Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 06. Una parte media del conde (2)

El Conde hablaba lentamente consigo mismo sobre lo que estaba por venir.

Meirin, la verdadera hija del conde, se refugiaría primero en un monasterio, esperaría el momento oportuno y luego sería puesta al cuidado de un pariente en un reino vecino. La hija ilegítima, de cuya existencia no sabía hasta hace poco, sería enviada al ducado como sustituta de Meirin.

Mientras escuchaba, la condesa emitió un grito grave entrecortado, y su rostro palideció, como si estuviera a punto de desmayarse. Nuritas dudó, preguntándose si debía atreverse a interrumpir la palabra del noble, pero finalmente se aclaró la garganta y formuló su pregunta.

—¡Conde! Lo siento, pero soy sólo una humilde persona que limpia la pocilga, ¿cómo puedo pretender ser un noble?

El Conde escuchó su plan y miró a la joven desaliñada de pelo corto que planteó la pregunta. Sus ojos eran agudos, como los de un lobo acechando a su presa.

«¿Hasta dónde puede llegar esta joven?»

Cuando el conde se acarició la barbilla y no contestó, a Nuritas le empezaron a temblar los huesos. Hacerse pasar por un noble era un delito capital, castigado con la muerte inmediata en caso de ser descubierto. No merecía la pena. Hacía poco que había descubierto que era una mujer, y lo único que sabía hacer era recoger tierra y cargar paja.

«¡Fingir ser una noble, eso es ridículo! »

El conde miraba a lo lejos como si ya hubiera perdido interés en su hija ilegítima. La Condesa debió quedar igual de sorprendida, agitó la mano y puso el grito en el cielo en silencio.

—Conde, ¿cómo puede esa cosa humilde reemplazar a nuestra Meirin?

El Conde giró la cabeza ante las palabras de su esposa, dirigiéndole una mirada complicada. 

—Señora, piénselo bien. Es bastarda, así que tendrá sangre noble en sus venas, y lo que no sepa, se lo enseñarán. Además, nadie conoce los modales nobles desde el día en que nace. Y en cuanto a su pelo, es cuestión de teñírselo de rojo.

La Condesa no quería que su hija menor, Meirin, se casara con semejante demonio, pero tampoco quería engañar al Duque. Si algo salía mal, una gran desgracia caería sobre la familia. Nacida como hija de un noble y con una vida en general sin complicaciones, empezó a tener miedo de quedarse en la calle.

Nuritas se dio cuenta de que el conde no hablaba con palabras vacías, y terminó por tumbarse en el suelo con las manos manchadas de tierra en las uñas. Si él le pidiera que comiera menos de lo que hace ahora, lo cumpliría; si le pidiera que trabajara más, ella lo intentaría, pero la idea de hacerse pasar por un noble le daba ganas de llorar. Se le nubló la vista.

—Mi señor, Conde, por favor, no me maten. No puedo. Por favor.

Se arrastró y agarró la punta brillante del zapato del conde. Para ella, él era el creador de su carne y su sangre, la parca con el poder de decidir su vida y su muerte. Nuritas suplicó y rogó, esperando que cambiara de opinión.

—Soy tan sucia e indigna que no hay forma de que pueda ser una buena sustituta para usted, Conde. Trabajaré más duro, no descansaré, comeré menos, me esforzaré más. Lo haré bien, Conde. Por favor, piénselo otra vez.

Nuritas rompió a llorar y a moquear, agarrándose a la punta de su zapato como si fuera un salvavidas. Esperaba que él se apiadara de ella y cambiara de opinión, pero el Conde le apartó la mano como si tuviera suciedad en la punta del zapato. Se limpió el dobladillo de los pantalones con el pañuelo y le sonrió mientras ella se agachaba en un rincón.

Los ojos del conde estaban llenos de convicción.

