Capítulo 34
* Bienvenidas vuestras mercedes y seguid disfrutando de la continuación del POV de Raymond.
El Emperador poco sabía sobre Chloe. Estaba tan enamorado que ni se había parado a investigar sobre su pasado. Pero era consciente de los hechos conocidos por todos.
Kylos, su hermanastro y Señor de la Casa de Ludwig, fue el hombre quien la acogió siendo una hija ilegítima y la crio, bajo su protección, cuando la familia colateral Garnetsch cayó. También era su tutor, y actualmente ejercía su poder como tal.
—Agradezco que Su Majestad la aprecie. Pero como su benefactor, no puedo evitar preocuparme por ella.—Kylos se sentó frente a Raymond, con una expresión bastante seria en el rostro, y levantó una taza de té caliente tras decir aquello.
Raymond se reclinó en la silla y se cruzó de brazos.
—¿Preocupado, por qué? ¿Qué quieres decir?—Raymond frunció el ceño.
A pesar de la ferocidad del Emperador al hablar, que habría asustado a la mayoría de los hombres, Kylos estaba calmado, sorbiendo con elegancia su bebida. Cuando volvió a dejar el pocillo sobre la mesa con una relajada actitud, como si la atmósfera que destilaba Raymond no fuera gran cosa, expuso sus intenciones. Unas palabras que le harían sudar frío al joven Monarca.
—Como sabes, ella ya ha alcanzado la mayoría de edad. Ahora es una joven casadera de este Imperio, y es mi deber, como patrocinador, encontrarle una pareja adecuada.
—¿Vas a encontrarle un pretendiente? ¿Se puede saber a dónde y con quién planeas desposarla…?—Raymond apretó los dientes y fulminó con la mirada a su hermanastro.
Kylos, por otro lado, asintió con la cabeza, sin dejar de sonreír.
—No puede ser la amante del Emperador para siempre, Su Majestad. Aunque sea una hija ilegítima de la aristocracia de Astart, con mi ayuda, tendrá la suerte de ser aceptada en la casa de algún noble anciano. Incluso, si todo va bien, podrá ser una viuda de una casta influyente.
—…
—Querido hermano, lo digo por tu bien. Llevas demasiado tiempo jugando con fuego… Quizás deberías parar esas tus pasiones pasajeras antes de que los rumores se extiendan más. ¿No lo crees?
—¿Jugar con fuego? ¿Qué mierdas me estás contando ahora, Kylos?—Su voz enfadada rugió y resonó en la sala. No podía perdonar a Kylos por comparar su gran amor por Chloe con nada más que “una diversión sexual”—. ¡Nunca me permitiría estar cerca de ella tan a la ligera, hermano, y lo sabes bien!
—…—el Duque cerró la boca cuando vio que el Emperador montaba en cólera.
El furor de Raymond estaba en su pico más alto. No sabía si estaba más iracundo consigo mismo o por el hecho de no poder hacer nada más que reaccionar con rabia antes las verdades que Kylos pronunciaba frente a él.
Así que, el joven Monarca, cerró los ojos lentamente, y apretó con fuerza sus sienes palpitantes. Según había oído, y como bien había dicho su hermanastro, ya habían empezado a circular rumores sobre ellos dos. Aún tenía muy presente en su memoria, lo que más se repetía por los pasillos del Palacio Imperial, sobre Chloe.
{—¿Chloe Garnetsch? ¿Esa hija ilegítima?
—Sí, como lo oyes. Es la nueva amante del Emperador que va a visitarlo constantemente a sus aposentos.
—¿Ella? ¿No es la chica que Su Gracia patrocina?
—Según he oído, solo es una mujer impía que se acercó a Su majestad en el baile de Año Nuevo para seducirlo…
—Supongo que se trata de la típica zorra que busca ser favorecida para así ganar poder, como ya bien se sabe… Es solo una bastarda buscando un lugar en la nobleza. ¡Una aprovechada!
—¡Qué ilusa! Bueno ya verás… En cuanto el Emperador se aburra de jugar con ella, la abandonará en cualquier momento…}
Raymond no soportaba verla humillada por su culpa. Su querida, la mujer que le había hecho comprender el amor por primera vez, era insultada simplemente por su estatus y fama de casanova que él mismo había creado. Se sentía como un completo imbécil. En su impotencia, cuando escuchaba aquellas falsas habladurías en su mente solo podía gritar. No obstante, en pro a su dignidad como Soberano, se callaba.
«¡¡¡¡No!!!! ¡Chloe es…!»
Chloe no era ese tipo de chica para él. ¿Qué hombre sería capaz de ver a su amada siendo menospreciada como una mera mujer de diversión?
«¡¡¡Callaos todos!!! ¡¡No sabéis lo que significa Chloe para mí!! ¡¡No tenéis idea de quién soy ni del profundo amor que siento por ella!!»
Sin embargo, ¿qué Emperador perdería su porte por una amante? Si vocalizaba una sola sílaba de aquello, Chloe Garnetsch sería la única perjudicada. Aun así, Raymond era consciente de que debía hacer algo, no podía alargar más esta situación.
Pero, de repente, una melodiosa voz sonó en la habitación.
—Su Majestad, ¿Ya se ha despertado tan temprano…? ¡…! ¿Tío?—Chloe, sorprendida, ensanchó sus pupilas al máximo.
Ella había estado durmiendo en la cámara contigua de los aposentos del Emperador y ahora, recién levantada, cruzaba el salón, desconcertada, por la presencia de su tutor. Por otro lado, Raymond sintió como si su corazón se parara, por un momento, al verla.
La forma en la que ella se sonrojaba, ajustándose la bata, fue demasiado adorable para él. Debía estar avergonzada de los rastros que Raymond había dejado por todo su cuerpo y los cuales eran perfectamente perceptibles para cualquiera, por mucho que se tapara. De un solo atisbo uno podía darse cuenta de cómo él había saboreado cada rincón de su piel desnuda hasta la saciedad, hace tan solo unas horas.
—Perdón… Lo siento, no me di cuenta de que mi tío estaba aquí…
La ira que bullía en el interior del joven Monarca, se disipó en un instante con tan solo ver el rostro de su amada, cuya timidez provocó que un rubor intenso tiñera sus mejillas mientras se movía inquieta. Raymond rio suavemente, como si no hubiera sabido cuándo enfadarse, y le hizo un suave ademán con la mano.
—Ven aquí, Chloe.—cuando ella se acercó, el Emperador, la sentó en su regazo.
Las miradas de Kylos y Chloe se encontraron. La incomodidad de la situación se respiraba en el ambiente.
—… Creo que es hora de que me vaya.—Kylos soltó un pequeño suspiro y se levantó de su asiento.
Chloe, que jugueteaba con las yemas de sus dedos, alzó la vista y lo siguió con luceros ensoñadores. Durante un breve instante, sus ojos se encontraron, y el Gran Duque sonrió a la vibrante e impaciente contemplación de Lady Garnetsch.
—Bien, Chloe.—dijo Kylos suavemente mientras emitía un afecto inusual hacia su sobrina—. Nos vemos en el Gran Ducado…
—… S-sí, tío…—ella respondió a su voz, temblando suspirando con cada palabra.
Entonces, Kylos giró sobre sus talones y se marchó.
Raymond no pudo estar más asombrado después de ver aquella escena tan impropia entre un tutor y su protegida. Por algún motivo, notaba algún tipo de incongruencia en lo que había presenciado y un cierto nerviosismo se apoderó de él.
«Esto fue extraño… Chloe, mi dulce y amada Chloe… ¿Por qué mirabas así a mi hermanastro?»
Raymond se contuvo y no dijo sus pensamientos en alto por miedo a que su impresión fuera solo un malentendido o una alucinación provocada por sus celos, fruto de su posesividad. En cambio, su razón gritaba que algo no estaba bien, así que quería confirmar con sus propios ojos qué expresión era la que Chloe ponía con él; si ella lo observaba con más dulzura, puesto que eran amantes.
—Chloe.— dijo Raymond Frunciendo el ceño.
Sus manos rápidamente la agarraron de la barbilla con delicadeza y la giró hacia sus iris rojos.
—¡Ah, sí! ¿Su Majestad? ¿Qué ocurre?—ella, en ese instante, se volvió para mirarle.
Sus pupilas sonreían suavemente, como de costumbre, pero no goteaban miel* como cuando había contemplado a su hermanastro.
*Gotear miel por sus ojos – Es una expresión coreana que viene a significar que lo miraba con mucho amor. Seguro que ya la habéis visto en otras k-novels.
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Fue cuestión de tiempo para que sus dudas se transformaran en convicción. Raymond lo entendía ahora. Chloe, a pesar de sus evidentes gestos seductores, nunca le había profesado su amor o dado indicios de este porque no lo sentía. Pero lo que era más misterioso era el porqué lo hacía, cuando indudablemente parecía gustar de su tutor.
—¿Y qué piensas de él? Quiero decir… ¿Qué significa, mi hermano Kylos, para ti?
—¿Qué…?—por un instante, mientras estaba tomando una sopa clara, su cuchara se detuvo en el aire. Pillada, desprevenida, puso una expresión momentánea de total desconcierto. Sin embargo, inmediatamente relajó sus facciones y sonrió suavemente a la vez que respondía—. Es una muy buena persona y mi salvador. Él me sacó de las llamas el día en el que se incendió la Mansión del Vizconde Garnetsch. Además, en vez de dejarme sola, me trajo al Gran Ducado y me ha cuidado hasta hoy.
—…—Raymond apretó los puños debajo de la mesa en silencio.
El joven no podía soportar verla con aquella mirada en la cara cuando hablaba recordando a Kylos. Unos ojos y sonrisa claramente diferentes a los que mostraba frente a él. Ya fuera en la intimidad o no, ella no lo contemplaba del mismo modo; con aquellas demostraciones de afecto más cariñosas, que denotaban sumo afecto hacia esa, su preciada persona, que obviamente no era él. Eso, solo de pensarlo, le hacía doler terriblemente el corazón.
«Entonces… Así es cómo te muestras, Chloe, delante de alguien a quien quieres de verdad…»
Raymond la miró, parpadeando lentamente, y cuando ella ladeó la cabeza, por costumbre, curvando sus labios; él sonrió melancólicamente como si no pasara nada, en silencio.
—¿Su Majestad?
—Nada. Solo me preguntaba cuál sería la mejor manera de honrar a tu benefactor.
Chloe iluminó su rostro ante su gesto de amabilidad hacia Kylos, por resignación. En respuesta, ella se acercó cautelosamente y, él siendo siervo a sus deseos, la dejó deslizarse sobre sus piernas y sentarse en ellas. Raymond, pese a su dolor y siendo consciente de la verdad, acarició las comisuras de aquella mirada encantadora y le devolvió una media luna apagada a la de Chloe, la cual se veía deslumbrante.
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Un día, como otro cualquiera, el carruaje Imperial, que había enviado al Ducado de Ludwig, fue devuelto y el cochero acudió ante Raymond con un sobre en cuyo dorso se destacaba el sello del Gran Duque. El joven Emperador escudriñó el contenido de la carta con ojos fieros y, tras unos segundos, se levantó de su asiento de un salto.
—¡Iré al castillo del Duque Ludwig! ¡Ahora mismo!—al oír su voz severa, los cortesanos Imperiales se dispusieron rápidamente para la marcha.
Durante todo el camino hasta la residencia de su hermanastro, Raymond repitió en sus pensamientos una y otra vez el escrito, el cual fue el detonante de su partida.
GRIIIT.
Sus dientes rechinaban visualizando, letra por letra del comunicado, en su mente.
[A Su Majestad, el Gran Sol del Imperio:
Llegó una propuesta de matrimonio de parte de Su Gracia, el Conde de Vernon.
Debo prepararme para la boda y tomar lecciones de novia.
Le ruego que me disculpe, pero, por favor, no envíe más carruajes en el futuro.
Me alegra haberlo conocido, aunque solo fuera por un breve tiempo.
Atentamente, Chloe Garnetsch.]
Raymond tenía los nervios a flor de piel, por eso, en cuanto llegó al Gran Ducado, irrumpió antes de que los porteros tuvieran la oportunidad de informar a su Señor. Mientras caminaba a paso ligero, recordando la disposición del castillo, que había visitado hacía tantos años, divisó a dos personas hablando en el exterior. Bajo un gran árbol estaban Kylos, su hermanastro, y Chloe, su gran amor.
¡HAGH!
Raymond ahogó un pequeño jadeo que se escapó de entre sus labios y su corazón se rompió en mil pedazos. Al borde de las lágrimas, él contemplaba la escena ante sus ojos, llenos de tristeza, la cual desearía nunca haber visto. La garganta le escocía y el dolor era inaguantable. Kylos, quien pareció notar su presencia, sonrió suavemente y acarició el pelo de su amada, como si no lo viera.
El joven Emperador apretó su pecho en un puño. Ella, tan hermosa y encantadora como siempre, y estaba de pie, estremeciéndose ante los roces del Gran Duque sobre la piel desnuda de sus hombros.
«¿No lo ves, tonto de ti, Raymond?»
Se dijo para sí, en sus pensamientos y se reprochaba a él mismo por no haberlo aceptado hasta ahora.
«¡Ugh! Si yo… Yo ya lo sabía. Es a él a quien ella ama de verdad y no a mí. Cada centímetro de su cuerpo lo demuestra y responde por mi hermano. Si es que cada fibra de su ser me lo dice, con tan solo verla. ¿Cómo no me iba a dar cuenta si mis ojos siempre se dirigen hacia ella aunque no quiera? Mi Chloe… ¿Qué me has hecho…? Solo por ti, no puedo controlar mis latidos acelerados. Te amo tanto… Me desarmas con tu mirada… Te juro ante los cielos, que tiro ahora mismo mi dignidad como Emperador, y me postro ante tus pies, con mi corazón en la mano; pero por favor te lo pido, ámame como yo te amo a ti. Porque sin tu amor, Chloe, no puedo vivir si no es en desdicha.»
Raymond se quedó allí, petrificado, experimentando por primera vez el sufrimiento por desamor, y aun así, seguía sin poder apartar la vista de ella.
La deseaba. Aunque Chloe no le diera nunca el placer de esos gestos y miradas que sí mostraba ante Kylos; él la seguiría queriendo con locura, para siempre. Puesto que, para el Soberano de Astart, aquel que lo tenía todo a su alcance, ya era demasiado tarde. Se había enamorado profundamente de su mujer perfecta, del uno al diez, quien, por ironías del destino, no le correspondía.
En ese momento, en el que se dio cuenta de que nunca podía renunciar a ella por mucho que lo torturara, su voz melodiosa derritió sus oídos con una amarga y a la vez dulce sensación.
—De verdad, felicidades, tío.
—Gracias, Chloe, sabía que lo dirías.—las yemas de los dedos del hombre le recorrieron la cara ante la mirada de Raymond.
«Ahhh… Chloe, no tengo remedio incluso en esta situación… ¿Qué tienen tus mejillas sonrojadas que te hacen parecer tan hermosa y encantadora a mis ojos? Si tan solo el culpable de tu rubor fuera yo…»
—Tengo grandes expectativas para la Marquesa de Rosaline y ya sabes que pronto será su visita después de nuestro compromiso. Debes prepararte adecuadamente para no decepcionarla, Chloe.
—Sí. No te defraudaré, tío. Confía en mí.
Raymond tardó un poco en comprender de qué se trataba la conversación entre ambos y en qué condición se encontraba ella con respecto al Gran Duque. En definitiva, su hermanastro le estaba pidiendo a la joven, quien lo amaba, que atendiera fielmente a su prometida, tan bien como a él mismo. La sangre del Emperador, que se había congelado en su interior, comenzó a hervir de nuevo. ¿Cómo se atrevía ese hombre despreciable a hacerle eso a su Chloe?
—Lo estoy esperando con ansias.—Kylos soltó una carcajada, tirándole de la punta de la barbilla.
Raymond tragó saliva, pero su garganta ardía con un punzante dolor, se agachó detrás de un árbol y observó un acto que fue el colmo de su tormento. Mientras los labios de él se acercaban lentamente a los de ella, la chica cerraba sus ojos en deseo y comenzó a corresponderle a los besos que su hermanastro robaba.
Mimy: Aquí vengo a haceros sufrir que se que os gusta ψ (`꒳´ψ). PD: No me hago responsable de las lágrimas de Robiin, que inundan estas páginas, ni de las vuestras.
Raymond se vio a sí mismo en la expresión del rostro de Chloe, cuando él la besaba y la hacía suya por las noches. La certeza de que ella no le demostraba su amor verdadero con sus movimientos, porque ahora era testigo de cómo lo hacía realmente, lo destrozó en un mar de desolación. Gotas de esas aguas de amargura en las que se hundía se convirtieron en lágrimas que saltaron de las comisuras de sus ojos. Aguantó el llanto silencioso y se contuvo como pudo, cerrando sus puños tan fuerte, que sus palmas acabaron en carne viva, derramando sangre. Aun así, el Emperador, apretó todavía más sus manos con la intención de menguar su sangrado, puesto que no había dolor mayor que el de su palpitante y genuino corazón, el cual pertenecía a un hombre cuyo amor siempre fue y sería sincero y puro.
Mimy: Y porque se me da bien el drama, aquí va una imagen extra de Raymond, pa que no os quejéis.
Su hermanastro violaba su boca sin amarla. Ya fuera para satisfacer su placer o con cualquier otro propósito, era claramente un acto de engaño. Era imposible que Kylos no se diera cuenta de los francos sentimientos de la joven, que eran claros y visibles a tan solo un simple atisbo de quien quiera que pasase por allí.
Unos instantes después, vio cómo el Gran Duque se marchaba, dejándola atrás, sola. Chloe, tras permanecer inmóvil un rato, se hundió en el suelo y se cubrió la cara con las manos. El olfato, inusualmente agudo, del hombre que la anhelaba, captó el salitre en el ambiente que provenía de las lágrimas de la chica.
«Ojalá pudiera consolarte…»
Raymond, que todavía se hallaba afligido, sentía pena por Chloe. No le importaba si ella no lo quería, como alguien que ama a una persona de verdad solo quería su felicidad, y aquello no lo era.
«Chloe… Mi pequeña Chloe, tan frágil, adorable y querida de mi corazón; llorando tan desesperadamente… Puesto que en este mundo no hay amor sin pena, ni pena sin dolor; ambos, sin buscarlo, hemos sido tan desafortunados de experimentar un sufrimiento tan agudo como el de un no correspondido querer. No obstante, solo me rendiré cuando encuentres tu dicha en el afecto, aunque no sea yo el fruto de tu aprecio.»
Pero en lugar de ir hacia ella, Raymond, se volvió hacia el lugar hacia donde se había dirigido su hermanastro.
—Su Majestad, ¿qué le ha traído hasta aquí, sin anunciarse?
«Quiero desgarrar ese rostro que me saluda tan descaradamente, con su sonrisa falsa de hijo de puta.»
Sin embargo, Raymond reprimió sus impulsos. Ese era el hombre que ella amaba.
Mimy: ¿Quién está de mi lado o del de Robiin? #MimyRaymondMasoquista vs #RobiinPobreRaymond. Dejen sus apuestas en los comentarios. ∠(ᐛ 」∠)_
—Esta carta.—con un ruido sordo, el Emperador arrojó el sobre encima de la mesa del Gran Duque—. ¿Negociaciones de matrimonio con el Conde de Vernon? ¡No me jodas! Ya tiene hijas mayores, las cuales son veinte años mayores que Chloe. ¿Qué pretendes?
Su furia contenida se abalanzó sobre Kylos, pero este se limitó a reír suavemente, con un porte relajado.
—Majestad, ¿cómo se atreve una niña en la misma situación que Chloe a convertirse en esposa de un Conde? Gracias a Su Majestad, y a estas pocas veces en las que ha pasado el tiempo jugando con usted, ha ganado suficiente fama como para interpretar el papel de una Condesa pretenciosa. Lo mejor es casarla cuanto antes, ¿no cree?
—¿Presuntuosa? ¿Qué quieres decir con eso? Entonces, ¿Vas a proceder con semejante matrimonio?
—Una Condesa pretenciosa, por así decirlo, debe ser un regalo agradable para el viejo Conde. Es mostrar un poco de consideración y darle una alegría a un anciano, a las puertas del velatorio, con una tierna muchachita.
—¡¿Cómo puedes hacerle tal cosa a Chloe y forzarla a ello?!—Raymond estaba terriblemente indignado—. ¡Chloe, Esa chica te…!
—…
Afortunadamente, Raymond cerró la boca fuertemente a tiempo. Por poco le espetaba en la cara que ella lo amaba. Además, deseaba reprocharle que él no era más que un puto bastardo por engañar y manipular los sentimientos de una pobre e inocente muchacha. Él, no supo cómo, pero simplemente no dijo nada más, probablemente por respeto a su amada.
De pronto, una pequeña grieta apareció en el rostro de Kylos, quien había permanecido, hasta ahora, impasible, y suspiró mientras se frotaba la cara.
—No hay nada favorable y conveniente en tener el amor de una jovencita que solo te puede dar placer por un tiempo limitado. Aunque he de reconocer que no hay nada más satisfactorio que jugar con el corazón de una chiquilla. ¿Y Acaso usted no lo sabe? Su Majestad fue el primero en hacerlo múltiples veces y yacer con ella todo lo que quiso, sin contenerse… ¿O pretende ser ignorante de su comportamiento?
—¡Por el amor de Dios! ¡No es así, Kylos! ¡Yo, de verdad, sinceramente, la amo…!
—Lo siento, Su Majestad. Me corresponde a mí, su tutor, juzgar y determinar el futuro de Chloe. Además, las ventajas para el Ducado de Ludwig, de una unión entre ella y el Conde de Vernon, son demasiado grandes como para ser ignoradas.
—¡Me la llevaré! ¡La tomaré como mía!—Raymond golpeó la mesa con ambos puños.
Era, sin duda, la primera vez en su vida que expresaba sus emociones con tanta violencia, dejando a un lado su honor. Kylos observó detenidamente a su hermanastro en ese estado y enarcó una ceja.
—¿Cómo pretende llevársela, Su Majestad?
—Estuve revisando la institución de la Emperatriz, la alianza y sus derechos, hermano.—dijo Raymond calmándose poco a poco para terminar murmurando con voz ronca—. Planeo hacer a Chloe mi concubina, si ella lo desea, por supuesto, podríamos llegar a un acuerdo.
—Tengo entendido que dicho sistema desapareció hace mucho tiempo.
—Lo investigaré y me prepararé un poco más antes de declarar su restauración. Así que, por favor, no envíes a Chloe a ningún otro hombre hasta entonces.
Raymond quería demostrarle a Kylos, de alguna manera, que en ningún momento, desde que la conoció, había tocado a Lady Garnetsch por diversión como él lo hacía. Deseaba hacerle saber lo ardiente, ferviente y genuino que era lo que tenía en el corazón.
Miró a su hermanastro con medio desprecio y se dio la vuelta para marcharse. Justo en ese instante, ella pasaba por el pasillo, por casualidad. Al ver a Raymond, Chloe, con los ojos enrojecidos, sonrió con cariño, como si nunca hubiera llorado hace unos momentos en el jardín.
—Majestad, ¿qué puedo hacer por vos? Mi tío me dijo que usted estaba muy ocupado y que no podríamos encontrarnos hasta dentro de algún tiempo…
«Qué pasa, ¿la carta no era de Chloe? ¿Fue todo esto un plan de Kylos para provocarme?»
—¿Es eso lo que te dijo mi hermano?—preguntó Raymond, agarrando la delgada muñeca de Chloe, maldiciendo por lo bajo al ver que ella abría los ojos, sorprendida, por su repentina fuerza—. Hmmm, lo siento… No pretendía asustarte… Solo es que estoy un poco sensible, nada más…
Con una pequeña tos, Raymond se disculpó varias veces de diferentes formas. Chloe soltó una risita ante su inusual sonrojo que intentaba, sin éxito, cubrirse con una de sus manos.
—Chloe…—Raymond apartó la mirada de su hermosa sonrisa y llamándola por su nombre de pila, añadió—. Yo… Eh… Tú…
Tras una larga pausa, ella levantó la vista esperando escuchar lo que tenía que decir. Hasta que al final, optó por preguntar.
—¿Su Majestad? ¿Pasa algo?—
—… Nada. No es nada…—Raymond sacudió la cabeza evadiendo el tema.
Presintiendo que algo iba mal, ella dio un paso hacia él. Raymond se detuvo, y no pudo evitar ahuecar su rostro entre sus palmas. Las yemas de sus dedos temblaban ligeramente.
«Ella me gusta. No importaba con qué propósito me sonría tan hermosamente, no puedo evitar amarla y quiero que sea feliz a mi lado.»
No obstante, el dolor punzante volvió a resurgir porque él sabía que sus sentimientos no eran los mismos que los suyos.
Aun así, él estaba dispuesto a ser utilizado por ella, aunque fuera solo para aprovecharse de su posición y su riqueza. Chloe era tan preciosa para Raymond que no quería que se convirtiera en el placer de un viejo noble anciano. Menos aún, verla sufrir al ser vendida por el hombre que ella amaba.
—Yo te protegeré.
—¿Qué?
—Para que nunca vuelvas a llorar, Chloe
Avergonzada, ella se tocó las comisuras levemente hinchadas de sus párpados, algo desconcertada por sus palabras. Raymond sonrió con dulzura y le apartó con delicadeza la mano de la cara.
—Ahora estoy pensando en volver a Palacio. ¿Vendrás conmigo?
—¡Oh! Tengo un trabajo que mi tío me pidió que hiciera…
El rostro de Raymond se ensombreció de inmediato. No podía soportarlo, ya que conocía la razón; que no era otra que atender a su actual prometida. Así que, él no pudo resistirse y la arrastró imprudentemente.
—No es necesario, hablaré con tu hermano por separado. Vayamos ahora mismo, al Palacio Imperial.
—¿Su Majestad? Pero, Su Majestad…—Chloe entró en pánico, llamándole una y otra vez, pero con sus forcejeos eran incapaces de apartar a Raymond.
Malamente, Chloe se puso en pie a trompicones, y finalmente subió con él al carruaje del Emperador.
—¿Estás nerviosa?
—Me pregunto si mi tío… Se enfadará cuando se entere…
Raymond la consoló con cariño, sintiendo lástima por ella, mientras la chica permanecía alerta, desconfiando del hombre que la amaba sinceramente, hasta el final.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY