Capítulo 22
Pensando que había oído algo mal, me quedé allí, aturdida, mirándolo sin comprender. Kylos, aprovechando la oportunidad, levantó con cuidado una mano y me acarició suavemente la mejilla.
—Esta vez te haré feliz, Chloe. Convirtámonos en una familia oficialmente. Tú y yo, los dos… Es más, si quieres, tengamos un hijo que se parezca a ti… Si es una niña, podríamos llamarla Estel… Sí, Estel estaría bien, ¿verdad?
Mimy:
En el instante en que el nombre de mi pequeña Estel se atrevió a salir de su sucia boca, no pude contener la rabia que explotó en mí.
¡¡CRASH!!
Los últimos restos de los viejos sentimientos que me quedaban, se hicieron añicos.
{—¿Hacemos un nuevo niño? ¿Entonces dejarás de llorar?}
Su voz del pasado resonó en mi mente. Esas palabras, que con el tiempo había olvidado, volvieron a mi memoria. Cuando en aquella época escuché su cruel osadía por primera vez, me sentí aún más miserable y lloré incansablemente por haber perdido a mi preciosa Estel. Al final, él no había cambiado. Ni siquiera se daba cuenta de lo que me decía.
Pronto, comprendí el significado de lo que me estaba planteando aquel repugnante ser. Con esa vil idea suya, había mancillado el honor de mi hija y mis manos salieron antes de que pudiera articular algún sonido.
¡¡PAAAAAAF!!
De un manotazo, le giré la cara con un chasquido.
—¿Chloe…?—Kylos, me miró con incredulidad.
—Permíteme corregirme.—era un hombre con el que ya no valía la pena hablar, pero no pude evitar decir lo siguiente—. Te detesto, más allá de lo que cualquier persona pueda odiarte en tu puta vida.
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Una vez más, tuve que traicionar las expectativas de Raymond, para volver a vernos a la hora de comer. Mi mente, que había estado caliente toda la noche, en funcionamiento, estaba ahora fría y embotada.
Ese hombre, si es que se le puede llamar así, era un egoísta cuya propia felicidad estaba en la cúspide de sus prioridades y, por supuesto, por encima de la mía. Aún así, tenía la desfachatez y el descaro de profesar su amor por mí, ensalzando sus falsas promesas de devoción hacia mi persona.
En el hipotético caso, de que todo lo que me dijo, fuera nada más que la pura verdad. Si era cierto que me amaba con toda su alma. Si se hubiera tratado del simple hecho de haberse dado cuenta demasiado tarde de sus sentimientos. Si solamente hubiese sido así, quizás podría haberle correspondido.
Pero esa no era nuestra situación actual. Después de todo lo que me hizo sufrir, definitivamente, nunca lo amaría de nuevo.
{—El nombre de la niña podría ser… Estel. Sí, Estel estaría bien, ¿verdad?}
La sangre me hervía cada vez que evocaba aquellas palabras. Con tan sólo una frase, ese ser inmundo, había aplastado la existencia de Estel. Odiaba a ese hombre. Era repugnante. Quería destrozar a ese perro “amistoso” y torcerle el cuello con mis propias manos. Porque eso es lo que era, un maldito bastardo que se burló de mi hija en mi propia cara.
Sin embargo, ahora estaba condenada. Ni siquiera podía huir de él, y mucho menos destruirle la vida. A juzgar por la actitud de Kylos, de no entender mi ira en lo más mínimo, nunca me dejaría abandonar el Ducado.
{—Si necesitas mi ayuda para ser feliz, pídeme lo que sea.}
Pensé en el padre de Estel, el que siempre dió prioridad a mi felicidad.
Raymond, se había ofrecido para ayudarme desinteresadamente. No era difícil, solo tenía que acudir a él y comentarle las complicadas circunstancias en las que me encontraba. Seguro que, de buena gana, Raymond haría todo lo posible para sacarme de allí. Mas el problema era la culpa, que llenaba mi corazón y me retenía.
{—Si digo que no estoy enfadado, sería una mentira. Pero aún así, eres tú quien llora por mí.}
Sin embargo, cuando pensé en sus últimos momentos, antes de su miserable muerte que aconteció por los pecados que había cometido, no pude evitar emocionarme hasta las lágrimas. Pero una revelación vino a mí de inmediato.
En esta vida, ya no tenía ni la más mínima intención de servir como cebo para Kylos. Pero, aún sin mí, él aún tenía varios ases bajo la manga con los que crear oportunidades para acabar con Raymond.
Era un hecho lamentable, que la pérdida de Estel, no pudiera revertirse. No obstante, lo que sí podía evitar, era la muerte de Raymond. Me levanté de un salto, y corrí directamente hacia la habitación de invitados, donde se alojaba el joven Emperador.
¡PAM!
—¡Su Majestad!
Respiré hondo y levanté la vista hacia él. Raymond, asomado por la puerta abierta, se inclinó ligeramente hacia mí y, con una pícara sonrisa, recorrió lentamente mi cuerpo con su mirada.
—¿Sí, Chloe?—su gruesa palma me acarició la mejilla—. ¿Has encontrado la forma de ser feliz?
—…
Estaba tan abrumada por la emoción, que sin pensarlo mucho, acudí inmediatamente al lugar donde se encontraba. Sin embargo, cuando vi su cara, no supe qué decir. Así que traté de ordenar mi mente caótica.
«En primer lugar, tengo que alejarlo de Kylos, para que no sufra en vano como en el pasado… Pero antes de eso, debo hacerle saber que su hermano quiere matarlo para convertirse en el Soberano del Imperio de Astart… Y entonces… ¿Qué vendría después?… ¡Ah! Pero por muy Emperador que ahora sea Raymond, no puede arrestar a Kylos sin pruebas… En tal caso… ¿Cómo puedo demostrar la futura traición de Kylos? Además, no solo eso presentaría un problema porque si Raymond no me cree… ¡De nada servirían mis advertencias!… Necesito hacer que se fíe de mí… ¿Cuál sería la mejor manera para que me preste atención? ¿Cómo puedo obtener su confianza? ¿Qué…?»
—Chloe, tranquilízate.—mientras estaba perdida en la maraña de pensamientos, Raymond pronunció suavemente mi nombre—. Inhala y exhala lentamente para calmar tu excitación. Sí, eso es…
Su mano volvió a mimar mi rostro, como para apaciguar mis ansias. Luego, bajó su toque y me palmeó suavemente el hombro. Respiré hondo y liberé el aire de mis pulmones, lentamente y varias veces, mientras seguía su roce reconfortante.
—¿Cómo te encuentras? ¿Ya te has relajado un poco?
—… Gracias, Su Majestad.
Sintiéndome más serena, escuchando en mi oreja su voz suave y sosegada, intenté controlar aquel torbellino mental. Aún estaba algo confusa, pero hice lo posible por concentrarme en el tema principal; salvar a Raymond.
—Entonces, ¿qué felicidad encontraste?
“Felicidad” era una palabra tan lejana a mí, que ni siquiera me atreví a buscarla. No obstante, en ese momento, estaba segura de lo que quería.
—Necesito ayuda, Su Majestad. Pero antes de eso…
—Pasa primero.—Raymond me llevó a la habitación y cerró la puerta tras de mí.
Se hizo un silencio en el espacio en donde sólo estábamos Raymond y yo.
Él me dejó atrás y se sentó en el borde de la cama. Hace mucho tiempo, en ese mismo lecho, ambos nos tocamos y juntamos nuestros cuerpos. Acontecimientos de una época que ya no existe.
—Puedes seguir hablando, Chloe.
Me quedé contemplando, por unos instantes, aquel lugar lleno de recuerdos, desde donde ahora Raymond me miraba. Pero pronto, recobré el sentido y me encaré a él.
—Tengo algo que confesar a Su Majestad. Mi tío… No… En resumen, soy la mujer que Kylos creó especialmente para usted. Para seducir y arruinar a Su Majestad. Si todo sigue según su conspiración, en un futuro muy próximo, él podrá despojarte de tu posición, con el fin de usurpar el trono.
Mi corazón, que a duras penas había conseguido tranquilizarse, comenzó a palpitar de nuevo, aceleradamente.
«¿De verdad me creerá? Por muy difícil que sea, es su deber confirmarlo, ¿no? Se trata de una hija ilegítima, perteneciente a una casa caída, acusando a su medio hermano de traición… Como Emperador de Astart, no puede hacer la vista gorda…»
Lo miré ansiosa, pero Raymond que me escuchó perfectamente, se limitó a observarme sin ningún cambio en su expresión. Envalentonada por ello, continué hablando con voz más clara.
—Así que, todo estaba planeado. La razón por la que me moldearon para coincidir con los gustos de Su Majestad, el por qué nos conocimos en aquel baile de Año Nuevo e incluso la noche que pasé con vos. Todo fue una artimaña de Kylos; para engañarte y así derribar tu estatus.
—¿Por qué me dices esto, Chloe?—Raymond no estaba enfadado. En cambio, preguntó con una voz indiferente para luego continuar—. Es una afirmación que podría ponerte en peligro, si tan solo mi estado de ánimo cambia, y no tiene porque ser precisamente a tu favor.
Su tono era tan plácido que me pregunté si él estaba pensando que hablaba entre delirios o algo por el estilo. Tragué saliva, abrí los labios y pronuncié las siguientes palabras.
—Necesito su ayuda, Su Majestad.
En el momento en que me atreví a pedirle ayuda, un amargo sentimiento de culpa volvió a atravesar mi corazón, como si de una aguja se tratase.
“Ayuda” es una palabra bonita y aparentemente inofensiva. Pero usarla para mis propias necesidades, en nombre de su salvación, era como si lo estuviera manipulando de nuevo.
—Pero para eso, debemos tratar de llegar a un acuerdo.
En mi última vida y en esta, terminé usándolo. Sin embargo, no pretendía engañarlo más, como ya había hecho en un entonces. Además, no era una descarada que tenía la audacia de aceptar su ayuda porque sí, sin que él pudiera obtener nada a cambio. Así que intenté justificarme, lo máximo posible, en pro al “trato”.
—¿Un pacto?—preguntó Raymond entrecerrando sus ojos.
—Sí, un pacto o trato, da igual como lo quiera llamar. Si Su Majestad me ayuda, yo también le ayudaré.—levanté la punta de la barbilla para denotar algo de altivez con la intención de parecer segura de mí misma.
No obstante, sus pupilas vacilaron sin rumbo y su mirada, perdida, quedó suspendida en el aire.
—¡Qué arrogante eres, Chloe!—Raymond agitó lentamente la mano. Seguí su gesto y me acerqué un poco más a él—. No voy a hacer ningún negocio contigo. No necesito esa información. Ya dije que te ayudaría sin esperar nada a cambio.
Me sentí un poco avergonzada. Naturalmente, pensé que entraría en cólera y me pediría detalles sobre el plan secreto de Kylos. Pero por alguna razón, no lo hizo y permaneció impasible.
Ya se había enfrentado una vez a la muerte a manos de Kylos. No quería que aquello se repitiera y que él volviera a pasar por lo mismo. Raymond no merecía un final así.
Pero este hombre se lo estaba tomando tan a la ligera que me ponía nerviosa y me frustraba.
—Pero, Su Majestad…
—Para—se puso de pie, levantó la punta de mi barbilla con sus dedos y preguntó—. ¿Qué quieres?
En aquella posición, naturalmente, mi mirada se dirigió hacia arriba. La abrumadora sensación de intimidación que sentí al verlo, se apoderó de mi cuerpo por primera vez en mucho tiempo.
—Quiero una cosa—le miré fascinada y separé los labios—. Deseo torcer el cuello de un perro amistoso que vive en esta mansión, fingiendo ser el honorable Gran Duque de Ludwig.
«Kylos, te llevaré a la perdición, cueste lo que cueste.»
El hombre que me salvó, me engañó y finalmente me llevó a la muerte, quitándome las ganas de vivir. La persona que mató a este joven pelirrojo que tenía delante y también aquel que hizo desaparecer a mi pequeña Estel de este mundo. Dos vidas inocentes murieron a manos de este bastardo, por quien cometí un crimen irreparable.
Ansiaba su caída al abismo. Tal vez, con suerte, esta sea una forma de pagar por mis pecados cometidos en mi vida anterior. Aliviando así, mis remordimientos del pasado.
—Quiero vengarme de él. Si me utiliza a su favor, Su Majestad podrá acabar con él. Seré su herramienta y estaré a su disposición. Al igual que Kylos intentó hacer conmigo, usted también puede usarme del mismo modo. Seré el cebo de Su Majestad, ¿qué le parece?
—No, Chloe.—sin embargo, a pesar de mi determinación, Raymond negó inmediatamente lo que dije—. Esa no es tu felicidad.
Una sensación de calor envolvió mis ojos. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas, empapando mi vestido.
—Pero, yo…
No podía entender a Raymond.
«¿Por qué juzga mi felicidad? ¿Cómo puede saber cuál es mi dicha si ni siquiera yo lo sé?
Yo, yo… Lo que realmente quiero es…»
—En cambio, si no quieres estar al lado de mi hermano, puedo sacarte de aquí.
Mis oídos se abrieron de repente, al escuchar mi deseo contenido salir de su boca. Cuando señaló exactamente lo que yo quería, se desbordaron raudales junto con gemidos silenciosos.
—De acuerdo. Entonces, Chloe. Ahora déjame decirlo por una vez más. ¿Qué es lo que quieres?
Yo, que nunca había sido feliz, no sabía lo que debía o no, hacer para serlo. Pero una cosa era cierta.
—Quiero irme del lado de Kylos.
Para mí ahora, antes de cobrar venganza, lo que de verdad ansiaba era dejar de ver su repugnante cara. Irme del Gran Ducado y así poder finalmente descansar de mi odio y sufrimiento.
—Entonces repítelo ahora. No es un trato, es pedir ayuda.
—… Por favor, ayúdeme, Su Majestad.
Raymond sonrió, como si estuviera satisfecho con mi respuesta.
—¿En qué puedo ayudarte?
Lo miré en silencio por unos minutos, perdida en mis pensamientos.
Por mucho que sea el Emperador, no puede tocar descuidadamente a la mujer del Ducado de Ludwig sin un buen motivo.
La razón por la que pudo quedarse conmigo en mi última vida, fue por la conveniencia del guión que el Gran Duque Kylos había preparado para mí. Pero ahora él había declarado que nunca dejaría que me fuera tan fácilmente.
«Si es así, puedo crear una situación similar a la de aquella vez.»
Pensé en mis adentros.
Fue así, como aquel día Raymond y yo planeamos un plan de escape.
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Tiempo después, Raymond llamó a su doctor personal, diciendo que estaba muy preocupado por mi estado físico, que no se recuperaba fácilmente.
El médico del Palacio Imperial examinó mi cuerpo y dijo que tal vez tendría que esperar un poco más para mi recuperación.
Por supuesto, Kylos protestó enérgicamente.
—Hay médicos incluso en el Gran Ducado.
—Pero eso es porque no me siento del todo seguro, hermano.
Raymond, que estaba sentado a mi lado, en el borde de la cama, sonrió y cogió con la mano un mechón de mi pelo plateado.
—Mejórate pronto, mi Chloe.—susurró Raymond con voz suave y aparentemente cariñosa, mientras besaba mis cabellos que se entrelazaron en sus dedos.
Ante aquel espectáculo, todos en la habitación se pusieron rígidos ante la inesperada acción. A mí también me pasó lo mismo.
Mis mejillas enrojecieron y, al mismo tiempo, el color desapareció de la cara de Kylos.
Después de eso, Raymond permaneció en el Gran Ducado durante diez días más. Me hablaba y coqueteaba conmigo delante de mi tío, como si estuviera presumiendo, con pequeños y delicados roces sobre mi piel.
Era yo quien era consciente y respondía a cada pequeño gesto. Cuando me acariciaba el pelo, tocaba mi rostro o nuestros hombros se rozaban, todo mi ser se estremecía y una acogedora sensación, acompañada de timidez, me invadía.
«En el pasado se produjeron acciones aún peores entre nosotros. Así que, ¿por qué ahora este pequeño contacto entre nosotros hace que sienta calor en la cara?»
Era extraño.
—Su Majestad, usted no tiene que ir tan lejos…
—¿Por qué? ¿Es incómodo?
—…
Mimy:
Más que incómodo, la visión de él, ostentosamente fingiendo ser un amante en un jardín abierto, creaba una situación vergonzosa. Cuando vio que no pude responderle con facilidad, Raymond me alborotó el pelo y se rió como un niño
En realidad, lo único que le había pedido, fue que enviara aquí al médico del Palacio Imperial. Pero él llevó el designio más allá, con el propósito de engañar perfectamente a todo aquel que se encontrara en el Ducado.
El mero hecho de permanecer en el mismo espacio con él, ya era lo suficientemente excitante y desbordante para mí. Pero, para más inri, la actuación perfecta de Raymond, no hacía más que calentar mi cuerpo mientras mis mejillas se sonrojaban constantemente.
—Dame un respiro, Chloe. Estoy por volverme loco viendo cómo te ruborizas de esa manera cada vez que te toco—susurró Raymond, mirando a algún lugar detrás de mí. Tal vez lo que estaba al final de su línea de visión era la oficina del Gran Duque.
Raymond se comportaba así a propósito, sabiendo que Kylos nos observaba a través de la ventana de su despacho.
—Tú también lo estás…
—¡No me digas! ¿De verdad lo estoy…? ¿Hola? ¿Chloe? Te estoy hablando, Chloe…
Parpadeé desconcertada ante su voz juguetona que me llamaba de repente, y él, estalló en carcajadas al verme tan confundida.
—No puedo evitarlo, Chloe. Es divertido ver cómo incluso tus manos se tiñen de un rojo brillante cada vez que enlazamos nuestros dedos.—cada vez que sus pícaros susurros rozaban mi oreja, mi cara se sentía más y más caliente—. Estás siendo mala conmigo. No seas tan traviesa, Chloe…
—¿Es esto una queja? ¿Estás insatisfecho?
—Ja, ja, ja, ¿cómo podría? De ninguna manera…
Con esa pregunta retórica, yo solo pude negar con la cabeza.
«¿Quién está siendo todo un bribón revoltoso?»
Pero, por encima de todo, sus acciones eran puramente por mi bien. Esta era la principal razón por la que Raymond estaba permaneciendo tanto tiempo en el Gran Ducado de Ludwig y yo no podía estar más que agradecida con él.
—Su Majestad, ¿Está bien con todo esto?
—¿A qué te refieres?
—Bueno… Si me utilizas, podrás acabar con Kylos más fácilmente.
—Te lo repetiré una vez más. Chloe, piensa solo en tu felicidad.—los ojos rojos de Raymond se fijaron en mí, intensamente. Tragué saliva y cerré los labios bajo aquella mirada inquebrantable—. Porque ahora mismo pareces descorazonada y angustiada.
Al ver sus pupilas expresando una preocupación excesiva, mis latidos resonaron con fuerza en mi interior.
«Raymond, días atrás, afirmaste que no me querías. Entonces… ¿Por qué…? ¿Por qué me miras de esa forma tan dulce?»
Después de pasear un rato por el jardín con Raymond, volví a mi habitación. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando una voz sombría me llamó.
—Chloe.
Miré a Kylos que estaba de pie en el centro exacto de mi habitación, e inmediatamente traté de pasar de largo. No obstante, rápidamente me agarró de la muñeca y me obligó a encararlo de frente.
—¿De qué has hablado hoy con el Emperador?—preguntó inquisitivamente con una voz ásperamente quebrada.
Le devolví la mirada y las comisuras de mis labios se curvaron con picardía.
—Nos susurramos amor mutuamente, todo el tiempo. Como tú me enseñaste, no dejé de sonreír y lo seduje.
—Te dije que no tenías que hacer nada de esto.—un tono muy contenido salió de entre sus rechinantes dientes.
Sin embargo, al conocerlo desde hacía mucho tiempo, pude intuir sus claras emociones que ebullían en su interior.
—Eso es todo lo que aprendí de ti. El arte de la seducción. Para conquistar completamente al Emperador y tener un hijo con él… ¿No fue así?
—Por favor, Chloe… Te lo estoy pidiendo amablemente… ¡Deja ya de reunirte con Raymond!
—Dijiste que puedo hacer cualquier cosa mientras no abandone el Gran Ducado. ¿O es que acaso eso también era una mentira de las tuyas?
—…
Mientras pestañeaba con cara de no saber nada, Kylos se quedó completamente mudo y sólo se mordía los labios. Me deleité con gozo, mirando sus ojos hinchados y su piel áspera. Aunque era una persona que no había perdido nada, estaba en un estado lamentable.
—¿Haces esto porque estás enfadada conmigo? ¿Por eso sigues con ese hombre delante de mis ojos? ¿Quieres que enloquezca de celos?
—No sé de qué me hablas. Todo lo que estoy haciendo es seguir fielmente tus instrucciones.
Su apuesto rostro se distorsionó de dolor ante la farsa, que era claramente visible para cualquiera.
—¿Cómo puedes aliviar tu ira? ¿Cómo puedo abrir tu corazón? Dímelo, Chloe. ¿Qué puedo hacer para que me perdones?
—Ya te lo he dicho, pero lo repetiré. Por favor, deja que me vaya del Gran Ducado. Entonces te olvidaré y viviré mi vida felizmente lejos de tí.
—No permitiré que hagas eso. Ya lo sabes.
Viéndole murmurar con voz miserable, hice una mueca de desprecio.
—Lo sabía.
Nunca me había dado cuenta, hasta ahora, de que yo también podía tener un rostro y un tono tan fríos hacia una persona. Pero hoy, lo había descubierto.
—Pero, ¿qué debo hacer, tío?—llamándole por un título que hacía tiempo que no usaba, retiré lentamente su mano de mi muñeca. Al mirar a Kylos, una sonrisa apareció en mi rostro por primera vez en mucho tiempo. Di un paso atrás, bajando las comisuras de mis ojos que él había alabado como hermosos y solté la bomba—. Creo que él y yo deberíamos abandonar la mansión del Gran Duque, juntos.
—¡¿…?!
Me acaricié con cuidado el bajo vientre mientras él me observaba aturdido, frunciendo las cejas con expresión de incomprensión.
—Estoy embarazada. Voy a tener un hijo de Su Majestad.
—… No es verdad… ¡Mientes!—su negación sonó de forma grave y con un ligero temblor.
Mimy:
Sonreí suavemente e incliné ligeramente la cabeza.
—¿Por qué crees que es mentira?
—Eso no puede ser posible. Antes… Obviamente, no ahora, de ninguna manera… Aunque un poco más tarde…
—El flujo del tiempo ha cambiado respecto a lo que recuerdas.
—¡¡¡…!!!—su rostro estaba tan pálido que parecía que iba a desaparecer en cualquier momento.
Contemplé en silencio sus ojos temblorosos. Parecía mentira que este era el mismo hombre que celebró por todo lo alto mi embarazo cuando anunciaron que esperaba un niño de sangre Imperial.
{—Da a luz al hijo del Emperador.}
Es algo que, en el pasado, me repetía hasta el cansancio desde la celebración de Año Nuevo, cuando conocí a Raymond por primera vez. Incluso llegó a calcular minuciosamente mi ciclo menstrual y mi periodo fértil. Todo formaba parte de una maquinación perfecta en donde, por supuesto, se incluía la noche en la que perdí mi virginidad.
Fue una suerte que ese día en concreto ya hubiera pasado, porque fue gracias a eso que Raymond y yo pudimos contraatacar para desbaratar los planes de Kylos.
{—Entonces, Chloe, ¿En qué puedo ayudarte?
—Voy a contar una mentirijilla y tú tendrás que seguirme el juego. ¿Estarás bien con eso?
—Por supuesto.}

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY