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Capítulo 28

[Artículo 1. Compartirán al menos una comida al día. 

Artículo 2. Asistirán juntos a eventos oficiales públicos. 

Artículo 3. Respetarán sus vidas individuales, pero tendrán una conversación de consulta semanal.  

Artículo 4. Cualquier cambio abrupto en su estado emocional deberá ser comunicado de inmediato.  

Artículo 5. Cualquier enfermedad o lesión deberá ser reportada sin demora.  

Artículo 6. Dormirán al menos seis horas diarias.  

Artículo 7. Los medicamentos (excepto armas) se guardarán en un lugar designado y no se usarán sin aprobación previa.]  

—…

Rudville alzó la cabeza lentamente.  

Odelli tenía una expresión seria, como si estuviera pensando: ¿Qué más debería añadir?, mientras sopesaba otras cláusulas.  

Al principio, había creído que era algún tipo de juego romántico… pero al leer con detenimiento, no tenía ese tono en absoluto.  

—¿Comidas? ¿Eventos oficiales?  

Rudville soltó una risa burlona, como si le pareciera absurdo.  

Odelli, en cambio, asintió con suma seriedad y añadió:  

—Incluso en un matrimonio por contrato, eso es lo mínimo. También está la mirada de los demás.  

—¿Por qué debo reportar mis emociones y estado físico?  

—Porque… si Su Alteza enferma, afectaría el contrato. Es lógico monitorear su salud…  

—¿Y controlar armas y medicamentos?  

—…Los objetos llamativos aumentan el estrés.  

Rudville escuchó sus excusas cada vez más incoherentes mientras revisaba el contrato. Entonces, entrecerró los ojos y dijo:  

—Princesa, ¿acaso cree que soy del tipo que dejaría una nota de suicidio y desaparecería mañana mismo?  

«No, más bien del tipo que ni siquiera dejaría una nota.»  

Pero no podía decirlo tan directo, así que Odelli fingió tomar té para evadir la pregunta.  

—Por supuesto que no. Es un malentendido.  

—Parece que cree que mis ojos son solo decorativos.  

«Incluso tachó “consulta” y lo cambió por “conversación”.»  

Rudville estaba exasperado.  

Pero Odelli, ignorando su reacción, insistió con firmeza:  

—De todos modos, estas cláusulas también son para mí, así que le ruego que las cumpla. No son difíciles, ¿verdad?  

Claro que no lo eran. Solo eran molestas.  

—¿Cómo diablos esto es para su beneficio?  

—Si Su Alteza permanece ileso, yo podré ejercer mi poder sin restricciones.  

—¿No sería más fácil para usted si yo muriera?  

Rudville replicó con tono cínico.  

En ese instante, el rostro de Odelli se tensó.  

Apretó los labios, guardó silencio un momento y luego murmuró en voz baja:  

—Jamás.  

—…  

Rudville quedó sin palabras al ver su expresión.  

Sentía algo extraño… una inquietud en el pecho.  

¿Qué era esa sensación desagradable y familiar que agitaba sus emociones dormidas?  

Odelli, como si nunca hubiera mostrado enojo, recuperó su compostura y añadió con calma:  

—Si me quedo viuda, los vasallos dirán que una mujer indigna usurpó el título. Hasta podrían acusarme de asesinato.  

—…

—Por eso, Su Alteza debe vivir. Pase lo que pase.  

Rudville la miró en silencio.  

Sus palabras eran plausibles, pero algo en ella le resultaba falso.  

Si realmente solo ambicionara poder, habría ignorado esas críticas y luchado por todo sola.  

«No entiendo cuál es su objetivo.»  

Cada vez que creía tener una pista, volvía al punto de partida.  

Sin querer, sus miradas se encontraron.  

Sus ojos azules… claros, transparentes, familiares.  

«…Otra vez.»  

Su corazón comenzó a latir rápido sin razón.  

Contuvo la respiración y desvió la vista.  

«No… ella no es.»  

Aunque esos ojos celestes le recordaban a la mujer que buscaba…  

«Esa mujer… siempre estaba llorando.»  

No lo recordaba con claridad, pero la imagen era difusa, como envuelta en niebla.  

Frágil, como si pudiera romperse al tocarla, alguien a quien debía proteger.  

¿Y esta mujer?  

«Ella misma atrapó a un ladrón.»  

No pedía ayuda, siempre actuaba sola, como si no necesitara nada de él.  

Odelli del ducado de Kardel.  

La hija menor de un héroe amado por el Imperio.  

Nada vulnerable, sin motivos para depender de él.  

«Además, su desaparición de tres meses fue una “huida voluntaria”… no, una “búsqueda espiritual”.»  

Para ganar poder por sí misma.  

Aunque fuera de una familia ducal, solo era la tercera hija.  

Y ahora, ante su oferta de compensación, ella presentaba un contrato sin inmutarse.  

Como si llevara la iniciativa en todo: el matrimonio, la situación…  

Rudville sacudió la cabeza y dejó escapar una risa burlona.  

—Al menos sé con certeza que usted no es la mujer que busco.  

—…¿Ah, sí?  

Odelli respondió con indiferencia.  

Él la observó un momento, conteniendo las palabras que rondaban en su mente, y sonrió con cansancio.  

«Una pareja con quien puedo hacer un contrato sin amor ni lástima…»  

Esa era la razón por la que la Princesa empezaba a agradarle.  

—Pero es gracioso. Usted impone condiciones antes de que yo acepte… ¿Da por sentado que diré que sí?  

—No lo negaré.  

Odelli lo admitió sin reparos.  

No era que estuviera segura de conquistarlo… simplemente, no le importaba nada más que mantenerlo con vida.  

«Una vida con fecha de caducidad, apenas cinco años.»  

Él no tenía derecho a criticar su deseo de darle significado a ese tiempo.  

—Su Alteza terminará aceptando el trato… porque me necesitará.  

Rudville frunció levemente el ceño al escucharla, golpeando el contrato con los dedos.  

—Si está tan segura… muy bien. Muéstreme que no puedo prescindir de usted.  

—Esperaré con interés.  

Susurró con una sonrisa.  

Como siempre, su sonrisa era fría: la comisura levantada, pero la mirada vacía.  

La sonrisa de un depredador, como si en cualquier momento pudiera morder.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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