Capítulo 33
—…
Lo sospechaba, pero al escuchar la explicación de Richard, se quedó sin palabras.
Edith recordó a los caballeros de Hacklam que había visto. Le dijeron que quien demostrara ser el más fuerte entre ellos vendría a buscarla.
«…No es tan horrible como pensaba. Creí que me arrojarían en medio de la orden».
Robin: x2 por un momento pensé lo mismo
No pudo evitar el sarcasmo. Ella misma se sorprendió de su propia actitud. Cuando estaba paralizada por el miedo, sin poder respirar bien, ahora se permitía esa mueca burlona frente a quien la trataba con amabilidad. Como si estuviera permitido, con total naturalidad.
Se sintió patética, una persona ruin. Al ver que Richard seguía siendo cortés con ella, estaba descargando en él la ira que debería dirigir hacia Eckhart.
—…Dañarla está terminantemente prohibido. Es una norma y orden absoluta que todos deben respetar por encima de todo, así que no necesita preocuparse por eso.
Debería haberse sentido aliviada con esas palabras, pero, en cambio, se sumió en una mayor tristeza. Tras un largo silencio, Edith logró abrir la boca con dificultad.
—¿Cuál es la siguiente orden? Dímelo todo ahora mismo. Así yo…
«Así no albergaré ninguna expectativa. Así no haré el ridículo emocionándome sola, con el corazón latiendo aceleradamente.»
Edith bajó la cabeza. Cada vez que veía a Richard, su corazón se aceleraba. Quizás ese sentimiento, después de la boda, podría haber sido llamado amor. Si hubiera pasado un poco más de tiempo con él, seguramente habría sido así. Pero el fruto de ese sentimiento cayó y se aplastó antes de madurar. Aun así, ahora ella seguía merodeando a su lado.
Richard vaciló un momento y luego tomó la mano de Edith. Ella se sobresaltó, pero no retiró la mano.
—…Como todos los Hacklam, yo también he esperado a mi novia durante mucho tiempo.
Así debía ser. Después de que todas las mujeres de su clan murieran, ¿cuánto habrían buscado a su compañera?
—Mientras construíamos la ciudad, levantábamos el castillo y llenábamos este lugar, siempre pensaba: ¿qué clase de persona vendría como nuestra novia? Mientras creaba una habitación que pudiera soportar el gélido frío de Hacklam, mientras elegía los cuadros que colgarían en ella…
La voz de Richard temblaba. Edith recordó cuándo habían construido Hacklam. Fue hace décadas. El Emperador probablemente había exterminado a su clan antes de eso. Durante todo ese largo tiempo, Richard también debió de haber esperado a su novia.
—Cada vez que veía la habitación vacía durante tanto tiempo, pensaba en qué dueño llegaría a ocuparla. Al principio, mi corazón latía con esperanza, pero con el paso del tiempo, el vacío se hizo más grande. Llegó un momento en que me resigné y, finalmente, sentí ira. Ira contra nosotros mismos, que no pudimos proteger a nuestras compañeras, y por supuesto, contra el Emperador. Por eso, cuando oí que la novia de Hacklam, que por fin habíamos encontrado, era una princesa, le dije al jefe del clan que no podía ser, que deberíamos buscar de nuevo.
Richard recordó aquel entonces.
***
¡THUMP!
Como siempre, Eckhart irrumpió sin contemplaciones en la oficina y arrojó algo sobre el escritorio de Richard. Al ver la tierra y las cenizas esparcidas sobre la mesa, Richard contuvo un suspiro. Porque imaginaba lo que había traído.
—Son cosas encontradas en los restos del castillo quemado. Hay muchas partes calcinadas y otras estropeadas o borradas por la lluvia, así que será difícil de leer, pero al menos está lo que buscábamos.
Richard miró el escritorio. Había papeles tan destrozados que daba vergüenza llamarlos libros. En su día, debieron de estar en los hermosos estantes de una magnífica biblioteca. Pero todo ardió durante la invasión del Emperador. Eran lo único que, milagrosamente, había escapado de las llamas y conservado apenas su forma.
Richard observó los viejos montones de papel, empapados y convertidos en una sola masa, y luego desvió la mirada.
—Jefe del clan.
Su voz al llamar a Eckhart estaba teñida de una leve fatiga, pesar y consuelo.
Era una insolencia. Aunque fueran idénticos, la noche y el día tienen posiciones claramente diferentes. Eckhart, que nada más alcanzar la mayoría de edad había liderado al clan al borde de la masacre, abandonando las tierras ancestrales y logrando la supervivencia de Hacklam, era el soberano absoluto del clan. Richard no podía atreverse a ofrecerle palabras de consuelo.
Sin embargo, Eckhart no lo reprendió.
—Entiendo lo que quieres decir, pero primero echemos un vistazo y luego hablamos.
Al contrario, como si lo consolara, le dio unas palmadas en el hombro. Richard contuvo otro suspiro con dificultad y abrió el viejo libro que había traído. Al pasar la página, cuya portada daba pena llamarla así, el papel se desmoronó y cayó, por lo que movió las manos con aún más cuidado.
No era la primera vez que Richard veía montones de libros así. Eckhart, después de liderar al clan y construir un castillo en esta tierra nevada, solía recorrer periódicamente los restos de reinos destruidos para recopilar sus registros.
Como era de esperar, los resultados eran casi nulos. El Emperador era alguien que borraba sin dejar rastro las huellas de los países que había destruido. No se limitaba a quemar los edificios. Exterminaba a sus gentes, por supuesto, pero también eliminaba todos sus registros. Incluso buscaba y quemaba los documentos que habían logrado escapar, y ejecutaba a quienes intentaban conservar su historia.
A pesar de ello, el Emperador no pudo borrar todos los registros. Había algunos que permanecían en lo más profundo de las ruinas, o que habían logrado esconderse esquivando la mirada del Emperador. Eckhart se había obsesionado con encontrar, entre esos documentos, las genealogías de las familias reales. O los registros de sus líneas colaterales.
«Quiere encontrar, como sea, a alguien relacionado con Hacklam».
Todas las mujeres de Hacklam fueron asesinadas. La prometida de Eckhart, la única superviviente del ataque, también desapareció tras recibir la noticia de que era perseguida por las tropas del Emperador.
Después de eso, Eckhart se dedicó a buscar a alguien que pudiera convertirse en la novia del clan Hacklam. En realidad, Richard pensó desde el principio que era imposible.
Hacklam era, de por sí, un clan aislado, con casi ningún intercambio con otras razas. No solo porque su tierra natal era un lugar remoto, sino también por la naturaleza solitaria característica de los Lobos Negros. Por eso, los que habían salido al exterior eran contados con los dedos de una mano.
Con el paso del tiempo, aquellos que salieron al exterior debieron de mezclarse con otras razas. En realidad, aunque encontraran a alguien, las probabilidades de que su descendiente fuera la novia de Hacklam eran ínfimas. E incluso eso, solo si existía tal descendiente. El Emperador estaba exterminando a las razas del continente, ¿quién podía quedar?
Como era de esperar, entre las razas que vivían escondidas en rincones o apenas mantenían su existencia, no había nadie que llevara sangre Hacklam. Aun así, Eckhart no se rindió.
Richard siguió examinando los documentos con cuidado. Eckhart también se sentó junto a él y repasó el árbol genealógico que registraba cientos de años de historia. Había muchas partes quemadas y perdidas, o borradas por la humedad, pero de algún modo lograron leer el resto.
Fue entonces cuando encontraron una pista.
—Una mujer del clan que salió al exterior se casó con un miembro de la realeza y tuvo una hija. Recuerdo este nombre. Si es el Reino de Vidrika… allí fue donde el Emperador perdonó la vida a la familia real y se la llevó.
Richard examinó la genealogía de la actual familia imperial. Esa princesa había sobrevivido. Fue llevada al palacio imperial, dio a luz a una hija y luego falleció. Allí estaba el nombre de la hija que tuvo.
Edith.
Eckhart vio el nombre y frunció el ceño.
—Una princesa… Es indignante.
Y era comprensible. ¿Acaso no significaba eso que debían tomar como compañera a la hija del ser al que tanto maldecían?
—Parece que fue enviada al convento que está en el Santuario.
—¿Ese lugar donde está el convento de clausura? Entonces debemos ir allí ahora mismo a comprobarlo.
Entrar en el convento no era difícil. El problema era que el poder del Santuario anulaba por completo las habilidades especiales de las razas.
Richard sugirió que sería mejor que él llevara a los caballeros y fueran juntos, pero Eckhart dijo que iría primero a comprobarlo y partió de inmediato. Y entonces, antes de que Richard pudiera enviar a los caballeros, recibió una carta a través de un halcón mensajero.
Había encontrado a la novia.
En cuanto vio la carta con la breve frase, Richard sintió que su cuerpo temblaba.
Aunque no hubo otras órdenes, preparó todo para la novia y partió hacia el Santuario. Durante todo el camino, sintió ansiedad. ¿Cómo sería la persona destinada a ser la novia de Hacklam? Aunque era princesa, si la habían enviado a un convento, no debía de ser una princesa tratada con mucho aprecio. O quizás Eckhart se había equivocado.
«¿Cómo demonios se reconoce a la novia de Hacklam?».
Como todas las mujeres del clan habían sido asesinadas antes de que él alcanzara la mayoría de edad, Richard no sabía cómo los Hacklam reconocían a su propia novia.
Lleno de expectación y preocupación, Richard llegó al Santuario y se dirigió al convento siguiendo las órdenes de Eckhart. Eckhart le había dado una orden más: que arreglara la ropa que había preparado, dándole incluso las medidas con gran detalle. Aunque contratar gente en el pueblo cercano con urgencia le llevó tiempo, Richard obedeció la orden en silencio. Y en el momento en que entró en el convento, vio a una mujer temblando, con la ropa rasgada mientras otras monjas la sujetaban.
En el instante en que sus miradas se cruzaron con la de aquella mujer, derrumbada por la desesperación y la vergüenza.
«¡…!»
Richard sintió que su corazón comenzaba a latir con violencia.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN LA MERA MERA DEL SCAN