Capítulo 91
«¿No será… difícil?»
Él se hundió en la ansiedad y el miedo. Porque la hermosa y blanca dama noble frente a él comenzaba a parecerse a un emisario de la muerte.
Así, Calliope comenzó a voltear otros gremios también, basándose en lo que él había dicho. El alboroto era tal que todos los gremios afectados tuvieron que preparar una mudanza. Algunos incluso intentaron trasladar sus sedes a otras zonas de la capital antes de tiempo, pero de algún modo ella se enteró como si tuviera un sexto sentido y fue tras ellos. Para ellos, ella ya no era distinta de un emisario de la muerte.
Calliope los capturó y torturó sin descanso a quienes no cooperaban, recopilando más información, y sintió que Thomas, el líder del gremio de asesinos del este, tenía razón. Sentada en su oficina con las piernas cruzadas, revisaba los documentos.
—¿De verdad alguien está secuestrando asesinos para usarlos?
—No podemos saberlo con certeza. Podría ser que los asesinos se hayan puesto de acuerdo para decir lo mismo.
—Pero hasta los que fueron torturados dijeron lo mismo. ¿Crees que esos tipos tendrían sentido de lealtad?
—Normalmente está prohibido revelar secretos del propio gremio, pero si es sobre otros, no hay problema. Si fuera yo, creo que también lo diría.
—Sí, tienes razón. No suena tan descabellado —ella arrojó los documentos sobre el escritorio—. ¿Quién será?
—No tengo ni una sola sospecha.
—Vamos a enfocarnos en los clanes marciales primero. Son los únicos que tendrían motivos para vigilarlo a él y a mí. Aunque no es mucho, tampoco hemos hecho enemigos por ahí.
Jack preguntó: —¿De verdad?
—Isaac está descartado.
—Entendido. Clanes marciales y familias que podrían tener rencor contra usted. En ese caso, ¿está bien considerar también al Conde Esteban como posible sospechoso?
—No sé si eres brillante o tonto, Jack.
—Gracias por el cumplido.
—No era un cumplido.
Ella se tocó la cabeza con una mano mientras hacía un gesto con la otra. Al fin y al cabo, era mejor investigar todos los posibles cabos sueltos. En ese tipo de cosas, Jack era un experto, así que lo mejor era dejarle el asunto a él.
Poniendo en pausa sus pensamientos laborales, Calliope le preguntó a Susan: —¿Isaac?
—Ah, ya se ha recuperado bastante. Está en el campo de entrenamiento ahora mismo.
—Vaya, ni siquiera descansa un momento.
«¿No es usted igual, señorita?» era lo que parecía querer decir el rostro de Susan, pero Calliope la ignoró con soltura y se dirigió al campo de entrenamiento.
Afortunadamente, Isaac se había recuperado sin secuelas y había vuelto a su vida normal. Míralo ahora: en un día tan frío, sin camisa… espera un momento.
—¡Isaac!
Calliope le arrebató la chaqueta a Jack y corrió jadeando hacia él. Desde atrás, se escuchó la voz de Jack:—¿Por qué, por qué la mía?
Pero ella lo ignoró.
Susan le miró con reproche: —¿Entonces quieres que se quite la de ella?
Calliope se acercó a Isaac y le cubrió rápidamente con la chaqueta de Jack. Isaac, que estaba blandiendo su espada, la miró desconcertado.
—Señorita, ¿cuándo llegaste?
—Hace un momento. Más importante, ¿cuánto hace que te recuperaste para estar entrenando así, sin camisa? ¿Y si te resfrías?
—Nunca me he resfriado.
—¡Aun así!
Entonces alguien carraspeó y se interpuso entre los dos. Era Ant, el capitán de la orden de caballeros del marquesado.
—Cuando se entrena, el cuerpo entra en calor. Es algo natural, señorita. Mire a su alrededor.
Calliope miró alrededor algo tarde. No era el único sin camisa a pesar del crudo invierno; había varios más como él. Aunque entendió el contexto, siguió lanzando miradas preocupadas a la chaqueta.
—No se preocupe tanto. A mi parecer, el señor Esteban está completamente recuperado.
—¿De verdad?
—Y la chaqueta del señor Jack le queda pequeña.
Calliope miró la chaqueta sobre los hombros de Isaac. Literalmente colgaba de sus hombros, sin ajustarse ni en largo ni en ancho. Ah, ahí estaba el problema. Si él se la ponía, la chaqueta era la que salía perdiendo. Calliope lo aceptó sin objeción y se la quitó.
—¿Sabes cuánto me asusté al verte sin camisa nada más llegar?
—L-Lo siento. La próxima vez, te avisaré antes de quitarme la ropa.
Ant la miró con una expresión que decía: “¿Y qué se supone que logras con avisar antes?”, pero al recordar que vivían en una sociedad jerárquica, cerró la boca y sonrió.
Calliope asintió con la cabeza y expresó lo que quería decir.
—Es un poco justo de tiempo, pero quiero organizar la fiesta de cumpleaños de Isaac. Por suerte ambos nos recuperamos pronto, así que si empezamos ahora, no habrá problema.
—Ah, no es necesario que te molestes tanto…
—Sí lo es, sin duda. Isaac, tú no te preocupes por nada. Yo me encargo de todo. Ah, claro, no es que te esté menospreciando. ¿Hay alguna decoración que te guste? ¿Una temática? ¿Alguien a quien quieras invitar? ¿Debería prepararlo la casa del marqués? ¿O prefieres que lo organice tu familia?
A pesar del aluvión de preguntas, Isaac respondió con la docilidad de un gatito: —Aceptaré todo lo que hagas con gratitud.
—Perfecto. Entonces, tengo que visitar también a los del condado. ¡Entrena con ganas! ¿Cuándo vuelves oficialmente al escuadrón?
—Tengo vacaciones hasta el final de esta semana. Regreso el lunes.
—Tienes que contarles a los caballeros que habrá fiesta de cumpleaños. Voy a dejarte una tarea.
Calliope sonrió y extendió todos los dedos.
—Diez personas. Tienes que invitar a diez caballeros a la fiesta.
—¿Diez personas… dices?
—Sí. ¿Puedes hacerlo?
Él bajó la vista en silencio, luego la levantó con una mirada decidida y asintió.
—Lo haré.
Como si le hubieran pedido derrotar al Rey demonio. Bueno, Isaac nunca había sido muy sociable. Aunque parecía llevarse bien con algunos caballeros antes, ahora las cosas eran distintas y ni siquiera ella sabía con certeza quiénes acudirían. En ese momento, sus ojos brillaron.
«No. No estaría mal sobornar a alguien para averiguar cómo es la vida de Isaac como caballero del palacio».
Isaac la miró con extrañeza al verla de pronto tan animada, pero ella simplemente sonrió.
—¡Entonces, entrena con ganas!
—Sí, cuídate.
Calliope se despidió con energía agitando la mano y desapareció. Isaac, que se quedó mirándola en silencio, esbozó una leve sonrisa sin que nadie lo notara.
Isaac se alegró porque ella siguía siendo tan luminosa. Sintió alivio de que no se hubiera decepcionado de él. Ese sentimiento de consuelo lo envolvió por completo. Aunque creía estar esforzándose por convertirse en el hombre que ella deseaba, no había podido protegerla como debía. Lo único que le quedaba era entrenar y entrenar hasta convertirse en alguien que nadie pudiera desafiar.
Con una mirada fría, muy distinta a la que le había mostrado a ella, volvió a empuñar la espada.
***
Calliope estaba ahora sentada en el despacho de Erben, sonriendo alegremente. Porque había ocurrido algo que no podía comprender. Con las piernas cruzadas, miró a Erben, que estaba al otro lado con una expresión de fastidio, pendiente de sus reacciones.
—¿No me digas que no se ha preparado nada para el cumpleaños de Isaac?
—No, es que… ¿no es raro que esperes una fiesta de cumpleaños después de haber resultado heridos así?
—¿Y no es raro que nos hayamos recuperado tan rápido?
—¡Pues claro que no esperaba que se recuperaran tan rápido!
—¿Cuántos sanadores hay en la casa del Marqués y no pudiste preverlo? ¿O será que lo olvidaste?
Ante eso, Erben respondió con tono exasperado: —Sí, lo olvidé. ¡Lo olvidé! Después de todo ese caos, ¿quién en su sano juicio se acuerda de una fiesta de cumpleaños?
Calliope inclinó la cabeza haciendo un sonido pensativo. Por supuesto, su argumento tenía sentido. Mucho, de hecho. Por eso cerró un poco los ojos y se abanicó el rostro con el abanico que sostenía.
—Claro. Tan preocupado por tu hermano que ni una visita le hiciste. Supongo que eso también debo entenderlo.
Erben se quedó callado. Porque no tenía cómo rebatir esas palabras. Si decía que estaba ocupado, no recibiría más que gritos. En momentos así, lo mejor era quedarse en silencio.
—Entonces al menos encárgate del regalo. Lo demás, como siempre, lo haré yo.
Para su sorpresa, Calliope se levantó sin más. Erben, que esperaba ser sermoneado al menos una hora más, se mostró visiblemente aliviado. Pero lo que dijo después le hizo fruncir el ceño.
—Ah, el regalo puede ser uno de tus feudos. No está mal, ¿verdad?
—¿Qué dijiste? ¿Acaso piensas que regalar un feudo es tan simple…?
—Precisamente porque no es simple, te lo estoy pidiendo. Si haces eso, todas tus deudas quedarán saldadas. Y nunca más saldrá de mi boca ninguna palabra relacionada. Sería genial si eliges uno apropiado como regalo.
—¿De verdad crees que intercambiar mis deudas por un feudo tiene sentido?
—¿Y por qué no? No te estoy pidiendo nada fuera de este mundo.
Ella fue directamente al escritorio de Erben, sacó un mapa y señaló un pequeño feudo en el sur, conectado con las montañas del norte. No era del todo al norte, así que no era infértil, pero tampoco era tierra fértil. Aparte de que a veces bajaban bestias mágicas, no tenía ninguna característica destacada.
—Dame este. No está mal, ¿verdad?
Él soltó un quejido. Ese feudo apenas generaba impuestos, no producía bienes especiales, y solo unos pocos mercenarios iban allí de vez en cuando a cazar bestias. No había manera de sacar dinero de él. Después de pensarlo, finalmente asintió.
—Este, al menos, está bien.
—Entonces, ¿queda como un trato?
—Llevaré los papeles el día del cumpleaños de Isaac.
—¿Perdón? ¿Cómo que el día del cumpleaños?
—¿Eh?
—Tenemos que firmar ahora mismo. Un contrato de que me lo entregas ese día. No querrás cambiar de opinión y crear un conflicto conmigo, ¿verdad?
—…
—Anda, no es tan difícil. Hagámoslo así.
—… Entendido.
—Ja, ja. Gracias, cuñado. No hay nadie como tú.
—No digas cosas espeluznantes, por favor.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY