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Capítulo 19

¡THUD!   

Con un sonido sordo, un contundente dolor se extendió por la espalda de Dojin. La esquina de la pata de la silla debió de haberle golpeado directamente ya que le dolía bastante.

Sus cejas se fruncieron por el impacto, que había sido más fuerte de lo esperado. No fue por el dolor, sino por el pensamiento de que si Yun-yeong hubiera sido golpeado directamente por la silla, podría haberse lastimado gravemente.

—¿Señor…?

Al mismo tiempo que fruncía el ceño, una pequeña voz sonó desde su pecho. Había reaccionado instintivamente envolviendo la cabeza de Yun-yeong y protegiéndolo entre sus brazos, así que el chico estaba completamente abrazado. Al sentir su pequeño cuerpo temblando ligeramente, Dojin respondió rápidamente con ternura.

—Joven Maestro, salgamos de aquí. Si realmente quiere volver a hablar con la señora, hágalo después de que se calme. Ahora no es el momento. Podría lastimarse.

Yun-yeong levantó la cabeza y lo miró con una expresión de confusión, como si no entendiera la situación. Sus ojos marrones, parpadeando rápidamente, reflejaban una mezcla de preguntas. Parecía asumir naturalmente que él sería el que recibiría el golpe a pesar de que su guardaespaldas estaba justo a su lado.

—¿Por qué… por qué está aquí? La silla, hace un momento…

Yun-yeong, que estaba balbuceando, miró apresuradamente detrás de Dojin. Cuando vio la silla volcada en el suelo, se alarmó y le agarró el brazo con fuerza.

—¿Te golpeó? ¿Estás bien? ¿Por qué recibirías el golpe por mí?

Yun-yeong realmente era extraño. No parecía importarle lo que le había pasado a él mismo, pero estaba demasiado conmocionado por el hecho de que Dojin hubiera sido golpeado.

—Soy su guardaespaldas, joven Maestro.

Aunque últimamente habían mantenido cierta distancia entre ellos, seguía siendo su guardaespaldas. Con su complexión, recibir un golpe solo le dejaría un hematoma o un moretón, pero Yun-yeong todavía era un niño de diecinueve años.

Aunque había crecido un poco, dejar que un joven herido recibiera un golpe sin hacer nada no era algo aceptable, especialmente para alguien como él, que sabía pelear.

Sin embargo, los ojos de Yun-yeong temblaban, como si las palabras de Dojin fueran difíciles de creer. Su mano, que le sujetaba el brazo, estaba temblando visiblemente. El hecho de que estuviera tan conmocionado tras verlo recibir el golpe cuando anteriormente se había quedado inmóvil ante los abusos y la violencia de su madre, lo decía todo.

—Vámonos, joven Maestro.

Dojin decidió que sería mejor sacarlo de allí en lugar de enfrentarse a la mujer. Si la otra parte no estaba armada, su política era la de no tocar ni a mujeres ni a Omegas.

Además, se trataba de la madre de Yun-yeong. No importaba cuán inhumana fuera, no podía dejar que su hijo viera como la golpeaban.

—¡Ustedes…!

La mujer, que había quedado en silencio tras ver que Dojin había recibido el golpe, volvió a alzar la voz al darse cuenta de que estaba ileso. Parecía aún más enfurecida al ver que él estaba perfectamente bien y comenzó a arrojar cosas sin importar lo qué fueran. Lo primera en volar fue una cuchara, que volvió a golpearle en la espalda.

«Este lugar es una cloaca. No puedo permitir esto».

La vida de Dojin había sido pobre y dura, pero nunca había sido tan espantosa. Había recibido castigos físicos mientras entrenaba o trabajaba en empleos duros, pero el entorno en el que creció siempre estuvo lleno del amor de sus padres.

Incluso cuando discutían, nunca recurrían a la violencia para herirse mutuamente. Cualquier sentimiento de resentimiento entre ellos nacía del afecto, no de una búsqueda unilateral de deseos, como sucedía en el entorno de Yun-yeong.

Ignorando los objetos que volaban hacia él, Dojin se movió con Yun-yeong aún en sus brazos. Si se resistía a irse, lo cargaría a la fuerza. Pero el chico lo siguió dócilmente, aferrándose a su brazo como si estuviera agarrando una cuerda de salvamento.

—¡Sa Yun-yeong! ¡Regresa ahora mismo! ¡Te dije que volvieras!

Dojin quería sacarlo de ese infierno cuanto antes. Quería alejarlo de las personas que lo abandonaban y lo despreciaban.

«No me importa si esto parece una estúpida muestra de compasión o un acto de justicia. Lo estoy haciendo por mí mismo. No puedo simplemente quedarme quieto y mirar».

—¡Tú lo hiciste! ¡Te aferraste a mi vientre y naciste de todos modos, sin importar cuánto intentara borrarte! ¡Entonces hazte responsable de arruinar mi vida!

Para que Yun-yeong no escuchara esas horribles palabras, Dojin envolvió su rostro con sus brazos. Con el niño temblando en sus brazos, se dirigió rápidamente hacia las escaleras.

—¿Quién demonios eres para quitarme lo que es mío?

Con un grito lleno de rabia, se oyó el estruendo de un vaso de vidrio rompiéndose. Al mirar hacia atrás, Dojin vio fragmentos de vidrio esparcidos por el suelo. Justo cuando giró la cabeza, la mujer lanzó otro vaso.

—¡Detente ahí mismo! ¡Te dije que te detuvieras!

Dojin soltó a Yun-yeong y lo colocó detrás de él. La Omega parecía estar completamente fuera de sí, pero esto estaba yendo demasiado lejos.

—Debería detenerse antes de que alguien salga realmente herido. Ha estado culpando constantemente al joven Maestro, pero al final, usted tomó la decisión. Nadie tiene la culpa. Si fue un embarazo no deseado, culpe a su esposo, no a un hijo inocente.

Las personas inventaban excusas para protegerse. El sacrificio era una de las razones más efectivas para manipular a otros, y Dojin entendió que ella era del tipo de persona que realmente creía que su vida se había arruinado por culpa de su hijo.

—¿Qué sabes tú de cómo vive un Omega…?

Su voz, temblorosa de rabia, se volvió más aguda. Su rostro se distorsionó y se inclinó para recoger un trozo de vidrio del suelo.

—¡Tú no sabes nada! ¿Sabes cuánto he sacrificado por ese niño? ¡Arruinó mi vida!

—Mamá —una voz tranquila resonó de repente—. Detente.

La presión en el aire cambió. El miedo instintivo se hizo palpable cuando las feromonas de Yun-yeong llenaron la habitación.

—Si no te vas ahora, algo malo va a pasar.

Con una expresión pálida, la mujer dejó caer el vidrio y huyó.

Yun-yeong susurró:

—No vuelvas a aparecer. Te enviaré dinero.

El único sonido que quedó fue el eco de la despedida sin respuesta.

Dojin lo miró con preocupación:

—Joven Maestro, ¿está bien?

Sin poder contener las lágrimas, Yun-yeong comenzó a llorar en silencio.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA



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