Capítulo 86
El tiempo pasaba sin ser ni lento ni rápido. Al dejar atrás un cálido otoño y adentrarse en los inicios del invierno, el frío se volvió absurdamente intenso, tanto que la Marquesa y Karolie comenzaron, literalmente, a apilar vestidos de invierno para Calliope. El vestidor casi no daba abasto, así que Calliope soltó una risa resignada.
—Está bien, déjalas hacer lo que quieran.
La única que estaba al borde de las lágrimas era Susan, quien debía organizarlo todo. Mientras ellas compraban su ropa, Calliope preparó los atuendos de invierno para Isaac. También participó en una subasta con el objetivo de conseguir un mineral valioso extraído de la mina que ella administraba. Para Calliope era fácil conseguirlo, ya que tenía prioridad de compra según su participación en la mina.
La espada que Isaac tenía no era mala, pero Calliope quería regalarle personalmente la que él solía llevar en el pasado. Como el herrero ya lo sabía, no sería difícil fabricarla.
Eso era lo más urgente, pero de repente surgió otro problema.
—He decidido partir hacia el feudo del norte la próxima semana.
—¿Tan pronto ya?
—Dijeron que si quería volver antes de la fiesta de cumpleaños, tenía que irme así.
—Ah, ya veo.
Como Calliope no dejaba de hablar sobre su fiesta de cumpleaños y seguía a los miembros de la familia del conde, parece que él acabó cediendo. Era obvio, no tenía sentido dejarlo pasar su primer cumpleaños como adulto en esas tierras frías, completamente solo.
«No sé cómo se desarrollará el ataque esta vez, pero de todas formas, debo ir con él».
Tenía que proteger los ojos de Isaac. Ahora que había regresado en el tiempo, no quería que ni una sola herida apareciera en su cuerpo. Calliope empezó a planear cómo organizar a los caballeros de la casa marquesal y preparó con antelación una treintena de pergaminos mágicos comprados en una tienda.
«Todo irá bien. Puedo hacerlo como hasta ahora».
Hasta ahora, nunca había fallado. Así que esta vez también podría lograrlo.
«Según lo que Isaac me contó, los asesinos lo atacaron de forma repentina mientras caminaba por el sendero del bosque. Dijo que eran unos diez».
Con ese número, los caballeros que había preparado serían suficientes para detenerlos. Solo en número ya eran veinte. Y si no bastaba, podía usar los pergaminos mágicos. Incluso llevaba uno de comunicación de emergencia. Todo estaba preparado con detalle.
—Vamos, atrévanse, malditos bastardos…
Sonrió con los dientes apretados hacia aquellos que osaron arrebatar los ojos de su hombre, aunque no conocía sus rostros.
Esta vez, lo protegería. Recordaba con claridad sus ojos blancos, llorando tanto que parecía que hasta la nieve se derretiría, mientras la abrazaba sin soltarla.
La inspección invernal de Isaac en su feudo avanzaba sin contratiempos. A pesar de que sabían que era una inspección propia, incluso la familia del conde envió suministros, mostrando bastante consideración.
Era natural. Hasta ahora, todos los asuntos importantes los habían preparado ellos. Aunque pensó que era hora de reafirmar la disciplina, parecía que no sería necesario.
—Isaac, ¿no olvidaste nada?
—No, eso creo, pero…
La miró con ojos preocupados.
—¿Estás segura de que puedes acompañarme?
—Claro que sí. Algún día también tendré que conocer esa tierra, así que mejor ir ahora. Además, tenemos suficientes caballeros escolta, así que no te preocupes tanto.
—… Técnicamente, será la tierra del próximo cabeza de familia, es decir, de mi hermano.
—¿Y quién sabe? Tal vez tu hermano termine regalándote una parte.
Ella se echó a reír.
«¿Regalarte una parte? ¡Y un cuerno! Tendré que chantajearlo para sacársela».
Aunque Calliope ya tenía lo suficiente para que ambos vivieran sin preocupaciones por el resto de sus vidas, no soportaba que ellos no perdieran nada. Tenía toda la intención de hacerles pagar por no haber cuidado adecuadamente de Isaac.
—Ahora que lo mencionas, hoy tengo un mal presentimiento.
—¿Un presentimiento?
Calliope, tras lanzar esta misteriosa premonición, subió al carruaje. Isaac no entendió bien a qué se refería, pero asumió que su humor no era el mejor, así que pensó que debía estar atento.
Ese día, Calliope se puso un sencillo vestido de invierno, encima una camisa y una chaqueta. Quería estar preparada sin que se notara.
«De todas formas, el futuro ya está cambiando poco a poco. El intento de asesinato anterior tampoco existía en el pasado».
Tal vez, como ya hubo un ataque, esta vez no pasaría nada, o quizá surgiera un evento completamente diferente.
Calliope pensó que su habilidad de premonición, si es que así podía llamarse, no servía de mucho.
«Si me la vas a mostrar, hazlo con tiempo. Siempre lo haces justo antes, sin dejarme margen de preparación».
—Sí, volveremos sanos y salvos, no pasará nada.
Isaac, tal vez pensando que ella estaba nerviosa por los recientes ataques, se sentó a su lado y le acarició el dorso de la mano en silencio. Calliope, sacudida de sus pensamientos, abrió los ojos sorprendida, lo miró y sonrió.
El carruaje en el que iban salió de la capital y se dirigió hacia el norte, cada vez más lejos. Al llevar piedra mágica, el carruaje era liviano y fue arrastrado rápidamente por caballos fuertes, hasta que comenzaron a divisarse los densos árboles de coníferas. Al mirar afuera, ya el sol comenzaba a ponerse y el ambiente se oscurecía.
La familia del conde no era dueña de muchas tierras, pero cuidaban bien las que tenían. No solo hacían una inspección anual, sino que también recibían informes mensuales de los señores delegados.
«Tal vez es hora de dejarle algo de responsabilidad a Isaac también».
Esta vez, parecía que el Conde había tomado una decisión acertada. Su hermano, Erben, debía estar furioso por dentro, pero no se atrevió a oponerse a Calliope. Era una decisión correcta. Si alguien bloqueaba el camino de su prometido, ella haría exactamente lo mismo en represalia.
—¿Alguna vez has estado allí?
Isaac negó con la cabeza.
—No. Siempre iban mi hermano o mi padre, turnándose. Nunca vi documentos al respecto, aunque antes de salir, hablé un poco con mi padre.
—¿Y qué te dijo?
—Que el señor delegado de esa zona es una persona bastante estricta y diligente, así que no había mucho que revisar.
—Hmm, eso habrá que comprobarlo en persona.
Mientras conversaban, el sol ya se había ocultado por completo. Entonces, alguien tocó suavemente la ventana. Calliope la abrió.
—Parece que es hora de preparar el campamento. Más adelante hay un claro, justo después de este sendero por el acantilado. ¿Está bien si acampamos allí?
Calliope, que había memorizado de forma general el mapa que les envió el conde, asintió.
—Yo también creo que es lo mejor. ¿Tú qué opinas, Isaac?
—Sí. Como no vimos un buen lugar antes, pensé que descansar tras el acantilado sería lo ideal.
Calliope, tras escuchar su opinión, dijo que así lo hicieran y cerró la ventana. El viento que entraba era bastante frío.
El sendero era tan estrecho que apenas cabía el carruaje, pero no era un acantilado muy alto. Era una especie de paso entre rocas elevadas, donde si uno se estiraba podía ver las copas de los árboles abajo.
Los caballeros rodeaban el carruaje, unos delante y otros detrás, avanzando lentamente. Pensaron que al pasar este tramo, podrían armar las tiendas y descansar sin problemas. Sí, eso pensaron…
—¡No!
Un grito desgarrador rompió el silencio. Era, sin duda, la voz de Calliope dentro del carruaje. Los caballeros detuvieron el vehículo de inmediato y preguntaron a gritos: —¡¿Qué sucede, señorita?!
—¡No, arriba! ¡Todos, retrocedan!
Con su desesperado grito, los caballeros alzaron la vista y vieron algo cayendo desde el borde del acantilado.
—¡Ah!
—¡El carruaje! ¡Rápido, adelante!
—¡Todos, apártense!
Una enorme roca rodaba a gran velocidad hacia el carruaje. Pero en ese estrecho camino, si se movían mal, tanto personas como carruajes podían caer al abismo. El cochero intentó avanzar, pero no pudo seguir el ritmo de los caballeros que se retiraban.
¡CRASH! ¡CRASH!
Un fuerte estruendo resonó, acompañado de gritos de confusión. La roca golpeó el techo del carruaje, hundiéndolo parcialmente. Luego, incapaz de soportar el peso, la rueda del carruaje se rompió con un chasquido y este cayó rodando por el acantilado. Algunos caballeros y el cochero fueron arrastrados también. Los que quedaron montaron sus caballos con urgencia.
—¡Uno de ustedes, vaya a la capital y reporte la situación! ¡El resto, conmigo, bajaremos!
—¡Busquen un camino para descender!
Mientras buscaban caminos a ambos lados, una tenue energía mágica flotó y se desvaneció desde la cima del acantilado, justo de donde cayó la roca.
***
El bosque donde estaban era profundamente oscuro. Por suerte, el carruaje era resistente y tenía piedra mágica, lo que ayudó a amortiguar la caída. La única luz provenía de la luna, pero los densos árboles impedían ver incluso un palmo al frente.
—Ugh…
—Ah, Isaac. Isaac, ¿estás bien?
Calliope, que había salido del carruaje, fue de inmediato a buscar a Isaac. Por suerte, la roca había rebotado al caer y ambos lograron escapar por el techo roto. Ella revisó rápidamente el estado de Isaac, quien la había abrazado para protegerla justo antes del impacto.
—E-estoy… bien… agh.
—¡No, no te muevas!
Calliope palpó su cuerpo en la oscuridad. Cuando tocó su hombro, él soltó un gemido. También parecía desorientado, así que probablemente se había golpeado la cabeza y el hombro. Ella apretó los labios.
«Se lastimó por protegerme».
Las manos de Calliope temblaban de rabia al ver que él se había herido por su culpa. Algo no cuadraba. El ataque debía haber sido en el bosque… Si todo hubiera ido como en el pasado, debían haber cruzado ya el acantilado…
Hasta allí llegó su pensamiento cuando se dio cuenta. Los asesinos jamás habrían atacado en un simple camino del bosque. Si realmente querían matarlos, el acantilado era la opción perfecta.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY