Capítulo 10
—Ehm…
Una suave y cosquillosa brisa rozó la mejilla de Eun Beom-ho, trayendo consigo una dulce calidez primaveral.
Instintivamente, giró el mentón hacia la fuente de ese calor, una sensación a la vez curiosa y desconocida.
—… ¿Qué le gustaría comprar?
A través de las lentes tintadas de sus gafas de sol, su mirada se fijó en un par de ojos suaves y castaños claros que lo miraban fijamente.
Era más joven de lo que esperaba, pero su energía era constante e inquebrantable.
Bajo esa mirada seria, la mente de Eun Beom-ho se quedó en blanco, como si alguien hubiera vaciado sus pensamientos de golpe.
—…
Sus labios se abrieron ligeramente.
«¿Un Suin perro?»
Habría sido de mala educación soltar de repente “¿Qué clase de hombre bestia eres?”
Pero quería preguntar.
Tenía curiosidad.
Sin embargo, como se consideraba de mala educación, se contuvo y dejó que su imaginación divagara.
Sería perfecto si esas orejas redondas y esponjosas salieran de repente de esa cabeza.
Si tan solo pudiera poner una mano sobre esa mano pequeña, presionar sus labios contra él, saborearlo con su lengua.
«¿Por qué olía tan dulce?»
Quería inhalarlo todo, saborear cada pedacito de ese aroma, o tal vez devorarlo entero.
Eun Beom-ho apretó los puños y se frotó las yemas de los dedos.
Si no se controlaba, podría estirar la mano impulsivamente y hacer algo imprudente.
—…
Un punzante dolor le latía en el pecho, como si le hubieran abierto el corazón.
No podía ser la fiebre de la conciencia: ya había ahuyentado a aquel hombre odioso.
Entonces, ¿qué era ese dolor?
¿Podría ser… porque acababa de imaginar que se tragaba a alguien entero?
CRASSSHH, WHOOOOOSSSHH.
Afuera, el viento aullaba violentamente, sacudiendo las puertas de la tienda como si tratara de arrancarlas de sus goznes*.
*Gozne: Herraje articulado con que se fijan las hojas de las puertas y ventanas al quicial para que, al abrirlas o cerrarlas, giren sobre aquel.
Sin embargo, por extraño que parezca, entre él y el joven, el aire estaba lleno de una suave calidez primaveral.
BUM… BUM… BUM…
Los latidos de su corazón se sentían ligeros, casi vertiginosos.
«Cálmate.»
—¿Tienen bebidas energéticas?
Forzándose a reprimir su presencia, Eun Beom-ho sonrió lo más amablemente que pudo.
El aura natural de un tigre no era algo que pudiera controlarse fácilmente.
Hacía que la gente tranquila se pusiera tensa, que los niños llorando lloraran más fuerte y que los débiles temblaran.
Si el Suin de ojos marrones que tenía delante no podía manejar su energía, si se desmayaba o empezaba a llorar, sería una primera impresión terrible.
—¿De qué sabor lo quiere?
Pero el joven simplemente ladeó la cabeza, sus curiosos ojos se llenaron de calidez.
«Sin miedo.
Sin inquietud.»
Debería haberse sentido abrumado por la fuerte presencia de un depredador de sangre pura, al igual que el hombre de antes.
Pero en su lugar, estaba sonriendo, con los ojos brillando como un lago bajo la luz de la luna.
«Ah.»
Sus miradas se alinearon lentamente.
Dos pares de ojos, encontrándose en el ángulo perfecto.
Eun Beom-ho tragó un gemido, su cuerpo se congeló momentáneamente en su sitio.
El dolor sordo en su pecho se hizo más agudo, como un cuerpo desnudo al que le hacían cosquillas sin descanso.
«Esto es extraño.»
Nunca se había sentido así antes.
Simplemente había entrado en una tienda y se había encontrado con alguien a quien no conocía y, sin embargo, no podía apartar la mirada.
BZZZ.
Su reloj inteligente vibró contra su muñeca.
Un suave resplandor parpadeó en la pantalla, pero ni siquiera pudo mirarlo.
Lo que importaba en ese momento era lo que había más allá del cristal tintado de negro:
Una presencia fresca y embriagadora que no podía dejar de mirar.
Había sido un día largo.
Había pasado la mañana en el evento de la empresa de su abuelo, rodeado de los Suin tigre, forzado a constantes luchas de poder.
Cada interacción había sido un calculado juego de tensión: algunos hombres bestia lo miraban con recelo, otros trataban de ganarse su favor.
Lo había soportado todo, sabiendo que esta noche, limpiaría su energía en la montaña Manwol.
Y sin embargo…
«¿Era agotamiento?
¿Era por eso que no podía apartar la mirada?»
[—¿Te estás enamorando de él? Vaya. Es la primera vez que te veo mirar a alguien así. ¿Es un Suin? Debe de serlo, ¿verdad?]
Una brisa se coló por el hueco de ventilación, susurrándole con picardía al oído.
—…
Normalmente, habría ignorado la charla del viento sin dudarlo.
Pero ahora, simplemente se quedó allí, con la mirada en blanco, como si sus pensamientos secretos hubieran quedado al descubierto.
[—¿Debería preguntarle si tiene un amante? ¿O si es un Suin?]
No quería que el viento hiciera esa pregunta.
Pero sabía por qué lo había hecho.
Había estado mirando demasiado descaradamente.
—¡Oh! ¡A partir de hoy, compre uno y llévese otro gratis!
Una sonrisa tan ligera como el propio viento.
Incluso un señor de la montaña se sentiría abrumado por tal resplandor.
—¿Eso es algo bueno?
—¡Sí! ¡Es algo genial! Comprar uno y recibir otro es como recibir un regalo, ¿no?
A través de las lentes oscuras de sus gafas de sol, Eun Beom-ho lo estudió detenidamente.
Y luego, echó un vistazo a la etiqueta con el nombre.
Pedir el nombre de alguien directamente sería demasiado descarado, una forma demasiado humana de coquetear.
Y él no quería hacer eso.
[Kang Lee Bom]
Tragándose la tensión en la garganta, ocultó el tenue brillo de sus ojos dorados tras el tinte negro de sus lentes.
«No es un Suin de sangre pura.»
Estaba seguro.
No era del todo humano, pero tampoco un Suin de pura raza.
Se prometió mentalmente preguntar sutilmente a su secretario, Eun Sung-jun, sobre los Suin corrientes más tarde.
—Un regalo, ¿eh? ¿Puedo preguntarle qué sabor le gusta?
—¡Fresa! Me encanta todo lo que tenga sabor a fresa.
«Fresa.
Una tienda de conveniencia.
Una sonrisa encantadora y radiante.»
Eun Beom-ho se encontró mirándolo fijamente, asimilando cada pequeño movimiento.
Sus labios pequeños y redondos no dejaban de moverse, parloteando constantemente en un suave murmullo.
«Tan carnosos, tan suaves.»
Sus labios rosados, tan delicados y deliciosamente suaves, hicieron que Beom-ho respirara hondo sin darse cuenta.
—… Ya veo.
Su respuesta fue suave.
La mayoría de los humanos no habrían sido capaces de soportar su presencia…
Y mucho menos hablarle así.
Se decía que cuando un tigre rugía, los cielos temblaban y los humanos sentían tal terror que sus cuerpos se congelaban.
Esa era la naturaleza del tigre.
Sin embargo, el rey de los Suin depredadores se encontró suavizando su aura.
Porque, por alguna razón, no quería que la persona que tenía delante tuviera miedo.
—Entonces, un Monster Energy Classic y una bebida con sabor a fresa, por favor.
Mantuvo la voz suave, casual, no autoritaria, no rígida.
«¿Se asustaría si lo tocara?»
Su mente se desvió hacia sus sobrinos, esos tiernos tigres bebés que se caían por el suelo, revolcándose con él.
«Un cachorro.»
Pero él no era un tigre bebé…
«Un “estudiante bebé”, entonces.»
Sí, “estudiante bebé” parecía un apodo adecuado.
—La de fresa es para ti, “estudiante bebé”. Un regalo.
Iba en broma, un poco de provocación…
Porque la forma en que promocionaba la bebida con entusiasmo era demasiado tierna.
Pero entonces, esos ojos grandes y redondos se abrieron.
Ya de por sí grandes, parpadeaban rápidamente, ansiosos, como si estuviera a punto de llorar.
—¡Eso…! Yo… quiero decir, yo…
Una suave brisa se agitó entre ellos, haciendo que su corazón latiera aún más fuerte.
El ruido sordo en sus oídos se hizo más fuerte.
—No soy un “estudiante bebé”…
Su voz temblaba, una extraña mezcla de vergüenza y protesta.
Al mismo tiempo, un sutil aroma a feromonas flotaba en el aire.
Un aroma sin entrenamiento ni experiencia.
Una feromona insegura de su dirección, insegura de cómo atraer a alguien.
«Torpe.»
Como el primer intento de un joven de mostrar afecto.
BZZZ.
En el momento en que sus miradas se volvieron a cruzar, su teléfono vibró, rompiendo el momento.
Una vibración larga.
Una llamada.
Aún aturdido, Beom-ho sacó lentamente su teléfono del bolsillo, sus pasos eran reacios mientras se daba la vuelta.
En el momento en que pulsó el botón de respuesta…
—¿Hola?
Una voz, nerviosa y un poco demasiado alta, sonó a través del receptor.
—Mmm…
—Presidente, ¿dónde está?
La pregunta llegó inmediatamente después del urgente hola.
Con calma, Eun Beom-ho respondió.
—Sung-jun, ¿qué pasa?
—Presidente, ¿lleva puesto el reloj que le dio Ji-ho?
—Lo llevo.
—¿Está seguro de que está bien puesto? Está conectado a mi sistema y sigo recibiendo alertas, está actuando de forma extraña ahora mismo.
—¿Extraña cómo?
Solo entonces miró su muñeca.
Ahora que lo pensaba…
Su reloj había estado vibrando sin parar mientras hablaba en la tienda.
Pero había ignorado todas las alertas, demasiado preocupado por mirar al tipo que estaba detrás del mostrador.
—Su ritmo cardíaco está completamente fuera de control.
—…
Al tocar la pantalla del reloj, que ahora estaba caliente al tacto, vio la alerta roja parpadeante que cubría la pantalla.
[⚠¡ADVERTENCIA! ¡La frecuencia cardíaca ha superado los límites de seguridad!
¿Está realizando una actividad física extenuante? Si persiste, acuda a un hospital.]
—…
BZZZT, BZZZT.
El reloj inteligente atado a la muñeca de Eun Beom-ho parpadeaba rápidamente, pulsando con vibraciones cortas e insistentes.
Exhaló lentamente, presionando el pulgar contra la esfera del reloj como si eso solo pudiera calmar el golpe salvaje en su pecho.
—Sung-jun.
—Sí, Presidente.
Una pausa.
Luego, en un murmullo bajo…
—Sabes que mi abuelo quiere que vaya a una cita a ciegas.
—Sí.
—Pónlo en espera… Por ahora.
Sin esperar respuesta, Eun Beom-ho terminó la llamada.

TRADUCCIÓN: CEO
CORRECCIÓN: MR
RAW HUNTER: MALVADOS LTD