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Capítulo 21

En la entrada del jardín, la criada que había estado esperando a Diana, la acompañó de regreso. Sin embargo, entre ellas no hubo ninguna otra palabra. Diana permaneció en silencio, como si no quisiera hablar con nadie en la residencia del Duque.

Así, después de un largo paseo, Diana finalmente regresó a su habitación. Fue un día particularmente agotador.

—¿Puedo ayudarla con el baño?—Beta le preguntó con cuidado.

Su doncella, que había estado esperando frente a sus aposentos, entró con ella después de su llegada.

—¿En serio lo harías?

Entrar en el agua tibia y relajarse era el único descanso que Diana se podía permitir. Sin saber ese hecho, Beta, como si estuviera emocionada, se movió diligentemente para preparar su baño.

Fue solo después de sumergirse en la bañera llena de agua que Diana se sintió finalmente aliviada. Si hay algo satisfactorio de convertirse en la Duquesa, probablemente sea ese pequeño momento de relax

—¿Está bien la temperatura del agua?

—Sí.

Diana juntó las manos y recogió agua. Beta, que continuaba sonriendo mientras la miraba, de repente parecía radiante.

—Beta, pareces un poco diferente.—Normalmente Diana no haría una declaración como esa, pero hoy, tenía curiosidad.

¿Era porque se esforzaba tanto por complacerla? ¿O era porque era mejor actuando que cualquier otra sirvienta? De todos modos, Diana, que se sentía más cómoda, hablaba en un tono diferente al de siempre.

—¿Qué? ¡Ah! ¿Quizás estoy siendo insuficiente para mi Señora?

—Al contrario. Eres la mejor de todas las doncellas que he tenido hasta ahora.

Como si hubiera oído palabras inesperadas, Beta parpadeó sin decir nada durante un buen rato. Luego, como si se diera cuenta de que sus manos se habían detenido mientras la masajeaba, volvió a moverse rápidamente.

—G-Gracias…

Realmente designó a una persona cualquiera como su doncella. Para Diana, era una completa desconocida que fue traída a sus aposentos y que escogió mientras mostraba su verdadero “yo” a Ellen y al ama de llaves. No destacaba ni llamaba su atención. Ni siquiera sabía su nombre y solo la había visto pasar un par de veces por la mansión.

De hecho, Diana no podía conocer a todas y cada una de las sirvientas aunque éstas fueran comparables a la dignidad de la residencia del Duque. Sin embargo, esta cualquiera, que había estado a su lado todo el tiempo, era mucho mejor que aquellos que habían sido elegidos para ser notables.

—Beta… ¿Qué tipo de persona eres?

—¿Eh? ¡Oh! Yo… Soy la hija menor del artista Eledia… Vine aquí para escapar de mi autoritario padre. Bajo su mandato, tendría que casarme con cualquier hombre que él eligiera.

Así que, sin muchos rodeos, quise sinceramente convertirme en la doncella de la ex Gran Duquesa Hisria, quien era la mujer consorte de la anterior generación.

Beta habló tan abiertamente que Diana se quedó sin palabras por un momento.

—Así que… fue así…

—¡Oh! Pero cuando llegué aquí vi que algo andaba mal…

«¿Está tratando de halagarme? ¿O eres realmente… así? »

Diana miró fijamente a Beta en silencio. Aunque ella estaba diciendo cosas como esa que se podría pensar que eran para complacerla, no parecía tan astuta. Más bien, estaba nerviosa y apresuradamente cerró la boca como si hubiera mencionado algo que no debería haber dicho.

—Disculpe, mi Señora.

—Beta, ¿siempre has sido así de habladora?

El día de hoy era extraño. Había visto a Hedea y también había escuchado las palabras de Hisria dirigidas a ella. Incluso había oído hablar de las locuras de tener que recibir a la futura esposa de su marido. Pero, a pesar de todo, se sentía tranquila. Por algún motivo desconocido, Diana estaba inusualmente calmada, al punto de que la gente podría pensar que la Gran Duquesa finalmente se había vuelto loca.

—Sí. Ah… No, yo… Sí, supongo que sí…—Beta, que se estaba defendiendo a sí misma, tenía una expresión bastante triste. 

Diana sintió curiosidad al ver esa expresión. La mayoría de las personas en la residencia del Gran Duque emitían un aura negativa a su alrededor. Pero Beta no.

—Lo siento.

—No hay nada de qué disculparse. No has hecho nada por lo que tengas que pedir perdón.

—Aun así… En realidad, solían regañarme mucho. Había muchas cosas en las que era deficiente…

Como alguien que había llegado al sitio equivocado, Beta no encajaba realmente en este lugar.

«Además, no parece estar ocultando sus sentimientos.»

No podía jactarse de ser buena para juzgar a las personas, pero tenía una sensación clara sobre Beta. Ella no era la espía de Hisria.

«Hisria no podría gustar de alguien como Beta.»

Alguien de estatus alto, perspicaz, o incluso alguien que pudiera arrodillarse frente a ella. Eso es lo qué Hisria quería. Pero Beta no estaba incluida en ninguna de esas categorías.

Más bien, era torpe y no tenía un buen ojo. Ni siquiera tenía un estatus llamativo. Su única razón para estar en la mansión del Duque era escapar de su padre.

«Madre realmente no la aceptaría. »

Quizás, podría ser útil si aceptara ser utilizada como rehén antes de considerar volver con su familia menospreciada. Diana, mirando a Beta, que estaba indecisa, se levantó de su lugar.

—Señora, ¿Ha terminado?

—Sí, creo que por hoy, podemos parar.

Al igual que el baño, que ya era suficiente, los detalles adicionales sobre Beta ya no importaban. Aunque había escuchado los pensamientos y opiniones de ella, no eran lo suficientemente cercanas como para ser amigas que comparten secretos y sentimientos profundos. Eso era todo lo que Beta significaba para Diana. Así que, sin preocuparse más por ella, concluyó su baño. La doncella, que no sabía nada de las reflexiones de Diana, completó sus deberes como de costumbre, sin cambios en su actitud habitual.

Unos días después, mientras Diana disfrutaba de una tarde relajada, un visitante llegó.

—Señora, el Vizconde Andrea solicita una audiencia.

—¿Vino directamente?

—Sí.

Al ver a Beta anunciando su llegada, la cara de Diana se crispó. Aunque había estado ignorando todas las cartas que venían de su casa últimamente, no esperaba que la visitaran tan pronto.

«Vinieron muy rápido.»

—No estaba segura de lo que debería haber hecho en esta situación, pero como es de la familia de la Señora, el ama de llaves fue a verificar primero y luego le indiqué donde esperar. ¿Está bien?

«En momentos como éste, realmente no eres de mucha ayuda.»

—Beta, éste es el palacio del Gran Duque. Aparecer aquí sin previo aviso es una falta de cortesía. Por tanto, no hacía falta recibir al Vizconde Andrea.

De hecho, su visita sin una cita era un error en sí mismo. Así que simplemente podía ser echado, pero por alguna razón, Beta, incluso lo llevó a esperar. Decir que no era bienvenido en la mansión del Archiduque era la única excusa que tenía. Pero ahora ese pretexto había desaparecido. En medio de todo eso, su doncella volvió a preguntar.

—Entonces, ¿Qué debo hacer ahora?

—Si lo dejaste entrar, debería ir.—dicho esto, Diana se levantó con una sonrisa solitaria. 

En el pasado, se sentía extremadamente sola. Una vida donde había perdido a su hija y su esposo solo se preocupaba por Hedea. Ambos habían cambiado y, en aquellos tiempos, nadie la buscaba. Aislada y aún más solitaria, Diana, anhelaba poder ver a su familia.

«De aquellas me decía a mi misma “Estoy bien”. Con solo esas palabras, sentí que ganaba energía. Deseaba ir a ver a mi familia, así que decidí ir a visitarlos. Cuando me presenté ante ellos, no solo me echaron, sino que también me prohibieron que les escribiera cartas. Desde ese momento, por mucho que quisiera, no podía verlos. Pero ahora… »

Diana no quería recibirlo, ya se imaginaba el motivo del por qué su padre la estaba buscando. Pero como siempre, Beta la guió y llegaron hasta la puerta de la sala de estar.

En ese momento, cuando Diana estaba a punto de entrar en el salón, sin prestar mucha atención sus ojos se encontraron con alguien al final del pasillo. Aunque podría haber pensado que era una ilusión, desde hace unos días, alguien con cabello rojo constantemente llamaba la atención a su alrededor.

—Beta.

—Sí.

—¿Sabes dónde está Felix?

—Ah, ¿quiere decir el Gran Duque? Lo comprobaré.

Diana asintió con la cabeza mientras Beta se retiraba. Cuando se fué, Diana volvió a estar frente a la puerta.

«Claramente… el hombre con cabello rojo era el caballero de Felix.»

Incluso si intentara ignorarlo, no podía evitar notar aquel color de pelo tan llamativo. Además, últimamente notaba su presencia allá donde ella fuera. Diana ya lo había visto cuando estuvo en el orfanato, cuando visitó el lago e incluso cuando fue al jardín secreto de Hisria. Siempre estaba a su alrededor observándola desde algún lugar lejano.

«¿Me está vigilando de esta manera? ¿O está tratando de protegerme? ¿O simplemente está allí en todos los caminos que tomo por pura casualidad?»

Ya sea uno u otro, a Diana realmente no le importaba. De hecho, todos en el palacio del Duque la observaban en todo momento. Pero el hecho de que fuera el “caballero de Felix” sería un problema.

«Tal vez… Felix se preocupa por mí incluso un poco.»

Mimy: ¡Claro que sí! La comunicación verbal entre dos personas está obsoleta. Mejor hazte “stalker” y si te pilla la policía, diles que te preocupabas mucho por ella. ∠( ᐛ 」∠)_ 

Pero pronto, su cálida sensación se enfrió. De todos modos, no importaba cómo pensara él acerca de ella. No, no era de su incumbencia. Tenía que negar su amor por él y, eventualmente, dejarlo ir. Eso le permitiría seguir viviendo.

«Entonces, si la persona que me sigue es su caballero… Definitivamente debo ser firme y hablar con Félix.» 

Pero ahora no era momento para pensar en eso. No podía calmarse. El Vizconde Andrea la estaba esperando y Diana solo permaneció de pie frente a la puerta durante mucho tiempo, suspirando profundamente.

—Pero, ¿sobre qué iban a hablar?—Diana se hizo a sí misma esa pregunta y no pudo dar con una respuesta—. ¿Qué podría decirle?

Su contemplación fue interrumpida por las palabras del ama de llaves, que estaba debatiendo si abrir la puerta o no.

—Señora… ¿Qué… debería hacer?


RAW HUNTER: Ciralak
TRADUCCIÓN: Ana FA
CORRECCIÓN: Mimy



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