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Capítulo 15. El dobladillo del vestido de novia blanco se tambalea

Independientemente del estado de ánimo de Nuritas, el trabajo de confección del vestido no había terminado. Miró por la ventana con ojos temblorosos y vio las nubes flotando en el cielo a la deriva. Mantuvo la cabeza erguida, tratando de visualizar recuerdos felices, por si una sola lágrima se deslizaba por el dobladillo del vestido.

«… ¿Hay alguno?»

Aunque frunció el ceño de tal manera que se dibujó una línea en su frente, no podía recordar un momento en el que sonreía alegremente. Ni siquiera una pequeña sonrisa. Cuando su mente estaba más tranquila, miraba a los animales jugar, o se tumbaba en la cama por la noche y escuchaba la respiración de su madre.

«Pensemos en otra cosa.»

Abrió mucho los ojos, intentando sacar aquellos tristes pensamientos. Y cuando miró la tela blanquecina del vestido que envolvía su cuerpo, era tan blanco que se sentía culpable por usarlo.

Sentía como si, al dar un paso, todo tipo de inmundicias subirían por el dobladillo del vestido. El vestido blanco se desvanecería en la oscuridad, tan pesada, que podría incluso dificultarle dar el paso.

Dentro de la sala de costura, el sol brillaba intensamente y las alegres voces de las costureras crepitaban como música. Pero Nuritas tenía los ojos sombríos, como si no perteneciera allí.

Cuando la costurera terminó las puntadas preliminares, comenzó una explicación detallada de los tipos de encaje que se utilizarían para el velo, mostrando cuidadosamente piezas de encaje con diferentes diseños.

Había encajes en forma de rosas, de enredaderas, de estrellas, encajes que nunca había visto. La costurera le explicó amablemente que todos estaban hechos por artesanos.

«¿Son bonitos?»

Pero para Nuritas significaban poco. No se trataba de casarse con el hombre que amaba, ni tampoco era un camino hacia su nombre. Con cuidado, Nuritas le hizo su petición a la costurera en voz baja.

—Independientemente del patrón, quiero que el velo sea muy largo y me llegue hasta los pies.

«Quiero que sea muy largo y ancho, para cubrir toda mi fealdad y mis pecados.»

Lilián: Mano, como quisiera darle un abrazo a la pobre nuritas :c

Nuritas tuvo que tragarse las palabras que no podían salir de su boca.

—Nunca imaginé un velo tan largo, pero creo que sería diferente. Como era de esperar, eres una persona preciosa y tus pensamientos son únicos. Prepararé el velo más hermoso.

A pesar de las intenciones de Nuritas, la costurera pareció verlo como un nuevo empeño. Sus manos entusiastas trabajaban en el dobladillo del vestido, y explicaba incansablemente a Nuritas lo que le gustaba y lo que le quedaría mejor.

Nuritas sintió envidia de que la costurera fuera una persona tan brillante; aunque estaban en la misma habitación, el mundo a su alrededor era negro como el carbón, y el suyo parecía brillar con luz propia.

Por mucho que Nuritas alargara la mano, la sombra que caía sobre ella no permitía que la luz la iluminara.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

Fue entonces cuando Meirin, vestida con un vestido amarillo pálido, apareció ante Nuritas, mirando a un lado y a otro como si estuviera vigilando.

«Esta mañana fue el hermano, y por la tarde la hermana.»

Ahora, si pudiera recibir una bofetada de la Condesa por la noche, sería un día perfecto. Nuritas bajó los ojos y murmuró en voz baja para sí misma. La aparición de Lady Meirin no podía ser una buena señal.

—¡Todo el mundo fuera!

Meirin despidió a las criadas y costureras como si fueran bichos y empezó a observar a Nuritas de pie en la plataforma redonda de madera, con el vestido de novia que habría llevado.

La desdichada hija ilegítima había cambiado significativamente desde su apariencia inicial de ser flaca y andrógina. Cualquier persona probablemente la confundiría con el linaje del Conde Romagnolo.

La irritación de Meirin empezó a aumentar mientras miraba fijamente a Nuritas, de piel clara y ojos azules, que se parecía más a su padre que ella misma.

—Un collar de perlas alrededor del cuello de un cerdo.

Nuritas apenas podía balbucear un libro infantil, por lo que le resultaba difícil entender todas las palabras de Meirin, pero por su tono sarcástico y la forma en que le miraba como si fuera una especie de bicho asqueroso, se dio cuenta de que no era nada favorable.

Entonces Meirin esbozó una sonrisa exagerada mientras agitaba su colorido vestido. La mano que sostenía el abanico era fuerte y las comisuras de sus labios sonrientes temblaban ligeramente.

—Por supuesto, no tienes ni idea de lo que quiero decir, y no te haces ilusiones de que un vestido así te sienta bien, ¿verdad?

Nuritas respondió a Meirin con la mirada, sin mediar palabra. No necesitaba que Meirin le dijera qué aspecto tenía en el espejo; ella misma sabía que no parecía una novia radiante.

—Debería haberlo usado yo originalmente.

Meirin había entrado en la habitación para decir eso. Era inaceptable que una chica tan humilde recibiera un vestido confeccionado con las mejores telas del Duque y, por primera vez desde que escuchó la historia, algo pareció iluminarse en el rostro inexpresivo de Nuritas.

«¿Te lo pondrás ahora? Es ahí a donde tienes que ir, ¿quieres ir?»

—Estás pensando tonterías porque sabes adónde vas en lugar de alguien. 

Nuritas miró fijamente a Meirin, que le devolvió la mirada con ojos feroces. Caminaba descalza entre las espinas a instancias del Conde que tenía la vida de su madre en sus manos.

—¿Cómo te atreves a mirarme de esa manera?

Miró en silencio a los ojos de la pelirroja Meirin. Había muchas cosas que quería decir, pero ya sabía que la joven no entendería ninguna de ellas.

—Si la noble señorita dice que fue culpa mía, entonces debo pedir perdón.

Nuritas decidió ser paciente, como lo había sido con Abio esta mañana.

A Meirin no le gustó el hecho de que Nuritas, a diferencia de las otras criadas, que se alborotaban a cada palabra suya, no levantara la cabeza ni evitara su mirada. Además, la forma en que la miraba cuando le gritaba enfurecía a Meirin.

«Está claro que esa zorra bastarda intenta vendarme los ojos.»

Meirin exhaló acaloradamente y se acercó a Nuritas, agarrando el dobladillo de su vestido recién hilvanado. La mirada interrogante de Nuritas se cruzó con los ojos triunfantes de Meirin y, de un tirón, el dobladillo del vestido se rasgó y las joyas se esparcieron por el suelo.

—¿De verdad crees que algo tan brillante como esto vale la pena en ti?

Meirin se asustó cuando lo que hizo impulsivamente por enojo e impulso se le fue de las manos. Pero no podía mostrarse débil ante aquella zorra, así que gritó más fuerte. Bajando la vista hacia su vestido, que ahora estaba hecho jirones en el dobladillo, Nuritas miró a Meirin con ojos fríos y habló.

—Gracias por hacerme un vestido que me sienta de maravilla. Creo que al Conde le gustará mucho.

—¡No, esto!

Asustada y humillada por el rostro inexpresivo de Nuritas, que parecía reprocharle socarronamente, Meirin retrocedió tropezando, con la cara tan roja como su pelo.

—Es realmente el vestido perfecto para mí.

Fue sólo cuando el dobladillo del vestido, que era demasiado bonito para usarlo, se volvió un desastre, que finalmente pudo respirar.

Sola en la habitación donde todos los demás se habían marchado, los ojos de Nuritas revolotearon salvajemente mientras se miraba en el gran espejo, con un vestido de novia blanco hecho jirones.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

En el despacho del ducado Morciani, un Duque de aspecto sombrío y su criado comparaban bocetos en una hoja de papel. Finalmente, César se decidió por algunos de ellos y se acercó al duque.

—Duque, creo que el azul sería un color mejor para su traje, ¿no cree?

—Sí.

—¿Y el rojo?

—Sí.

—¿Y qué le parece bordar el emblema de la familia?

—Todo bien.

César, el ayudante del Duque Morciani, estaba molesto por la actitud prepotente del Duque, pero se aguantó. Apretó los dientes y habló con voz normal.

—Estamos decidiendo qué se va a poner en su boda, ¿no puedes ser un poco más serio?

Lucious se alborotó el pelo negro y miró fijamente a César con unos ojos oscuros que parecían los de un jaguar salvaje.

—Si aparezco desnudo, ¿se invalidará ese matrimonio?

—¡Duque, por favor!

El corazón de su frágil ayudante parecía romperse a cada declaración impactante que hacía el Duque. César era muy consciente de que el Duque no estaba contento con el matrimonio en sí. Por supuesto, no ayudaba que se tratase con alguien de la familia del Conde Romagnolo.

—Pero Duque, si vas a casarte como ha ordenado Su Majestad, ¿por qué no hacer lo mejor que se pueda? Una vez vi una cita que decía: si no puedes evitarlo, debes estar dispuesto a aceptarlo.

Después de escuchar las palabras de César para apaciguarlo, Lucious se levantó de su asiento, estirando sus largas y tonificadas piernas.

—En la guerra, si no escapas, no verás salir el sol al día siguiente.

—Pero, Duque, la guerra ya terminó.

—¿Ah, sí?

Lucious lanzó una mirada feroz a lo lejos.

—César, la verdadera guerra se libra todo el tiempo, no sólo en el campo de batalla, sino aquí. Tu enemigo sólo oculta su verdadera forma.

Lucious recordó de pronto el rostro de la joven que había visto no hacía mucho, gritándole blasfemias. Por muy deprimido que se sintiera, recordarla le sacó una pequeña sonrisa. Era una mujer graciosa, con barro en el vestido y hablando como un hombre.

—Dijiste Nuritas.

—¿Qué?

Siguió mirando a lo lejos, sin responder a la voz interrogante de César. César volvió a empujar la pila de papeles delante del Duque.

—Duque, ¿deberíamos servir treinta patos? ¿Y cuánto vino debemos preparar?

—Eso tendrás que hablarlo con el mayordomo.

Sin embargo, los ojos del Duque parecían vagar, sin detenerse en los papeles que César le había entregado. Luego, de repente, le entregó el paquete de invitaciones al ayudante.

—¿Esto es todo?

César lo levantó y lo miró, sorprendido de lo delgado que era.

«¿Es este el matrimonio del Duque Morciani, considerado la persona más poderosa del reino?»

—Sí, no tengo ninguna intención de convertirme en payaso delante de gente inútil.

Las frías palabras del Duque casi hicieron vacilar a César. No esperaba que fuera tan negativo, aun si no le gustaba la idea del matrimonio. Incluso sintió un poco de lástima por la desconocida Meirin Romagnolo.

«Tener por marido a un hombre con tanta sangre fría.»

Desde su perspectiva, era alguien respetable y muy guapo, pero si su hermana quisiera casarse con el Duque, César definitivamente arriesgaría su vida para detenerla.

«No hay manera de que la vida matrimonial con el Duque sea dulce y feliz.»

Por otro lado, al pensar en su señor, que sentía que la vida cotidiana era una guerra, de repente se sintió triste. Ojalá la nueva señora sea cálida y pueda derretir un poco su gélido corazón. Esperaba que su futuro juntos fuera tan cálido como un día de primavera.

Ese era el sincero deseo de César para su señor.

«Ocupémonos de la ceremonia, del vestido y de agasajar a los invitados. Hagámosle la vida más fácil a nuestro señor si es posible.»

La promesa de César, el devoto ayudante, se difundía silenciosamente.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: LILIAN


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