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Capítulo 49

Los ministros habían salido de la sala de reuniones y el Emperador, con los brazos cruzados, miraba fijamente los documentos sobre la mesa. Cualquiera que lo viese pensaría que estaba absorto en los asuntos de Estado. Sin embargo, en su mente no rondaban las inútiles palabras que los ministros acababan de soltar, sino otra cosa.

«Esos malditos Hacklam…».   

El contenido de la carta que había roto en pedazos y hecho desaparecer.

Había llegado una carta desde el convento de Erem. Comenzaba anunciando que tenía algo urgente que comunicar y contenía dos noticias importantes.

La primera era que habían aparecido muertos en el santuario. Tras leer eso, el Emperador ordenó a los ministros que se callaran un momento y continuó leyendo. El santuario era un lugar impregnado de un poder sobrenatural que él no podía dominar. Y ahora, según la carta, había quienes ignoraban ese poder. No es que los hubieran matado fuera y luego llevado allí, así que el Emperador pensó en enviar de inmediato a sus caballeros de confianza al santuario. Al pasar a la segunda noticia, deseó no haber seguido leyendo. Sabía que, comenzando con palabras que imploraban la bendición divina, esa noticia solo podía significar que alguien había recogido lo que él había desechado.

Pero instantes después, no pudo evitar levantarse de golpe y murmurar:

—¿Hacklam? ¿Que los Hacklam se han llevado a una mujer?

El Emperador rechinó los dientes. Los lobos habían abandonado el territorio de Hacklam. ¿Y eso justo cuando no había llegado el invierno? Cuando llegaba el invierno, ellos cerraban con llave la puerta de acceso a su territorio y se encerraban dentro. Había infiltrado varios espías en Hacklam, pero ninguno le había informado de la ausencia de Richard Hacklam.

Lo que más revolvió sus entrañas fue el nombre de la princesa que, según decían, se habían llevado.

—¿Edith? ¿Acaso esa que parió la mujer de Vidrika?

Oficialmente, tenía decenas de hijas; extraoficialmente, cientos. Por eso no recordaba todos sus nombres. Tampoco había necesidad. Aun así, el nombre de Edith permanecía en su memoria. Vidrika. Era un país que él había pisoteado con esmero. Había valido la pena. El poder sobrenatural que poseía esa gente, llamada la gente del bosque, era el “crecimiento”. Ese poder era extremadamente complejo y caprichoso, y se manifestaba de forma distinta incluso entre miembros de la misma familia real. Algunos tenían la fuerza de hacer crecer rápidamente a los seres vivos, otros, por un exceso de poder, provocaban el envejecimiento, y de vez en cuando aparecía alguien con la capacidad de sanar. Quizás por estar relacionado con la vida, quienes poseían ese poder se aferraban particularmente a la existencia. Y, al mismo tiempo, temían a la muerte con la misma intensidad.

Cuando confirmó su poder, el Emperador no dudó en tomar una decisión: lo mejor sería matar a todos excepto a la princesa, que era la de poder más fuerte.

No le llevó ni un mes aniquilar Vidrika. Y eso que gran parte de ese tiempo se fue en capturar y quemar vivos a los que huían; la conquista en sí no duró ni una semana.

El Emperador violó a la princesa cautiva en el propio palacio real de Vidrika. Su intención era preñarla como fuera y llevarla de vuelta al imperio.

—¡Jamás concebiré una semilla como la tuya! —le espetó la princesa con una mirada fulminante, y el Emperador comprendió que ella podía rechazar un embarazo no deseado. Pero él también sabía bien cómo había que pisotear a la gente.

Ordenó traer un cadáver que había dejado sin quemar a propósito. Al verlo, la princesa profirió un grito y lo maldijo. El cadáver era el de su prometido. El Emperador puso la espada en el cuello del ya muerto.

—Ustedes creen que para que un difunto descanse en paz, su cuerpo debe permanecer intacto, ¿verdad?

Los caballeros del Emperador no trajeron solo el cadáver. Unos perros de caza hambrientos babeaban al otro lado. Estaba claro lo que le sucedería al cuerpo del prometido si ella seguía negándose.

El Emperador volvió a violar a la princesa. Edith fue la niña que nació entonces.

A la princesa traída la metió a propósito en un palacio separado. Si la metía en el principal y la tomaba a diario, seguro que moriría pronto. Tal como el Emperador pensó, la princesa fue perdiendo vitalidad, pero no murió y dio a luz a una hija. El Emperador ordenó que, en cuanto manifestara su poder, se lo comunicaran de inmediato.

Pasó el tiempo y, cuando le informaron del poder de esa niña, el Emperador se alegró inmensamente. A pesar de ser una mezcla de su sangre con la de la princesa, había manifestado un poder fuerte.

Pero la alegría duró poco. Dio la orden de que la trajeran de inmediato al palacio principal, pero, en el lapso de haberla devuelto al palacio separado, la niña cayó enferma. Y cuando despertó, su fuerte poder había desaparecido como por arte de magia. Lo único que le quedaba era un poder tan insignificante que era una basura.

Mientras investigaban, supieron que, tras regresar al palacio separado, la niña se había encontrado con su madre. Entonces perdió el conocimiento y, al despertar, su fuerte poder había desaparecido. Al recibir ese informe, el Emperador lo comprendió: la princesa, usando su propio poder, había borrado parte del poder de su hija.

Al saberlo, montó en cólera. Era como si el fruto que por fin había madurado tras largo tiempo se hubiera caído y convertido en basura antes de que él pudiera alargar la mano.

El Emperador intentó tener más hijos con la princesa, pero ella escapó de él mediante la muerte. Siguió comprobando en secreto si el poder de Edith resurgía, pero fue una esperanza vana. Al final, decidió desecharla lejos. Después de eso, jamás volvió a recordar su existencia.

Y ahora resultaba que los Hacklam la habían tomado como novia y se la habían llevado.

El Emperador sabía que, una vez al año, cuando visitaban la corte imperial, ellos rondaban los alrededores del palacio principal. Por eso, para humillarlos, reforzaba la vigilancia y les mostraba la realidad de que no podían encontrarse con ninguna de las otras especies que él mantenía dentro del palacio. Había sido así cada año, así que pensó que algún día intentarían conseguir lo que había dentro, pero ¿se llevaban ahora a esa inesperada?

«Seguro que su poder se extinguió».

Pero… quizás exista una manera de que un poder que una vez apareció y desapareció pueda revivir.

«Si esas bestias se reproducen…».

Dejó escapar un rechinido de dientes. La razón por la que dejaba a los Hacklam en el norte era que el tiempo estaba de su parte. Las bestias que han perdido a todas sus hembras acabarán desapareciendo. Pero si consiguen aunque sea una…

La rabia le embargaba al no poder confirmar la situación de Hacklam de inmediato. Había perdido todo contacto con los que envió allí. Los espías que metió en el castillo de Hacklam probablemente también hubieran muerto. Entonces, ¿cómo podría ahora averiguar la situación de Hacklam?

«Con tipos normales no servirá».

Estaba claro, sin necesidad de verlo, lo estrictas que serían las vigilancias de los lobos que habían encontrado una hembra. Así que debía encontrar la manera de, como fuera, entrar en el castillo y llegar hasta el lado del señor.

Cuando el Emperador estaba dándole vueltas a cómo hacerlo, el chambelán anunció desde fuera que el príncipe heredero solicitaba audiencia.

Iba a hacerlo regresar, pero cambió de parecer y ordenó que pasara. Poco después, entró el príncipe heredero Claude, que era la viva imagen del Emperador.

El Emperador estaba bastante satisfecho con este príncipe heredero.

Un hijo humano, exactamente igual que él, sin una pizca de poder sobrenatural. Era un tipo que estaría ahí como príncipe heredero hasta que un día desapareciera, pero sabía usar la cabeza lo suficiente como para ser útil.

Claude se acercó, se arrodilló sobre una rodilla y dijo al Emperador:

—Majestad, siempre pensé que algún día esas bestias negras mostrarían los dientes, pero jamás imaginé que se atreverían a secuestrar a una princesa como para intimidarla. Esto no es algo que debamos tomar a la ligera.

—¡Ja!

Ante tan descaradas palabras, el Emperador soltó una risa sarcástica. Le hacía gracia ver al príncipe heredero fingiendo preocuparse por una hermana cuyo nombre ni siquiera sabría.

—¿Y qué propones que hagamos entonces?

—¿No deberíamos al menos comprobar si la princesa se encuentra bien y si no hubo problemas con el matrimonio?

—Aunque los hubiera, no creo que los Hacklam nos abran sus puertas.

Entonces Claude dijo con cautela:

—Tengo una idea. Pero hay una parte que requiere el permiso de Vuestra Majestad…

—¿Para qué necesitas mi permiso?

—Permítame entrar en el harén interior.

Ante las palabras de Claude, los ojos del Emperador se entrecerraron. El harén interior del palacio principal. Era el lugar más secreto de toda la corte imperial, como la cámara acorazada del Emperador. Allí se encontraban los más importantes de entre las otras especies que había traído.

—…Sé a quién quieres ver, pero ¿a cuál de ellos piensas enviar a Hacklam?

A la pregunta del Emperador, las comisuras de los labios de Claude se elevaron.

***

Poco después, Claude salió de la sala de reuniones. Al verlo ileso, el chambelán respiró aliviado. Dado el humor del Emperador últimamente, no habría sido sorprendente que el príncipe heredero hubiera sido destituido ese mismo día. El hecho de que hubiera salido con vida e incluso sonriera indicaba que, afortunadamente, la conversación había terminado bien.

—Alteza, ¿se encuentra bien?

—¿Qué podría no estar bien tras ver a mi padre? Más bien, avisa en el harén interior de mi visita. Su Majestad me ha dado permiso.

Ante las palabras de Claude, los ojos del chambelán se abrieron de par en par. El Emperador detestaba permitir la entrada de otros en el harén interior. Ni siquiera la emperatriz había entrado jamás. Y ahora permitía la visita del príncipe heredero.

Claude, mientras se encaminaba, dio otra orden:

—Y dile a esa cosa que recogimos frente al convento hace unos días que venga a mi palacio.

Robin: alch siento que la promeida de Eckarth sigue viva, guarden mi comentario



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN LA MERA MERA DEL SCAN


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