—No, lo harás bien. A menos que estés dispuesta a morir…

Nuritas levantó la vista cuando el Conde hizo una pausa. Sus ojos, del mismo color que los suyos, la miraban, pero no a ella, y se pasó una vez la lengua por los labios finos y rojos, con los ojos brillantes.

—De lo contrario, ¿qué tan triste estará tu pobre madre?

Nuritas dejó de temblar. Oyó lo que el diabólico conde decía ahora, pero su mente tardó un momento en procesarlo.

«¿Por qué mencionas a mi madre? »

Entonces, en un instante, una revelación recorrió todo su cuerpo. El conde tiene ahora como rehén a su madre, a la que ha estado maltratando toda su vida, e insta a Nuritas a que haga el papel de Meirin. Se le revolvió el estómago, incluso más que cuando había sido golpeada por Abio o cuando tuvo que oler su fétido aliento en el suelo.

«¿Es el conde realmente una persona?»

Quería desahogar su ira maldiciendo al Conde y tirándole mierda para luego alejarse con su madre, donde sus ojos no puedan llegar y donde sus manos no puedan hacerles daño.

A pesar de su falta de educación, Nuritas podía prever fácilmente el desastre que se avecinaba. Asintió lentamente con la cabeza, sabiendo que no hablaba con palabras vacías. Entonces una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del Conde mientras miraba a su bastardo derrotado.

«¿No es este un buen plan para matar dos pájaros de un tiro? Engañar a Morciani y proteger mi linaje al mismo tiempo…  No importa cuánto avance, soy superior a ese joven.»

Todos los que le habían alabado como el mejor estratega de todos los tiempos se postraban ahora a los pies del duque de Morciani, pero éste apenas pudo contener la risa ante la mera idea de que el mocoso de ojos azules se casara con una hija ilegítima. Por supuesto, no tuvo ninguna consideración por el daño o el dolor que Leonie y su hija sufrirían.

—Vamos. Ahora estarás ocupada. Señora, haz que las criadas bañen y alimenten a la joven primero. En su estado actual, no puedo decir si es un animal o una persona.

La condesa no estaba del todo de acuerdo con su plan. A pesar de las palabras aparentemente seguras del Conde, un sentimiento de inquietud persistía en su interior.

«Es demasiado arriesgado… »

Los nervios de la Condesa estaban a flor de piel, sobre todo porque estaban en juego sus preciados hijos. Sin embargo, las mujeres de esta época no tenían más remedio que callar porque no tenían derecho a hablar.

—Date prisa, sígueme.

La Condesa tomó la delantera, mirando amargamente a la joven acurrucada en un rincón. Nuritas se levantó con dificultad, su cuerpo era un desastre de ira y conmoción.

Vio claramente al conde antes de irse y reflexionó que seguir obedientemente sus palabras ahora, no significaría admitir la derrota.

Arietty: Ganará la batalla pero no la guerra :v

Lilián: Válgame que si xD, que se prepare el conde pues

La enorme puerta se cerró detrás de ella.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

Las criadas llenaron un barril de madera con agua caliente e intentaron despojar a Nuritas de sus ropas con cara de asco, pero ella se sacudió y se las quitó ella misma. Un olor nauseabundo empezó a llenar la habitación a medida que la humedad tocaba sus ropas mugrientas y su cuerpo.

—Ah, el olor.

Las criadas se enfurruñaron descontentas de que, de repente, se les pidiera que bañaran a un cerdo, y entonces una de ellas, a la que le habían contado el secreto del nacimiento de Nuritas, susurró a otra. Pero el hecho de que fuera la hija ilegítima del conde no aligeró sus ánimos.

Nuritas podía sentir claramente sus emociones negativas. Estando desnuda, quiso pedir perdón, pero su boca seca no se lo permitía.

No había nacido así porque quisiera, a Nuritas aun le costaba aceptarlo. Tenía que tragarse las palabras solo para sí misma. Las criadas quitaron la suciedad de Nuritas con sus manos torpes y aplicaron abundante perfume a base de rosas para eliminar el terrible olor.

Después de terminar su baño, la señorita Meirin se puso a medias el vestido verde que solía usar y salió furiosa sin mirar atrás. Las mentes de las criadas no eran incomprensibles. Incluso si fuera una de ellas, se sorprendería de tener que servir a alguien que había estado limpiando la inmundicia de los cerdos hasta ahora.

De pie en la habitación donde todos habían desaparecido, Nuritas se paró frente al espejo.

Antes, en presencia de las criadas, no había tenido el valor ni siquiera de intentar mirarse. Era la primera vez que se vestía de mujer. El vestido largo y suelto le resultaba incómodo, y cuando caminaba, la tela se le amontonaba alrededor de los tobillos, haciéndola sentir torpe, como un bebé practicando sus primeros pasos.

La mujer del espejo era ridícula. Llevaba el pelo corto y despeinado, y el vestido le cubría el cuerpo delgado sin volumen, como si llevara una cortina. Tardó un momento en permitirse cierta admiración por el aspecto que tenía con su primer vestido.

—El Conde la llama.—Una criada entró y le dijo las palabras sin rodeos antes de desaparecer. 

Nuritas alargó la mano y se tocó el pelo, sin sentir ninguna diferencia, y se limitó a salir de la habitación.

Mientras se dirigía al despacho del Conde, arrastrando su vestido ligeramente largo, vio una cara que no quería ver. Al principio, no la reconoció y le dirigió una mirada interrogante, pero luego sus ojos se agrandaron y se acercó a ella, agarró a Nuritas por los hombros con ambas manos y la zarandeó.

—¿Eres una mujer ? ¿Por qué llevas esto? No ¿Por qué estás en el castillo?

Abio estaba tan emocionado que la bombardeó con preguntas sin parar. Nuritas estaba tan agotada que no quiso decir nada. Ante su silencio, Abio comenzó a presionarla aún más fuerte.

—¿Vas a ser la amante del conde? No es así, ¿verdad?

Estaba interrogando a Nuritas como si fuera un marido que sospechara de la infidelidad de su esposa. Ella no sintió la necesidad de ofrecerle ninguna explicación, pero decidió darse ánimos si era inevitable.

Se presentó por primera vez.

—Soy Nuritas Romagnolo.

—¿Nuritas?

Abio repitió su nombre con incredulidad. Era la primera vez que se daba cuenta de que esa cosa tenía nombre. No se le ocurrió, hasta más tarde, que ella había pronunciado el mismo apellido que él.

—… No, ¿por qué una escoria como tú usa el apellido de nuestra familia?

—Soy una hija ilegítima.

En cuanto dijo la palabra ilegítimo, una extraña luz empezó a brillar en los ojos de Abio.

—No puedes serlo.

A Abio le confundía que la mujer que siempre lo atormentaba por las noches no fuera un hombre, y no podía admitir fácilmente que compartiera la misma sangre que él.

—Eso no puede ser posible.

Abio se quedó con la boca abierta y una expresión devastada en el rostro, bajando la mano que la había estado estrechando. Nuritas apartó al hombre que se interponía en su camino y se dirigió hacia el Conde. Abio entonces se dio cuenta de que Nuritas se había escapado de él y la llamó.

—Oye, para. ¿Crees que tiene sentido? Estás mintiendo, ¿verdad? ¿Eh? ¿Tú y yo compartimos sangre? ¿Eh?

El llamado desesperado de Abio fue lo suficientemente fuerte como para llenar el castillo del Conde, pero Nuritas no miró atrás. Nuritas pensó que su voz era exactamente igual al chillido que hace un cerdo al cortarle la punta de la cola.

Arietty: Estaba tomando café y casi lo escupo JAJAJAJAJAJ

 

Lilián: 


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: LILIAN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 5

    Next Post

  • CAPÍTULO 7
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks