Capítulo 83
—Ja ja, esto es lo básico. Aún está en etapa de boceto, así que no está hecho, pero ¿quiere ver otros vestidos?
—Sí, pero no para mí. Para ese hombre de allá.
—¿El caballero Jack?
—Sí, ya me cansa verlo con la misma ropa todo el tiempo. No entiendo por qué un noble anda así. Mídelo para unos tres trajes.
—¡Entendido!
—¡Por aquí, por favor!
—¿Eh? ¿Eh?
Mientras era arrastrado por los empleados del taller, él dijo: —¡No es que solo tenga uno! ¡Es que tengo varios iguales!
—¿Y qué se supone que debo hacer con eso? Sigue siendo igual de desagradable de ver.
Mientras lo arrastraban, Calliope habló: —Vámonos.
—¿Eh? Entiendo que los caballeros nos acompañen, pero esto de estar rodeada de tanta gente es demasiado sofocante.
—Hah…
Uno de los caballeros suspiró un momento, pero cerró la boca en seco al ver la suave mirada de Calliope.
«Tengo el presentimiento de que vamos a ir cayendo uno por uno…»
Y no se equivocaba.
—¡Señorita!
—¡Corramos!
A los caballeros los distrajeron con la excusa de probar caballos, y a Susan, que creía que no la dejarían atrás, la perdieron mientras comía postre en una cafetería. De todas formas, el carruaje seguía en el mismo lugar, así que todos volverían por su cuenta.
Calliope suspiró y miró a su alrededor.
—No podrán alcanzarnos, ¿cierto?
—Eso parece, pero ¿por qué… haces estas cosas?
Isaac, a su lado, tenía cara de “no entiendo nada, pero es mi prometida, así que debe estar bien”. Calliope se tomó de su brazo y comenzó a caminar lentamente hacia su destino original.
—Bueno, quería probar algo. Por eso también traje mi espada.
—No la veo.
—Está debajo de la falda del vestido. ¿Por qué? ¿Quieres verla?
—…
—Ay, qué soso eres.
Le pellizcó la mejilla, mientras él enrojecía solo de las orejas y apretaba los labios. Finalmente, llegaron a una tienda de magia en el centro donde se vendían pergaminos mágicos. Como era una zona concurrida, no debía haber peligro.
Ella entró y se dirigió directamente a los mostradores donde se exhibían herramientas mágicas y pergaminos como si fueran joyas. Isaac parpadeó lentamente.
—Si necesitabas algo así, me lo hubieras dicho.
—No es que lo necesite. Últimamente me ha dado curiosidad.
Calliope señaló uno por uno los pergaminos que ya había pensado de antemano y pidió al empleado que los reuniera y los cobrará. Como la cantidad superaba con creces los treinta, el empleado andaba como loco recogiendo hojas.
—Ah, ¿qué te parece ese?
En ese momento, Calliope tiró suavemente del brazo de Isaac y señaló algo. Era un adorno hecho con una piedra mágica roja, que parecía diseñado para engancharse a una espada.
—Tiene buen ojo. Ese objeto está hecho con una piedra mágica pura de grado 2, y aumenta la fuerza y la energía mágica del portador en un 30 %.
Puede parecer poco un 30 %, pero una piedra mágica de grado 2 no era algo que se encontrara fácilmente. Además, no solo aumentaba la fuerza o la magia por separado, sino ambas, por lo que sería más útil para caballeros que manejaran aura que para magos. Calliope lo señaló.
—Deme también ese.
—Gracias por su compra.
Isaac asintió levemente.
—Será mejor que lo lleves contigo por si acaso.
—¿De qué hablas? Es para ti.
—¿Eh?
Por muy ingenuo que fuera, Isaac sabía cuánto valía eso. Con ese precio, se podían alquilar cinco o seis mansiones en la capital. Cuando estaba a punto de rechazarlo con la mano, ella habló: —Vas a protegerme, ¿cierto?
En ese momento, su mano se detuvo. Era verdad. No era exageración decir que él existía para que ni una gota de sangre salpicara a Calliope. No podía quedarse satisfecho con su nivel actual. Tenía que hacerse más fuerte, tanto que nadie se atreviera siquiera a mirarla mal.
—… Lo aceptaré con gratitud.
—Qué lindo cuando obedeces.
Calliope sonrió alegremente, ató la bolsa con los pergaminos mágicos a un lado de su vestido y colgó la piedra mágica en la empuñadura de la espada de Isaac. Como tenía el mismo color que sus ojos, quedaba perfecto.
Ambos regresaron al carruaje tras esa simple compra. Allí estaban Jack, Susan y los caballeros, todos con caras de pocos amigos. Jack y Susan, bueno, se entendía, pero… ¿los caballeros por qué estaban tan molestos?
Calliope subió al carruaje con una cara descarada, tomada del brazo de Isaac.
—¿Se divirtieron? Bueno, ahora volvamos a casa.
—Hah…
Cuando alguien dejó escapar un suspiro lleno de exasperación, Calliope sonrió resplandeciente.
—El que quiera correr hasta la mansión, que abra la boca.
—…
—…
—…
—…
—…
—Ninguno, ¿eh? Entonces, vámonos de una vez.
—Sí, señorita.
El carruaje se deslizó con tranquilidad hasta llegar a la mansión, donde les esperaba una noticia que Calliope no había anticipado: una invitación de Jilian .
Calliope no tenía intención de mostrársela a Isaac, así que simplemente la observó en silencio desde su despacho.
«Sospechoso, desagradable… y con esa cara tan linda que solo irrita más».
La dobló con cuidado y la quemó con la vela. Luego, se dirigió a Jack.
—Mañana tendré que ir a la casa de los Andress, solo para que lo sepas.
—Ah, ¿entonces llamó también al caballero Isaac Esteban?
—No, esta vez iré sin que él lo sepa. De todas formas tiene que ir al palacio, así que puedo aprovechar ese tiempo.
—Qué raro que diga eso.
—Es que algo me tiene inquieta. Prefiero comprobar qué es antes de contarle. Ah, y lo mismo con la esposa del Marqués.
—¿Entonces se lo puedo decir al Marqués?
—Susan, pisa a Jack.
—¡Toma!
—¡Aaagh!
Susan descargó todo su resentimiento en el pie de Jack, aplastándolo con el tacón. Jack soltó un grito y la miró, pero Susan simplemente giró la cabeza con indiferencia, como diciendo “esto fue una orden de la señorita, no es asunto mío”. Calliope pensó para sí:
«Como escolta, puedo llevarme a los caballeros del Marquesado… y de paso probar algunos de los pergaminos que compré. No creo que pase nada, pero él es alguien de intenciones inciertas».
Miró a Jack y Susan, que seguían discutiendo, y decidió alejar a Jack para ir a cambiarse de ropa. Luego se metió en la cama para tomar una siesta breve. Tenía que levantarse temprano al día siguiente para revisar documentos antes de salir.
- Diferente a antes
Eran apenas pasadas las nueve de la mañana. Dentro del despacho de Calliope reinaba el silencio, salvo por los leves quejidos de Jack. Incluso al posar la taza sobre el platillo no se oía el más mínimo sonido.
Solo se escuchaba el suave crujido de las hojas al pasar. Cuando había revisado justo cien documentos, alguien llamó a la puerta. Luego, silencio. Solo había una persona que llamaba sin decir nada después.
—Isaac, adelante.
Ella habló con un tono suave y risueño. La puerta se abrió con cuidado y él entró. Vestía una camisa sencilla y tenía una expresión un poco incómoda.
—¿Tienes… un momento?
—Claro que sí.
Antes de que él terminara de hablar, Calliope ya estaba recogiendo los documentos y poniéndose de pie. Jack, emocionado, también intentó levantarse, pero ella lo detuvo sin siquiera mirarlo.
—Jack, tú te quedas. Lo revisaré cuando vuelva.
Él gimió y volvió a sentarse.
—¿Y a qué se debe la visita?
Calliope salió del despacho del brazo de Isaac. Su mano se deslizó de forma natural en el brazo de él. Isaac, de pasos largos, aminoró la marcha para adaptarse a su ritmo.
—Me dijeron que ya estabas trabajando desde el amanecer… quería pasar un rato contigo antes de irme.
Ella soltó una carcajada encantadora.
—Entonces con más razón. Para algo así siempre tengo tiempo. ¿Hasta qué hora puedes quedarte?
—Avisé a la orden de caballeros, así que hasta las once está bien.
—Los caballeros son una molestia, ¿eh?
—…¿Debería renunciar?
—Ay, ni una broma se puede hacer. No. Es un lugar muy importante para ti.
Él asintió. Calliope dudó un momento y luego lo guió a la biblioteca. Como ahí no entraba tanto sol, el ambiente era algo fresco, así que ella usó eso de excusa para sentarse bien cerca de él. Isaac no parecía muy interesado en los libros. Antes le gustaban bastante, según recordaba.
—¿Qué tal si leemos este juntos?
—Me parece bien.
Calliope sacó un libro que él le había recomendado en el pasado. Era la historia de un caballero aventurero, un libro sencillo que seguramente había elegido porque a ella le costaba seguir el ritmo de la educación del Marquesado.
Ambos se sentaron juntos a leer. Entre páginas, intercambiaban pequeñas palabras, y de vez en cuando ella le hacía cosquillas con los dedos en la mano. Isaac, aunque leía con dedicación, enrojecía las orejas y la miraba con expresión incómoda cada vez que ella lo pinchaba.
—¿Qué te parece?
—Me gusta mucho.
—¿Verdad que es bueno?
Él, siempre tan aplicado, terminó de leer el libro y respondió. Ella le preguntó: —¿Cuál fue tu personaje favorito?
—Creo que el protagonista.
Ante eso, Calliope parpadeó, un poco sorprendida, pero lo disimuló enseguida.
—¿En serio?
—Es valiente, seguro de sí mismo, fuerte y justo.
—Sí, está retratado así.
Calliope habló con un tono algo peculiar. Inconscientemente recordó una conversación del pasado con Isaac. Ella, entonces, le había dicho que el protagonista no le terminaba de gustar. Y él, con una expresión cínica, le había respondido despacio:
{—El protagonista parece fuerte y justo, pero en realidad es alguien que no reconoce los privilegios con los que nació y no hace más que sermonear a los demás. No entiende que lo que tiene es un regalo que otros no han recibido.}
Aquella vez, gracias a esas palabras, Calliope también lo comprendió. Ese caballero era alguien que, aunque presentado como noble y justo, había nacido en una buena familia, tenido grandes maestros y se había lanzado a cumplir sus sueños sin tener idea del trasfondo de quienes no tuvieron la misma suerte. Era un personaje que imponía su justicia sin comprender al resto, y la historia lo enaltecía como si fuese admirable.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY