Capítulo 35
Como el fluir sereno de un río, como los copos de nieve cayendo al amanecer, su energía era tranquila y pura.
No deslumbrante, ni especialmente radiante.
Simplemente, como el rocío empapando una hoja de hierba, esa energía se filtró suavemente en el cuerpo de Rudville, empapado de sangre y corrupción.
Y comenzó a desprender con delicadeza la oscuridad que se aferraba a su cuerpo.
Poco a poco, muy lentamente.
Los hombros de Rudville se estremecieron.
En ese momento, una niebla negra de energía corrupta comenzó a fluir desde su espalda.
Como si la energía contaminada que llenaba su cuerpo reaccionara al estímulo de la purificación.
Entonces, Odelli redobló sus esfuerzos.
El poder de purificación se condensó y se expandió como una vibración.
Y las yemas de sus dedos, ennegrecidas, comenzaron a volver lentamente a su estado original.
—Ugh.
No sería algo que se resolvería de una sola vez.
Era un estado que requería una purificación prolongada y dedicada.
Por ahora, concentró todas sus fuerzas en ralentizar al máximo el avance de la corrupción.
«Un poco más….»
Odelli sintió intuitivamente cómo su propia vitalidad se desvanecía, pero no se detuvo.
Su respiración se volvió cada vez más agitada.
Se mantuvo firme con la determinación de no perder a Rudville por una razón tan trivial, canalizando al máximo su poder de purificación.
Un momento después.
La corriente de energía corrupta que hervía en el cuerpo de Rudville, como si estuviera a punto de estallar, comenzó a calmarse.
Había apagado el fuego más urgente.
—…
No… quizás sería más preciso decir que el fuego se había trasladado.
Un líquido caliente subió por su garganta.
—Hhh….
Odelli escupió sangre y tembló violentamente.
El dolor, como si su pecho estuviera ardiendo, era tan intenso que esta vez no pudo evitar dejar escapar un gemido.
Su mente se nubló, y un agudo zumbido resonó en sus oídos.
El sudor frío corría por su frente en gruesas gotas.
«Menos mal que hay cadáveres de bestias por todas partes.»
Al menos, nadie ni Rudville ni los soldados se enteraría de que había vomitado sangre.
Contuvo desesperadamente la respiración, aferrándose a una conciencia que amenazaba con desvanecerse en cualquier momento.
Luego, limpió los rastros de sangre en sus labios.
—…
En ese instante, Rudville, que había dejado de respirar por un momento, inhaló lentamente.
Una sensación agradable se filtró por su columna vertebral.
Ni caliente ni fría.
Esa energía, poco a poco, atravesó sus pulmones, vasos sanguíneos y corazón, eliminando los residuos turbios adheridos en lo más profundo de su cuerpo.
Tan lentamente que apenas se notaba.
Al mismo tiempo, su conciencia, que se había apagado, regresó.
—¿Dónde… estoy?
Murmuró con una voz áspera y quebrada.
Sus ojos violetas, antes perdidos y vidriosos, recuperaron gradualmente su brillo.
Los guantes empapados de sangre le resultaban incómodos.
El dolor punzante en su abdomen, atravesado por las garras de una bestia, protestaba con furia.
La sangre pegajosa que cubría todo su cuerpo empeoraba aún más su estado de ánimo.
Solo entonces sintió cómo las sensaciones que había ignorado durante tanto tiempo regresaban, una tras otra.
Rudville, por fin, sintió el agotamiento.
Su garganta estaba seca y agrietada, su respiración era áspera, y ni siquiera tenía fuerzas para mover un dedo.
Pero lo sentía.
Algo tan familiar que no necesitaba explicación.
Algo que su cuerpo entero reaccionaba a no perder, como si supiera que, si lo hacía, sería el fin.
Una sensación que, incluso en la muerte, no debía olvidar.
Algo que lo seguiría hasta el infierno, que abrazaría con fuerza y nunca soltaría…
Rudville exhaló lentamente y giró la cabeza.
En su campo de visión entró el rostro de la mujer que había retirado sus manos de su espalda.
Una tez más pálida y blanca de lo habitual.
Con una expresión que parecía a punto de desmayarse, ella dijo:
—Dijo que me necesitaría.
Odelli Kardel.
Rudville ni siquiera recordó su nombre.
Antes de poder emitir un juicio racional, como impulsado por algo, instintivamente extendió su mano hacia ella.
Y, de un tirón, la atrajo con fuerza.
—¡…!
Su aliento suave se sintió en su pecho.
Un aroma familiar.
Un calor familiar.
Una energía aún más familiar.
Su cuerpo lo recordaba antes que su mente.
Movió los labios.
—…No llores.
—…
Odelli apoyó una mano en su pecho y lo empujó levemente, diciendo:
—Alteza, parece que está confundiendo algo….
—No te muevas. Quédate quieta.
—…
Era un susurro que no sabía si era una orden o una súplica.
Y él, como una bestia despertada por el instinto, enterró su nariz en su nuca e inhaló profundamente.
El aroma de hierbas secadas al sol.
Un olor seco y calmante que se filtró en lo más profundo de sus pulmones.
Odelli, sin querer, se tensó, pero él la abrazó con más fuerza, impidiendo que escapara.
Está viva. Aquí. Ahora. Entre mis brazos.
Una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios.
Como si un vacío que había permanecido en su pecho durante tanto tiempo hubiera encontrado, por fin, la pieza perfecta que encajaba justo en su lugar.
Una oleada de plenitud lo inundó, tan abrumadora que casi lo dejó sin aliento.
Ahora, por fin, parecía entender.
Qué era aquello que había estado buscando desesperadamente todo este tiempo.
—Te atrapé.
Por fin.
Lo que es mío.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió que estaba vivo.
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«…Ah, se desmayó.»
Odelli sintió cómo la fuerza abandonaba el cuerpo de Rudville.
Como una marioneta sin hilos, su enorme cuerpo casi dos metros de altura se inclinó lentamente hacia ella.
—¡Uf!
Era un peso insoportable.
Incluso inconsciente, parecía decidido a no soltarla, aferrándose a ella con una obstinación inquietante.
Al final, Odelli cayó de espaldas al suelo del bosque, con Rudville encima.
«No puedo respirar….»
Odelli forcejeó, atrapada bajo él.
Pero al darse cuenta de que no podía moverse, no tuvo más remedio que relajar todo su cuerpo.
Abrazada por los brazos de un Rudville inconsciente.
Honestamente, era un milagro que no se hubiera derrumbado antes.
Había estado prácticamente empapado en energía corrupta, y aun así, había empuñado su espada, hablado, luchado.
Ahora que lo pensaba, era algo increíble.
Había estado realmente preocupada de que su purificación no funcionara…
Pero nunca imaginó que terminaría en una situación aún más tensa.
—…
¿Cuánto tiempo tendría que quedarse así?
Odelli giró la cabeza y miró el rostro ensangrentado de Rudville.
De pronto, recordó la última vez que lo había visto: en su funeral.
Incluso entonces, dentro del ataúd, tenía esa misma expresión.
Un rostro tranquilo, como si finalmente hubiera encontrado el descanso eterno…
—…
Sin darse cuenta, Odelli acercó su oído al pecho de Rudville.
Aunque sabía perfectamente que estaba vivo.
PUM, PUM.
El fuerte sonido de su latido llegó a sus oídos.
—…Qué resistente.
A pesar de haber pasado hambre, de haberse intoxicado con venenos y energía corrupta, de haberse maltratado a sí mismo sin descanso… seguía en pie.
Era un alivio.
A diferencia de ella, él tenía un cuerpo saludable.
Una resistencia que, incluso al borde del colapso, no se rompía fácilmente y se recuperaba rápido.
Aunque, precisamente por eso, parecía descuidarse aún más…
—…Rudville.
Lo llamó en voz baja.
Casi como un susurro, por si acaso su voz lo alcanzaba incluso en su sueño.
—Ru….
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que pudo mirarlo tan de cerca?
No… quizás esta era la primera vez.
Todos los recuerdos que tenía con él eran solo a través de los recuerdos de su regresión.
Todo lo que habían vivido como esposos.
Todo el amor que habían compartido.
En cierto modo, podría decirse que había sido solo una observadora.
Entonces, ¿por qué…?
¿Por qué incluso algo tan simple como decir su nombre en secreto le hacía sentir un nudo en la garganta y un dolor punzante en el pecho?
Ese amor que nunca había experimentado directamente…

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD