Capítulo 31
Quería ir cuanto antes allá donde estuviese Kylos con mi sustituta. En parte porque no podía creerlo, pero también, para poder actuar en consecuencia en caso de que fuera cierto.
Por eso le pregunté a Lord de Carolina por su ubicación, esperando que mi voz no revelase mi nerviosismo. Desde entonces, se unieron algunas personas más y hubo más conversación, pero yo no podía concentrarme en ello. Estaba más pendiente de cómo irme de allí sin parecer descortés.
Era cierto que no quería volver a tener nada que ver con Kylos y, por supuesto, no deseaba encontrarme con él de nuevo. Incluso hasta el punto de que ni siquiera quería vengarme de ese bastardo por haberme quitado a mi pequeña Estel.
Pero, por otro lado, en esta situación, no había otro remedio más que involucrarme. Además, no podía evitar preocuparme por la “sustituta” que este desgraciado había preparado. No, en realidad, desde que oí aquellas palabras de la Marquesa de Rosaline, estuve alerta durante todo este tiempo. Preparada para responder rápidamente en caso de que apareciese la oportunidad, y eso, era lo que estaba a punto de suceder hoy.
Recordé lo que me respondió el hermano de Betsy hace tan solo unos minutos.
{—Delante de la fuente del jardín del lado este del edificio…}
Entonces, encontrando el momento justo, salí con naturalidad del salón de baile hacia aquel lugar. Los invitados, que estaban tan excitados por el animado ambiente, no se dieron cuenta de que desaparecí silenciosamente.
TAP, TAP, TAP, TAP, TAP, TAP, …
El sonido de mis pasos, que aceleraban in crescendo a medida que me acercaba al parterre, parecían representar mi impaciencia.
Cuando por fin alcancé la distancia que me permitía ver la indicada fuente del jardín, me detuve bajo un gran sauce que había perdido todas sus hojas. Allí, parada detrás del árbol, respiré hondo.
Junto a la fontana, unos hilos de plata centelleaban entre las ramas suspendidas.
Giré lentamente la cabeza y me quedé rígida, sujetándome con fuerza a la corteza del tronco.
Vi a un varón, y con él, había una mujer. Solamente dos personas, aisladas del mundo, que interactuaban entre sí.
Ese hombre, que me había salvado del fango y luego me había sumergido en un abismo aún más profundo, estaba de pie con el rostro inexpresivo. Frente a él, una bella mujer, cuya silueta se parecía a la mía, le susurraba algo al oído.
—Ah… No puede ser…
Pero sí, realmente lo era. Un ser parecido a mí, al que seguramente Kylos pasó mucho tiempo educando para que se adaptara a los gustos de Raymond, tal y como hizo conmigo.
{—Necesitas ganar más peso. A mi quisquilloso hermano no le gustan las mujeres delgadas.
—La madre biológica del Emperador era una Princesa del país de Evran. Debes aprender el idioma. Te será útil.
—¿Te rociaste perfume? Te queda bien, pero no es de su gusto. Te daré algo mejor como regalo, lo idóneo para capturar su corazón de inmediato.
—Tienes un pelo bonito, Chloe. ¿Te lo he dicho alguna vez? La razón por la que eres tan importante para mí, es por este sedoso cabello… ¿Sabes? Al emperador le encantan las bellezas de melenas plateadas como la tuya.}
Tan natural como respirar. Siguiendo las instrucciones de Kylos, me convertí en una muñeca perfecta para Raymond, alguien que encajaría perfectamente con su tipo de mujer ideal.
Pensaba que la única razón por la que vivía era para cumplir con las ambiciones y deseos de Kylos. De hecho, para mí, no era una molestia hacer cualquier cosa por él. Todo era consentido, yo quería hacerlo porque lo amaba, o al menos así lo creía. Además, parte de mi devoción hacia él venía dada porque había sido mi salvador cuando tan solo era una niña. Él fue la persona que me convirtió en un ser humano, después de ser sacada de un infierno llamado Vizcondado Garnetsch, donde no era más que una bestia.
{—Arrástrate como un perro y lámeme los pies.}
Una frase que me perseguirá por siempre. El rastro de una voz varonil que me ordenaba como si de un perro se tratase. Ese era mi hermanastro, aquel que murió junto con toda mi familia en el incendio de un día de invierno. Para el Vizconde, era un animal, y por ello, los fantasmas ya muertos de esos desgraciados; ni en vida, se habrían dignado siquiera a darme el apellido familiar. Es más, si resucitaran hoy, hasta el final de sus vidas, seguirían llamándome “La bestia de los Garnetsch”.
Pero no. Te rescataron ¿no? Diréis. ¡Qué tontos! Aun así, no os culpo, incluso yo caí en la telaraña ponzoñosa de un dulce disfraz llamado salvación.
Cuando creí que no se podía caer más bajo porque había tocado el fondo más oscuro de un pozo lleno de fango, descubrí que podía convertirme en algo peor que una alimaña.
“Muñeca rota.”
Yo era una herramienta para Kylos. Una que se desecha cuando se agota su utilidad, y si se estropea, se puede fácilmente sustituir por otra en cualquier momento.
«Probablemente, por eso abandonó a su títere tan miserablemente en el pasado y ahora lo reemplazó como si nada.»
Entonces, la mujer apoyó la mano en el pecho del hombre. En ese momento, me invadió una sensación de repugnancia indescriptible. Odiaba absolutamente la idea de que una réplica mía, que hasta compartía conmigo la misma silueta, tocara el cuerpo de ese ser humano inmundo.
¡CRUNCH!
La corteza del árbol se desprendió y cayó. En ese momento, el hombre levantó la cabeza. Cuando miró por encima del hombro de la mujer que tenía enfrente, y se encontró con mis ojos, parecía visiblemente desconcertado.
—¡Chloe!—el sonido de su llamada resonó fríamente en el oscuro aire nocturno.
Me di la vuelta y salí corriendo.
Era extraño. Tenía el corazón bajo en el pecho, el cual ya no podía ser más frío. La gélida ventisca de mis sentimientos endureció mi interior palpitante, que luchaba por bombear sangre con tanta fuerza que parecía que de un momento a otro mis venas explotarían.
Solo me detuve cuando ya no podía escuchar más su asquerosa voz. Malamente, los pies me sostenían el cuerpo, y para no perder el equilibrio, me agarré a un pilar rugoso de madera. El interior de la espesura de un bosque seco estaba silencioso y desolado, pues hacía mucho tiempo que la gente ya no lo visitaba, y se había quedado en el olvido.
JA, JA, …
Un intento de risa se apagó en el vacío, dando paso al llanto que había estado conteniendo todo este tiempo. Las lágrimas salieron a borbotones junto con la respiración entrecortada, que aún no se había calmado después de haber emprendido mi huida. Volví la vista hacia el camino por el que había venido, sin rumbo fijo. Mas el sendero se fundía entre tinieblas y su final no aparecía por ninguna parte. No obstante, mis pies estaban atrapados por una sombra, la oscuridad de un hombre del que no había podido escapar en mucho tiempo. Aquella negrura aún permanecía pegada a mí, a veces me ataba como ahora, pero otras, me estrangulaba por momentos.
—Realmente…—secándome los ojos con el dorso de la mano, dejé escapar una risa impotente—. Ja, ja, ja, … No has podido escapar ni un paso de él, estúpida Chloe…
Pensaba que lo había dejado atrás, que ya no estaba más en mi vida. Sin embargo, esa persona era como un vórtice de infelicidad sin fin del cual no podía salir. Era una inepta verdaderamente patética; tanto, que puedo entender por qué siempre me utilizan y me abandonan cada vez que me recogen.
«Tal vez, la felicidad no estaba hecha para mí desde un principio.»
La miserable hija ilegítima de la familia Garnetsch, un cebo inútil que no era nada más que un caparazón vacío, un horrendo monstruo que destrozó a un hombre moral, una mujer incompetente que ni siquiera pudo proteger a su propia hija y la perdió, … ¿Cómo podría Chloe Garnetsch ser feliz así?
Me quedé de pie y enterré la cara entre las manos. Sin embargo, algo áspero me rozó el rostro que me dolía.
—… Es por esto que no puedo dejarte sola.—la voz varonil, de alguien que era imposible que estuviese allí, golpeó suavemente mis oídos.
En un instante, una sensación escalofriante se apoderó de mi cuerpo. Dejé de llorar y levanté poco a poco la cabeza.
—Chloe, ¿por qué tú siempre…?—en el momento en que nuestras miradas se cruzaron, el joven pelirrojo dejó de hablar y se mordió el labio.
De pronto, las hermosas facciones del apuesto hombre se volvieron sombrías.
—¡Estás sangrando!—el amable muchacho me agarró de la muñeca y se enfadó.
Estaba tan molesto que una persona normal se habría desmayado en el acto.
Cuando bajé la cabeza, siguiendo su mirada, mis ojos vieron las palmas de mis manos desgarradas y las uñas agrietadas con astillas de madera incrustadas.
—¡Por qué estás…! ¡Dios mío, incluso llegaste hasta este estado…! ¡¿Qué hiciste para estar así, Chloe?!
Miré impotente al hombre que se alteraba por mi herida.
«¿No era Raymond de Astarot una persona que hacía todo lo posible por no volver a involucrarse conmigo? ¿Qué hacía aquí, cuando debería estar en el baile?»
Parpadeé lentamente y lo observé anonadada. Las arrugas de su frente fruncida y las gotas de sangre en su labio inferior, que se formaron al intentar reprimir sus intensas emociones, eran claramente visibles incluso bajo el cielo nocturno de aquella noche.
No era tan estúpida y sabía que no habría excusas por su parte. Para que se encontrara conmigo, en este momento y en este lugar, no pudo haber sido solo un paseo casual, como había dado a entender en ocasiones anteriores. Así que, obviamente, él estaba aquí debido a mí. A propósito para encontrarme, puesto que desaparecí del salón de banquetes hace ya tiempo.
Cuando reconocí este hecho, mis ojos se abrieron de repente.
—No hagas eso…—el débil hilo de voz, que pasó de entre mis labios, era apenas audible.
No obstante, como a nuestro alrededor había un silencio absoluto que solo nosotros dos podríamos romper, él me escuchó perfectamente.
—¿Qué…?—Raymond contorsionó su mirada, como si hubiera oído algo que no podía aceptar.
Sus dos pupilas, ardientes como el fuego, estaban claramente irritadas debido a la exasperación e impotencia, y daba la impresión de que estaba a punto de llorar.
No podía más, mis sentimientos se agolparon en mi garganta dolorida y exploté.
—¡No deberías ser amable conmigo! ¡Está bien si ya no te responsabilizas más de mí! ¡¿Por qué sigues insistiendo y no me dejas en paz de una vez?! ¡Tu preocupación es demasiado extrema para una mujer con la que solo has pasado una mísera noche!—expresé enérgicamente mis pensamientos.
—No te corresponde a ti juzgar eso.—Pero Raymond se mantuvo firme.
La punta de mi pecho se calentaba y enfriaba repetidamente.
«Conozco esta sensación…»
Ahora estaba furiosa de verdad. Me estaba enfadando con Raymond, que seguía en sus trece intentando velar por el bienestar de algo tan rastrero como yo.
—¡¡¡¡¡No lo quiero!!!!!—por primera vez, alcé un alarido de rabia contenida delante de Raymond—. ¡Te lo he dicho, repetidas veces y ya estoy cansada de todo esto! ¡Escúchame, por el amor de Dios! ¡He dicho que yo no valgo la pena…! ¡Déjelo ya, Su Majestad!
En el fondo tenía la esperanza que me reprendiera por mi grosería y me decapitara. Para ponerle un fin a todo este sufrimiento. Así que, me atreví a contradecir por completo la voluntad del Emperador y continué porque ya me daba igual todo. ¡Si tenía que morir, que la muerte sea bienvenida!
—Nada… Su Majestad dice esto porque no sabe absolutamente nada… ¡Usted no sabe lo que le hice, Majestad! ¡¡¡Usted no sabe nada!!!
—…
Al oír mis gritos, Raymond me miró con el rostro dolorosamente distorsionado. La visión de mi aspecto desaliñado, reflejado en sus ojos rojos, no podía ser más desagradable que aquello.
—Su Majestad, no debe abrirme su corazón. Debería odiarme más que a nadie en este mundo. ¡Soy una mujer que merece ser castigada y despreciada! Por favor, te lo pido… No me conceda indulgencia porque no soy digna de ella…
—…—Raymond siguió en silencio, observándome mientras yo bramaba incoherencias a los cielos de Astart.
Pero, esta vez movió el labio inferior con el ceño fruncido. Parecía estar sufriendo y yo no comprendía el porqué.
—Chloe…—un sonido gutural, que él siempre gruñía por lo bajo, como si de un depredador se tratase, pronunció tristemente mi nombre.
PLIC, PLIC, PLIC, …
Un reguero de sus lágrimas cayó, rozando ambas mejillas masculinas, y aterrizó en mi muñeca que él sostenía. Una de sus gotas saladas corrió por mi antebrazo y empapó la sucia herida de mi mano. Me escocía y me dolía, pero no tanto como mi corazón.
—Yo… Su Majestad, yo no puedo perdonarme a mí misma… ¿Cómo podría? Entonces, ¿por qué demonios tú si quieres hacerlo? ¿Eh? Cuando, lo que te hice yo… Porque yo soy…
«Soy la mujer que ya te mató una vez. Soy la mujer que pisoteó cruelmente todo el amor que me diste. Soy de lo peor…»
Una historia que nadie se la imaginaría ni aunque se la contara. Ninguna persona en esta Tierra me creerá jamás. Por eso, mi pecado está siendo aún más angustioso y solitario que nunca. Llevaba una pesada cruz por mí misma, que aprisionaba y estrujaba todo mi ser, hasta el agotamiento.
«Por favor, mi Señor, comprenda este sentimiento, que de mí sea el sufrimiento de una condena que yo merezco. Pues así sean mis silenciosos lamentos, que de todo corazón yo confieso. Puesto que no pediré el perdón suyo, ya que de vos no amerito indulto alguno.»
Mimy: Os lo expreso como haría un cantar del Medievo. Viene a decir que no pide perdón porque no lo merece y se arrepiente. Pero como lo ha repetido 10 veces ya, pues le di una vuelta de tuerca para que disfrutéis un poco. ฅ^•ﻌ•^ฅ
Era un pecado irreversible, por el que no se podía pedir disculpas, y nadie lo entendería, ni aunque uno alzara aullidos al cielo, desesperadamente.
—No lo sabe, Su Majestad. Qué clase de mujer soy… Qué tipo de cosas terribles le he hecho…
—Chloe, cálmate.
No obstante, mi paciencia llegó al límite. Sin ser consciente de lo que decía, dejé ir la pesada carga que me ahorcaba y oprimía.
—¡Yo lo maté…! ¡Fui yo quien lo mató! ¡¡¡Ya le he matado una vez!!! ¡¿Comprende?! ¡Por favor, créame…!
—¡¡¡Cálmate, Chloe!!! ¡¡¡Por favor!!! ¡¡¡Por favor, te lo pido!!!
De repente, Raymond me abrazó fuertemente. Mi cuerpo, que no se había calmado, no podía dejar de llorar y temblaba entre sus brazos. Solo el sonido del rechinar de los dientes y los gemidos, como los quejidos de una cría de un animal salvaje, impregnaba el silencio vacío.
Él envolvió mi figura temblorosa y gimió, enterrando la cara en el hueco de mi hombro.
—Por favor, Chloe… No te rompas más. No te derrumbes como antes…—Raymond estaba diciendo algo muy extraño.
«Ya soy una persona rota desde hace mucho tiempo.»
Pensé, pero la sorpresa vino con lo que él dijo a continuación.
—Todo está bien, estoy bien. ¿Te lo dije no? ¿Recuerdas? Que estoy bien, porque… “Al menos, eres tú quien llora por mí”.
Mimy:
Me sentí mareada. Quizás porque estaba llorando demasiado, no podía entender fácilmente lo que decía. La voz que, obviamente estaba cerca, era débil en mis oídos. Probablemente, había escuchado mal o era un malentendido.
—Entonces, esta vez, tienes que ser feliz. Deberías estar orgullosa y feliz de ti misma, por siempre.
Las gruesas yemas de sus dedos intentaron limpiar la humedad de mi cara. Sus manos ásperas y duras, después de empuñar una espada durante años, eran incongruentemente delicadas cuando me rozaban la piel.
—¿…? Su Majestad…—pestañeé lentamente y lo llamé.
Raymond no respondió a mi llamada durante un tiempo, solo me secó las lágrimas entre caricias. Después de un rato, suspiró y bajó sus brazos.
—Chloe.—me apartó cuidadosamente el pelo empapado por el llanto y pronunció con dulzura mi nombre.
Tuve la ilusión de que aquella voz tranquila y suave retumbaba en mis oídos, resonando en todas direcciones. Al mismo tiempo, un ligero escalofrío recorrió mi espina dorsal.
Temblé y di un paso atrás. Pero había dos manos que me sujetaban los hombros con fuerza, impidiéndome ir más lejos.
—Si tú dices que no puedes perdonarte a ti misma…
—…
—Entonces yo te perdonaré, por ti y por mí, por siempre.
SSSSHAAAAAAAAA
Sopló el viento, y sentí como mi corazón se desplomaba entre la fría e invernal ráfaga de aire, la cual venía de algún lugar lejano de Astart.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando ahora…?
La tierra retumbó. No, no era eso, ni tampoco era el mundo el que se estremecía; sino mis ojos, que contenían el todo y a Raymond en ellos.
—Chloe, ¿Alguna vez te he dicho que no me permitiría ser amable contigo nunca?—él me miró fijamente y no me soltó para evitar que huyera por miedo a enfrentarlo.
La calidez, el afecto y el deseo hacia mí, fluyendo de sus pupilas a las mías, coincidían con la mirada que yo recordaba de él, en ese entonces. De repente, sentí como si se me cortara la respiración, por el pavor de un hecho que, en el fondo, ya lo presentía y no deseaba escuchar.
—¿Acaso no has profesado, Chloe, que ya no quieres involucrarte más conmigo?— repitió una fría voz regresando mis palabras del pasado, que yo le había dicho en el Ducado—. ¿De verdad es eso lo que quieres? O es por otra cosa… Dime la verdad, Chloe. ¿No seguías evitando mi mirada porque temías que me volviese a enamorar de ti? ¿Pensaste que no me daría cuenta de eso?
Él, que murmuraba horriblemente, estalló de pronto en carcajadas.
—Te equivocas, Chloe. Esto no es algo que va a cambiar… Yo ya lo estoy…
Le miré a la cara sin comprender.
—No te conozco, no sé cómo es tu verdadero yo, la Chloe real y malamente lo estoy descubriendo ahora. Pero hay una cosa de la que estoy muy seguro y siempre lo estaré; me conozco a mí mismo mejor que nadie.
La palma de su mano, mojada por mis lágrimas, se deslizó por la línea de mi cara y me ahuecó la barbilla para aliviar el dolor. Un grueso pulgar presionó suavemente mis labios. La respiración, que había estado conteniendo, estalló en silencio.
—Y recuerdo todas y cada una de las cosas que ocurrieron entre Raymond de Astarot y Chloe Garnetsch. Aunque sean recuerdos que, puede que para ti, no sean importantes.
COF, COF, COF, …
Tosiendo, sus dedos apretaron más fuerte mi carnosa piel del labio inferior, subiendo lentamente hacia arriba, como si sus yemas me estuvieran besando intensamente. Me silenció, para que de mi boca no se escapara ningún sonido más, para que nada se interpusiera en lo que quería decirme; la frase que no creía posible que pudiese escuchar de él en esta vida.
—Te amo, Chloe.
«Increíble. Esto es ridículo. Esto es realmente un desarrollo absurdo. No tiene sentido»
—Por eso Chloe, por mucho que hagas, para mí es imposible no amarte. Ya ha sido imposible desde hace mucho tiempo.
«Ni siquiera podía imaginarlo. No tuve sospecha alguna, ni la más mínima duda sobre eso. Pero me equivoqué.»
—Me conozco muy bien, …—él me sonrió con tristeza.
Evitando su rostro que se hundía lentamente hacia abajo, mi mirada también bajó, hasta las puntas de mis pies.
—¿Sabes? Chloe, si no te quiero, no soy yo; Raymond de Astarot…—sus labios tocaron mi frente.
Una sensación de calor recorrió mi cabeza y todo el cuerpo.
Envuelta en esa calidez, cerré mis ojos ante una realidad dulce e inaudita.
Robin: ¡¡Por fin el pasado y la perspectiva de Raymond!!
Mimy: Poneos una música épica Little Blodies porque…
🎶 Ejemplos musicales: Cualquiera de Hans Zimmer la verdad XD como “This Land” (Rey León)

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY