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Capítulo 68

En ese momento, el caballero que estaba cerca intervino.   

—Por cierto, he oído que el segundo hijo de la familia Esteban también vendrá con su prometida.

—Ah, ¡el genio de la esgrima!

—Exacto. Dicen que manifestó energía de espada hace cuatro años cuando colapsó el salón.

La pareja del caballero, cruzando firmemente los brazos, añadió: —Y dicen que lo hizo para proteger a su prometida, ¿no es así? Cuando escuché esa historia, me sorprendió muchísimo. ¿No parece sacado de una novela? Es tan romántico.

—Dina, no deberías vivir tan inmersa en novelas románticas.

—¿Qué dices? ¿Celoso porque tú no puedes hacerlo?

—¿Qué dijiste?

—Humph.

Mientras la pareja del caballero se alejaba rápidamente, él corrió detrás de ella apresurado, y los caballeros restantes, riendo entre ellos, comentaron: —De cualquier manera, con tantas figuras destacadas reuniéndose en esta fiesta de debutantes, sería bueno aprovechar para hacerse notar.

—También lo creo. Supongo que otros nobles piensan lo mismo, ¿no?

—Por eso… Está tan concurido —dijo el hombre mientras miraba el salón. 

—La competencia será feroz.

—Sin duda.

Justo en ese momento, el guardia de la puerta tocó la trompeta. Al mirar el reloj, se dieron cuenta que eran las ocho en punto, la hora en que los debutantes entrarían con sus parejas. Los nobles que no eran protagonistas se colocaron a ambos lados de la alfombra, y se comenzó a anunciar los nombres de los debutantes y sus acompañantes.

—¡La señorita Nina Biroanz, hija del Barón, y el caballero Dante Baitron hacen su entrada!

Con ese anuncio, la fiesta de debutantes dio inicio. La fiesta, celebrada en el palacio real, era un evento exclusivo al que solo podían asistir quienes contarán con el permiso de la familia real. Los criterios de evaluación incluían no solo modales y belleza, sino incluso rumores y reputación. Por supuesto, el poder lo era todo, y las jóvenes nobles de alto rango no tenían que preocuparse por tales evaluaciones. La señorita Calliope, del marquesado, era un claro ejemplo en esta ocasión.

Las protagonistas de la fiesta eran, sin duda, las debutantes, por lo que Bertche hizo una entrada tardía y se posicionó junto al caballero de su familia que había venido como su acompañante. Las personas que entraban al salón con rostros radiantes no lograban captar su interés. Si no fuera por Calliope, ni siquiera habría asistido a esta fiesta.

Y justo en ese momento, como para disipar su aburrimiento, resonó el nombre que había estado esperando.

—¡La señorita Calliope Anastas, hija del Marqués, y el caballero Isaac Esteban hacen su entrada!

Por primera vez desde que llegó al salón, Bertche levantó la mirada hacia la entrada y dejó escapar una leve carcajada.

—Se han esforzado mucho.

La doncella que estaba a su lado susurró.

—Puede simplemente decir que se ve hermosa.

Bertche frunció los labios, pero la doncella no estaba equivocada. Era evidente a simple vista que Calliope estaba deslumbrante. Bertche comentó con ironía,

—Es una ocasión para venir con su prometido, ¿verdad?

El vestido de Calliope era único. Mientras todas las demás lucían vestidos abultados como tazas de té con forma de pétalos, el suyo estaba ceñido desde la cintura hasta un poco más abajo de los muslos, para luego ensancharse como un ramo de flores. Estaba decorado con diamantes en el pecho, la cintura y las caderas, y llevaba mangas translúcidas y brillantes que resaltaban como rayos de sol.

La parte inferior del vestido, en forma de ramo, estaba compuesta por varias capas de tela, mostrando delicados encajes de un blanco puro y translúcido que relucían suavemente incluso cuando permanecía inmóvil.

El diseño predominante era blanco con detalles rojos, complementado con rubíes en su collar y pendientes de platino, lo que le daba una apariencia más cercana a la de una novia en una ceremonia en un templo que a una debutante.

—¿No es demasiado estrecho? 

Bertche chasqueó la lengua, observando el vestido.

La doncella, que había estado examinando el vestido de Calliope, negó con la cabeza.

—Solo parece más estrecho debido a los adornos triangulares rojos en la parte de los muslos. No debería ser incómodo para moverse. Pero quizás sea un problema al bailar.

Bertche recordó las escenas de las debutantes bailando juntas y puso una expresión de desagrado.

—Ah, ¿te refieres a esa especie de espectáculo grupal?

—¿“Espectáculo” dice? Bueno, hay varios pasos rápidos donde las damas deben girar alrededor de sus compañeros. Tal vez sea ahí donde podría tener problemas.

—Ella sabrá manejarlo.

Con cuatro años de conocer a Calliope, Bertche nunca la había visto fallar en lograr lo que quería ni cometer errores. Cada vez que Bertche comentaba con sarcasmo: —Eres molesta con tu perfección. ¿Sabes que es irritante?

Por supuesto, de una forma no muy amable. Calliope no le daba importancia y siempre respondía con una sonrisa brillante: —Es que sé lo que pasará en el futuro.

—Vaya, qué manera tan ridícula de bromear.

—¿No te hizo gracia?

Ser perfectamente confiada sin caer en la arrogancia o la falsa modestia y salir con bromas no muy graciosas con una actitud desenfadada, eso era lo que definía a Calliope según Bertche.

Y ahora…

—Después de vivir pegada a su prometido, su traje también resulta cegador.

—Eso parece. Aunque el traje es negro, está tan lleno de bordados y joyas que deslumbra.

Esta vez, incluso la doncella cubrió ligeramente su boca para ocultar una sonrisa. Vestido con una camisa de seda que combinaba con el tono del vestido de Calliope y un traje negro, él parecía un caballero del norte sacado de una novela.

El bordado de hilo plateado replicaba exactamente el diseño del vestido de Calliope, mientras que los gemelos y botones adornados con diamantes armonizaban con el singular color de sus ojos.

Sin embargo, la flor roja prendida en su pecho parecía gritar que, aunque diferentes, él y Calliope eran una pareja perfecta.

—Una flor roja en el corazón. Qué detalle tan cursi.

—Es probable que sea obra de la señorita Anastas.

Aunque más que llamarlo “cursi”, parecía tener un significado simbólico, la doncella no respondió y simplemente se imaginó la magnitud de la obsesión de la prometida hacia él.

—¡La señorita Rodos Firanchaea, hija del Conde, y el joven Otis Gladiert, hijo del Duque, hacen su entrada!

Con ellos terminó la presentación de todas las debutantes. Mientras todas lucían como flores esponjosas infladas al máximo, solo Calliope brillaba como una delgada y elegante espada. Nadie podía evitar fijarse al menos una vez en ella. No solo era por el vestido, sino también por su cabello plateado como hilos de seda.

—Una pareja de cabello blanco como la nieve.

—Parecen personajes sacados de un cuento de hadas.

—¿De qué taller será ese vestido?

—No es un diseño de los que están de moda últimamente…

El vestido de Calliope proclamaba que había sido hecho exclusivamente para ella, con bordados meticulosamente incrustados en la tela que envolvía su cuerpo. La falda ondulante bajo sus rodillas se inflaba como un ramo de flores, subiendo y bajando suavemente en el aire. Aunque todos alababan el vestido, no podían evitar preguntarse lo mismo:

«¿Cómo bailará con ese vestido?»

Mientras las dudas y comentarios se esparcían, comenzó el baile de las debutantes. Naturalmente, Calliope e Isaac ocuparon el centro del salón. Cuánto más famosos y de mayor estatus eran los debutantes, más fácilmente podían colocarse cerca de los protagonistas del evento. Así había sido para Berce en su momento, y antes para Kirke.

—¿Estás nervioso? —preguntó Calliope, apoyando una mano sobre el hombro de Isaac.

—Estaría mintiendo si digo que no, pero he practicado mucho.

—¿De verdad?

—Sí. Porque tú debes ser la protagonista aquí.

—¿De verdad lo crees?

Él tardó un momento en responder, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

—Eres la más hermosa aquí, y no deberías quedarte en las sombras de alguien como yo.

Ella sonrió. Poco después comenzó la música. Calliope e Isaac bailaban como si fueran una sola entidad. Todos los presentes les observaban. Paso a paso, sin un solo error, la danza avanzaba.

La música se aceleró, y con ella las faldas de las debutantes se inflaron como pétalos de flores en movimiento. Finalmente llegó el momento esperado: la parte rápida donde el hombre giraba en el centro y la mujer daba vueltas a su alrededor.

Los nobles fijaron su atención en los pies de Calliope, y entonces presenciaron algo inesperado.

—¿Eh?

Un murmullo se escapó entre los asistentes. En lugar de dar vueltas sola, Isaac sujetó a Calliope con un brazo y la levantó con elegancia, girando con ella en el aire. Luego la bajó suavemente, y Calliope, con rostro sereno, continuó con los pasos del baile.

Cuando llegó el segundo giro, Isaac volvió a alzarla. Todos los presentes se cubrieron la boca con sus abanicos y susurraron entre ellos.

—Parece que están comprometidos, después de todo.

Algunos lo encontraron romántico.

—Pero ¿no es demasiado ostentoso?

Otros lo vieron con desagrado.

El baile de Calliope e Isaac parecía sacado de una historia de amor protagonizada por los héroes del evento. Mientras las debutantes giraban alrededor de sus parejas, Calliope parecía volar, levantada con gracia en los brazos de Isaac y descendiendo con una perfección imperturbable. Nadie podía negar que la escena había sido impactante. Así terminó el primer baile sin incidentes.

El público estalló en aplausos para las debutantes y sus parejas. Calliope, de la mano de Isaac, hizo una ligera reverencia y luego abandonó el centro del salón. Naturalmente, todas las miradas los siguieron. Calliope lo sabía, y por eso se dirigió directamente hacia Bertche.

Bertche, conocida en los círculos sociales como una dama de temperamento fuerte y orgullosa, no era alguien a quien otros se atrevieran a acercarse fácilmente.

—¿No piensas bailar con alguien más? —le preguntó a Calliope con auténtica curiosidad.

—¿Con quién?

—Pues, con otros nobles… No solo con tu pareja.

—¿Y eso por qué?

—Eres una debutante que está dando su primer paso en la sociedad… No importa.

—Muy bien.

Calliope soltó una risita alegre, mientras Isaac permanecía a su lado, mirándola exclusivamente a ella. Bertche, sintiendo que esa pareja comenzaba a darle dolor de cabeza, hizo un gesto con la mano indicándoles que tomaran asiento en el sofá junto a ella.

Cuando Calliope e Isaac se sentaron, los demás nobles y debutantes empezaron a mirar de reojo. La más alta dama entre la nobleza y los dos mayores protagonistas de la velada sentados juntos eran una combinación que todos querían observar y, si era posible, acercarse a saludar.

Ty: chicas necesito este baile dibujado. Que no sea solo en mi imaginaciónnnn



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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