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Capítulo 11

Odelli no afirmó ni negó.  Simplemente lo miró fijamente con una mirada inquisitiva.  

A Rudville le resultó extremadamente desagradable.     

—Así que, con tal de obtener poder, está dispuesta a sentarse al lado de un loco que busca mujeres diferentes cada día. Qué ambición tan admirable.  

Rudville se burló descaradamente de su propuesta de matrimonio, murmurando en voz baja.

  

Y al final, lo que escupió fue…  

—Como era de esperar de alguien de esa familia.  

…un odio y furia directos hacia Kardel.  

Odelli lo miró por un momento con expresión confundida.   Todo había empezado en el instante en que escuchó su apellido.  Desde entonces, su rostro se había helado y su tono había comenzado a cargarse de un desprecio evidente.  

No parecía tener intención de ocultarlo.  

«¿Acaso recuerda algo más?»  

Si realmente había perdido todos sus recuerdos relacionados con ella, entonces era normal que no conociera la verdad sobre la familia Kardel.  

Pero, ¿de dónde venía este resentimiento?  

Odelli preguntó con calma:  

—¿Le disgusta que sea una Kardel?  

Tal vez fue demasiado directa.  

—Ja.  

Él pareció quedarse sin palabras por un momento antes de soltar una risa burlona, como si le pareciera absurdo.  

—¿Y si es así?  

—¿Puedo preguntarle el motivo?  

—…   

La frente de Rudville se frunció levemente.  

¿La razón por la que odiaba a los Kardel?  

¿Era necesario decirlo con palabras?  

La casa ducal de Kardel.  

Sangre noble, descendientes de héroes, la bendición del Imperio…  

Un santuario intocable que había perdurado durante siglos.  

¿Desde cuándo?  

No recordaba el momento exacto.  

Solo sabía que, en algún punto, todas sus palabras comenzaron a sonar falsas, hipócritas.  

Un odio profundamente arraigado.  

Con solo verlos, su estómago se retorcía de asco.  

Eran basura que desprendía un hedor putrefacto, parásitos que no deberían existir en este mundo.  

Quería estrangularlos a todos.  

Pisotearlos como la escoria que eran y exterminarlos hasta que no quedara rastro de su linaje.  

La razón era, sin duda…  

—Ugh.  

Rudville se presionó las sienes con fuerza, como si le doliera la cabeza.  Como si el simple hecho de mirarla le provocara esa punzante molestia.  

—¿Se encuentra bien?  

Odelli, alarmada, se acercó para “purificar” su dolor, como había hecho antes.  

—Si le duele, no hace falta que lo recuerde.  

—…  

—También hay cosas que se odian sin razón. Al fin y al cabo, el corazón humano es así.  

Su tono sereno, su mirada preocupada.  La ternura que fluía de ella sin siquiera darse cuenta golpeó directamente los nervios de Rudville.  Sus ojos púrpura brillaron con una ira llameante.  

Y, al instante siguiente, Rudville agarró su mentón con rudeza.  

—La Duquesa, desaparecida durante tres meses, aparece de la nada en las tierras del norte, le propone matrimonio a un completo desconocido y dice que no le importa que insulte su familia…  

Apretó con fuerza, hablando en un tono bajo y rasgado, como un gruñido.  

—Deje su farsa de hipócrita. Sería más divertido si mostrara su verdadero rostro.  

Fragmentos de emociones incontrolables danzaban en sus ojos púrpura, antes vacíos.  

Movió los labios.  

—Ese tono, esa expresión…  

Pero no terminó la frase.  

Como si ni siquiera él supiera qué iba a decir.  

Su silencio estaba teñido de confusión.  

Odelli, temiendo que estuviera a punto de recuperar algún recuerdo sobre ella, habló rápidamente.  

—Tiene razón.  

—¿…Razón?  

—Sí. Ya que ha dado en el clavo, no hay motivo para ocultarlo.  

—¿Qué…?  

—Tengo ambición.  

Lo que necesitaba para quedarse a su lado era una “razón convincente”.  Si le decía que quería protegerlo, solo la tacharía de hipócrita.  

—Quiero usar a Su Alteza para obtener el poder que deseo.  

Odelli no tenía intención de decirle que había sido explotada por su familia toda la vida.  

Él pensaría que era una mentira absurda para manipularlo y ganar su favor.  

Además… 

 

Vino a su mente la imagen de la “mujer de ojos azules” que Rudville perseguía.  Frágil, delicada, con un pasado trágico, al borde de romperse en cualquier momento…  

«…Es lógico.»  

Para Rudville, ella era alguien que, sin importar cuántas veces lo repitiera, siempre moría.  

Ahora, sin recuerdos, solo le quedaba la impresión de alguien vulnerable y lamentable.  

«Entonces, debo mostrarle exactamente lo opuesto.»  

Asegurarse de que jamás asocie a Odelli con la mujer de ojos azules.  

Mantendrá una distancia psicológica con una actitud calculadora en apariencia, mientras en secreto lo guía por el camino correcto.  

De forma meticulosa, sin ser descubierta.  

Desde la distancia más cercana posible.  

—Al menos como Gran Duquesa, podría lograr lo que realmente deseo, ¿no cree?  

—… 

No era una mentira, después de todo.

 

Porque lo que realmente deseaba era la felicidad y bienestar de Rudville.  

Odelli ocultó sus sentimientos y habló con frialdad:  

—Por eso dije que era un “trato”. Le propongo un matrimonio por contrato.  

Al decirlo, un recuerdo del pasado la atravesó.  

En su vida anterior, Rudville le había propuesto matrimonio apenas la vio.  

Curiosamente, sus palabras ahora se parecían mucho a las de él en ese entonces.  

«¿Acaso él se sintió así en ese momento?»  

Aunque en apariencia pronunciaba palabras frías, trazando una línea clara con el contrato…  

¿En secreto se desesperaba por salvarla?  

—El plazo es de cinco años. Si en ese tiempo considera que no soy útil, puede romper el contrato cuando quiera.  

Odelli no evitó su mirada.  

Al contrario, lo enfrentó directamente y continuó:  

—Los problemas internos que enfrenta Su Alteza, las interferencias externas, su posición en la sociedad noble… Puedo ayudarle en muchas áreas. Bastantes, de hecho.  

—Ah, por supuesto.  

Agregó mientras se golpeaba ligeramente la cabeza.  

—Incluso con sus dolores de cabeza.  

—…  

Rudville la escuchó un largo rato, como si estuviera atónito…  Y de pronto, estalló en risas.  

No era una risa de alegría, sino una risa torcida, teñida de interés perverso.  

Odelli solo pudo mirarlo fijamente.  

Era la primera vez que veía a Rudville reírse en voz alta.  

Lo había visto muchas veces en sus recuerdos, pero verlo en persona era…  

—…Bien, esto se está volviendo interesante.  

Alzó la mano y tomó su cabello plateado.  

Enrolló los mechones que caían hasta su cintura alrededor de sus dedos, girándolos lentamente mientras sonreía con calma.  

Sus movimientos rezumaban burla, curiosidad y una expectativa siniestra.  

—Le daré quince días.  

—… 

—Si en ese tiempo logra captar mi interés…  

Sus ojos púrpura se entrecerraron.  

En su mirada, incluso sin recuerdos, aún habitaba una oscuridad profunda y una locura acumulada durante años.  

Después de alargar el silencio, susurró junto a su oído:  

—Entonces, le daré el matrimonio que desea.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

 

Rudville no echó a Odelli.  

Aunque tampoco la aceptó por completo.  

—Durante esta quincena, no informaré a nadie de la presencia de la Princesa aquí. Incluyendo a la familia Kardel.  

Torció la comisura de los labios, como si pensara que sería más divertido así.  Acto seguido, suspendió el banquete y las puertas del gran ducado se cerraron herméticamente.  

No entrarían más mujeres de ojos azules.  

Una quincena.  

Era solo un breve plazo…  

«…Al menos logré llamar su atención.»  

Odelli fue conducida a la habitación más lujosa del palacio.  Un dormitorio tan opulento y extravagante que hasta una princesa lo envidiaría.  

Inmediatamente, Odelli entendió que era el cuarto donde las mujeres que habían captado el interés de Rudville se habían alojado temporalmente.  

—Su Gracia se quedará aquí por un tiempo.  

El mayordomo jefe, Theodor, deespués de guiarla hasta allí, inclinó la cabeza cortésmente y añadió:  

—Después, Su Alteza decidirá el destino de la Princesa.  

Aunque lo dijo de forma educada, lo que realmente quería decir era “su disposición.”  

«Me está tratando igual que a los demás.»  

Su actitud estrictamente profesional dejaba claro que no creía que ella permanecería allí por mucho tiempo.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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