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Capítulo 58

—¿Así que fingirás ser tan tranquila para estrechar una relación, aunque al final no podrás ocultarlo para siempre?

—Te lo dije. Solo quiero probar un breve romance antes del compromiso. Y de todas formas… —Bertche alargó sus palabras por un momento antes de continuar—, me aburro fácilmente, así que probablemente termine dejándolo.

Su mirada giraba sin rumbo fijo sobre la taza de té. Había una débil voluntad implícita en sus palabras: debía ser así. Aunque hablaba de salir en secreto con él, parecía tener claro lo imposible que era mezclar a la familia del conde Dylus con la familia ducal Gladiert.

—Por eso, voy a tomarme un descanso de las clases de esgrima y salir un poco. Debo lograrlo antes de cumplir dieciocho.

—¡Vaya, hablas de enamorarte como si fuera una misión!

—¿En qué se diferencia de una misión?

—La actitud está bien, pero, ¿y si no lo consigues? No es como si Otis Gladiert fuera alguien tan sencillo, ¿no?

Calliope, mirando fijamente su taza de té medio fría, igual que Bertche, apoyó un codo en el brazo de la silla.

—Eso no pasará.

«Por eso lo decía, que esto es más bien una cuestión de orgullo».

Otis Gladiert, aunque todavía joven, era del tipo que pensaba de manera estrictamente racional. No había forma de que se interesara en la señorita de la casa Dylus. Calliope decidió no socavar el orgullo de Bertche, optando por pensar en otras cosas.

«Si después de los dieciocho, cuando estuvo comprometida, no hay registros de su habilidad con la esgrima… Tal vez simplemente lo abandonó por completo después de esto».

Calliope pensó que era una lástima. Las habilidades que veía de Bertche en las clases de esgrima eran impresionantes. Incluso para alguien sin experiencia como ella, brillaban como un talento prometedor.

«Tampoco puedo burlarme, porque yo misma también abandoné cosas importantes por un hombre».

Con un tono cínico, Calliope se reprochó a sí misma.

Si Bertche era una tonta que renunciaba a su talento por amor, entonces ella era una idiota que había arriesgado su vida por amor.

Aunque algo pueda parecer la mayor tontería del mundo para los demás, hay momentos en que, para uno mismo, se siente como lo más importante en la vida. Quizá ese pensamiento también era una forma de excusar su propia insensatez, esa que seguía cometiendo.

Los ojos rojos de Calliope, que mantenían un aire frío, brillaron brevemente con frialdad. Ahora mismo, le bastaba con ocuparse de sus propios asuntos.

Ella entendía bien sus propios límites y no quería gastar energías en cosas que no podía controlar. Tampoco deseaba causar cambios que no fueran intencionados. Por eso, aunque Bertche continuará con su intensa y desafortunada pasión, a Calliope no le interesaba en absoluto, salvo por un único detalle que consideraba valioso.

—Señorita Bertche.

Su habilidad con la esgrima. Solo eso.

—Al joven Otis Gladiert le agradan las personas competentes, sin importar el área.

Era un leve aliento de una idiota hacia una tonta.

—¿En serio?

—Me lo dijo él mismo. Espero que lo tengas en cuenta.

Con esas palabras, Calliope se levantó de su asiento.

—Si reflexionas sobre qué es lo que mejor haces, tal vez descubras cómo destacar. Yo debo irme ya, tengo otro compromiso tras la clase de esgrima.

Supuso que decirle eso no causaría ningún daño. Calliope salió caminando hacia el exterior de la terraza. Bertche, sin embargo, la detuvo por un momento.

—¿Cómo es que escuchaste algo así?

Calliope respondió con indiferencia: —Es mi amigo.

Y, como si no quisiera involucrarse más, Calliope abandonó el lugar rápidamente. Bertche permaneció sentada por un momento, observando el té completamente frío en su taza.

—¿La amiga de Otis Gladiert?

¿Esa persona, que no mantenía una sola amistad femenina cerca, decía tener una amiga? Bertche sintió la boca seca, así que bebió todo el té frío de un solo trago. Sin embargo, el líquido helado que llenó su estómago solo la incomodó más.

Bertche, incapaz de identificar qué era esa sensación que llenaba su interior, se levantó de su asiento y regresó a su habitación.

***

—El Marqués Anastas y el conde Esteban organizaron el compromiso con rapidez. Aunque la familia del Conde Esteban no era pobre, estaba muy por debajo de la familia del Marqués en términos de riqueza, así que todos los preparativos recayeron en la casa de los Anastas.

Mientras inspeccionaba uno a uno los adornos para la ceremonia, Calliope comentó como si acabara de recordarlo: —El compromiso está bien, pero después del matrimonio sería mejor que él viniera a vivir a nuestra casa.

Desde su escritorio, donde firmaba documentos, Ilan alzó la mirada. Era su padre, a quien hacía mucho que no veía. Calliope estaba sentada en la mesa de invitados de su despacho revisando listas para confirmar todo lo relacionado con la ceremonia.

—En cualquier caso, es el hijo menor. No tiene importancia. ¿Pero hay alguna razón para ello?

—La situación en su casa es un desastre. No quiero vivir en un lugar así. De todas formas, aunque tarde o temprano tengamos que independizarnos, prefiero quedarme en la mansión del Marqués hasta entonces.

—De acuerdo.

—Claro que sí.

«Total, nunca ha mostrado interés en cómo vive su hija mayor, así que, de una forma u otra, poco le importa».

Calliope dejó el comentario sarcástico en su mente mientras colocaba los documentos sobre la mesa. Se frotó los ojos cansados y miró al techo.

—De hecho, quería traerlo conmigo justo después del compromiso.

—Eso no es posible.

—Sí, sí, ya sé que no lo permitiría. Por eso lo dejé para después de la boda.

—Aunque estén comprometidos, no es aceptable que un hombre y una mujer vivan juntos antes del matrimonio.

—Nunca dije que fuéramos a vivir en la misma habitación.

—No juegues con las palabras. Al final, si comparten el mismo techo, el mundo asumirá que comparten habitación también.

—Hay demasiada gente metiéndose en lo que no le importa —Calliope murmuró en tono despreocupado y se levantó. Los documentos que había revisado estaban ordenados en un extremo de la mesa. Mientras ella se dirigía hacia la puerta del despacho, Ilan la llamó nuevamente.

—Además, podría ser que cambiaras de opinión.

—¿Qué? —Calliope dejó escapar una carcajada como nunca antes—. Por favor, no insinúe que este compromiso podría cambiar según mis sentimientos.

Aunque sus ojos estaban entrecerrados en una leve sonrisa, el frío brillo carmesí en ellos era implacable.

—Sé perfectamente que eso no sucederá. Pero, vaya, se ha vuelto hábil para las dulces mentiras.

«Antes, ni siquiera se tomaba la molestia de decirme esas palabras vacías. Parece que callar y no hacer ruido sólo lleva a que te traten como una tonta. Es ahora, cuando me he hecho notar, que al fin decide tratarme como a una persona».

Calliope se dio media vuelta para salir del despacho, pero Ilan volvió a detenerla.

—Esta semana asistiré a un evento en la capital.

—¿Un evento en la capital?

Calliope se giró para preguntar qué habrá por esas fechas, mientras intentaba recordar, Ilan aclaró,

—La ceremonia de nombramiento de los caballeros que ingresan en la Orden de Caballería Real.

—Ah.

Era el evento en el que Isaac, acompañado por el Conde Esteban, iba a participar. Originalmente, el hermano mayor de Isaac debía asistir, pero esta vez ella había intervenido para que fuera Isaac. Si bien en otras circunstancias habría ignorado un evento como ese, al tratarse de la primera ceremonia oficial de Isaac, Calliope no podía faltar.

«En el pasado, probablemente fueron sin mí».

Al recordar, le pareció que así había sido. La Orden de Caballería Real era una institución importante para el reino, símbolo del poder del monarca y la posición más honorable para un caballero. Por ello, la ceremonia de nombramiento de nuevos caballeros siempre se celebraba con gran esplendor.

En teoría, la familia Anastas, siendo una casa noble tan destacada, no necesitaba asistir en pleno. Sin embargo, solían aprovechar la ocasión para reafirmar su lealtad a la facción real. Eso incluía a toda la familia… menos a ella.

«En aquel entonces, evitaba presentarme ante multitudes, así que sentí más alivio que rechazó».

No recordaba nada más especial del evento, lo que indicaba que, salvo la ceremonia en sí, no hubo incidentes importantes.

—De acuerdo.

—Muy bien.

Calliope salió del despacho caminando lentamente, pero pronto sus pasos se volvieron saltos ligeros. Sentía emoción al imaginar cómo prepararía a Isaac para su debut oficial.

«Donde quiera que vaya, dejará de ser conocido como el extraño hijo menor con ojos extraños. Es una joya para mí, y aunque sea mío, no significa que otros puedan tratarlo como quieran».

De vuelta en su habitación, Calliope saltó directamente sobre la cama. Oyó la voz de Susan regañándola, pero sólo escuchó la mitad mientras llamaba a Jack.

—Jack.

—Sí.

Sorprendentemente, Jack respondió sin estar medio dormido. Calliope se giró para mirarlo mientras permanecía tumbada de lado.

—¿Te has acomodado como mi asistente personal?

—Parece que el señor Marqués no me llama últimamente.

—¿Cómo puedes parecer tan despreocupado? Es prácticamente un descenso en tu posición.

—Mientras mi sueldo siga siendo el mismo, no tengo quejas.

—Qué suerte que estés satisfecho.

Calliope se tumbó boca abajo, balanceando los pies lentamente. Parecía estar pensando en algo.

—Es su primera aparición pública, no puede ser algo aburrido.

—¿Qué está planeando ahora?

—¿Por qué lo dices como si siempre estuviera causando problemas?

—Bueno, objetivamente no causa problemas, pero…

Susan desvió la mirada con expresión de resignación. Calliope la miró fijamente antes de levantarse de un salto.

—¡Ah!

Susan gritó sorprendida, pero Calliope, ignorándola, exclamó con entusiasmo: —¡Vamos a prepararnos! ¡El tiempo es escaso si es esta semana!

—¿Qué va a hacer ahora?

—¡Sabrás si vienes conmigo!

Preparada para salir, Calliope se dirigió inesperadamente a la casa de los Dylus. Alegando ser compañera de la dama en sus clases de esgrima, logró encontrarse con la joven, que estaba descansando en ese momento.

—¿Qué significa esta visita tan repentina?

—Vamos, no seas tan fría. Sólo necesito un pequeño favor. Acabaremos rápido.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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