresión de Rudville, que contemplaba cómo “cocinar” a Odelli, se agrió al instante.  

—¿Y tú quién eres para prohibirme algo?  

—Su médico, Su Alteza.  

La respuesta fue firme, sin espacio para negociar. Trabajar como médico personal de un Gran Duque que trataba su cuerpo como desechable requería determinación.  

—¿Crees que voy a obedecer?  

Pero Rudville no era fácil de manejar. Su sonrisa se tornó venenosa, retorcida y afilada. El médico retrocedió inconscientemente.  

—Artículo 5 del contrato: reportar inmediatamente cualquier enfermedad o lesión.  

¿De qué…?  

Rudville miró a Odelli con incredulidad. Ella continuó con tono sereno:  

—Artículo 7: los medicamentos, excepto armas, deben almacenarse en lugares designados y usarse solo con aprobación previa.  

Su mirada fría se posó sobre él.  

—Si va a hacer un contrato conmigo, debe cumplir estas condiciones.  

—Aún no hemos firmado.  

Aun así, Rudville volvió a mirar al médico.  

—…¿Dijiste “por ahora”? Muy bien, lo dejaré así.  

El médico suspiró aliviado. Si la joven no hubiera intervenido… Rogó mentalmente que Odelli se quedara a su lado por mucho tiempo.  

—Su Alteza, ¿recuerda lo que pasó antes de desmayarse?  

Rudville respondió con indiferencia:  

—Estábamos cazando bestias. Recuerdo haberlas matado a todas.  

—…Su Alteza estuvo expuesto a una gran cantidad de energía maligna. Según Milady, estaba al borde de convertirse en una bestia.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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