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Capítulo 56

Aunque él mostró una expresión de molestia, a Calliope no le importó y se dirigió a Bertche, que seguía de pie en el mismo lugar.

—Señorita, ¿no dijo que también había venido a escoger un regalo para su padre? Por aquí, creo que el joven maestro Gladiert podría ayudarle.

—¿Eh?

—¿Lo harás, verdad?

Calliope sonrió dulcemente. Otis puso una expresión de frustración. Ya de por sí evitaba tratar con mujeres, y ahora le pedían que ayudara a una que ni siquiera era Calliope.

«Sus ojos son intimidantes».

Sin embargo, pronto asintió al recibir la mirada de la señorita. Por más que mirara aquí y allá, los ojos de Bertche no mostraban ni un ápice de interés en él. Más bien, parecían los de alguien observando al enemigo de un bando contrario.

Asintió con resignación, como si aceptara de mala gana. Después de todo, ya había terminado sus asuntos y no tenía ningún plan especial después de eso. Bertche, que seguía con la mirada fija en un solo punto, se acercó lentamente.

—Entonces, te agradecería mucho tu ayuda.

—¿Tenías algo en mente?

—Pensaba en buscar unas corbatas.

Con una voz más calmada de lo habitual, Bertche respondió despacio y con claridad. Calliope se tocó ligeramente la barbilla con su dedo índice y, mientras se inclinaba hacia Isaac, le susurró muy bajo: —Esto se está poniendo interesante, ¿verdad?

Ella sonrió con una expresión ambigua, como si no pudiera decidir si estaba entretenida o aburrida, y el desconcertado Isaac solo parpadeó una vez, como si eso bastara para responder afirmativamente.

De algún modo, al notar que él no parecía animado, Calliope alzó la vista. Había una expresión peculiar en su rostro, por lo demás impecable. Calliope lo examinó cuidadosamente, y él tampoco evitó su mirada.

—Ah, ya veo —dijo ella al descubrir la razón de su incomodidad—. ¿Fui demasiado descuidada?

—No, para nada.

—¿No lo fui? Bueno, supongo que no es muy apropiado que una amigo elija la ropa del prometido de otra.

—… No, no es así.

Isaac bajó la mirada. Lo normal sería que los propios prometidos escogieran juntos sus atuendos y accesorios, pero él no sabía nada al respecto por falta de experiencia. No podía ser de mucha ayuda.

Isaac era consciente de ello, así que permanecía callado. Calliope, sin embargo, esbozó una pequeña sonrisa al mirarlo, como si se le hubiera ocurrido algo, y extendió su mano hacia él.

—El Conde Dylus tiene el cabello rubio, ¿cierto? El rojo no estaría mal, aunque preferiría un tono más oscuro, no demasiado brillante.

—¿Conoces a mi padre?

—No he debutado oficialmente en la sociedad, pero he tenido varias ocasiones para encontrármelo.

Otis hojeaba el catálogo con gran entusiasmo, ofreciendo sus recomendaciones sin reservas. Sus ojos estaban completamente concentrados en las páginas, pero los de Bertche no se apartaban de los dedos con los que Otis pasaba cada hoja.

—Señorita Anastas, si los puños llevaran diamantes, el pañuelo debería ser… Ah, olvídalo.

Otis, que estaba a punto de hacer una consulta a Calliope tras aconsejar a Bertche, se detuvo al ver lo que ocurría junto al sofá. Calliope, sentada a su lado, acababa de besar a su prometido. Otis giró la cabeza bruscamente al presenciar la escena. Había estado tan tranquilo que no sospechó nada.

Cuando Calliope, tras separarse con un pequeño sonido, preguntó con descaro: —¿Qué decías?

—¿Qué están haciendo frente a todos?

—¿Qué podría ser? Un beso. Ni siquiera un beso apasionado, solo un piquito. ¿Acaso los prometidos no pueden hacer esto?

—Pero, ¿por qué aquí?

—Parecía un poco desanimado.

Incluso mientras hablaba, sus ojos estaban puestos en Isaac. La punta de las orejas de él se había enrojecido ligeramente, lo que provocó que Calliope soltara una pequeña risa sin darse cuenta. Entonces, peinó hacia atrás el flequillo largo que le cubría los ojos.

—¿Qué tal? ¿Te sientes mejor ahora?

—Un poco, sí.

—¿Solo un poco? Entonces tendré que animarte más de camino a casa.

—Eso no es lo que quería decir, pero… Sí. Lo entiendo.

Aunque Isaac intentó negar con la cabeza, se detuvo al encontrarse con los ojos brillantes de Calliope mirándolo fijamente. Entonces, cambió de opinión y asintió nuevamente.

Otis, al verlo, chasqueó la lengua en silencio. 

«Vaya, parece que está completamente dominado por su prometida. Bueno, considerando cómo es ella, si yo estuviera en su lugar, también habría terminado bajo su control… aunque quizá no tanto».

Perdido en sus pensamientos, Otis se dio cuenta de repente de lo extrañas que eran sus propias ideas.

«¿Qué estoy haciendo imaginándome comprometido con esa mujer?»

 Reflexionar sobre alguien que ya estaba prometida era algo inconcebible para sus principios.

«Bueno, considerando que casi me comprometo con ella, no es tan descabellado».

Se justificó.

Mientras Otis se hundía en esa breve agonía, Calliope ya se había inclinado completamente hacia Isaac y dirigía su atención a Bertche. Ella estaba sorprendentemente callada ese día, con una voz moderada y una postura tan impecable que cualquiera podría confundirla con una joven tranquila y tímida de alguna familia noble.

«No puede apartar la mirada de Otis Gladiert».

Pensó Calliope, moviendo los ojos perezosamente hacia un lado.

«¿Siempre fue así?»

En los recuerdos de Calliope, Bertche nunca había mostrado este tipo de comportamiento. No había rumores de que estuviera interesada en Otis Gladiert, ni tampoco señales que lo indicarán.

Aunque en ese momento lo miraba fijamente, su rostro carecía de expresión, lo que hacía difícil interpretar si su interés era auténtico. Calliope pensó que si no hubiera regresado al pasado, probablemente no habría notado nada.

«En el pasado, creo que estuvo comprometida con alguien más… el primo del Rey, creo. ¿Cómo se llamaba?»

No era alguien particularmente importante, así que decidió que no valía la pena recordarlo. Sin dejar rastro de lo que había descubierto, Calliope terminó de elegir la ropa para Isaac.

Después de despedirse de Bertche y acompañar a Otis hasta su carruaje, este, al subir, se inclinó levemente hacia Calliope y le susurró: —¿Sabías que la señorita Dylus me estuvo mirando constantemente?

Calliope lo miró fijamente por un momento. 

«Era de esperarse. Con lo perceptivo que es, no podría no darse cuenta de esas miradas».

—¿Y cómo es que lo pasaste por alto tan descaradamente? 

—No podía reaccionar directamente. No tendría sentido hacerlo. ¿Y por qué la trajiste a ella?

—¿Perdón?

—Siempre que nuestras miradas se cruzaban, me miraba como si quisiera devorarme. Entiendo que nuestras familias no se lleven bien, pero incluso yo tengo mis límites. Por favor, no lo hagas de nuevo.

«Retiro lo de que es perceptivo».

Pensó Calliope, esbozando una sonrisa vacía. Para ella, Bertche había actuado de forma bastante tranquila y menos intensa que de costumbre. Pero quizá, considerando la aversión de Otis hacia las mujeres, él lo interpretaba de manera diferente.

Reconociendo que Otis había sido muy útil ese día, Calliope, en lugar de señalar lo gracioso que estaba siendo, decidió ser un poco amable y simplemente le despidió con una sonrisa y un gesto de mano, indicando que ya podía marcharse.

Cuando el carruaje de Otis desapareció en la distancia, Calliope volvió al suyo. Allí, se dedicó a animar cuidadosamente a su prometido, que seguía un poco decaído tras los susurros entre ella y Otis.

Al dejarla frente a la mansión de los marqueses, Isaac tenía una pequeña marca de mordida bajo su barbilla.

Ty: JAJAJA LAMMMM

11. Amor no correspondido

Tras el inesperado encuentro con ambos, no ocurrió nada particularmente notable. Calliope continuó asistiendo diligentemente a las clases familiares y dedicando tiempo a reunirse con Isaac. Tampoco hubo avances significativos en su relación con Bertche, con quien compartía las clases de esgrima.

—Señorita, ha trabajado mucho hoy —dijo Susan, entregándole una toalla.

Como siempre, Calliope se secó el sudor al terminar la clase y se preparó para regresar. Bertche, por su parte, solía desaparecer rápidamente hacia la mansión, por lo que apenas intercambiaban saludos.

—¿Te quedas a tomar un té?

Sin embargo, ese día, Bertche, tras devolver su espada de madera, no se dirigió a la mansión sino que caminó hacia ella. Aunque era fácil predecir las acciones de Bertche, leer su expresión siempre resultaba complicado, así que Calliope inclinó ligeramente la cabeza sin responder de inmediato.

No obstante, rechazar la invitación de alguien de mayor rango sin una razón válida no era una opción. Además, Calliope quería mantener una relación armoniosa con Bertche, así que terminó asintiendo.

Ambas se sentaron en una terraza al aire libre, en lugar de en el salón. Un gran árbol junto a la terraza proyectaba su sombra, haciendo que la brisa fresca fuera más agradable. Calliope, aún sudorosa, pellizcó ligeramente su camisa pegada al cuerpo y la agitó un poco con los dedos.

—¿Por qué me invitaste aquí hoy?

—…

Bertche no respondió de inmediato.

—Ambas estamos sudorosas. En situaciones como esta, ¿no suele evitarse beber té?

Ante la pregunta ligera de Calliope, Bertche frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver el sudor con tomar té?

—Nada, supongo.

La mayoría de las jóvenes nobles solían evitar sudar y también detestaban el olor a sudor. Aunque era natural sudar con calor, rara vez querían sentarse a beber té en ese estado.

—Normalmente, después de clase, te marchas rápidamente. ¿Qué ocurre hoy?

—Quería consultarte algo.

—¿Consultar?

—Sí.

—¿Conmigo?

—¿Por qué no?

—Bueno, no somos muy cercanas, ¿verdad?

—Eso es…

Bertche frunció el rostro, pensativa, pero finalmente asintió.

—Es cierto. Sin embargo, entre las jóvenes nobles de nuestra edad, eres la más cercana a mí.

—Ah, ya veo.

Calliope asintió, como si comprendiera. 

«Debe de tener muy pocas amigas».

Aunque pensó eso, rápidamente se dio cuenta de que ella misma no era muy diferente. En el pasado, tampoco tuvo muchas amistades. Para Calliope, Isaac era suficiente, y lo mismo ocurría para él, así que nunca sintieron la necesidad de tener más amigos.

—Tienes a tu dama de compañía y también están tus padres. Si decides hablar conmigo, debe de ser algo que ellos no puedan saber, ¿verdad?

—Así es. No es algo tan importante, pero prefiero mantenerlo en secreto.

—Entiendo. Sé que no me confiarías algo verdaderamente relevante.

 

 

 



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


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