Capítulo 57
La joven observaba en silencio el rostro de Calliope, quien respondía con una ligereza que carecía de peso. Parecía estar un poco arrepentida, o al menos eso creía.
Sin embargo, a Calliope, quien no concedía la menor importancia a los sentimientos internos de la joven, eso no le preocupaba en absoluto. En cambio, disfrutaba con calma el aroma del té que una sirvienta había traído mientras preguntaba: —Entonces, ¿de qué asunto deseas hablar conmigo?
Bertche dejó escapar un breve suspiro, se recostó cómodamente contra el respaldo de la silla y cruzó una pierna. Aunque podía parecer arrogante, aquella postura encajaba perfectamente con ella.
—Mi compromiso.
—¿Compromiso? ¿Y por qué discutirías eso conmigo?
Calliope, tras escuchar la respuesta, preguntó nuevamente con genuina incomprensión.
—Más exactamente, lo que quiero hacer antes del compromiso. Siendo hija de una familia noble, aunque no me agrade, tarde o temprano llegará el momento de escoger pareja y comprometerme. Mi madre, por suerte, cree que no es necesario apresurarse, pero probablemente esté comprometida antes de cumplir los dieciocho.
—Bueno, tiene sentido.
—Sin embargo, los compromisos y matrimonios entre nobles siempre son políticos. Si la familia de la otra parte puede beneficiar a la nuestra, tendré que comprometerme con esa persona, me guste o no. Por eso, muchas personas disfrutan de romances ligeros antes de comprometerse.
—No solo muchas. A decir verdad, creo que hay bastantes nobles que disfrutan de romances ligeros incluso después del compromiso… o después del matrimonio —Calliope apoyó ambos codos sobre la mesa, sostuvo su rostro con las manos y esbozó una sonrisa. Bertche frunció ligeramente el ceño antes de responder,
—No quiero hacer eso después de haber elegido a alguien.
—No sería lo más ético.
—Exacto. Así que, ya que estamos, antes del compromiso…
—¿Te gustaría experimentar un romance? Es sorprendente. Pero, por mucho que lo desees, Otis Gladiert no parece la opción adecuada para un romance.
Al escuchar el tono despreocupado, la mano de la joven, que estaba a punto de alzar su taza, se detuvo de golpe. Su mirada, ahora fría y rígida, se dirigió hacia Calliope con una intensidad casi aterradora, pero esta última simplemente se rió más fuerte.
—¿Cómo lo supiste…?
—Señorita, en situaciones como esta no deberías preguntar cómo lo supe. En lugar de eso, deberías reaccionar como si fueran tonterías. ¿Acaso hay algún noble que confiese tranquilamente tras ser descubierto?
Mientras observaba la expresión atónita de Bertche, Calliope se enderezó en su asiento.
—Bueno, en mi presencia no importa. Ahora entiendo por qué consultas conmigo y no con alguien de tu familia.
Calliope estiró los brazos, desperezándose. Bertche era la hija única, amada profundamente por el Conde y la Condesa. Si ella, de todas las personas, se sintiera atraída por el hijo de Gleidert, con quienes tenían una enemistad acérrima, la situación no sería solo caótica, sería un escándalo total.
—Lo noté cuando nos encontramos en Atelier. Tu mirada hacia él fue bastante intensa.
—Hasta ahora nadie se había dado cuenta.
—No parecía la expresión de alguien enamorado, para ser honesta. Era más como la de un depredador acechando a su presa.
—¿Eso aparentaba?
—La mirada afilada de la señorita se tornó feroz, como si estuviera a punto de devorar a alguien.
—…
—Eso escuché que alguien decía. No fui yo quien lo dijo.
No era mentira. Fue Otis quien había dicho algo similar. Bueno, quizás había exagerado un poco, pero la esencia era la misma. Calliope, intentando cambiar de tema, golpeó ligeramente la mesa con los dedos.
—¿Qué te atrae de Otis Gladiert? Ya sé que es guapo, viste bien, pertenece a una buena familia, es competente y tiene talento.
—¿Acaso no acabas de mencionar suficientes razones para gustarme?
—Pero Gladiert es el líder de los nobles, ¿no? —su voz bajó a un tono sereno—. Dudo que Otis Gladiert quiera cambiar esa situación. Aunque muchos nobles disfrutan de romances antes de comprometerse, un romance entre la joven dama de la casa del Conde Dylus y el heredero de Gladiert es un asunto completamente diferente.
—Lo sé.
—Entonces, sería mejor que buscaras a algún noble apropiado, alguien moderadamente guapo y cortés…
—Por eso planeo hacerlo en secreto.
—¿Cómo dices?
—¿Qué?
—¿Qué?
¡Je!
Calliope esbozó una sonrisa vacía por un momento.
«Qué persona tan decidida, ¿eh? Igualita al Conde. Aunque, ahora que lo pienso, parece que algo crucial en esta conversación se está pasando por alto».
Calliope empezó a reflexionar sobre qué podría ser. Y entonces, de repente…
—Por cierto, ¿la opinión del joven Otis Gladiert…?
Se dio cuenta de que no sabía absolutamente nada sobre lo que él sentía. Bueno, decir que no sabía nada tampoco era del todo cierto. Después de todo, él se volvería cada vez más un absoluto misógino con el tiempo. Pero Bertche, que no sabía nada de eso, cruzó los brazos y levantó una ceja con despreocupación.
—Voy a hacer que le guste.
—Vaya, veo que estás rebosante de confianza.
«Claro, como la hija mimada del Conde Dylus, no podría ser menos: puro ego y autoconfianza».
Pensó Calliope, aunque su interlocutora no percibió el sarcasmo en su comentario.
«Eso no es confianza, más bien parece puro orgullo. Claro, aunque no tenga tacto, sigue siendo la hija del Conde Dylus. Una persona que nunca se ha quedado sin lo que quiere. Probablemente, si Otis Gladiert no fuera el objetivo, este amor no correspondido ya habría terminado de manera insípida. ¿O será que precisamente le atrae porque no puede tenerlo?»
En cuanto a riqueza, excluyendo el palacio real, la familia Gladiert encabezaba la lista, aunque la familia Dylus le seguía de cerca gracias a los negocios que el rey, de manera más o menos discreta, les favorecía.
—Además, yo también estoy haciendo… mis esfuerzos.
—¿Esfuerzos? ¿Qué clase de esfuerzos?
—Estoy actuando tranquila, ¿no?
—Ya me hago una idea de lo que quieres decir.
Aunque Otis Gladiert parecía percibir ese comportamiento como si estuvieran a punto de devorarlo, incluso Calliope reconocía que la señorita se comportaba bastante recatada en su presencia.
De repente, Calliope volvió a observar a Bertche. Su postura arrogante al apoyarse, las piernas ligeramente cruzadas, la mirada condescendiente hacia su interlocutora. ¿Esta mujer, que tenía un aire tan natural de superioridad, estaba esforzándose por agradar a Otis Gladiert?
En todas las conversaciones que habían tenido hasta ahora, no se veía rastro de semejante peso emocional. Esa manera arrogante de decir que, si quería, por supuesto que le gustaría a su objetivo, no cuadraba con el comentario de que estaba “esforzándose”.
Los ojos rojos de Calliope la observaron fijamente, y luego susurró algo en voz baja. Bertche frunció el ceño, desvió la mirada y, tras un profundo suspiro, finalmente respondió como alguien que se da por vencido: —Sí.
Calliope ni siquiera pudo reírse más y se sumió en una profunda reflexión. Lo que le había preguntado a la señorita era algo tan sencillo como esto:
«¿De verdad le gusta tanto?»
Por un momento, Calliope se llevó la mano a la frente. En cualquier caso, Otis no se comprometería con nadie en el futuro, y Bertche acabaría prometida con un hombre de otra familia. Así que no habría problemas si las cosas seguían tal cual. Calliope tampoco veía con buenos ojos que los equilibrios políticos cambiarán drásticamente. Si se dejaban las cosas como estaban, ella misma terminaría con su amor no correspondido.
Entonces, de pronto, se le ocurrió una idea.
«¿Y si están viéndose a escondidas sin que yo lo sepa?»
Era posible, considerando que su yo pasado era completamente ignorante. Pero mientras pensaba en esa posibilidad, de repente le vino a la mente otro recuerdo.
«Apártate si molestas».
No, no podía ser. Ese misógino, que soltaba semejante frase tras toparse con una chica llorando en el pasillo, no sería capaz de eso. Lo más probable es que, al igual que antes, todo terminara siendo un amor unilateral por parte de Bertche.
Concluyendo que no volvería a involucrarse en este asunto después de hoy, Calliope se inclinó ligeramente hacia la mesa. Por supuesto, fuera cual fuera su decisión, respondería con sinceridad mientras aún durara la conversación.
—El joven Gladiert es conocido por ser un misógino, ¿no?
—Sí.
—Entonces, ¿crees que actuar tranquila podría acercarte a él?
—Bastante.
Su tono tenía un toque de certeza. Calliope entrecerró los ojos mientras preguntaba: —¿Por qué crees eso?
—Parece que evita a las mujeres que muestran un interés excesivo por él y se siente agobiado por las que son demasiado directas.
Calliope giró los ojos.
«Bueno, no es exactamente así, pero parece que, sin tener tacto, logra darse cuenta de algunas cosas».
Tal vez eso significaba que Bertche estaba mostrando un interés extremo en Otis Gladiert. En el futuro, Otis se convertiría en un misógino extremo, evitando a toda mujer que se le acercara fuera de los eventos oficiales. Su comportamiento sería inaguantable. Aunque ahora, siendo más joven, era menos intenso, cuando cumpliera dieciocho y experimentara “cierto evento“, las cosas se agravarían.
—¿Y por eso estás actuando tranquila?
—Primero debo acercarme a él, pero si sabe que soy una chica impulsiva y que sé manejar una espada, se sentiría incómodo, ¿no?
Calliope frunció ligeramente el ceño.
«Entonces, porque Otis Gladiert parece evitar a las mujeres impetuosas, ¿ella está simplemente fingiendo ser tranquila? Está completamente equivocada, ¿verdad?»
Es cierto que Otis Gladiert evitaba a las mujeres que mostraban interés romántico en él, pero eso no significaba que evitará deliberadamente a las que tenían personalidades fuertes.
El Otis actual probablemente no tendría ningún problema con alguien fuerte o débil, siempre y cuando no mostraran interés romántico hacia él. Incluso, su habilidad con la espada podría parecerle un punto a favor, siendo él alguien que valoraba el talento.
Mientras pensaba en eso, Calliope dejó escapar un leve suspiro.
«Ahora entiendo por qué en el futuro nadie sabe que la señorita es buena con la espada…»
¿Era por esto? ¿Por ese amor no correspondido? ¿Había dejado de lado ese talento por semejante razón? Calliope, incrédula, presionó sus sienes.
«Algunos estamos preocupados porque no tenemos talento para el combate».
Tal vez, solo tal vez, Calliope tendría que unirse a Isaac en la campaña contra el Rey demonio. Por eso, era necesario que comenzará a entrenar con más disciplina. Aunque tener talento para la magia hubiera sido ideal, la magia no era algo que se logrará solo con esfuerzo, así que dejó ese pensamiento de lado.
«En fin, dejando de lado por qué una de las jóvenes más fuertes de la casa de un Conde tiene semejantes pensamientos…»
Mientras sentía que su cabello mojado casi se había secado, Calliope soltó la cinta que lo ataba y dijo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY