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Capítulo 15

Odelli pasaba sus días en la residencia secundaria, llevando una vida sencilla.  

Paseaba por el jardín con Leona, leía libros en la vieja biblioteca y, durante las comidas, charlaba sobre los suministros que llegaban del pueblo.     

Externamente, parecía simplemente una huésped silenciosa y diligente.  

—Señorita. Esta mañana llegaron raíces de Womber. Si preparamos un té con ellas, ayudará con su mala circulación —dijo Leona con orgullo.  

Odelli dirigió su mirada hacia la cesta de hierbas medicinales que la joven llevaba en brazos.  

Las raíces de Womber, conocidas por mejorar el flujo de energía mágica y aliviar el frío en las extremidades, eran una de las hierbas más caras del mercado.  

—Debió costarte mucho conseguirlas.  

—Je, je.  

Odelli acarició la cabeza de la sonrojada chica, que reía como esperando elogios.  

Mientras lo hacía, examinó las raíces con detenimiento.  

El intenso color púrpura era demasiado vibrante.  

El peso, extrañamente ligero.  

Y en la parte inferior de la cesta, había claras marcas de alguien que había cortado las puntas de las raíces.  

—¿Llegaron así? ¿No notaste nada raro? Por ejemplo, el envoltorio…  

—¿El envoltorio? Ah… Usaron papel reciclado, estaba doblado en varias capas. A veces las tiendas hacen eso por economía, supongo.  

Odelli no respondió.  

En cambio, en su interior, estaba segura.  

«Parece que aún no piensa dejar de robar.»  

Más bien, su codicia era una suerte.  

Si hubiera vendido el collar y desaparecido, habría sido difícil atraparlo o condenarlo.  

Pero seguía moviendo las manos.  

Qué amable por su parte.  

—Hoy regresa temprano a tu habitación y descansa, Leona.  

—¿Eh? ¿De repente?  

—¿Hice algo mal?  

Sus ojos se abrieron como platos, desconcertada.  

—¿Y si tose por la noche? Debería prepararle té de jengibre de inmediato…  

Odelli le dio un pequeño caramelo, como para calmarla. Era algo que Leona siempre llevaba consigo para después de tomar medicinas amargas.  

—Un día estará bien. Ya tomé la medicina y me siento mucho mejor.  

—Pero…  

—Ve a dormir. Mañana el clima mejorará, quizá tengamos que ir de compras.  

Leona no se movió de inmediato.  

Quizás, después de pasar tanto tiempo juntas, se había encariñado.  

Su renuencia a separarse era evidente.  

Aunque Odelli entendía sus sentimientos, habló con voz dulce pero firme:  

—Hoy no puedes quedarte aquí.  

Leona, sin captar el matiz de sus palabras, bajó la cabeza con desánimo.  

—Pero antes, ¿puedes entregarle esto al mayordomo? Será mejor dárselo justo antes de que termine sus tareas.  

Odelli tomó una de las raíces de Womber, la envolvió en papel y se la dio a Leona.  

—¿Esto?  

—Lo entenderá cuando lo vea.  

Leona mascó el caramelo y, de mala gana, se marchó.  

La puerta se cerró.  

Odelli se levantó y ajustó los cordones de su capa, preparada con anticipación.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Esa noche.  

El mayordomo Theodor caminaba por el pasillo como de costumbre, terminando sus deberes.  

Su espalda le dolía por cargar pesados documentos y libros de contabilidad.  

—Ya estoy viejo —murmuró.  

Justo cuando se dirigía a sus aposentos, una pequeña figura bajo la luz al final del pasillo lo detuvo.  

—Señor mayordomo.  

Theodor recordó su nombre al instante.  

—…¿Leona?  

Aunque el personal de bajo rango estaba bajo la supervisión de la jefa de las sirvientas, Leona había sido asignada a la Princesa Kardel, por lo que la recordaba.  

La joven se acercó con cuidado, extendió algo con ambas manos e inclinó la cabeza.  

—La Princesa me pidió que se lo entregara.  

En sus manos había un pequeño paquete envuelto en papel delgado.  

Al abrirlo, encontró una raíz de Womber.  

—Esto… Es la hierba que confirmaste que llegó esta mañana.  

—Sí, pero ahora parece un poco marchita…  

—Espera.  

Theodor tomó la hierba y la examinó detenidamente.  

Luego, detuvo sus movimientos.  

—…Esto no es raíz de Womber.  

—¿No lo es?  

—Es raíz de Lilfoa. Vale una quinta parte. La teñieron para que parezca Womber.  

—¿¡Qué!?  

Los ojos de Leona se abrieron desmesuradamente.  

Casi había preparado un té con eso para la princesa.  

—¡¿Cómo se atreven?!  

Con una mezcla de ira y pánico, murmuró que al día siguiente confrontaría al comerciante.  

Pero Theodor pensó diferente. No parecía cosa del comerciante…  

Como si hubiera notado algo, bajó la mirada un momento y luego se giró.  

Entendió por qué la Princesa le había enviado esa hierba.  

No era solo una queja por un producto defectuoso.  

Era una señal de que algo ocurría en la residencia secundaria.  

—…Deberé llamar al capitán de la guardia.  

—¿Eh…?  

Mientras Leona estaba confundida, Theodor apresuró el paso y desapareció en la oscuridad.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

En un callejón apenas iluminado por la luna.  

Una sombra escondida tras un muro se movió con extrema precaución.  

Era Zik, el encargado del almacén.  

Durante los últimos diez años, había robado pequeñas cantidades de granos, carne, hierbas, piezas metálicas y otros suministros del castillo.  

Al principio, fue un pensamiento casual: «Total, sobra».  

Pero el hurto se convirtió en hábito, el hábito en rutina, y ahora era una corrupción incontrolable.  

Diez años enteros.  

Nunca lo habían atrapado.  

Ese récord lo volvió cada vez más audaz.  

«…Definitivamente, es el momento.»  

Zik decidió dar un paso más allá.  

Los pequeños robos ya no lo satisfacían.  

El motivo era simple.  

Desde que, días atrás, había encontrado joyas valiosas en la residencia secundaria.  

Un collar con gemas rojas, anillos de elaborada artesanía, adornos de lujo sin nombre…  

Aún no las había vendido, pero sin duda le darían una fortuna.  

No entendía por qué algo tan valioso estaba abandonado en un rincón de la residencia.  

Y no le importaba.  

Lo único importante era que, después de tomarlas, nadie se había dado cuenta.  

«Vi otra cosa así allí.»  

Desde entonces, Zik había espiado la residencia, esperando otro gran golpe.  

Pero las cosas no fueron fáciles.  

Justo entonces, la Princesa Kardel había llegado para quedarse.  

¿Acaso una Princesa mimada quería jugar a ser pobre?  

En cualquier caso, los nobles eran incomprensibles.  

Pero pronto, Zik vio una oportunidad.  

Tenía el chivo expiatorio perfecto.  

«Puedo echarle la culpa a la princesa.»



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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