Capítulo 14
—No sé a qué te refieres.—Simone le respondió mientras miraba al Archiduque Illeston, quien había vuelto a prestar atención a su libro—. Vine aquí para romper la maldición.
—…
—No puedes ocultarme cosas, al menos no sobre la maldición.
—Simone, no puedo soportar escuchar más.—cuando el Archiduque IIleston guardó silencio, el mayordomo Kell, frunció el ceño y dio un paso adelante.
—Te equivocas. El Maestro aún no tiene hijos.—ante las palabras del mayordomo, Simone miró al Archiduque Illeston.
—¿Es así?
El Archiduque Illeston todavía mantuvo sus ojos en el libro sin responder, pero esta vez también, Kell quien habló en su lugar.
—Dices lo obvio.
Después de haberse quedado en la mansión por un tiempo, debería haberlo sabido de inmediato.
El Archiduque no tenía hijos.
Mucha gente creía que él y la Archiduquesa Florièr tenían tan mala salud que era prácticamente difícil concebir un heredero.
La ausencia de un heredero significaría el fin de la línea generacional. Al tratarse de un asunto delicado, nadie sacaría el tema a la ligera.
El hecho de que Simone sacará a relucir un hijo.
«De todos modos, que desastre.»
La falta de modales de Simone, propios de un Nigromante, molestaba a Kell.
—Así que déjate de tonterías y haz lo que se te dice…
—Kell.—cuando el Archiduque IIleston miró fijamente a Kell, y la boca de éste se cerró. Kell no pudo decir nada más.
Fue porque la tez del Archiduque Illeston estaba peor que de costumbre.
«¿Qué ocurre?»
El Archiduque IIleston cerró el libro.
—No hay nada de qué preocuparse. Kell, necesito que salgas un momento.
—… Está bien.
—Ella es nuestra aliada. Tratarla en consecuencia, independientemente de su estatus.
—Seguiré las palabras de mi maestro.
Simone escuchó su conversación y lentamente recogió su taza de té.
Por orden del Archiduque IIleston, Kell apartó los ojos de Simone, llenó su taza vacía con té y abandonó el estudio.
El silencio envolvió de nuevo el estudio, hasta que sólo quedaron el Archiduque IIleston y Simone.
El Archiduque IIleston se levantó de su asiento y se sentó en el sofá frente a Simone.
Luego, tan pronto como Simone dejó la taza de té, él habló con urgencia.
—¿Cómo conoces a Jace?
¿Cómo sabía Simone del niño olvidado?
Simone sonrió ante la pregunta del Archiduque IIleston.
—Soy la que vino a romper la maldición de la casa Illeston. ¿Crees que habría venido sin saber nada más que rumores?
Por supuesto, sólo estaba arañando la superficie de lo que había visto en los libros.
La mirada del Archiduque IIleston cambió.
—Tú.
A diferencia de antes, cuando parecía completamente desinteresado, el Archiduque IIleston preguntó desesperadamente en este lugar donde no había nadie más que Simone.
—¿Puedes romper la maldición de los dos?
Al Archiduque IIleston no le importa cuál fuera la identidad de Simone.
Ya fuera un nigromante o un fantasma, o que la propia Simone fuera otra maldición, parecía que podía hacer lo que ella quisiera si podía levantar esa maldición.
Simone respondió un poco más tarde que el Archiduque Illeston.
—No estoy segura ahora.
Simone simplemente está tratando de resolver la maldición tanto como fuera posible basándose en la información que vio en el libro.
Si el Deseo del Santo no funcionaba como pensaba, tenía que encontrar otra manera.
—Aún tengo que resolverlo.—Simone dijo con calma.
Incluso si el Deseo del Santo no podía levantar la maldición de Jace, era una cuestión de vida humana, así que ¿por qué no?
Necesitaba solucionarlo.
—… Sí. Tengo que romperla.
Ante las decididas palabras de Simone, el Archiduque Illeston se sintió aliviado. No sabía cómo podía confiar en unas palabras tan irresponsables, pero sabía que Simone haría lo que fuera necesario para romper la maldición.
No, por ahora, tenía que confiar en ella.
Porque Simone era la única esperanza para la mansión.
—¿Encontrarás el Deseo del Santo?
—Bueno. Preguntaré al Gremio de Aventureros.
—Si los rumores son ciertos, es una piedra peligrosa, y no deberíamos enviar a cualquiera.
—Me encargaré de ello incluso si no me lo dices.—Simone asintió y se levantó.
—Entonces nos volveremos a ver cuando venga alguien del Gremio de Aventureros.
Aunque se trataba de una relación contractual y vivían bajo el mismo techo, el Archiduque Illeston y Simone rara vez se encontraban en esa mansión.
El Archiduque de Illeston puso a Simone bajo vigilancia y recibía informes periódicos, pero por lo demás no le prestaba atención.
Cuando Simone estaba a punto de salir del estudio, el Archiduque Illeston la llamó.
—Simone. —era la primera vez que pronunciaba su nombre. Simone se volvió hacia él. El Archiduque Illeston tenía ojos muy ansiosos—. ¿El niño vivirá?
—No lo sé. Ni siquiera sé dónde está, y sólo lo sabré cuando vea su estado.
¿No habían pasado casi diez años desde que comenzó la maldición?
La condición de Jace nunca se ha descrito en el libro, por lo que ni siquiera Simone no lo sabía. En la novela, el plan del Archiduque Illeston fracasa, por lo que Jace y Florièr habrían muerto.
El hecho de que se detuvieran después del repentino secuestro para romper la maldición sugiere que se encontraban en algún tipo de estado crítico.
—Me reuniré con ustedes dos después de encontrar el Deseo del Santo.—el Archiduque respondió sin pensar—,lo encontraré a toda costa.
Tenía que aferrarse a un atisbo de esperanza, por muy fantasiosa que fuera la leyenda.
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—Contacta con el gremio de aventureros, necesitaré al menos cinco buenos aventureros expertos.
—Sí, señor, está bien. ¿Estaría bien si no reclutamos magos?
—Nada de magos, porque según la leyenda que los que usan maná son más susceptibles al engaño.—El mayordomo principal, Kell, inclinó la cabeza ante sus palabras, pero su rostro estaba lleno de preocupación.
—Maestro, ¿puede este anciano hacerle una pregunta?
—Habla.—El Archiduque Illeston volvió a abrir el libro que había cerrado. Parecía saber lo que Kell diría.
—Romper la maldición de la mansión es un avance bienvenido, pero nos preocupa que el maestro pueda dejarse influenciar demasiado por las palabras de ese nigromante.
—Nada de eso.
—Maestro.—Kell llamó en voz baja al Archiduque Illeston. El Archiduque, había sido su pequeño señor desde que era un niño, el heredero de su antecesor.
A pesar de su falta de emociones, Kell podía deducir por las pequeñas acciones del Archiduque que no era el de siempre. Sintió esto incluso antes de que el nigromante viniera a vivir a esta mansión.
Hacía más de siete años que el Archiduque y Lady Illeston no compartían habitación.
Un día, Florièr dejó de salir de su habitación y nadie podía acercarse a su habitación por orden del Archiduque Illeston.
No había nadie que no supiera que Florièr sufría problemas mentales.
Cuando salía de su habitación, siempre estaba pálida y despedía un hedor terrible. Y siempre salían de su habitación sonidos ininteligibles, como si estuviera hablando con alguien.
Sin embargo, fue hace sólo medio año que el Archiduque Illeston, quien era firme en sus deberes y en su administración del territorio, de repente se obsesionó con romper la maldición después de tener una conversación con Florièr al salir de su habitación.
—¿Hay algo que no sepa?
¿Había algo que estuviera ocultando incluso a su ayudante más cercana, Kell?
Kell recordó las palabras de Simone.
{—Para levantar la maldición de la Archiduquesa Florier y el hijo mayor de la Casa Illeston, Jace Karl Illeston.}
Jace Karl Illeston, un nombre del que nunca había oído hablar.
Presionó a Simone, preguntándole de qué tonterías estaba hablando, pero a partir de ese momento, la expresión del Archiduque IIleston cambió drásticamente y emitiera una orden para salir.
Luego, de vuelta en el estudio, el Archiduque Illeston le pidió que reclutara aventureros para encontrar el Deseo del Santo.
Esto significaba que, o el nigromante estaba manipulando a su maestro o bien su maestro le está ocultando algo. Sin embargo, dado que el Archiduque IIleston no era alguien que se dejara influenciar por nadie, probablemente era lo último.
No era que le molestara que le ocultara algo. Su preocupación era que su maestro fuera incapaz de hablar y estuviera sufriendo solo.
Sin embargo, el Archiduque IIleston negó con la cabeza.
—No es nada. No lo entiendes.
—¿Qué?
—Cuando todo esté arreglado, entonces lo sabrás. Espero que tus recuerdos de ese día vuelvan.
—¿De qué… Está hablando…?
—Basta de eso, ¿lo averiguaste?—ante la pregunta del Archiduque Illeston, Kell hizo una pausa y bajó la cabeza.
—Sí señor. ¿Se refiere a la investigación sobre el Nigromante? Acabo de recibir un informe de un informante hoy.—Kell presentó el informe del informante al Archiduque Illeston—. Lo comprobé de antemano… Esa niña parece haber crecido en un ambiente escandaloso hasta este momento
La expresión de Illeston se endureció lentamente mientras hojeaba el informe. Como si lo hubiera previsto, Kell tomó la palabra.
—Le di el dinero al trabajador del orfanato donde se crió la niña y abrió la boca con facilidad.
—¿Un orfanato?
—Sí, escuché que el director recogió a un bebé abandonado al costado de la carretera y como los Nigromantes son evidentes desde el nacimiento, sospecho que los padres no pudieron soportarlo y lo abandonaron.
Entre el contenido del informe, había una palabra que llamó la atención del Archiduque Illeston.
[Sociedad Oculta.]
El Archiduque Illeston leyó las palabras de los trabajadores.
[—Pero ¿quién adoptaría a esa niña? Cumplirá diecisiete este año, es mayor, su cabello es negro y asqueroso. No lo sé porque solo soy el que lleva la carga. Escuché que la golpearon mucho. ¡Ah! ¿Y creo que intentó suicidarse antes de huir?
—Así es. ¡Hubo un gran alboroto al respecto, y todos extendimos nuestras mantas y dijimos que nos pagarían por saltar desde una gran altura! Escuché que lo hizo porque no quería ser vendida a la sociedad oculta. Bueno, incluso si fueras como yo, habrías pensado que sería mejor caer y morir que ser vendido allí.
—Me alegro de que se escapara antes de morir.]
La sociedad oculta tenía fama de comprar sujetos de prueba y realizar experimentos crueles y brujería.
Si las palabras de los trabajadores eran ciertas, la chica no tenía otro lugar adonde ir. Incluso si intentaran escapar, la mujer de cabello negro sólo conseguiría que la arrastraran y la ejecutaran.
—Significa que vino aquí a vivir.
—Así es. Al menos no creo que haya venido aquí con la intención de robar dinero.
Todos en el Imperio Luan conocían la tenacidad de la Sociedad Oculta. Si supieran que hay un nigromante en el Imperio Luan, ya estarían cazando a la fugitiva Simone como ratas.
Debió haber pensado que sería mejor levantar la maldición de esta mansión y recibir la protección de la familia Illeston.
—Kell, ¿el orfanato donde estaba la chica está dentro de mis dominios?
—Sí, la dirección que figura en el documento proporcionada por el informante estaba dentro del territorio.—El Archiduque Illeston arrojó los papeles sobre el escritorio.
—No hay necesidad de mantener un lugar como este. Deshazte de él.
—Sí entonces…
TOC TOC.
La voz de Kell se detuvo cuando alguien llamó a la puerta del estudio. Alguien que vendría a verle a última hora de la tarde.
Los ojos del Archiduque Illeston se hundieron profundamente.
KIIK-
Antes de que se diera el permiso del Archiduque, un olor a sangre y un hedor terrible fluyó por la puerta abierta.
—…
No obstante, el Archiduque Illeston la saludó en voz baja, con una sonrisa amable teñida de amargura.
—… Bienvenida, Florièr.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: TY