Capítulo 30
Kylos, furioso, rebatió con ímpetu mis amenazantes palabras, que le advertían sobre mis intenciones acerca de confesar sus malévolos planes contra el Emperador.
—No seas estúpida, Chloe. La gente no creerá en las palabras de una hija ilegítima que yo, el Gran Duque de Ludwig, patrocinó…—su voz, grave y susurrante, intentó intimidarme.
Sería mentira si dijera que no estaba asustada en absoluto. Me preocupaba haberlo sobreestimado. Era el momento de pensar en salir de la esquina y escapar, caminando hacia el centro de la sala.
No obstante, de pronto, alguien inesperado acudió como una salvación y, con una voz severa, se interpuso rápidamente entre Kylos y yo.
—Discúlpeme, mi Señor.—un joven rubio interrumpió la conversación sin dudarlo—. Pero creo que debe salir afuera un momento, Su Alteza.
El caballero se acercó más a Kylos, y yo, lo miré anonadada. El hombre se quedó susurrando amablemente algo inteligible a su Maestro. Un brillante cabello color platino ondeaba ante mis ojos; era Sir Enoch Brans.
Cuando el joven terminó lo que vino a comunicarle a Kylos. Este último me devolvió la mirada mientras se mordía el labio.
—Un poco más tarde… Volvamos a hablar, Chloe.—con aquellas palabras, finalmente, me dejó y se fue del salón rápidamente.
No pude descifrar lo que él y Sir Enoch Brans habían hablado, pero parecía bastante urgente.
Fue solo después de que esa desagradable presencia desapareciera, cuando la tensión en el ambiente que me rodeaba, comenzó a disminuir.
—Lady Garnetsch—musitó a mi lado un tono tranquilo que, junto con una mano cuidadosa, sostenía suavemente mi cuerpo a punto de desplomarse—. Ya está bien, puede relajarse ahora.
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Su cabello dorado que caía como la luz del sol, distrajo mi mirada. El hombre, que ya había visto en la oscuridad de la noche, emanaba un aura con un encanto tan noble y pulcro que era difícil pensar que se trataba de un simple plebeyo convertido en caballero. Sin embargo, bajo el magnífico candelabro, era un joven brillante y apuesto. Tanto era así, que su apariencia deslumbraba a los ojos de cualquiera.
—Lord Brans…—cuando apenas pronuncié su nombre, los ojos verdes que me miraban se ensancharon.
Tuve una extraña sensación, en la que me dio la impresión de que estaba en un lugar muy lejano, a pesar de tenerlo delante de mí.
—…
—…
Mientras nuestros ojos se encontraban, no se intercambiaba ningún sonido. En la ruidosa sala de banquetes, solo reinaba silencio entre nosotros dos. Como si una burbuja nos separara del resto.
Justo cuando la ausencia del habla se convirtió en incomodidad, su brazo, que había estado sujetando firmemente mi cintura, se deslizó soltando mi cuerpo.
Mimy: En otra parte del salón de bailes…
—Tienes un buen aspecto, mi Lady.—Lord Brans se alejó un paso de mí y habló con voz tranquila—. Tu sonrisa se ha vuelto mucho más hermosa.
«¿Es este un saludo común y habitual como el de otros nobles en el salón de banquetes?»
Como de costumbre, mi corazón se agitó inesperadamente ante sus ojos suaves y su voz serena.
—… Gracias. Al igual que Sir Brans, quien es…—me detuve un momento y le miré—. Que estás mucho más guapo que de costumbre.
Iba vestido con el pulcro atuendo de caballero que solía llevar, que no casaba con el ambiente glamuroso de la sala de banquetes. Tal vez, no había venido a disfrutar del baile, sino que simplemente estaba haciendo su labor como guardia de Kylos. Pero, aun así, era cierto lo que le había dicho. Indudablemente, destacaba, y se veía mucho más apuesto con su ropa formal; aunque ya era un hecho muy sabido por todos.
No obstante, él arrugó las cejas ante las sinceras palabras que solté sin pensar. Parecía que no me creía de verdad.
—Lo digo en serio… Eres genial y te ves muy bien.—insistí reafirmando mis impresiones sobre él.
—Sí… Muchas gracias, Lady Garnetsch.—añadió tímidamente, mientras asentía y me regalaba una de sus bellas sonrisas.
Sin embargo, aún me sentía un poco mortificada porque él se mostraba receloso ante mis cumplidos. En mi opinión, Enoch era realmente formidable. Más que cualquiera de los nobles de aquel salón de fiestas lujosamente decorado.
Pero había algo misterioso en el joven caballero, que todavía no lograba comprender. Así que lo miré fijamente y, sin pensarlo dos veces, abrí la boca.
—Lord Brans siempre suele aparecer cuando estoy en apuros y necesito ayuda.
—¿Sí? De verdad… ¿Es eso así?—sus palabras, al asentir y preguntar, parecían contener una afirmación más que una interrogación.
Se paró junto a mi hombro y observó algo a lo lejos. Preguntándome hacia dónde enfocaba su atención; yo, a punto de volver la vista para seguir la dirección de sus ojos, desistí en cuanto él me habló.
—Lady Garnetsch, si no le importa…—mi rostro fue capturado por unos suaves luceros color verde esmeralda—. ¿Puedes venir a tomar el aire conmigo un momento?
Sir Enoch Brans tenía una apariencia y un aura tan impresionantes que incluso un atisbo de su mirada desinteresada, podía hacer que mi corazón esquivara uno de sus latidos. Por tanto, su propuesta sería un poco peligrosa para cualquiera, pero yo ya sabía que esas no eran las intenciones del Lord.
—…—ladeé la cabeza en respuesta a su pregunta y miré a Vincent, muy entretenido, hablando con sus camaradas cerca de donde yo me encontraba.
Cuando hice un ademán sutil con los ojos, le vi asentir con la cabeza y decir que estaba bien. Sonreí y le di las gracias. No obstante, continué examinando la reacción de Sir Brans para ver si había algún signo de molestia con algo o alguien.
—Sí, estoy bien, Lady Garnetsch.—sus labios formaron una suave línea en respuesta a mis preocupaciones.
Con una distancia de tres pasos entre ambos, Lord Brans y yo nos dirigimos a la terraza de uno detrás del otro.
El balcón, en una noche de invierno, era tranquilo y acogedor. Un ambiente como tal, sosegado y pausado, se asemeja mucho a él.
—¿Está bien si abro la ventana, Sir?
—Por supuesto, mi Lady.
En el momento en que obtuve su permiso para abrir el ventanal, me giré sobre mí misma. Sin embargo, un largo brazo se extendió desde atrás y accionó el tirador de la cristalera ante mí. Al mismo tiempo, la brisa fresca de las sombras, pasó junto a mi piel desnuda.
—No te he pedido que abras la ventana…—me sentí avergonzada por alguna razón y protesté con la cara roja.
Pero él sonrió en silencio y lo admitió.
—Sí, lo sé. Lady Garnetsch.
—…—me quedé muda al oír su sedosa voz respondiendo y me limité a mirar al suelo
El caballero también permaneció largo rato en silencio a mi lado, dejando que tranquilamente tomara aire fresco primero.
Cuando pasaron así unos minutos, me preguntó.
—Quizás… ¿Fue una mentira?
Cuando levanté la cabeza, vi que Sir Brans me miraba fijamente, o más exactamente, a mi bajo vientre. En ese momento recordé la argucia que Raymond y yo habíamos planeado y, por la que no pude confesarle la verdad a Enoch, por miedo a que se descubriera el engaño.
{—¿De verdad estás embarazada de Su Majestad?
—Sí.}
También vino a mí, la imagen de él arrodillándose y jurando.
{—Te protegeré.
—¿Qué?
—Protegeré a Lady Garnetsch y a su hijo nonato.}
Aparecieron en mi mente esas escenas en las que él estaba tan solemne y reverente que yo, ni siquiera podía pronunciar una sola palabra.
Cerré y abrí lentamente los ojos y le pedí disculpas.
—… Lo siento.—expresé mi arrepentimiento, ya que era lo máximo que podía hacer en esta situación—. Nunca quise defraudar la sinceridad de Lord Brans hacia mí. Yo… Tenía que escapar de Kylos de alguna manera. Así que, acabé mintiéndoles a todos.
Tras esto, creí que el joven caballero mostraría su decepción o enfado, al igual que antes, Kylos había hecho. Aunque, teniendo en cuenta que Enoch traicionó a su Señor jurando por mi honor, era plausible que incluso su furia fuera mayor.
—Ya veo.
Pero, sorprendentemente, en lugar de molestarse, me miró soltando una suave risa corta. Sus respuestas me hicieron sentir aún más culpable.
—¿No estás enfadado?
—¿Yo? ¿Enfadado? No, claro que no. Más bien…—después de calmar su tono por un momento, sonrió dulcemente y continuó—. Me gustaría felicitar a Lady Garnetsch. No estoy seguro de si la palabra “elogio” sería apropiada para usted. Quizás, “alabanza” encajaría más con su porte digno y mi sinceridad.
—¿Alabanza…? ¿Esto?
Un cumplido salido de la nada me pilló desprevenida. Estupefacta, mis ojos se abrieron como platos ante su incomprensible reacción. Él seguía con sus labios curvados en una media luna serena que pintó su apuesto rostro con ternura.
—Sí, de verdad que lo que ha hecho estuvo genial. Me gusta que Lady Garnetsch sea así… Sinceramente, me sorprendió un poco. ¡Ah! Pero de ninguna manera soy condescendiente con usted o trato de rebajar a la joven Lady Garnetsch. Lo que quiero decir… Es que yo… Bueno…
Aunque él estaba escogiendo sus palabras con cuidado para no ofenderme, estaba bien para mí si no lo hacía. Aun así, agradecí para mis adentros su consideración y él continuó su explicación.
—En fin, creo que Lady Garnetsch trató de superar su desgracia por su cuenta… Sus acciones, para superarse a sí misma, fueron muy valientes y la verdad que a mi parecer actuó de forma increíble.
“Desgracia y felicidad.”
Dos palabras contradictorias que me hicieron pensar en tres personas.
Por una parte, estaba Kylos Ludwig, un hombre que estaba destinado a ser una desgracia para mí.
En contraparte, estaba Raymond de Astarot, un joven que me habló de la felicidad y que se atrevió a decirme que estaba bien que yo fuera feliz.
Finalmente, estaba Sir Enoch Brans. Quien ahora me decía que, lo que yo creía sobre lo mal que estaba la avaricia y el egoísmo; si se utilizaban con fines honestos, dichas palabras cambiarían su significado negativo a uno positivo. Teniendo esto en cuenta, sin saberlo, había empezado a dar los pasos correctos hacia mi propia felicidad. Aunque yo dudara constantemente de si era una persona idónea merecedora de tal privilegio; esta vez, había actuado asombrosamente mirando, por primera vez, hacia la dicha que tanto buscaba.
El caballero siguió hablando al ver que yo seguía en silencio, reflexionando sobre los hechos ocurridos durante todo este tiempo.
—Estaba muy preocupado porque parecía que habías perdido toda tu motivación en la vida, después de haber enfermado durante días.
—¿Preocupado…? ¿Usted? ¿Por qué lo estaría?
—Bueno, porque debió ser un momento complicado para mi Lady. Lo que intentaba conseguir diciendo mentiras, era probablemente escapar de una vida miserable a través de sus propios medios. Siento que toda esa fuerza de voluntad que mostró en tal situación fue algo difícil, pero a la vez, hermoso y admirable… Algo digno de quitarse el sombrero ante usted.
—…
Mi corazón se hinchaba con cada palabra que él decía. Era un sentimiento muy diferente al que sentí cuando me enfrenté a Kylos Ludwig hace unas horas, en el salón. No obstante, tuve que mostrar mi humildad porque no me sentía alguien tan loable como él dignificaba.
—Lo siento, Sir. Me honra saber que pienses así sobre mí, pero nada de lo que hice fue con pensamientos de grandeza.
—La búsqueda de la felicidad no es algo grandioso.
«¿La felicidad no es algo grandioso? ¿Cómo puede ser eso posible?»
Lo observé con una mirada de desconcierto. Entonces, sus ojos se oscurecieron y contemplaron desenfocados al vacío.
—Sin embargo, esa búsqueda de la felicidad es especialmente grandiosa para usted…—respondió como si acabara de leerme el pensamiento—. Por eso quería ayudarte y juré mi lealtad hacia vos.
—Lord Brans…
—La promesa que hice aquel día de protegerte sigue en pie. Así que, Lady Garnetsch, por favor; siga avanzando, como hasta ahora ha hecho, para no caer en la desdicha.
—…
—Continúe así, para escapar del infortunio y abrazar la felicidad. Yo siempre estaré aquí, para poder seguir ayudándote.
Ante los ojos sinceros del joven caballero, la culpa, que había sido reprimida por un tiempo, comenzó a agitarse de nuevo.
«Él no me conoce. No sabe lo horrible y mezquina que he sido en el pasado. Por eso se atrevió a decirme que sea feliz, como Raymond también lo hacía constantemente. ¿Por qué estos dos hombres insisten tanto en mi felicidad cuando obviamente no soy digna de ella?»
Mirando hacia atrás, Enoch Brans fue capturado por los soldados de Kylos, por haberme ayudado a recuperar a mi hija. Desde entonces, hasta el final de su vida, no supe más de él.
«Si Brans se enterara de mi vida pasada, o de lo mal que puede ir el futuro que todavía no ha llegado; incluso sabiendo todo esto, ¿podrá seguir diciéndome sin remordimientos que realmente estará allí para ayudarme…? Lo dudo mucho…»
Sin embargo, daba igual lo que pensara porque al final no podría corroborarlo. Ya que confesar que había experimentado una regresión temporal, no era una opción.
—Gracias.—tontamente, oculté mis hechos y errores del pasado, terminando con una respuesta que reconocía su amabilidad—. Siempre estaré agradecida con usted, Lord Brans.
«Y lo siento de nuevo, Sir. Porque me estoy tragando las palabras que no soporto decir.»
El caballero dibujó una leve sonrisa mientras me observaba. Era esa sonrisa que ha estado mostrando todo el rato y que parecía a punto de desaparecer.
—Ahora tengo que entrar, mi Lady. Sería descortés hacia tu acompañante, abandonar el salón de banquetes durante mucho tiempo con una persona desconocida.
Sir Brans se paró, de pie, cerca de donde había estado sentado en todo el encuentro que tuvimos juntos, y me indicó, con un gesto, que entrara primero.
«Si vuelvo ahora, ¿cuándo volveremos a vernos?»
De pronto, recordé que ni siquiera le había dirigido un saludo común en ningún momento de nuestra inesperada reunión.
—Chloe.—en el instante en que pensé que sería una pena despedirnos así, las palabras salieron de repente de mi boca sin que me diera cuenta—. Me llamo Chloe.
Era una frase que no encajaba en la situación, pero después de parpadear un momento, entendió inmediatamente lo que le decía y me contestó con una curva en sus labios.
—Sí. La próxima vez, sin duda, te llamaré por ese nombre; “Chloe”.
Por primera vez pronunciaba mi nombre un hombre que llevaba mucho tiempo llamándome “Señorita de la familia Garnetsch”. Me resultó muy gratificante y, a la vez, emocionante.
Tras esto, cada uno volvió al lugar donde pertenecía.
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—No he estado fuera demasiado tiempo, ¿o sí?
—No pasa nada, mi Lady. Gracias a ti, me lo he pasado en grande, con amigos que hacía tiempo que no veía.—contestó Vincent con voz alegre—. Más que eso, estaba preocupado por usted. ¿Es cierto que la conversación con Su Alteza terminó bien? De verdad, siento no haber sido de ayuda antes.
—No, en realidad no pasó nada. Solo eran asuntos familiares en común, los cuales teníamos que discutir.
—Me alegro si ese es el caso.—el joven Conde seguía desconfiando, pero asintió de forma cálida a mis palabras que aparentemente no parecían gran cosa.
Como dijo la Marquesa Gemma, que me lo presentó, Vincent era una persona muy considerada y amable. Algo que, en este momento, agradecía sinceramente.
—¡Chloe!—una voz revoltosa y alegre sonó, mientras mantenía una pequeña conversación con mi acompañante.
Betsy venía corriendo hacia mí desde muy lejos. Ante su gesto frívolo, el hombre que estaba a su lado se frotó las sienes con expresión de dolor.
Tuve que volver a pedir comprensión al Conde. Por suerte, no fue una molestia para Vincent, ya que también había un grupo de gente buscándolo a él. Así que, me dijo que disfrutara un poco más del baile y se dirigió para conversar con sus colegas.
—¿Dónde has estado? ¡Llevo tiempo buscándote!—Betsy preguntó preocupada cuando me quedé sola y saltó hacia mí agarrándome de las manos con fuerza
—He vuelto después de tomar un poco de aire fresco, Princesa.
—Ha pasado algo, ¿verdad? La gente decía que el ambiente entre tú y el Duque de Ludwig era bastante inusual y tenso hace un momento.
Creo que todos husmearon nuestro encuentro a hurtadillas, fingiendo no saber. Bueno, yo también habría hecho lo mismo en este caso, así que era entendible aquel comportamiento. Únicamente había que analizar la situación que los ojos de los demás presenciaron. Desde un punto de vista externo, el honorable Gran Duque de Ludwig, que hacía su primera aparición en mucho tiempo, desprendía una atmósfera inquietante, sosteniendo a su allegada en una esquina, y dejando a su pareja, la Marquesa de Rosaline, sola. Obviamente, era un extraño acontecimiento que atraía a fisgones.
—¿Te amenazó o algo así? ¿Intentaba hacerte daño…?
—Eso no sucedió en absoluto. No tienes que preocuparte tanto, Betsy. Aun así, gracias.
—Eso está bien, me alegra escucharlo, pero…
Afortunadamente, viendo aquella reacción, parece que nadie sabía nada de la charla que tuve con él.
Si de lo que hablamos llegara a salir a la luz, el perjudicado sería Kylos, no yo. No obstante, quería que la conversación siguiera manteniéndose en secreto.
No quería volver a involucrarme con él, y ser objeto de los dimes y diretes de la gente. Solamente esperaba que, la persona llamada Kylos Ludwig, ya no existiera para mí.
—Por cierto, Chloe, este es mi hermano. Hermano, esta es Chloe, mi amiga de la que te hablé. Es muy bonita, ¿verdad?—Betsy me presentó al hombre que la seguía.
Era un varón que se parecía mucho a Betsy. Sin embargo, tenía una mirada un poco más afilada.
—Me presento ante usted, Señor de Carolina; esta es Chloe Garnetsch.
—¡Ah! Eres esa famosa hija, de la familia colateral del Gran Duque de Ludwig, de la que tanto se habla.—murmuró el hombre mirándome de arriba abajo.
Me sentí como si estuviera estudiando el valor de un producto. Sin embargo, ya estaba acostumbrada a esa mirada familiar, ya que Kylos siempre me ha manipulado constantemente con esos ojos. Incómoda, seguí escuchando al hermano mayor de Betsy; por pura cortesía hacia ella.
—¡El gusto del Duque de Ludwig es realmente asombroso! No puedo creer que ocultara en su castillo a una belleza tan asombrosa solo para sus propios placeres…
—… Eso es un pequeño malentendido, Lord de Carolina. Mi tío solo se apiadó de mí por ser huérfana y me apoyó. Nada más.—aclaré sin faltarle al respeto a diferencia de él, quien sí lo había hecho.
Pero, como siempre, la Princesa vino a apoyarme rápidamente.
—¡Hermano! ¿Acabas de decirle algo grosero a Chloe?—Betsy levantó sus ojos en forma de triángulo y fulminó con la mirada al Príncipe de Carolina.
Entonces, el hermano de la Princesa, levantó ambas manos e inclinó la cabeza.
—No, yo no pretendía hacer eso…—viendo la forma en que se cortó al hablar, parece que no era realmente su intención.
De hecho, lo que dijo el Lord estaba dentro de un rango totalmente imaginable.
Un joven, apuesto y soltero Gran Duque con una misteriosa muchacha que recibe su patrocinio de la nada. Ahora mismo, incluso la hija del Marqués, Elizabeth de Rosaline, desconfiaba y estaba recelosa de nuestro vínculo. Además, sin contar que yo, desde siempre, anhelé tener ese tipo de relación romántica con Kylos.
—Está bien. Si la gente no sabe mucho de él o de mí, es entendible que se puedan sacar conclusiones precipitadas y completamente erróneas. Esto no es algo nuevo.—expresé con firmeza, esperando que esta inoportuna conversación no se alargará mucho más—. No obstante, Lord de Carolina, oírle decirlo tan directamente, me hizo sentir algo molesta. Así que, le sugiero que se abstenga de dirigirse a mí de una forma tan descortés, de ahora en adelante.
—Lo siento, Lady Garnetsch. Cometí un error.
Creía que la conversación terminaría así, con sus disculpas. Si no fuera por las siguientes palabras del hombre, podría incluso haber pensado que esto se trataba de tan solo un pequeño incidente aislado.
—En mi defensa, creo que fue una comprensible equivocación, dado que la mujer que estaba con el Gran Duque afuera hace un momento, era exactamente igual a mi Lady.
Por un instante, mi cuerpo se detuvo. La vista que tenía ante mis ojos se volvió borrosa y luego negra, repetidamente. A duras penas, pude controlar las temblorosas puntas de mis dedos y curvar la comisura de mis labios. Intentaba averiguar a qué se refería exactamente el hermano de Betsy diciendo aquello. Mas mover mi boca para preguntar también me resultaba difícil. Aun así, lentamente, logré pronunciar lo que quería.
—¿Mi tío estaba con una mujer que se parecía a mí?
El joven Lord sonrió tímidamente ante mi cuestionamiento.
—Sí, ahora que lo pienso, sin duda era una persona diferente. No obstante, tenía un aura y físico bastante parecidos a los tuyos. De ahí mi confusión.
Me vinieron a la mente las palabras de la Marquesa de Rosaline, cuando la encontré en la ópera no hace mucho.
{—Si ha pasado esto, no vuelvas nunca más al Gran Ducado. De todos modos, Kylos ya ha encontrado a alguien que te sustituya.}
«Una sustituta… Así que su nuevo cebo para seducir a Raymond, la mujer que sería mi doble y se convertiría en mi reemplazo, está con él ahora mismo…»
—¿Dónde se encuentra mi tío en este momento?
«Tengo que impedirlo. Lo que sea que se traiga ese bastardo entre manos, tengo que pararlo… Por el bien de Raymond de Astarot»

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY