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Capítulo 93

—Tu prometida es realmente astuta, Sir Esteban.

Él sonrió mientras miraba por la ventana. Allí estaba de nuevo Isaac, deteniendo a alguien y mostrándole la invitación. Como él normalmente no hablaba mucho con otros y solo se dedicaba a entrenar, el destinatario de la invitación también parecía tan desconcertado como él. El subcapitán soltó una risa sin darse cuenta.

—Parece alguien que quiere profundamente a su prometido.

Ya que su romance era famoso, podía decirse algo así. El subcapitán, Kelvin, empezó a pensar seriamente en qué debería ponerse ese día.

Mientras el subcapitán, despreocupado, solo pensaba en su atuendo, entre los caballeros del palacio real se extendía una extraña tensión. Era natural: un hombre que usualmente apenas respondía a los demás ahora andaba repartiendo algo él mismo.

—¿E-esto, esto me lo das a mí?

—Sí, así es.

—¿Puedo… puedo aceptarlo?

—Como la vez pasada me habló, pensé que al menos había cierta familiaridad.

«Hasta ahora solo hemos intercambiado unas diez palabras».

Pensó McKerwin, el tercer caballero en recibir la invitación. Era una persona extrovertida, y había intentado varias veces entablar conversación con Isaac, a quien todos evitaban. Claro, cada vez recibía respuestas cortas como “Sí.”, “No.”, “Así es.”, “No es así.”, y se rendía rápido.

—¡C-claro que iré! ¡Es tu cumpleaños!

—Sí, así es. Gracias.

—No, oye. He oído que tu prometida es realmente hermosa. Si voy, ¿podré ver a tu prometida también…?

—…

—…

En cuanto salió el tema de su prometida, Isaac lo miró con una frialdad gélida. Esa mirada significaba claramente que no se atreviera a mencionar a su prometida a la ligera. McKerwin cerró la boca y se rascó la cabeza.

—Oh, lo siento.

—No importa. Pero si viene, es cierto que también podrá ver a mi prometida.

—Sí, sí. Iré sin falta. Pensé que siempre ignorabas lo que decía, pero gracias por invitarme.

Entonces Isaac respondió con un tono que mostraba que no entendía.

—Nunca he ignorado al señor McKerwin.

—¿Qué? ¿Hasta ahora…? No, nada. Así eres tú. Entiendo. He tenido un gran malentendido.

Isaac ladeó la cabeza sin comprender, pero McKerwin asintió para sí y, mirando a los caballeros que se habían reunido alrededor curiosos, dijo: —¡Oye, Baron! ¡Ven aquí!

Si creía que por haberle hablado un par de veces ya eran cercanos, seguramente el siguiente sería Baron. Él también se había esforzado bastante por acercarse a Isaac junto con él.

Tenía buena familia y gran habilidad, por eso al principio todos mostraron mucho interés por Isaac. Solo que todos se rindieron por esas respuestas cortas suyas.

—Eh, eh. ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?

Baron, que fingía no estar interesado, se acercó. Su cara aparentaba no tener ni idea de lo que pasaba, pero sus mejillas ligeramente sonrojadas delataban su expectación.

—Sir Esteban, ¿podrías darle también una invitación a Baron? Es amigo mío y me gustaría ir con él.

—Ah, por supuesto. De hecho, pensaba ir enseguida con el señor Baron.

—¿Qué? ¿También pensabas dármela a mí?

Aunque no lo pareciera, era un tipo sensible, y con una expresión conmovida tomó la invitación que Isaac sacó de su pecho con ambas manos. McKerwin carraspeó para reprimir la risa y preguntó a Isaac: —¿Podemos ayudarte? Todavía no tienes mucha confianza con los demás, ¿verdad?

—Así es. He entregado cuatro hasta ahora, y estaba pensando qué hacer con las demás.

—Bah, aprovecha y haz amigos. Vamos. Te ayudaremos.

Isaac abrió un poco los ojos y asintió.

—Gracias. Me aseguraré de devolverles el favor.

—Qué favor ni qué nada. Solo síguenos. Te presentaremos solo a buena gente.

Baron también se dio golpes en el pecho y dijo. También era un buen tipo, aunque demasiado sensible y algo rústico.

McKerwin, Baron e Isaac empezaron a caminar juntos.

—Pero, ¿por qué entregas las invitaciones personalmente?

Hicieron la misma pregunta que el Subcapitán. Porque, vamos, no era común ver a un noble repartiendo las invitaciones él mismo. Isaac, naturalmente, dio la misma respuesta.

—Es una orden especial de mi prometida.

—Ah.

—Una orden…

Dos personas más se sumaron al grupo de quienes ya sabían lo mucho que él estaba bajo el control de su prometida. Con la misma expresión que el Subcapitán, miraron un momento al cielo distante.

***

El salón estaba bullicioso. Los caballeros que asistieron a la fiesta de cumpleaños de Isaac parecían contener su emoción, pero no podían ocultar del todo su entusiasmo. Los caballeros del mismo grupo, al menos uno o dos años mayores que Isaac, sostenían copas de champán y charlaban animadamente entre ellos.

Por suerte, nadie fruncía el ceño hacia ellos. Después de todo, todos eran miembros de la guardia real. Ese grado de exuberancia se podía pasar por alto.

Calliope miró a Isaac, a quien había colocado deliberadamente entre ellos. Él, siempre tan serio, estaba allí, asintiendo ante las exageradas fanfarronerías de los otros. Era adorable.

—No creerá todo lo que dicen, ¿verdad?

Aunque no era muy mayor, Karolie, que ya le llegaba a los hombros, parecía ya toda una señorita. Pero aún le gustaba que le acariciaran la cabeza, así que seguía siendo una niña.

—Seguro que sí. Y pensará que todavía le falta mucho, por eso asiente.

—¿Cómo va a sobrevivir al matrimonio siendo tan ingenuo?

—Eso…

Calliope sonrió resplandeciente.

—Tendré que enseñarle yo, cosa por cosa. Todo.

—Wow, ahora mismo pareces muy perversa.

—Oh, ¿en serio? No puede ser.

Soltó una corta risa y, tras disculparse un momento con Karolie, se acercó a Isaac.

—¿Todos disfrutan de la fiesta?

—¡Ah, señorita!

—Oye, tu prometida ha llegado.

—Señorita Anastas.

Isaac se colocó rápidamente a su lado, pero los caballeros lo miraron con una expresión extrañada. Porque…

—¿Acaba de llamar a su prometida “señorita Anastas”?

—¿Oí mal?

Por eso. En las parejas prometidas, lo común era usar apodos cariñosos, y como mucho llamarse por el nombre. Pero ni por el nombre ni por un apodo, sino “señorita Anastas”… Con caras desconcertadas, lo jalaban y susurraban.

—¿Qué es eso? ¿A tu prometida?

Más que susurros, fueron exclamaciones, seguramente por el champán. Isaac, que no había bebido, sintió que le zumbaban los oídos y dio un paso atrás.

Cuando la miró como preguntando qué había de malo, Calliope simplemente le sonrió.

—Mi prometido es muy prudente y tímido.

—Ay, señorita, pero aun así…

—No pasa nada. Solo queda un año, ¿no?

—¿Cómo?

—Claro. Por nuestra edad y eso.

Isaac, tirado suavemente de la mano, inclinó la cintura sin darse cuenta. Calliope besó su mejilla. Era una muestra cariñosa de una pareja.

—Hm.

Pero entonces, tras separar los labios, ella mordió suavemente su mejilla. Isaac se sobresaltó pero no se apartó. Calliope sonrió con los ojos y se retiró con cuidado. En su pálida mejilla quedó una ligera marca de dientes.

—Con el tiempo, cambiará.

—…

—…

Los caballeros se sonrojaron. Ya lo sabían todo, pero su gesto fue demasiado directo. Como si nada, Calliope les dijo: —Bueno, espero que disfruten entre compañeros. Isaac, tú también diviértete un rato antes de volver.

—Ah. Sí, entendido.

Él, desconcertado, se frotó la mejilla. Hasta las puntas de las orejas se le habían enrojecido. Eso no se podía ocultar. Ella sonrió despidiéndose de los caballeros, y ellos, sin darse cuenta, le hicieron una reverencia de noventa grados mientras la veían marchar.

Y cuando ella se fue, alguien gritó ¡Aaaah!, y otro le tapó la boca. Se escucharon también varias groserías: “Qué envidia”, “Oye, maldito. Tú, bastardo.” Calliope, escuchando aquellos sonidos a sus espaldas, se alejó tranquilamente.

Karolie, que había visto todo el alboroto, preguntó: —¿Qué fuiste a hacer?

Si solo le había besado la mejilla, ¿por qué tanto alboroto? No es que los caballeros fueran unos niños que nunca habían visto a una mujer.

—Así son las cosas.

Ella rió para sí. En ese momento, un hombre con una copa ligera se acercó a ella. Al reconocer su rostro, Calliope volvió a sonreír educadamente.

—Ah, Subcapitán de la guardia real.

—No esperaba que me reconociera.

—¿Cómo no iba a reconocerlo?

Calliope accedió brevemente a su petición de conversar. Karolie, que al fin tenía a su hermana de vuelta, puso mala cara al ver que no se centraba en ella y se fue hacia Kafir, que estaba con niños de su edad. Allí también puso cara de pocos amigos.

Kafir, que conversaba con una niña rubia de ojos verde claro, tenía las mejillas sonrojadas, lo que hizo que Karolie quisera darle una patada.

—Oye.

Karolie se acercó sigilosamente por detrás y susurró. Kafir, sobresaltado, se giró y miró a su alrededor con una gota de sudor en la frente.

—¿Señorita, hija del Marqués? ¿Cómo está?

—Sí, soy la hija del Marqués. ¿Puedo llevarme a Kafir un momento?

—Ah, sí. Por supuesto.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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