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Capítulo 21

El clima se había vuelto repentinamente más caluroso. Desde junio las temperaturas rondaban los treinta grados y la ola de calor que comenzó a principios de ese mes seguía en su apogeo. A diferencia del año anterior, este año no llovía y los agricultores estaban profundamente preocupados. Incluso Dojin, que vivía en “Bongari”, un lugar pequeño que dependía de la agricultura, sintió una preocupación pasajera al respecto.  

«Todos aquí son mayores… ¿Cómo sobrellevarán esto?»  

Tras un mes viviendo allí había empezado a encariñarse con el vecindario. Al caminar frecuentemente y encontrarse con los ancianos, sus rostros ya le resultaban familiares. Era un pueblo con una población tan pequeña que, en unos diez días de recorrerlo, ya los había visto a casi todos. Los únicos niños que había eran los de una joven pareja que había venido de “Gyeonggi”, y el resto de niños visibles estaban de visita en casa de sus abuelos o familiares durante el verano.  

A Dojin le gustaba el ambiente. Le recordaba a su infancia y, después de vivir agobiado por la gente en la ciudad, este lugar tranquilo le aliviaba un poco las preocupaciones. Aunque el internet móvil casi no funcionaba y sin Wi-Fi no podía hacer nada, eso también le ayudaba a despejar la mente.  

Y durante esos últimos días, incluso las pequeñas alegrías habían aumentado…  

—Señor, ¿me ha esperado mucho? —preguntó una voz.  

Dojin, que rondaba la entrada del primer piso, giró la cabeza al escuchar a Yun-yeong. Hacía poco, él le había propuesto salir juntos a un mandado trivial al supermercado, una promesa sencilla que decidió cumplir. Como no podía decidir algo así por sí solo, habló con el Supervisor Park el día anterior.  

El Supervisor Park era una persona ocupada, y su rutina consistía en ausentarse de la mansión un día y regresar al siguiente. Últimamente había estado en Seúl y no se le veía, probablemente para llevarse consigo a Shin Yerim.

Ahora que lo pensaba, ese día había sido un caos. El impacto de la mujer al irse había sido enorme.  

Dojin escuchó sobre Shin Yerim de otros. La Señora Joo, que había regresado después de esconderse, soltó una sarta de insultos temblando de rabia.  

Sa Myeong-cheol, el hijo mayor de la familia Sa y actual Presidente del grupo Samyeong, siempre había preferido a los Omegas, pero debido a lo estricto que era su abuelo, Sa Myeon-jun, con la elección de sucesores, Myeong-cheol se comportó con discreción hasta consolidar su posición.   

Ocho años después de su matrimonio por conveniencia con Kim Hyeon-jeong, finalmente reveló su verdadero carácter. Para entonces, Sa Myeon-jun, el ex Presidente, ya se había retirado y luchaba contra una enfermedad crónica.  

Shin Yerim conoció a Sa Myeong-cheol durante esa época. Las mujeres hermosas, especialmente las Omegas, solían tener vidas difíciles y harta de los hombres que solo querían aprovecharse de ella, decidió seducirlo cuando lo conoció en un lugar de ocio. Al parecer, quería cambiar su destino a toda costa, ya que su familia no tenía recursos.  

Pero al quedar embarazada, Sa Myeong-cheol no tuvo intención de dejar a su esposa. Como él dijo, Shin Yerim intentó abortar tomando medicamentos, pero falló. Justo antes de un procedimiento definitivo, cambió de opinión y dio a luz a Yun-yeong. Después, al parecer, armó un escándalo usando al bebé.  

La Señora Joo añadió, a regañadientes, que la Omega no había sido así desde el principio. El entorno corrompía a las personas… rodar por el lodo debía de haber deformado el carácter de alguien joven y bello como ella. Pudo haber dejado atrás su obsesión y encontrar a alguien mejor.  

Shin Yerim reapareció junto a su hijo, a quien había criado en secreto hasta los diez años. Causó varios disturbios y finalmente dejó al niño con la familia Sa tras recibir alrededor de diez mil millones de wones.  

Así que, después de nueve años sin dar señales de vida, ella regresaba ahora con la noticia de quién sabría donde la escuchó de que Yun-yeong era un Alfa dominante.  

El Supervisor Park se la llevó a Seúl para investigar quién había filtrado la información. La Señora Joo comentó aliviada que, aunque no la matarían por ser la madre del joven Maestro, probablemente no volverían a verla.  

En ese momento, Dojin confirmó que la Señora Joo también era parte de esa familia. Le dio escalofríos que hablara con tanta naturalidad de un asunto que podía costar vidas.  

No era una historia particularmente única. Ya había escuchado relatos así en dramas o contados por otras personas. Pero presenciarlo en persona le dejó un sentimiento turbio. Era como un drama absurdo, pero con demasiadas víctimas: Yun-yeong, la esposa y los hijos del Presidente, a quienes ni siquiera conocía. 

Aunque terminó involucrado en la vida de Yun-yeong sin querer, decidió no intentar distanciarse de él. Después de todo, estaba viviendo aquí y era su guardaespaldas. Enredarse en estos asuntos era inevitable. Además, ya había admitido que no podía dejarlo solo.  

—Joven Maestro, ¿está listo? ¿Se hizo un traje nuevo? Demoró una eternidad —bromeó Dojin, recordando la expresión de Yun-yeong de hacía media hora y riéndose.

El sonido de pasos ligeros bajando las escaleras se superpuso con el rostro emocionado del chico. Exteriormente parecía un adulto de veinte años, pero su cara se iluminaba solo por la invitación de ir al supermercado.  

«Qué lindo».

Yun-yeong era tan adorable que su inocencia resultaba casi increíble. Antes solo lo veía hermoso, pero ahora cada uno de sus gestos le parecía enternecedor. Decían que, si alguien te parecía lindo, estabas perdido.

«¿Cómo puede un Alfa adulto ser tan adorable?»

Dojin se pasó una mano por el cabello y, sin darse cuenta, sonrió. 

«¿Así se siente un abuelo al ver a su nieto? Da pena pensar en separarse de alguien tan lindo».  

Arrugando la nariz, borró ese pensamiento. Pensar en el final lo perturbaba. Imágenes de seres queridos que ya no vería cruzaron su mente.  

—Lo siento. Vamos rápido —dijo Yun-yeong apareciendo finalmente.  

Dojin, quieto, observó cómo bajaba y abrió los ojos al notar su cabello más arreglado de lo usual.  

—¿Se ha peinado el cabello, joven Maestro?  

Yun-yeong, ya de por sí hermoso, siempre lucía radiante sin importar como llevara el cabello. Hoy, había medio levantado su flequillo, dándole un aire distinto.  

Era como si hubiera perdido su apariencia juvenil. Su estilo habitual combinado con el peinado lo hacía verse más maduro. No con la frágil belleza de un Omega, sino con un aura masculina.  

—… Hoy hace calor. Lo subí porque la app dice que se superan los 35 grados.  

—Ah. Pensé que querías impresionar a alguien en el supermercado —dijo Dojin, acercándose con una sonrisa pícara—. Viviendo encerrado, no tendrías motivo… pero es sospechoso que se note tanto el arreglo. ¿Tienes a alguien en mente? Pensé que eras tranquilo, pero, ¡resultaste astuto, joven Maestro!  

—¡Q-qué dice!  

—Si hasta para salir a la esquina se pone tan guapo, es raro. ¿Quién es? Vi algunas chicas de tu edad por aquí…  

—¡No es eso!  

Yun-yeong se turbó por un momento, pero luego puso una expresión seria. Dojin, sin intención de molestarlo mucho, rio y asintió.  

—Es broma. Solo quería halagarte porque te ves más lindo que de costumbre.  

Temiendo que se ofendiera, abrió la puerta y salió primero. Yun-yeong lo siguió en silencio.  

Al salir de la mansión con clima controlado, el sol abrasador los recibió. El aire caliente y húmedo, como el de una sauna, les dificultaba la respiración.  

Antes se habría quejado del calor, pero ahora le preocupaba Yun-yeong. El joven Maestro, débil y que había comido poco últimamente, ¿aguantaría este infierno? El supermercado estaba a veinte minutos caminando.  

—Joven Maestro, mejor vayamos en auto. Hace demasiado calor.  

—… Pero en auto llegaremos y volveremos rápido —murmuró Yun-yeong decepcionado.  

«Ah».

Dojin entendió. Yun-yeong quería pasear por el supermercado, no solo ir y volver. Con este calor, caminar era un sacrificio, pero él ansiaba salir.  

«Claro… ha estado literalmente encerrado».

Como un pájaro en una jaula, Yun-yeong no podía salir de la lujosa mansión. Las razones de seguridad del Supervisor Park tenían sentido, pero… ¿no era demasiado para alguien de su edad?  

—Pero si a usted le molesta el calor, usemos el auto —dijo Yun-yeong, conteniendo su desilusión y cediendo.  

Sin embargo, su objetivo era hacerlo feliz, no su propia comodidad.  

—Vaya, si pones esa cara de tristeza, ¿cómo podría negarme? Hoy estás el doble de guapo, no puedo rechazarte.  

Al instante la expresión del chico se iluminó. Aunque parecía serio, era fácil leerlo. Aunque no sonriera, su alegría era evidente.  

«Por cierto, nunca lo había visto reír. Si lo hiciera, se vería… increíblemente hermoso».  

Aunque mostraba felicidad, Yun-yeong nunca sonreía. Quizás no había tenido motivos.

«¿Qué podría hacerlo sonreír?»  

—… ¿De verdad me veo guapo hoy? —preguntó Yun-yeong, interrumpiendo sus pensamientos de Dojin.  

Al volverse, vio sus ojos marrones fijos en él, evitando mirar hacia otro lado a pesar de sus orejas rojas.  

—¿Le gusta cómo me arreglé? —preguntó Yun-yeong en un tono bajo y maduro, más que hace un mes.  



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA



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