Capítulo 67
En la habitación donde se realizaban los retratos, Riona se levantó para saludar. Calliope correspondió al saludo con un gesto de la mano y se sentó en el mismo lugar y en la misma posición que la vez anterior. Riona, sin decir nada más, comenzó a dibujar con las herramientas que ya tenía preparadas. Parecía que estaba usando bastante pintura, ya que se escuchaba un leve sonido de chapoteo.
—Sí, parece que el trabajo va bien, ¿no?
—Ah.
Riona, concentrada en su pintura, levantó la cabeza tarde y esbozó una sonrisa algo tímida.
—A mí me gusta. Pero no sé si a usted, señorita, le agradará. De hecho, es un poco diferente a los retratos que suelen hacer otros.
—No te preocupes. Por eso no quise ver los bocetos. Si no me gusta, puedes volver a hacerlo.
—Ah, pero eso no me gustaría. Quiero que mi nombre esté en el primer retrato de la señorita.
—Eres bastante ambiciosa.
—Fueron las señoritas de esta familia quienes me enseñaron a serlo.
—Hablas mejor que antes.
Calliope sonrió, dejando claro que no estaba molesta, y se quedó sentada en la misma posición, disfrutando de un momento de descanso. Así pasaron un par de horas, hasta que Riona habló.
—Si dejo esto así, puedo terminarlo en mi taller y enviárselo. Ha trabajado mucho hasta ahora.
—El trabajo lo has hecho tú. Karolie está muy emocionada porque seas tú quien pinte mi primer retrato. Puede que lo vea antes que yo.
—La señorita Karolie siempre confió en mí.
—Es cierto. Espero que ustedes dos se lleven bien. Y espero que te conviertas en la mejor artista entre los pintores que Karolie ha apoyado.
—Haré que eso suceda.
Riona respondió con una voz tranquila, pero llena de determinación. Cuando se levantó de su lugar, un sirviente de la mansión entró y comenzó a recoger cuidadosamente sus cosas. Era alguien que le habían asignado porque les daba pena verla cargando todo sola. Él la acompañaría en el carruaje y se aseguraría de llevar los materiales al taller.
—Siempre estoy agradecida.
El sirviente sonrió amablemente. Era reservado y hablaba poco, pero parecía haber entablado cierta amistad con Riona. Calliope se despidió de ella y regresó a su habitación.
Frente a la puerta estaban de pie Romanda y Silvia, que al parecer habían venido para una revisión intermedia. Parecía que ya habían definido la forma general.
—¡Ah! Señorita, la mayoría del diseño del vestido ya está listo. Solo falta terminar la costura y los adornos.
—Bien, no queda mucho tiempo para la fiesta de debutantes. Deben haber tenido poco tiempo. Han trabajado mucho.
—La costura estará lista en un día o dos si trabajamos sin parar. Habrá suficiente tiempo para probárselo y hacer los ajustes necesarios.
Parecían estar tan entusiasmadas como si hubieran venido a buscar un elogio. Sin duda, estaban muy seguras del vestido.
—Entonces, vamos a verlo.
—¡Sí!
Mientras observaba con confianza el vestido que le mostraban, Calliope pensó.
«Voy a ser la debutante perfecta».
Al ver su sonrisa, las dos mujeres se llenaron de orgullo y levantaron los hombros, satisfechas.
Al probarse el vestido, Calliope escuchó un sinfín de cumplidos aduladores. Desde lo hermosa que se veía hasta lo bien que le quedaba y lo perfecto que parecía hecho para ella. Los esfuerzos de las dos por ganarse su favor y asegurarse de entrar en la capital eran casi conmovedores.
El día en que el vestido estuvo casi terminado, Riona también llegó a la mansión con el retrato finalizado. Cuando Calliope fue a la habitación donde Riona la esperaba, se encontró, como esperaba, con Karolie ya allí.
—¿Oh? ¿Ya estás aquí?
Pero, de algún modo, la expresión de la niña era ambigua. No mostraba el entusiasmo habitual con el que solía elogiar a Riona como una genio y alabarle por ser una artista que ella misma había descubierto. Tal vez, al intentar pintar un retrato de verdad, había sentido la presión.
—¿Por qué tienes esa expresión? Déjame ver el retrato.
—Hmm, es que, hermana…
—¿Qué pasa? ¿No te gusta el retrato?
—No, el retrato está muy bien hecho. De verdad. Pero…
—Es mejor verlo que explicarlo con palabras.
Calliope miró a Riona. Ella saludó con una expresión tranquila y sin preocupaciones. Entonces, Calliope observó el retrato. Y se quedó quieta por un momento.
—Creo que ya entiendo por qué tienes esa expresión.
—Es muy…
Karolie dijo con incomodidad: —Es muy frío.
Como decía la niña, el retrato de Calliope que había pintado Riona tenía una apariencia inquietantemente fría y gélida, con colores que lo hacían parecer áspero. Sin embargo, aunque el trazo era brusco, los detalles eran extremadamente precisos. Un pintor capaz de combinar dos técnicas opuestas a la vez, eso era Riona.
Calliope miró su propia sonrisa, dibujada de manera extrañamente inquietante, y sus ojos rojos, ligeramente más oscuros que en la realidad. Aunque los colores eran oscuros, lo primero que captaba la atención al mirar el retrato eran esos ojos. No era un rojo ardiente como el fuego, sino el color de la sangre que acababa de fluir. Era suficiente para atraer cualquier mirada. Sin darse cuenta, Calliope sonrió con satisfacción.
—Me gusta mucho.
—Claro, la técnica es excelente. Es magnífico. Pero, hermana, sabes lo que significa el retrato que se pinta antes de una fiesta de debutantes, ¿verdad?
—Es una especie de preparación para el cortejo. Pero ya tengo prometido, ¿no? Esto me gusta. También sería bueno regalarle una copia a Isaac. Riona, ¿podrías hacer otro igual?
—¡Claro! ¡Por supuesto que puedo! —Riona asintió—. Yo estaba segura de mi trabajo, pero no sabía si le gustaría a la señorita Anastas.
—Aun así lo mostraste…
—Porque así es como veo a la señorita Anastas.
En su voz no había ni un atisbo de malicia. Calliope pensó que Riona había mirado directamente a su alma.
«¿Será esta la habilidad de un genio con talento casi demoníaco?»
Calliope apartó cariñosamente el cabello despeinado de Karolie.
—Esa cualidad tuya me gusta. Karolie, puedes alabar la obra maestra de tu pintora.
—¿Oh… está bien, de verdad?
—Claro. Ahora dime, ¿quién podría pintar un retrato como este?
—Eso es cierto.
—Todos tus cuadros son magníficos, pero este retrato mío es mi favorito. Si lo deseas, puedes incluirlo en tu exposición.
—¿De verdad?
Era correcto pagar una pequeña tarifa como modelo a quien posaba para un cuadro. Pero ¿qué tarifa se le podría dar a una joven noble? Normalmente, cuando un pintor renombrado retrata a un miembro de la nobleza, el hecho de ser modelo se considera un honor en sí mismo. Sin embargo, Riona apenas estaba empezando a consolidar su carrera, por lo que difícilmente sería de gran ayuda para Calliope.
—Sí, mostrarlo a otros también parece divertido.
—¡Gracias!
—Gracias, ¿por qué? Anda, vuelve. Si necesito que pintes otro cuadro, me pondré en contacto contigo.
Riona se marchó con una expresión alegre, mientras Karolie continuamente ladeaba la cabeza, pensativa.
—¿De verdad Riona te ve así? No lo entiendo. Para mí, tú simplemente eres amable.
Calliope acarició su cabello mientras respondía: —Las personas tienen muchas facetas. Soy amable contigo porque eres tú, pero no soy alguien que sea amable todo el tiempo.
Karolie frunció el ceño, como si no lo comprendiera del todo, pero pronto llegó a una conclusión simple y buena.
—De todas formas, seguirás siendo amable conmigo, ¿verdad? Entonces no importa.
—Claro, claro.
Además de la petición de Circe, Karolie era una hermana pequeña que la seguía con mucha devoción. No había ninguna razón para no tratarla con amabilidad.
Aunque, si Karolie llegara a saber sobre la petición especial de Circe, no estaba segura de cómo lo tomaría. Pero era poco probable que la Marquesa mencionara eso, ya que parecía temer profundamente que su hija sufriera algún daño.
Calliope esbozó una suave sonrisa y retiró la mano de la cabeza de la niña.
—Vamos, ya es casi hora de terminar los preparativos para la fiesta de debutantes.
—De verdad, sin mí no puedes hacer nada, ¿eh? ¡Vamos!
Siguiendo los pasos decididos de la niña, Calliope simplemente permaneció en silencio.
***
El salón más majestuoso del palacio. Ese lugar, nombrado en honor al dios único, era como una bendición para las jóvenes que ingresaban por primera vez a la sociedad.
Un gran candelabro mágico iluminaba brillantemente el techo, mientras pequeños cristales emitían luces que eliminaban cualquier rincón oscuro. Un inmenso salón de baile, mesas decoradas con una variedad de entremeses, cortinas tejidas con hilos de oro y una alfombra de un rojo intenso dejaban claro dónde estaban.
Una vez al año, se celebraba en el palacio la fiesta de debutantes. Las jóvenes nobles con estatus elevado podían organizar su debut en la mansión de su familia, invitando a los nobles más importantes, pero Calliope había optado por la fiesta en el palacio. Fue una elección tanto para ella como para Isaac.
Los nobles, vestidos como pavos reales, entraban en pequeños grupos conversando entre ellos.
—He oído que la señorita Dylus asistirá a esta fiesta.
—¿Aquí? Aunque suele acudir a otras fiestas, no recuerdo que haya venido a una de debutantes.
—Pues parece que viene a cumplir el rol de amiga de una debutante.
—Vaya, pero no sabía que tuviera alguna amiga cercana. ¿Quién es?
—Es la hija mayor de los Marqueses Anastas.
—¿La hija mayor…? No me digas, ¿la hija de la primera esposa?
—Así es. Al parecer, se conocieron en unas clases conjuntas de esgrima.
—¿Clases de esgrima? Hm, entonces esa joven también debe ser bastante peculiar.
—He oído que otra joven conocida debutará en esta ocasión.
—¿Quién? Estoy algo desinformada de los rumores.
—La hija de un Barón. Creo que se llama… Nina, ¿no?
Las dos mujeres siguieron intercambiando comentarios triviales. La señorita Bertche y Calliope eran, sin duda, el centro de las conversaciones, mientras en el balcón opuesto los hombres charlaban sobre otros temas.
—Ahora que lo pienso, este año también debutarán jóvenes caballeros bastante destacados.
—Sí, entre ellos está el joven Otis Gladiert, de la casa ducal de Gladiert. Desde niño ha sido tan brillante que nunca pareció un niño común, pero ahora que es adulto, será interesante seguir su desarrollo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY