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Capítulo 24

Afortunadamente, Calliope fue capaz de resolver fácilmente el problema que Kafir no podía hacer. Al parecer, aquello era todo un logro para el niño, y cambió bastante su actitud hacia ella para mejor.

—Adiós, entonces.

Calliope recibió la reverencia de Jack y salió de la habitación con Susan. Hoy tenía que volver a pasar tiempo con el aburrido de Dieter. Menos mal que no estaba del todo bien como para permanecer sentado por mucho tiempo junto a ella. Calliope suspiró pesadamente mientras caminaba hacia el anexo.

Siempre que la ve, la mitad de su conversación es insultando a la Marquesa y la otra mitad es exigiendo que debería de tenerlo como tutor.

Calliope siempre sonreía y decía: “Por supuesto”, pero siempre era la misma historia, y a duras penas conseguía ignorarlo. Ahora caminaba con él, ofreciéndose para ayudarle a volver a su habitación.

—Abuelo, ¿no estás empeorando?

—Todo se debe a que he estado viviendo en el anexo, y el polvo está por todas partes, simplemente, no estoy mejorando.

La conversación era siempre así. Se alejó tambaleándose, siempre sostenido por un criado. Calliope le puso una mano preocupada en el otro brazo. Odiaba el contacto, pero esto tendría que servir para algo.

—¿Ha llamado a un curandero?

—Me he gastado todo el dinero que me han dado este mes, y no puedo conseguir uno hasta la semana que viene.

Fingió ser un anciano maltratado, pero le pagaban tanto que no se dio cuenta de que una de las criadas lo miraba con incredulidad. Claro, no es tanto como otros miembros de la familia del marqués, pero tampoco es tan poco como para que no pueda permitirse un curandero.

«Ni siquiera mencionaste algo sobre la ropa que llevo puesta.»

Pensó Calliope, tratando de contener una blasfemia que quería salir de su boca.

—Esta semana conseguiré a un curandero. En general, no suelo gastar dinero, así que tengo algo de sobra.

—¿Lo harás? Eres el única que se preocupa por mí.

Llegaron al anexo, hablando de estupideces y junto a un sirviente lo ayudaron a acostarse. Un criado le dio un calmante, apagó la luz y se fueron. Sabía que lo mejor era dejarlo dormir sin molestarlo cuando se encontraba mal, y si se quedaba para verlo, no sabía que podía llegar a pasar si se daba cuenta.

—Estás trabajando muy duro.

Cuando se lo dijo al criado que se frotaba la frente sudorosa, este puso los ojos en blanco y sonrió con frialdad. No podía decirle que trabajar para un noble era como trabajar para un perro.

—Bueno, esto es lo que hago todo el tiempo.

—¿En serio? ¿Qué vas a hacer ahora?

—Oh, si duerme así, no se levantará hasta dentro de unas tres horas, así que voy a tomarme un descanso.

—Bueno, sígueme.

Calliope se adelantó, siendo seguida por el hombre de mirada desconcertada. Susan se quedó de pie junto al hombre, que tenía más de treinta años. Para hacer lo que la dama le había pedido. Caminó por el pasillo del anexo, sintiéndose de algún modo un poco asustado. No fue hasta que había avanzado unos diez pasos más que la señorita habló.

—¿No es muy duro tu trabajo?

—Bueno, no tanto.

—No. Está bien ser honesto.

El criado, Philip, se quedó pensativo un momento. No se atrevía a quejarse delante de la señorita sobre su trabajo, pero le llamaba la atención el trato despreocupado y amable que había mostrado hasta entonces.

Se rumoreaba que había llevado una vida de plebeya antes de entrar en la familia, así que se preguntó si sería un poco más comprensiva con su situación. Así que bajó la guardia con cautela.

—Es difícil porque el Lord es muy exigente, pero me pagan un buen sueldo, así que no puedo quejarme…

Sus ojos se abrieron de par en par al final de la frase y Calliope le dedicó una leve risita para que se sintiera más cómodo.

—Lo sé. Sé que dependes mucho de él, pero puede ser un hombre muy estricto y exigente.—Philip asintió, armándose de valor.

—Tiene razón. Si no fuera por los ahorros de mi boda, no estaría aguantando esto.

Susan frunció el ceño involuntariamente. Era un poco exagerado, por no decir otra cosa, hablar de algo tan personal, pero sabía que era lo que su señorita quería, así que mantuve la boca cerrada.

Calliope rió sin decir palabra y se detuvo en seco para volver a mirarlo. Se estremeció y miró a la joven, que era mucho más pequeña que él.

—Lo has pasado mal hasta ahora y me gustaría ayudarte un poco.

—¿Qué?—parpadeó confundido, la sonrisa de Calliope se hizo aún más amplia. Philip parecía que no tenía un fuerte apego hacia la familia Anastas y, dado que ya se había distanciado de Dieter, el hacer que se vaya no era nada difícil.

—No esperaba que fuera tan frío.—dijo Susan mientras ella y la joven entraban en la casa principal.

—Bueno, nadie quisiera estar cerca de Dieter por mucho tiempo.

Calliope, fingiendo ayudarlo, accedió a escribirle una carta de recomendación, junto con una indemnización igual al importe para su fondo matrimonial.

Él desconfiaba un poco, por supuesto, pero cuando ella le aseguró que la salud de Dieter seguía empeorando y que se iba a requerir un criado con conocimientos médicos, se calmó un poco. Por el momento, Dieter no podía permitirse tener más de un criado.

{ —Pero no puedo hacer que te vayas ahora, ya que Lord Dieter sigue en la habitación, así que asegúrate de que no se sienta incómodo

—¡Por supuesto!—él asintió rápidamente, sabiendo que, a pesar de que sus razones no eran muy confiables, al menos le había dado una razón para creerle. También estuvo de acuerdo en que lo mantuvieran en secreto, para evitar que Lord Dieter se enojara.}

Era increíble el respeto que le tenía a Calliope cuando estaba en el trabajo y lo bien que la escuchaba cuando apenas le había visto la cara unas pocas veces.

Al llegar a su habitación, Calliope se encontró con Jack, quien parecía haber regresado recientemente. Tan pronto como entraron juntos a la habitación, él le informó sobre la situación.

—DLorean ha aceptado.

—¿Qué pedía?

—Apoyo para su hermano enfermo.

—Eso no es difícil. En cuanto la sirvienta llegue, encárgate de que se convierta en la criada de Dieter.

Calliope chasqueó los dedos. Susan reconoció al instante sus intenciones y le puso una pluma en la mano. Calliope se sentó en el sofá y dibujó con bastante destreza en una hoja en blanco. Estaba claro que dibujaba una planta, una hierba.

Susan inclinó la cabeza para mirar el dibujo.

—Señorita, ¿Qué es eso?

—Entrega este dibujo a DLorean. Dile que lo mezcle con la medicina que utiliza Dieter. Si no puede encontrarlo, que vuelva para decirme.

Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá y cerré los ojos. La planta que Calliope estaba dibujando era una hierba muy común entre los plebeyos, utilizada principalmente para tratar heridas internas. El problema era que ella sólo sabía qué aspecto tenía, no su nombre.

«No hay prisa.»

La hierba que usaba Dieter, llamada lonzu, era demasiado cara para que la usaran los plebeyos, pero cuando se preparaba como té estabilizaba la sangre del cuerpo, y cuando se secaba y se mezclaba en un ungüento, tenía un efecto analgésico. Es una de sus medicinas favoritas, pero mezclada con esa hierba, se convertía en veneno.

Calliope apoyó un momento los codos en los reposabrazos de la silla y la barbilla en la palma de su mano.

«Un veneno que priva al cuerpo de energía e interfiere en la digestión. Dicen que ralentiza los movimientos internos del cuerpo, causando un efecto paralizante si se consume continuamente. Quizás…»

Susan guardó silencio un momento, parecía que estaba sumida en sus pensamientos, y Calliope se quedó mirando su dibujo.

«Supongo que por eso no se conocía antes, porque no había razón para mezclar el lonzu, que era utilizado por nobles con la hierba que usabas los plebeyos.»

Se dijo que era una hierba con efectos tan insignificantes que ni siquiera podía ser llamada una hierba medicinal. La verdad sobre la peligrosidad de combinar ambas plantas fue descubierta más tarde por la santa que se aventuró en la expedición contra el rey demonio.

Llevaron consigo el lonzu que traían para su propio uso y algunas hierbas que creían útiles para el tratamiento de heridas. Sin embargo, sufrieron las consecuencias al usarlas apresuradamente. La víctima fue Isaac. Calliope sonrió amargamente, incluso sin darse cuenta.

Cuando la santa regresó de la expedición, inmediatamente escribió un libro sobre sus experiencias. También encontró en ese libro la historia del lonzu y esa hierba. La santa no pudo averiguar el nombre de la hierba que consiguió, así que dibujó su apariencia al lado para evitar que otros la usaran.

Calliope leyó una y otra vez el libro hasta el punto que pudo hacer el mismo dibujo todo feo, para ver en él los últimos momentos de la historia de Isaac. Cerró y abrió los ojos lentamente. No había pensado que llegaría a dibujar lo que había leído en ese entonces, pero era lo único en lo que podía pensar en ese momento.

—¿Pasó algo más hoy?

La respuesta vino de Jack.

—Oh, el señorito Kafir y la señorita Karolie vinieron a verte.

—¿Vendrán mañana?

—Sí, dijeron que como no estabas, así que que volverían mañana a las diez de la mañana.

—Pensaba que sólo estabas pasando el rato y comiendo algo, pero parece que nunca tienes un descanso.

Calliope se puso en pie, aunque con un leve refunfuño. Jack, enseguida se dio cuenta de que iba a ir a ver al marqués, la siguió fuera de la habitación. Calliope pensó mientras salía de la habitación. 

«Iré a descansar después de ver a mi padre.»

Al llegar al despacho de Ilan, alguien abrió la puerta y salió. Levantó la vista y vio una cara conocida.

La doncella de la Marquesa. Su figura de rostro sencillo se detuvo un momento, sin cruzarse con Calliope. Vestida con el ligero decoro de una noble, pidió permiso y habló con educación.

—La Marquesa me ha pedido que le comunique que quiere cenar con usted mañana.

—¿La Marquesa?

Calliope ladeó la cabeza un momento. Después de su última conversación, no creía que volviera a tener la oportunidad de sentarse frente a frente. Asintió. De todos modos, tenía que pedirle un favor.

—Dile que iré.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MAR
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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