Capítulo 60
Ella levantó la cabeza recta y caminó junto a la comitiva del Marqués sin prestar la más mínima atención a los nobles que la rodeaban. Su rostro impasible, su paso firme y la altura con la que levantaba la barbilla la hacían parecer una integrante perfecta de la familia del Marqués.
El interior del salón estaba dividido en dos exactamente por una alfombra roja. El orden de los asientos se determinaba estrictamente según el rango, y dado que el Marqués Anastas ocupaba el puesto justo detrás de la casa ducal, pudo tomar asiento en la primera fila.
La fila trasera ya estaba llena de nobles, pero parecía que la casa ducal aún no había llegado. Los asientos más cercanos a sus lugares estaban vacíos, lo que también indicaba que las facciones pro-nobleza y pro-príncipe estaban firmemente separadas.
No mucho después de que la familia del Marqués tomara asiento, llegó la casa ducal. Caminaban mirando al frente y pronto se separaron para ocupar sus asientos asignados. Calliope, considerando la competencia innecesaria, se recostó en el respaldo de su silla, apoyó los codos en los descansabrazos y puso la mano sobre su barbilla.
Desde el lado opuesto, vio a Otis sentado con el rostro serio. La forma en que intentaba aparentar dignidad le pareció cómica, y justo en ese momento, él la miró. Hizo un leve gesto con los dedos, como si fuera un saludo. Con una expresión de desagrado, él movió los dedos de la misma manera.
En ese instante, las puertas del salón se abrieron de golpe y una voz poderosa resonó. Era el anuncio de la llegada del Rey. La Reina y el Príncipe Heredero, que parecía de la misma edad que Karolie, entraron tras él.
Calliope recordó que la familia del Marqués había hecho un gran esfuerzo para comprometer al Príncipe Heredero con Karolie. No estaba segura de sí tuvieron éxito. En ese entonces, todos estaban demasiado absortos en la campaña contra el Rey demonio, y después de la llegada de la Santa, también estaban ocupados con la reconstrucción.
«No puedo saber lo que ocurrió después de que me suicidara».
Ella hizo un leve sonido con la lengua y se sentó recta. El Rey ya estaba allí, con el cabello encanecido y una corona en la cabeza. La Reina, por otro lado, lucía mucho más joven, con su cabello rubio brillante aún vibrante.
«Dijeron que el Príncipe Heredero llegó un poco tarde».
El romance entre ellos seguía siendo recordado como el amor del siglo. La hija de un humilde Conde y el Príncipe Heredero se conocieron y se enamoraron. Después de desafiar la oposición de todos, se casaron y la hija del Conde se convirtió en Reina, desafiando las expectativas y desempeñando su rol de Reina con gran habilidad. Aunque su historia parecía sacada de un cuento, Calliope entendía más que nadie los esfuerzos de la Reina.
Cuando caminaron por la alfombra roja hacia el asiento principal, todos los nobles se pusieron de pie para rendirles homenaje. La realeza, en lo más alto de la jerarquía del reino. Aunque no se comparaban con el Emperador, que gobernaba la mitad del continente, el reino aún controlaba una cuarta parte de las tierras restantes, siendo una potencia considerable.
Después de que la familia real se sentara, fue el turno de la orden de caballeros del palacio. Cuando los nobles se sentaron de nuevo, los caballeros vestidos con armaduras y formados en filas caminaron con precisión.
Delante de ellos estaba el Comandante de los caballeros, el Conde Esteban. A su lado, Isaac, quien participaba en su primer evento oficial, caminaba mirando al frente con la capa que Calliope le había preparado.
Hubo un pequeño alboroto. Era de esperar, ya que siempre había sido el hijo mayor quien estaba junto al Conde Esteban. Algunos aprovecharon el caos para hablar sobre los ojos blancos como fantasmas del joven Isaac. Él, al parecer, escuchó esos comentarios, frunció ligeramente el ceño y luego giró la cabeza para ver de dónde provenía el ruido. Estaba buscando a la persona que lo había dicho.
Sin embargo, pronto sus ojos se posaron en Calliope y, al ver su rostro, relajó la expresión. Ella casi soltó una risa, pero la contuvo y le dedicó una sonrisa tranquila mientras le hacía un gesto con la mano. En sus ojos brilló una luz de alivio.
Calliope sintió un cosquilleo en el pecho. Él confiaba en ella. En el pasado, había sido ella quien dependía de él, pero en esta vida, todo era diferente. Tuvo que morderse los labios para no reír demasiado.
La entrada de los caballeros terminó. El Conde Esteban e Isaac se colocaron dos escalones por debajo de los asientos reales, con los caballeros formados en una fila frente a ellos. Cuando se les llamará por su nombre, caminarían hacia adelante y recibirían oficialmente el título de caballeros.
Eso quería decir que sería una ceremonia sumamente aburrida. Todos esperaban ansiosos el final para llegar a la fiesta. El Rey también tendría que estar cansado de tanto saludar. Calliope sonrió con una expresión indiferente.
—¡Varta Menon!
Y el nuestro, el Rey tan ardiente, parecía que iba a saltarse el largo discurso que había preparado y directamente iría al meollo del evento. El paje del Emperador gritó el nombre del caballero. Un caballero de cabello castaño, con paso firme, subió las escaleras y se arrodilló solemnemente en el podio justo debajo del asiento del Rey.
El Rey se levantó, su capa roja ondeando, y sacó la espada ceremonial de su cintura para colocarla sobre su hombro.
—Tú… ¿Podrás jurarme lealtad y dedicar tu alma al único dios?
Y así comenzó el ritual de la ceremonia de investidura. Calliope cambió de pensamiento. No solo los brazos, sino también el cuello del Rey probablemente estaría adolorido. De alguna manera, el paje del Rey estaba a su lado sosteniendo una taza de té.
La razón por la que el Rey hacía todo esto era porque la fama de la orden de caballeros había caído al fondo en el pasado. La persona que lo había elevado al nivel actual había sido el Rey anterior. El Rey actual deseaba mantener esa estabilidad, por lo que seguía el mismo proceso que había establecido su predecesor.
—Ahh.
Ya comenzaba a bostezar, y Calliope pinchó la mejilla de Karolie. La niña la miró con ojos furiosos.
—¡Deidon Pallia!
Una vez que terminó el turno de una persona, se llamó a la siguiente. Luego, los nombres de Charles, MacVicar, Dullus, James, entre otros, fueron mencionados uno tras otro. Al mirar brevemente hacia los asientos traseros, ya se veían algunos dormidos. Los que trataban de mantener los ojos abiertos y resistir parecían hasta lamentables.
A diferencia de ellos, Calliope no tenía ningún sueño porque estaba disfrutando del espectáculo.
—Qué adorable.
Calliope volvió a reír. Isaac estaba de pie junto al Conde, con las manos detrás de la espalda, y su rigidez era evidente. Era más alto y corpulento que los demás, lo que le daba una presencia imponente, pero a los ojos de ella, parecía un pollito que acababa de dar sus primeros pasos.
Él, por suerte, vio su sonrisa y trató torpemente de sonreír, levantando apenas las comisuras de los labios. Aunque para los demás podría parecer que estaba haciendo una mueca, ella estaba segura de que él le estaba sonriendo.
Y en ese momento, había alguien observando a los dos. No era otro que Otis Gladiert, del Ducado de Gladiert. No encontraba ninguna razón para estar en este aburrido evento, pero lo había arrastrado su padre. Mientras pensaba que sería mejor aprovechar ese tiempo para ver unos papeles que no había visto, vio accidentalmente a Isaac.
«Lo he estado pensando desde hace un tiempo, como nunca sale de la familia, pensaba que era completamente inepto».
Vestido con un abrigo azul marino, parecía mucho más alto y robusto de lo que su edad indicaba, ya parecía tener dieciocho años. Naturalmente, era más alto que él. Otis no estaba contento con ese detalle. Sabía que Isaac no era tratado bien en la familia, pero aún así, seguro que comía mejor que él y la calidad y cantidad de su educación también sería superior a la suya.
«¿Será que la altura es hereditaria?»
Entonces, miró al Conde Esteban. El Conde Esteban, un hombre de más de dos metros, imponía su presencia solo con estar de pie. Al igual que Isaac, el segundo hijo del Conde, que estaba junto a él. Decían que el segundo hijo se parecía mucho al Conde, y ahora, viéndolos así, lo entendía perfectamente.
Después de observarlos, Otis naturalmente dirigió su mirada a Calliope. Había visto a su prometido, así que era normal preguntarse qué estaba haciendo ella.
Ella sonreía. Sonreía hacia su prometido, que de manera torpe, trataba de sonreír.
«¿Qué será lo que le gusta tanto?»
En la familia, tenía muy poco estatus, y su presencia en la sociedad no valía mucho. Además, no tenía ninguna posibilidad de convertirse en Conde. Entonces, ¿qué podría tener de bueno este segundo hijo inepto?
Otis se dio cuenta de que acababa de cambiar su juicio, ya que antes pensaba que Isaac no era tan inepto como se rumoraba. Era algo que no había reconocido en su comportamiento.
«Es una mujer realmente difícil de entender».
Aunque lo decía en broma, decía que podía ver el futuro, engañando a la gente y aprovechándose de ellos de manera descarada. Lo más sorprendente era que, a pesar de eso, no sentía resentimiento, porque sabía cómo obtener beneficios para ella y para él. Definitivamente, no podía decir nada malo sobre la habilidad de la señorita, que aún era muy joven.
«¿Dónde más encontraría una mujer como ella?»
Él tenía la obligación de producir un heredero, y si tenía que casarse, pensaba que una mujer como ella sería adecuada. Pero pronto dejó ese pensamiento de lado.
Sin embargo, mientras sonreía al mirar a su prometido, ella levantó la cabeza de repente y comenzó a mirar a su alrededor. Con una mirada algo confundida, miró hacia un lugar distante, pero pronto negó con la cabeza y volvió a centrar su mirada en su prometido.
«¿Qué fue eso?»
Otis fue el único que presenció esa escena.
Pasaron unas tres o cuatro horas antes de que terminara la ceremonia de investidura. El Rey, al haber llamado y conferido los títulos uno por uno, parecía tener el cuello y los brazos adoloridos, recibiendo la atención de los sirvientes. Incluso, en algunos momentos, su discurso se aceleró o lo omitió por completo. Aunque pensó que eso no debía ser adecuado, dejó de prestar atención, pensando que si el poder del Ducado era así, el poder del Rey debía ser aún mayor.
El Rey, con su capa roja ondeando, salió del lugar, mientras que el Príncipe Heredero, sorprendentemente, parecía querer ver más a los caballeros, y fue llevado en los brazos de la Reina. Los sirvientes del palacio rápidamente movieron las sillas y colocaron mesas adornadas con telas rojas a ambos lados, comenzando a servir té, bocados y bebidas ligeras.
—Nosotros nos vamos —dijo Circe. En su brazo ya estaba Karolie, que insistía en querer ver más caballeros.
«¿Quizá encajaría bien con el Príncipe Heredero?»
Calliope miró a Kafir. Nuestro serio Kafir ya estaba junto a Ilan. Cuando ella le hizo un gesto con la mano, él también levantó la mano de manera torpe. Circe, abrazando a Karolie, dijo: —Voy a dejar a mi doncella contigo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY