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Capítulo 95

—Vivir en sí mismo era doloroso. Respirar, existir. Odiaba tanto un mundo que giraba sin mí.

Los labios de Jilian se movieron. Dudó un momento y finalmente habló.

—¿Cómo… saliste de ese sentimiento?

Calliope, ante esa pregunta, soltó una carcajada sin querer. Era una risa tan clara y suave que hizo que los hombros de Jilian se estremecieran.

—¿Que cómo salí?

Los ojos rojos de Calliope brillaron bajo la luz del salón.

—Aún no he salido.

Aplastó entre sus manos la flor con la que jugueteaba. La hermosa flor se destrozó en su puño.

—Todavía no es suficiente. Aún… No he logrado salir por completo.

Aunque Isaac ya estaba a su lado, la esperaba una amenaza enorme que aún no lograba superar. Solo si lograba vencerla por completo podría recuperar el amor y la felicidad perfectos que deseaba. La Calliope de aquel día, que odiaba el mundo, su propia existencia y hasta respirar le pesaba, seguía allí.

—¿Eso responde a tu pregunta?

Con una mirada tan oscura que no dejaba adivinar qué pensaba, respondió: —… Sí.

—Bien, entonces cambiemos de tema. ¿Qué querías decirme?

—Solo quería confirmar una vez más. Que no le dijeras a nadie que soy mago.

—Eso no es una petición, sino una orden.

Ella dejó caer al suelo la flor aplastada y la pisó suavemente, mirando a sus ojos.

—Qué descaro.

—…Lo siento. Te lo ruego.

—Esta vez lo dejaré pasar. Puedo entenderlo, en cierto modo.

¡CHIIRRR!

Los pétalos se desgarraron bajo su pie.

—¿Quieres vengarte?

Él no respondió.

—¿De quién? Ah, no. No tienes que contestar.

Probablemente querría vengarse de su familia, que lo menospreció. Tal vez su venganza no se conoció porque la consumó no con magia, sino casándose con Bertche. O tal vez porque murió antes de completarla.

Calliope solo se interesó hasta ahí y no pensó más en ello.

—Te deseo suerte.

—¿Puedo aceptarla?

—¿Por qué me lo preguntas?

—… Eres una persona extraña.

Ella sonrió mientras se levantaba y lo dejaba atrás.

—Eso me lo dicen mucho.

Y dejó ese susurro.

Por suerte, la fiesta de cumpleaños de Isaac terminó sin incidentes. Jilian desapareció sin que nadie notara cuándo, y su hermana Kelly también se había esfumado.

Que Calliope se quedara hablando hasta tarde con Isaac se había vuelto tan normal que a nadie le molestaba. Solo Karolie estaba molesta.

18.El regalo de Kafir

Al día siguiente, Calliope envió a Isaac al palacio y se puso a buscar en su despacho. Recordaba haber guardado allí el libro que le había regalado Kafir.

Tras hojear varios libros, encontró sin dificultad el regalo de Kafir. Seguía siendo un libro del que no podía adivinar el contenido solo por el título. En su momento no lo notó, pero las letras parecían similares a las que había visto en la casa de los Andress, tan difíciles de leer.

—Dijo que era un libro antiguo.

Las letras cambian un poco con el tiempo. Pero, que ella supiera, en el último siglo no habían cambiado.

—Entonces esto es mucho más antiguo.

No sabía si agradecer o preocuparse por que Kelly Andress hubiera dado un libro así tan  tranquilamente.

Dejó de preocuparse por los hijos de otros y se sentó a hojear el libro. Ya en la primera línea las letras casi indescifrables le hicieron llevarse una mano a la cabeza.

—Necesitaré información sobre escritura antigua.

Por suerte, no parecía un código ni nada por el estilo.

—Jack.

—Sí.

—Ve a la biblioteca del palacio y busca material sobre escritura antigua.

—¿Cuán antigua?

Jack preguntó. Calliope estuvo a punto de decir que trajera todo lo que encontrara, pero cerró la boca y, por impulso, dijo: —Lo más antiguo que haya. Si es posible…

Frotó con el dedo la esquina del libro.

—De hace unos quinientos años.

Jack ladeó un poco la cabeza.

—No sé si será posible acceder a libros tan antiguos, pero iré a buscar.

—Por favor. Si no se puede, buscaré otra forma. 

—De acuerdo.

Susan intervino desde un lado.

—Señorita, ¿por qué tan de repente?

—Porque lo necesito.

—Pff, siempre responde así.

Calliope le revolvió el pelo por encima, y Susan, satisfecha, no preguntó más.

Calliope la hizo salir y se sentó a pensar en silencio.

—Quedan dos años para la resurrección del Rey Demonio.

Pronto empezaría a aumentar la cantidad de monstruos. Calliope ya había preparado la defensa en varios feudos del marquesado.

Aunque Circe la había mirado extrañada varias veces, pudo excusarse con el aumento de monstruos, e incluso Ilan lo aceptó sin más.

—Ya solté la idea de reforzar las defensas, así que los otros feudos estarán bien.

De pronto recordó que también se lo había comentado a Otis hacía tiempo. No estaba segura de si él lo habría hecho. Después de todo, reforzar defensas tomaba más de un año y podía haberlo olvidado.

—Bueno, ya hice mi parte.

Eso bastaba.

—Si quedan dos años, eso significa que queda un año para que llegue la Santa.

Golpeó con los dedos sobre el escritorio. Un año, un año… Volvió a recordar a Isaac arrodillado frente a la Santa. Soltó una carcajada. Ja, ja. Pero no se sintió mejor.

—Esta vez no lo perderé —curvó los labios en una sonrisa—. Aunque el mundo se acabe, no lo perderé.

Clementia, la Santa del Imperio. No sabía qué había hecho para lograrlo, pero esta vez ni Isaac la traicionaría ni se iría con ella. Nunca.

—Jamás.

Sus uñas se clavaron en la madera blanda del escritorio, dejando surcos. Sus ojos miraron al vacío, como recordando el pasado.

—Aun así, durante este año debo reforzar la defensa más a fondo.

Para ella, Clementia era un desastre aún mayor que el Rey Demonio. La mujer que le arrebataría todo, esa maldita Santa.

En ese momento.

¡TOC TOC!

Llamaron a la puerta.

—¿Estás ahí?

Para su sorpresa, era Circe. Calliope parpadeó y se levantó a abrir. Era raro que ella fuera a su cuarto.

Circe entró con una doncella y se sentó en el sofá mientras Calliope preguntaba: —¿Qué ocurre?

—Ha llegado una carta del palacio.

—¿Una carta? ¿Qué dice?

En lugar de responder, le extendió el sobre con el sello real. Calliope lo abrió y se quedó rígida.

—Dicen que la Santa del Imperio viene.

En la carta aparecía el nombre de la santa: Clementia. La Santa, vendría. El palacio lo anunciaba. Por un momento, la mente de Calliope se nubló. De repente…

—¿Un año antes…?

Sus pupilas temblaron. No podía imaginar qué variable había provocado que ella viniera tan pronto. Circe, notando su extraño estado, preguntó: —¿Qué dices?

—Ah.

Recuperándose, Calliope negó con la cabeza.

—No, nada.

Intentó mostrarse tranquila y devolvió la carta. Circe notó que sus manos temblaban, pero fingió no verlo.

—El templo del Imperio avisó de la visita de la Santa. Aquí no teníamos motivo para rechazarla. Sugerimos que fuera en primavera, pero ellos insistieron en venir cuanto antes. No sabemos por qué.

—¿Y por qué lo anuncian con tanto énfasis?

—El Imperio pidió que se hiciera público. No tengo idea de qué traman. Vamos a averiguar.

Calliope asintió levemente. Seguramente venía a buscar al héroe para luchar contra el Rey Demonio. Pero no esperaba que llegara tan pronto. No sabía qué lo había cambiado todo.

—Es extraño… Lo mejor será esperar a su llegada y juzgar.

—Yo también creo eso, pero será mejor prepararse.

—No te preocupes.

Calliope levantó la cabeza. Circe se sobresaltó al ver su expresión. Aunque intentaba parecer tranquila, en sus ojos se mezclaban confusión, obsesión y sentimientos imposibles de descifrar.

—No habrá problema para nuestra familia.

Literalmente, era su propio problema. No el de los Anastass, sino suyo. La resurrección del Rey Demonio sería un asunto internacional, pero la Santa que venía ahora…

—Estaré bien.

Era únicamente su desastre.

***

La túnica sacerdotal roja ondeó. La luna llena colgaba en lo alto, y su largo cabello, del mismo color que la túnica, se mecía. Clementia, la Santa, estaba en el corredor del templo desde donde se veía bien la luna, sumida en sus pensamientos.

El caballero de cabello castaño que la acompañaba, Wolfgang, preguntó: —¿Está preocupada?

—… Supongo que sí.

Ella levantó una mano y cubrió su rostro. Sus ojos verdes estaban llenos de confusión. Tras un largo silencio, miró a Wolfgang. Wolfgang Perta, el caballero que el templo y ella misma habían hallado en los registros de hace quinientos años en el palacio imperial.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


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¿Te has cansado?


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