Capítulo 14
—El collar no está.
Lo revisó todo, incluso los rincones más ocultos, pero no había rastro de lo que buscaba.
Odelli se sintió abrumada.
«¿Qué diablos ha pasado?»
«Quizás, al perder la memoria, el sello también se rompió.»
A veces ocurría.
La magia fluía según la voluntad del usuario.
Los sellos se activaban bajo la determinación de proteger a alguien o no ceder bajo ninguna circunstancia.
Pero ahora, él ni siquiera recordaba ese propósito.
Mala suerte. El sello se había roto.
También existía la posibilidad de que el propio Rudville hubiera deshecho el sello y se hubiera llevado el collar, pero…
No, algo no cuadraba.
En la caja fuerte aún quedaban objetos.
Cosas que, a simple vista, parecían inútiles:
Fragmentos toscos de piedra, restos desgastados de metal, pedazos de tela vieja y sin diseño…
¿Por qué estaban guardados allí? A primera vista, parecían basura.
Pero Odelli sabía lo que eran.
Reliquias mágicas que alguna vez sacudieron una era.
Coleccionadas por Rudville tras miles de regresiones, cosas que jamás debían salir al mundo.
«…No tocó lo realmente valioso.»
Al final, solo se llevó lo que brillaba por fuera.
El ladrón no tenía idea de que esos desechos valían decenas, cientos de veces más que cualquier joya.
«El collar de Rudville también debió parecerle solo una piedra preciosa peculiar.»
Odelli tragó un suspiro.
El colgante rojo del collar no era un simple adorno.
Era un Cristal de Sangre.
Un fragmento cristalizado de la fuerza vital de Rudville.
Una llave maestra capaz de activar o deshacer cualquier círculo mágico.
«Para deshacer el hechizo, el collar debe insertarse en el centro del círculo.»
Si se rompía por la fuerza…
«Toda la retroalimentación caería sobre Rudville.»
En el peor de los casos, moriría al instante.
Sin darse cuenta, Odelli apretó los puños.
De vuelta en su habitación, caminó de un lado a otro, pensativa.
¿Quién se habría llevado el collar?
Era algo que nunca debía salir de allí.
«Haré lo que sea… Debo recuperarlo.»
En ese momento…
TOC TOC.
Alguien llamó a la puerta.
Odelli detuvo sus pasos y miró hacia allí.
Tras un instante, la puerta se abrió, revelando un rostro tenso.
Una figura menuda que se sobresaltó al verla.
Una voz temblorosa, insegura.
—¡Ah, hola, mi señora! Es un honor conocerla.
Odelli contuvo el aliento.
«…Leona.»
Un recuerdo lejano cruzó su mente.
¿Era el efecto de la gema de la regresión filtrándose en ella?
Al ver a esa niña, los recuerdos borrosos se volvieron vívidos, como si los estuviera reviviendo.
Un estudio oscuro.
Un cuerpo pequeño en el suelo.
Manos frías, ojos que ni siquiera habían podido cerrarse…
«Ah.»
Lo entendió.
Sabía quién se había llevado el collar.
—…Guau.
Un susurro admirativo la sacó de sus pensamientos.
Era Leona, que la miraba con los ojos como platos, como si no creyera lo que veía.
—Parece un hada de las nieves…
—…
—Es que… hay un hada buena que ayuda a los perdidos en las montañas nevadas. ¡Se parece mucho a la ilustración del libro!
Leona soltó el comentario sin pensar, pero luego se tapó la boca, avergonzada.
—¡P-perdón! Fue una grosería.
Esa inocencia era la razón por la que Leona vivía en una residencia apartada, lejos del palacio principal.
No encajaba con los demás, y Odelli tampoco, por lo que en su vida pasada, ambas se habían convertido en inseparables amigas.
—El hada de las nieves… Sí, la conozco.
—¿E-en serio?
Leona, que se había encogido por la vergüenza, se animó al ver que Odelli respondía.
—¡Es una leyenda del norte! ¿Cómo la conoce? ¿Tenía algún conocido de allí?
Odelli no pudo evitar reírse.
—Era alguien muy importante para mí.
Mientras decía eso, tomó suavemente la mano de Leona.
Como si quisiera devolverle el calor que una vez sintió, hace tanto tiempo.
Leona se sorprendió por el contacto inesperado, miró fijamente su mano y luego exclamó:
—¡Mi señora, sus manos están heladas!
—…¿Y?
Odelli respondió con indiferencia.
Parecía que no había logrado transmitirle calor.
—Dicen que es delicada de salud… ¡Traeré más leña para el fuego! Y una bolsa de agua caliente.
—…Gracias.
—¡Acuéstese y cúbrase bien! En el norte, un resfriado puede durar mucho. Hay que tener cuidado.
No había cambiado nada.
Era la misma doncella que en su vida pasada nunca se separó de ella.
La única que le tendió una mano cálida en esa residencia solitaria.
Pero Odelli no pudo disfrutar de ese calor por mucho tiempo.
Porque Leona murió demasiado pronto.
Fue poco después de conocerse.
«Lloré mucho.»
Durante el funeral, su corazón dolió como si hubiera perdido a una vieja amiga.
Leona era rara: ingenua, cariñosa, y aunque en poco tiempo se habían encariñado…
Ese nivel de dolor le pareció extraño.
Al fin y al cabo, apenas habían compartido unos meses.
Ahora lo entendía.
Esa pérdida no era solo por una despedida en una vida.
Era la acumulación de todas las veces que esa niña cálida le había sostenido la mano mientras lloraba.
{—¡Mi señora es fuerte, no morirá nunca!}
Era la misma cara que una vez le dijo eso, entre lágrimas.
«…Te extrañé.»
Odelli la miró en silencio.
«Esta vez no te perderé.»
Lo juró.
Esas manos pequeñas y cálidas no se enfriarían nunca más.
Y además…
«Si no me equivoco, el asesino que mató a Leona también robó el collar de Rudville.»
Porque Leona murió a manos de un ladrón que entró en la mansión.
Tenía que atraparlo.
Atraparlo y…
Bueno, ¿qué haría con él?
En ese momento, Odelli recordó una habilidad que había descubierto gracias a los recuerdos de Rudville.
{—Odelli, si alguna vez estás en peligro y yo no estoy cerca, ¿por qué no pruebas esto?}
Una capacidad ofensiva que jamás había imaginado.
Nunca pensó que su poder de purificación pudiera usarse así…
Pero en sus recuerdos, ella lo manejaba con destreza.
«¿Por qué no practicar?.»
Sus ojos brillaron con frialdad.
No tenía intención de enviar a ese tipo amablemente a prisión.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD