Capítulo 21
«…¿Qué es esto?»
El peso que oprimía sus extremidades se aligeró de un modo increíble. Los órganos putrefactos se regeneraron, y la carne derretida brotó de nuevo. Era, sin duda, una recuperación.
¿Acaso este cuerpo absurdo y resistente volvía a regenerarse por sí solo?
Aunque el fastidio le invadió al recordar que había ingerido veneno deliberadamente para ver aquella ilusión de ojos azules… eso no era lo importante ahora.
Lo importante era…
Rudville se aferró instintivamente el pecho.
Algo dentro de él estaba a punto de desaparecer. No sabía qué era, pero era, sin duda, la sensación de pérdida. Algo demasiado precioso intentaba escapar de su control…
Era como si le arrancaran la columna vertebral. Como si el centro del mundo se tambaleara.
Los monstruos rugían frente a él, escupiendo aliento de fuego, pero él no los oyó. Extendió la mano hacia algún lugar dentro de sí, instintivamente.
—Debo atraparlo. No puedo dejarlo escapar.
No entendía nada, pero una cosa era clara: no podía permitir que esa cosa frágil y pequeña se le escapara.
Mientras luchaba contra los monstruos, Rudville libraba otra batalla en un campo invisible. Sin saber qué intentaba retener.
Y entonces…
Cuando sintió que algo, por fin, rozaba sus dedos…
«Lo tengo.»
Aferró con fuerza lo que había caído en su mano, al borde de romperse. Como una fiera. Aunque sintió que estaba a punto de hacerse añicos, lo abrazó con desesperación.
Al mismo tiempo, desde lo más profundo de su ser, brotó de nuevo un calor. La conexión se mantuvo, por los pelos.
Rudville inhaló profundamente, como si hubiera emergido del agua y tomado aire por primera vez.
—¡Ha…!
Con una sonrisa de euforia, alzó su espada. Sus ojos brillaban de locura mientras destrozaba a los monstruos frente a él. Bajo su poder abrumador, las criaturas pronto quedaron irreconocibles.
—No, no puede ser.
Se rió bajito, una risa extrañamente eufórica y aliviada.
—¿Crees que te dejaré escapar?
Murmuró palabras que ni él mismo sabía si iban dirigidas a los monstruos… o a alguien más.
Y así, uno tras otro, los fue eliminando.
Una tormenta de espadas bajo el pretexto de purificar el territorio. Aunque cualquiera que lo viera sabría que era una masacre…
Si aniquilar todo podía llamarse purificación, entonces esto era una purificación perfecta.
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«Creo que… debo corresponderles.»
Odelli había ahorrado dinero poco a poco desde que dejó la familia Kardel tres meses atrás.
Había recibido algo de ayuda de Rudville. O, más exactamente, de sus recuerdos.
Jarras de cerámica imperial enterradas en la tierra, libros antiguos vendidos por monedas en las librerías, monedas de oro sin dueño…
«Iba a usarlo como fondo para establecerme…»
Pero ya no era necesario.
Ahora debía quedarse a su lado bajo el pretexto de un matrimonio por contrato, vigilándolo para que no acabara con su propia vida.
Sacó el dinero que había reunido y preparó regalos para dos personas.
Para Leona, encargó seda y tela de alta calidad, pero…
«…Esto no está bien.»
Aunque dedicó un día a bordar sobre la tela, el resultado fue desastroso.
Si lo entregaba así, parecería un mensaje pasivo-agresivo de que quería cortar lazos.
Dudó un momento antes de doblar cuidadosamente el pañuelo.
Pero justo entonces, Leona entró en la habitación.
—Oh, ¿qué es esto?
—Solo un trapo…
—Pero tiene mi nombre bordado.
—…
Leona tomó el pañuelo con cuidado y, con una expresión más seria que nunca, dijo claramente:
—Lo atesoraré como una reliquia familiar.
Odelli no pudo evitar reírse y negar con la cabeza.
Era así de sincera, siempre.
También preparó un regalo para Theodor y fue a su oficina.
Llamó a la puerta.
—¿Tienes un momento?
—¿Lady Odelli?
Theodor abrió la puerta, con una leve sorpresa en su rostro.
Ella le extendió una caja con cuidado.
—Gracias por el abrigo. No sé si será suficiente, pero… preparé esto para ti.
Theodor tomó la caja en silencio. Al abrirla, reveló una pluma estilográfica con incrustaciones de piedra mágica.
El metal negro tenía grabados pequeños hechizos, y el cristal de maná brillaba suavemente.
—Es un instrumento mágico para escribir. Reduce la fatiga de la muñeca, y si presionas este botón, cambia de color para clasificar documentos.
Parecía no haber esperado una retribución.
Se quedó mirándola un buen rato, sin palabras, antes de inclinar la cabeza brevemente.
—Gracias, lady Odelli. Es demasiado.
Su voz sonó ahogada.
Su reacción, más conmovida de lo esperado, la tomó por sorpresa.
Odelli, sintiéndose incómoda, desvió la mirada y, en ese momento, percibió un olor peculiar en la habitación.
Sobre el escritorio había una bandeja con herramientas: hojas secas, papel delgado, hilo y unos cuantos cigarrillos ya enrollados.
—¿Qué estabas haciendo? —preguntó con cautela.
Gracias a su experiencia como terapeuta, conocía bien las hierbas medicinales.
Aquellas hojas eran de normarina, un potente somnífero conocido por sus severos efectos secundarios, raramente usado.
Theodor dudó un momento antes de responder con franqueza.
—El gran Duque se quedó sin medicamento. Estaba preparando más para cuando regrese.
—Pero esto… son cigarrillos.
Odelli se acercó y examinó la bandeja. Era claramente para fumar.
—El consumo oral no surte mucho efecto en su insomnio —explicó Theodor, terminando de enrollar uno con un hilo—. Solo así, inhalando el humo, logra dormir.
—Pero la normarina tiene efectos secundarios graves…
—Lo sé —admitió el mayordomo, suspirando—. Adormece los sentidos, nubla la conciencia y, en casos graves, provoca pérdida de memoria. Pero sin esto, no puede dormir en absoluto…
Ella no supo qué decir.
«¿Hasta este punto…?»
Su estado era mucho peor de lo que había imaginado.
«…Ni siquiera en esos miles de repeticiones, cuando decía que no estaba en su sano juicio, llegó a este extremo.»
En sus recuerdos, él pasó muchas noches en vela, pero nunca se derrumbó hasta el punto de necesitar adormecer su mente para cerrar los ojos.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD