Capítulo 90
Aunque pensaba así, sonrió mirando al pasado que se le apareció en sueños.
—Te extrañé tanto, mi amor.
¿Acaso había idealizado su pasado? Visto desde la perspectiva de otro, él parecía amarla demasiado. Incluso en aquellos ojos blancos y distantes se sentía el afecto.
«Entonces, ¿por qué me traicionaste? Isaac, aún me lo pregunto».
Como siempre, lanzó una pregunta que nadie respondería, y pronto despertó del sueño. Luego, besó la frente de Isaac, que aún no había despertado, y regresó en silencio a su habitación.
Después de eso, Isaac entró en varias semanas de convalecencia, y Calliope, mientras se recuperaba poco a poco, empezó a buscar algo. Quería descubrir qué gremio de asesinos había sido contratado para matarlos.
Calliope escondía veneno. Con una expresión más fría que nunca, empezó a recopilar toda la información posible sobre los gremios de asesinos activos en la capital. También contó con la ayuda de Gladiert.
—Voy a pedirte un favor. Usa tu red de información para averiguar todo sobre los gremios de asesinos en la capital.
—Incluso sin mi ayuda, tú podrías hacerlo perfectamente.
Por alguna razón, el duque Gladiert dijo eso, pero en lugar de negarlo, Calliope respondió así: —Uno solo no es suficiente. La verificación cruzada siempre es lo mejor.
—Eso es cierto. Pero, ¿de verdad es uno de esos dos favores que me ibas a pedir?
—Así es. Por eso no puedo permitir errores en la información.
—Nos estás subestimando. Está bien, te conseguiré información muy precisa.
—Lo necesito lo antes posible.
Así, con la información enviada por la casa ducal de Gladiert y la red de inteligencia de la casa marquesal, descubrieron que había un total de ocho gremios de asesinos solo en la capital. Era un número que parecía tanto poco como mucho, dependiendo de cómo se viera. Como Circe también apoyaba entusiastamente esta tarea, el trabajo se volvió aún más sencillo.
—Aniquílalos a todos.
Eso dijo Circe. Sus ojos violetas brillaban intensamente. Calliope respondió sonriendo: —Hasta que no quede ni polvo de hueso.
Así, el día que completó su tratamiento, como si saliera a dar un paseo, llevó consigo a varias decenas de caballeros y a Jack, y atacó una de las bases ocultas de un gremio de asesinos. Aprovechó el hecho de que estos grupos rara vez reunían a muchas personas en sus sedes. Ella no ocultó sus movimientos.
—Si vas a huir, adelante. Pero si lo haces, lo tomaré como una confesión de que aceptaste el encargo de asesinato, y te perseguiré hasta los confines del infierno.
Su declaración se esparció palabra por palabra por boca de los comerciantes de información hasta los otros gremios de asesinos. Para ellos, la situación se volvió insostenible. Sin embargo, subestimaron a la joven.
—¿Qué puede hacer una joven noble? Solo tenemos que mantenernos en silencio un tiempo.
Pero las cosas no salieron como ellos esperaban.
- La venganza
Una habitación subterránea oscura. La mayoría de los gremios de asesinos, como si lo hubieran planeado, se escondían en túneles bajo tierra. Sus sedes, disfrazadas como pubs o restaurantes comunes, mostraban su verdadero rostro a partir de las entradas que llevaban al subsuelo. Por eso, el estado de ánimo de Calliope, que tuvo que ir en persona a esos lugares malolientes, tocó fondo.
Estaba sentada en una silla vieja. Mientras miraba sus uñas para medir su largo, al oír un grito, alzó los ojos con una mueca.
—¡Aaagh, agh!
—¿Así que dices que no recibieron el encargo de asesinarnos?
—Sí, sí, sí, s-sí… ¡agh!
El hombre estaba atado a una silla, con dagas clavadas hasta los muslos, y sus brazos y empeines estaban cubiertos de sangre.
Calliope soltó una risita. A su alrededor yacían los cadáveres de los asesinos que habían intentado atacarlos. Ella estaba sentada tranquilamente entre ellos, torturando con ayuda de los caballeros.
—¿Y cómo se supone que crea eso?
—H-hay un registro, un libro de cuentas.
—No, ya basta. Terminemos esto.
El rostro ensangrentado del jefe del gremio se iluminó al oír sus palabras. Aunque fuera un gremio de asesinos de alto nivel, el reino estaba en paz, y los intentos de asesinato habían disminuido considerablemente. Eran pocos los que se atrevían a enfrentarse a un noble de alto rango. Claro, su gremio era uno de esos pocos.
—E-entonces…
Antes de que pudiera terminar la frase, preguntando si le perdonaría la vida, Calliope hizo un gesto con el dedo. Luego se oyó un silbido, un chasquido, y la hoja de una espada le atravesó el cuello.
—Ggh, ghrk.
De su boca ensangrentada brotó espuma roja. Sus ojos se llenaron de rencor, pero Calliope se rió con desprecio.
—Después de todo, también vivías de quitar vidas. Qué ironía que te quejes.
Se levantó con elegancia. El dobladillo de su vestido blanco estaba ligeramente manchado de sangre, pero parecía parte del diseño.
—Cuelguen su cadáver en la calle.
—Entendido.
Los caballeros tragaron saliva. Quizás esta señorita fuera la más cruel de toda la casa marquesal.
Así, cuando el cadáver de un jefe de gremio fue exhibido en la calle con un aspecto horrendo, los otros siete gremios entraron en estado de alerta. Habían pensado que no podía hacer gran cosa por ser joven, pero la realidad superó sus expectativas. Su crueldad superaba incluso la de muchos asesinos. Se comunicaron entre ellos desesperadamente.
Ty: TE AMO MI REINAAAA
—¡¿Cómo puede ser que ningún gremio admita haber recibido el encargo?!
—¿Y quién va a salir a decir “yo lo recibí”? ¡Eso sería el fin del gremio!
—¿Entonces nos vamos a morir todos aquí?
—Yo diría que sí, que nos vamos a morir todos.
—Y eso que últimamente ya estábamos perdiendo asesinos… ¿Qué está pasando?
—Ahora que lo dices…
Ante las quejas de un jefe de gremio, uno de sus subordinados pareció recordar algo.
—El jefe del gremio del oeste dijo algo parecido. Que los desertores ilegales estaban aumentando.
—¿Qué?
En los gremios de asesinos, una vez que uno entraba, solo podía salir con la muerte. Aunque no era raro que alguien quisiera salirse, los desertores eran cazados y ejecutados sin piedad.
El problema era que, en los últimos años, asesinos habían estado desapareciendo como si se los tragara la tierra, sin dejar rastro alguno. Ya habían estado lidiando con ese dolor de cabeza, y ahora se sumaba otro más.
El jefe del gremio del este se puso a pensar.
«No me digas que…»
Mientras pensaba inútilmente, otro subordinado entró corriendo en la habitación del jefe y gritó: —¡Jefe! ¡Los caballeros de la casa marquesal Anastas están aquí!
Era la llegada de la mujer demoníaca. Él quería caer desmayado espumando por la boca en ese instante.
El número de caballeros que la acompañaban había aumentado. Los gremios, al escuchar los rumores, no se habían atrevido a huir, sino que habían reforzado su personal.
El jefe del gremio del este, Thomas, optó por rendirse. Ordenó a sus hombres no atacar y recibió a la joven con una cortesía inapropiada para una mazmorra subterránea.
Parecía una dama noble vestida elegantemente, pero todos sus accesorios collares, pendientes, anillos y brazaletes estaban hechos de piedras mágicas. Obras de Circe, pero para él no eran más que objetos aterradores.
—B-bienvenida.
—Ay, qué bien me recibes. Qué alegría —Calliope se sentó sonriente en el sofá. A diferencia del gremio anterior, esta sala estaba más limpia. Incluso tenía sofá. Cruzó las piernas con naturalidad y preguntó: —Entonces, ¿qué estás tramando?
El jefe del gremio no se sentó en el sofá frente a ella, sino que se arrodilló. Calliope sonrió.
—Según lo que investigamos, ningún otro gremio ha recibido un encargo para asesinar a la señorita Anastas ni al joven Esteban.
—Por supuesto que no. Si dijeran que sí, quedarían destruidos.
—Eso es lo más probable. Pero yo pienso diferente.
—¿Ah, sí? —Calliope ladeó la cabeza sonriendo, y el caballero a su lado desenvainó la espada y se la colocó bajo el mentón. El jefe alzó la cabeza y sintió el sudor frío recorriéndole la espalda—. Habla. Sin tonterías.
Tragó saliva y respondió: —Últimamente… bueno, no tan recientemente. Desde hace dos años, los asesinos han comenzado a desaparecer poco a poco dentro de los gremios de la capital.
Ella alzó una ceja.
—¿Desaparecer?
—Sí. Al principio no le dimos importancia y tratamos de seguirles la pista, pero el problema es que no hay rastro alguno. Incluso para un asesino es imposible evadir por completo el rastreo de su propio gremio.
—Sigue hablando.
—Y eso continuó. Cada vez más asesinos fueron desapareciendo sin dejar rastro.
—¿Y entonces?
Calliope brilló los ojos, pidiéndole que dijera su conclusión. El jefe del gremio, sintiendo cómo se le tensaban los hombros bajo esa mirada roja, respondió lentamente pero con firmeza: —Creo que alguien está capturando asesinos y tramando algo.
—¿Y desde cuándo los asesinos se dejan capturar tan fácilmente?
—Claro que no es fácil. Pero ahora mismo, no puedo sacar otra conclusión.
—Mmm, vale. Estoy de acuerdo. Pero, ¿puedes respaldar lo que dices?
—De todas formas, si no lo hago, moriré, ¿no?
Ella sonrió inocentemente ante su respuesta decidida.
—¡Jajaja, cierto! Qué listo. A diferencia del jefe que conocí antes. Sir Milton.
—Sí.
—Enciérralo en el sótano de la casa marquesal. Si al verificar con los demás gremios su historia coincide, lo dejas libre.
—Sí.
—Si no, córtale brazos y piernas y entiérralo vivo.
—… Entendido.
Ella acarició suavemente el cabello del jefe, que era mucho mayor que ella, y susurró: —Es un trato amable, ¿no crees? El jefe anterior fue cortado en pedacitos. Esto no está tan mal, ¿verdad?
—A-ajaja. Sí, sí lo es…
«¿Amable? ¡mis narices! Esta mujer está loca. Tal vez debí huir desde el principio. Pero, según mi subordinado, es un hecho que los asesinos están escapando de todos los gremios, uno por uno. Así que mantener la vida no será tan difícil».

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY