Capítulo 23
Las personas pueden volverse impulsivas cuando sus necesidades básicas se derrumban.
Al menos debía asegurarse de que pudiera dormir bien.
Para lograrlo…
«No podía irrumpir en el dormitorio de Rudville y ofrecerle ayuda para conciliar el sueño.»
Entonces, debía abordarlo de otra manera.
«La comida… al menos debía encargarme de eso.»
El sueño y la alimentación están estrechamente relacionados.
Odelli recordó una conversación que había escuchado días atrás, cuando pasó cerca de la cocina. Los sirvientes directos de Rudville hablaban con rostros serios. Decían que, últimamente, apenas tocaba la comida y solo vaciaba copas de alcohol. Un hombre de complexión el doble de robusta que los demás, comiendo tan poco, era natural que no tuviera fuerzas… y sin fuerzas, ¿cómo podría dormir bien?
Cuando Leona terminó de arreglarla por la mañana, Odelli no perdió más tiempo y se levantó de su asiento. Se dirigió directamente a la cocina.
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Al entrar, un aroma intenso de caldo de carne mezclado con especias la envolvió.
A pesar de ser temprano, los ayudantes de cocina ya se movían entre ollas y tablas de cortar sin detenerse. Odelli esperó en un rincón para no interrumpir.
Entonces, el chef, que estaba ocupado preparando ingredientes, la vio y detuvo sus manos, sorprendido.
—…¿Señorita Princesa?
Dejó el cuchillo, se ajustó el delantal e hizo una profunda reverencia.
—¿A qué debo el honor de su visita tan temprano? ¿Acaso hay algún platillo en especial que desee…?
Aunque exteriormente mostraba respeto, su mirada revelaba cautela. A fin de cuentas, la Princesa Kardel era una intrusa. Y que una intrusa entrara y saliera de la cocina no era algo que pudiera tomarse a la ligera. ¿Y si la Princesa intentaba envenenar la comida? La responsabilidad caería sobre él.
—Lamento informarle que la cocina no está abierta a visitas sin permiso. Si necesita algo, dígamelo y lo prepararemos.
El rostro del chef se tensó, como si temiera que la bien educada Princesa pudiera causar problemas. Pero lo que Odelli dijo lo tomó por completo por sorpresa.
—Ah, cierto. Disculpe.
Odelli admitió su error sin protestar y dio un paso atrás. Manteniendo una distancia que dejaba claro que no tocaría la comida, finalmente expuso su motivo.
—¿Qué menú se preparará para el desayuno de Su Alteza hoy?
El chef no pudo ocultar su asombro. La desconfianza en sus ojos disminuyó ligeramente. Dudó un momento antes de responder.
—Un caldo largo de ternera con especias y una sopa de avena. Como ha reducido mucho su apetito, elegí platillos ligeros para no sobrecargar su estómago. También serviremos vegetales cocidos al vapor.
Odelli observó los ingredientes en la mesa y reflexionó. Era una sopa de granos avena, lentejas, puré de guisantes con un poco de miel y leche, comúnmente llamada sopa de cereales. Podría ser nutritiva, pero dudaba que ayudara a Rudville en su estado actual.
«Lo primero es estimular su apetito.»
Odelli buscó en los recuerdos de Rudville.
La época en que era un esclavo.
Cuando, en su búsqueda de poder, se lanzó imprudentemente al campo de batalla con solo una espada.
Morir, morir y morir una y otra vez.
Tras incontables regresiones, el primer día que logró volver vivo.
No estaba intacto. Tenía las costillas fracturadas, una flecha clavada en el brazo y apenas podía caminar. Pero respiraba.
Aquel día, el encargado de distribuir la comida le dio un plato especial: gachas de cebada calientes con unas lonchas de carne ahumada encima. Un manjar reservado para los soldados que sobrevivían.
Robin: Ajajajajajjajaja aca se los juro leí como tres veces humana y dije keee y sheque la raw y nada y sheque el texto y nada y sheque la traducción tres veces y ya hasta que lei bien ahumada ajaajajaja.
Eran espesas, pero sabrosas; saladas, pero con un toque ahumado.
Fue entonces cuando Rudville lo sintió de verdad:
Había escapado de esa interminable cadena de muertes.
«Estoy vivo.»
Ese sabor, ese recuerdo, le devolvió las ganas de vivir.
En un rincón del barracón, frotó el anillo de regresión mientras murmuraba para sí:
—…El capitán dijo que he llamado su atención, señora. Gracias a eso, quizá esta vida dure un poco más.
—Sobreviviré a la próxima batalla. No permitiré que la muerte me tome antes de que usted cumpla treinta años.
—Ah, en esta vida, usted aún no es mi esposa. ¿Qué importa? Aún sin formalidades, para mí siempre lo será.
Al día siguiente, volvió a lanzarse al combate.
Y otra vez, repitió el ciclo de muerte y regresión sin fin.
Odelli cerró los ojos, como si intentara alejar los recuerdos que seguían.
«Aunque no lo recuerde conscientemente, quizá ese sabor le despierte el apetito de nuevo.»
Finalmente, habló.
—Es bueno que hayas preparado algo fácil de digerir. Pero ahora, lo prioritario es estimular su apetito, no la nutrición.
—Eso… es cierto. Pero últimamente ni siquiera toca sus platillos favoritos…
El chef bajó la cabeza, apenado. Como responsable de la alimentación del gran Duque, no era fácil admitir eso.
—No es tu culpa.
Odelli cortó en seco su autocrítica.
—Será mejor preparar gachas de cebada.
El chef parpadeó, desconcertado.
—¿…Gachas de cebada?
Era un platillo asociado a los campesinos pobres, y su reticencia era evidente. Aunque no lo dijo, su expresión gritaba: ¿Cómo podría gustarle algo así a Su Alteza?.
Pero Odelli continuó, imperturbable.
—Corta la carne ahumada en láminas finas y colócalas sobre las gachas. Que no quede demasiado denso; remójalo bien y cuécelo a fuego lento. Que quede blando, pero no deshecho.
Odelli tenía recuerdos de una vida pasada como esposa de Rudville.
No era su propia experiencia, pero a través de sus memorias, había visto incontables comidas compartidas.
Así que conocía sus gustos mejor que nadie.
Habló con calma.
—Sería bueno acompañarlo con frutos del bosque. Frambuesas o moras, por ejemplo.
Por lo que recordaba, a Rudville le gustaban los sabores salados con un toque dulce, especialmente carnes jugosas.
Pero al mencionar ingredientes tan humildes, el rostro del chef se tornó incómodo.
—¿Frambuesas? ¿No sería mejor fresas normales?
—Sí. Las frutas silvestres son menos dulces, así que quizá convenga añadir un poco de miel.
—…Dudo que Su Alteza disfrute ese tipo de comida.
El tono del chef era cauteloso. Por más que lo sugiriera la Princesa, temía las represalias si el gran Duque rechazaba un menú tan poco refinado.
—De todos modos, no está comiendo nada, ¿no?
Era una apuesta sin pérdida.
Odelli lo miró con una sonrisa serena.
—Hagamos esto: sirve el menú habitual primero. Pero si vuelve a rechazarlo y solo pide alcohol, entonces lleva estas gachas.
—…
—Si algo sale mal, yo me haré responsable.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD