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Capítulo 51

—¡Cielos, cielos! ¡No puedo creerlo!   

—¡Penélope, es increíble! ¿Cómo es posible? ¡¿Dónde estuvo todo este tiempo?!

Qué sincronía tan perfecta. Jamás imaginó que encontraría a su otra mitad justo aquí. Ante la pregunta de Bliss, Penélope respondió, como era de esperarse, con una línea de una obra:

—He estado aquí, esperándote solo a ti. Has llegado muy tarde.

Por supuesto, era de aquel romance de pasión y traición que a Bliss tanto le gustaba. Una vez más, ambos se fundieron en un fuerte abrazo. Al separarse, Penélope lo miró con orgullo y soltó un suspiro de satisfacción.

—Aquel niño tan pequeño ha crecido de forma maravillosa. Estoy realmente conmovida.

Luego, con los ojos enrojecidos por la emoción, añadió:

—Además, nunca imaginé que el joven amo y tú se reencontrarían para formar una pareja… ya no puedo pedirle nada más a la vida.

Rayos.

Recién ahora Bliss recordaba la verdadera razón por la que estaba allí. Su objetivo era conseguir empleo como sirviente para descubrir la debilidad de Cassian.

«¿Qué demonios es esta situación?»

De pronto, la euforia se enfrió por completo y fue reemplazada por un sudor frío. ¿Qué debía hacer con esto? ¿Cómo podía arreglarlo?

—¿Bliss? ¿Qué sucede?

Penélope preguntó extrañada al notar que él estaba desconcertado y sin saber qué dirección tomar. Pero al ver la reacción tan pura de la mujer, Bliss fue incapaz de confesarle la verdad.

«Penélope cree que vine hasta aquí porque me gusta ese infeliz, pero si se entera de la realidad…»

No podía predecir cómo reaccionaría ella.

—¡Es imposible que el Conde Heringer haya hecho algo tan desvergonzado! ¡Fuera de aquí ahora mismo!

O quizás:

—¿Te atreves a pedirle una disculpa al Conde Heringer? ¡Ni lo sueñes, yanqui insolente! ¡Lárgate de inmediato!

…Es lo mismo.

Cualquiera de las dos opciones terminaba igual. Si Penélope descubría el motivo real de su visita, se sentiría decepcionada y, sin duda, lo echaría con frialdad. Después de todo, el trabajo es trabajo y la vida privada es vida privada.

Incluso si acababa de encontrar a un camarada como nunca tendría otro en la vida.

Finalmente, Bliss decidió ocultar la verdad. Pero para quedarse allí, necesitaba una excusa convincente. Con dificultad, comenzó a hablarle a su nueva y veterana amiga, que seguía mirándolo con rostro inquisitivo:

—Eh… bueno, Penélope. La verdad es que la razón por la que vine es, bueno…

Las palabras se le quedaban trabadas en la garganta. No hacía ni una hora que se conocían, pero sentía un vínculo más fuerte con ella que con cualquiera de sus amistades de toda la vida. Sabía que ella servía a su señor con todo su corazón, pero él también tenía sus propios motivos.

—No puedo perdonar a alguien que insultó a mi familia.

Tras reafirmar su determinación una vez más, Bliss fue incapaz de sostenerle la mirada a Penélope. Con la cabeza gacha, finalmente logró abrir la boca.

—Es cierto que… es porque me gusta el Conde.

—¡Lo sabía!

—Pero…

Antes de que Penélope, que había soltado un grito de alegría, pudiera decir algo más, Bliss añadió rápidamente:

—No puedo declararme.

Ante esas palabras inesperadas, Penélope parpadeó desconcertada. Era una reacción natural, considerando que en su mente ya se había proyectado un panorama completo: desde la fastuosa boda de Bliss y Cassian hasta el momento final en que ambos serían enterrados juntos tras criar a tres hijos. Bliss respiró hondo para sostener la mentira y finalmente habló.

—Yo… tengo a alguien con quien casarme.

—¡¿Quéééé?!

Penélope soltó un grito con los ojos abiertos de par en par. Fue como si un efecto de sonido solemne y dramático ¡tan tan tan! resonara en todo el lugar. Bliss continuó hablando, evitando a toda costa mirarla.

—Es un compromiso fijado por mi familia. Por eso, tengo que casarme con esa persona. Pero…

Soltó las palabras de un tirón, pero fue incapaz de seguir. Mientras Bliss guardaba silencio por la culpa, Penélope, que lo observaba con ojos asombrados, exclamó con voz agitada:

—¡Cielos! ¡Viniste a ver a la persona que amas por última vez antes de tu boda!

Una vez más, Penélope llegó a una conclusión disparatada. Bliss no se atrevía a decir un “es cierto”. Con la conciencia remordiéndole, evitó su mirada y balbuceó en voz baja:

—Diga…

«No he mentido», pensó Bliss. No dije “es cierto” (ma-ja-yo), dije “diga” (ma-da-yo). Mientras intentaba racionalizar su engaño para ignorar la culpa que afloraba, Penélope soltó un lamento con el rostro lleno de compasión.

—Conque por eso viniste desde tan lejos… Pobre criatura.

Penélope abrazó cariñosamente a Bliss y hasta le dio palmaditas en la espalda. Bliss, encorvándose un poco, correspondió al abrazo. Perdón por mentir, se disculpó internamente, mientras Penélope continuaba:

—Pero, aun así, ¿no deberías intentarlo al menos una vez? ¿Has intentado convencer a tus padres?

Ante la amable pregunta, Bliss tartamudeó un “eh, esto…” y respondió murmurando:

—E-es una promesa entre familias, no puedo romperla.

Mientras hablaba, su corazón latía con fuerza por el miedo. ¿Habría temblado su voz? ¿Se habría dado cuenta Penélope? ¿Cómo es que Larien, Stacy o Grayson pueden mentir con tanta desfachatez? ¡Yo también soy un Miller, ¿por qué soy tan malo en esto?!

—¡Bliss! ¡Bliss!

«Rayos.»

Había vuelto a golpearse la cabeza repetidamente sin darse cuenta. Al escuchar que lo llamaban, recobró el sentido con un sobresalto. Como era de esperarse, Penélope lo miraba con ojos llenos de sorpresa. Él se frotó apresuradamente la zona dolorida con la palma de la mano y forzó una sonrisa incómoda.

—E-es que me siento patético. Jaja.

Al oír eso, Penélope esbozó una sonrisa de lástima, como si lo comprendiera perfectamente, y acarició con ternura el cabello de Bliss.

—Cielos. Pero no debe culparse a sí mismo.

Una vez más, Bliss sintió una punzada en el corazón.

—Penélope…

Había encontrado a la compañera de alma que Grayson tanto tiempo llevaba buscando. ¿Cómo reaccionaría él si se enterara? Seguro se pondría furioso; Grayson ha estado obsesionado con encontrar a su “otra mitad” desde que eran niños.

«¿De verdad está bien engañar así a una persona como ella?»

De pronto, la culpa volvió a asomar en su mente. Este método no era bueno. Cassian Strickland era un ser despreciable, pero Penélope no. Debería usar un método más justo y directo…

—Está bien, Bliss. Lo entiendo.

—¿Eh?

Al escuchar su voz, recobró el sentido y levantó la cabeza. Penélope lo miraba con ojos brillantes mientras decía:

—Hacer lo mejor que uno puede en una situación inevitable… ¡es algo maravilloso! ¡Y más si es por amor! No tengo más remedio que apoyarlo.

—Penélope…

Justo cuando sentía un nudo en la nariz por la mezcla de emoción y culpa, Penélope le tomó las manos con firmeza y soltó una frase asombrosa:

—Déjamelo a mí. Haré todo lo posible para ayudarte. ¡«El Duque y la Pirata» no, esto será «El Duque y el Sirviente»!

—¿Perdón?

Bliss se quedó estupefacto ante sus palabras. Sin embargo, ignorando por completo su reacción, Penélope agitó sus manos de arriba abajo con entusiasmo.

—No se preocupe, haré que el Conde no sospeche nada en absoluto. Su deseo es verlo aunque sea de lejos, ¿verdad? Lo comprendo. Un amor que debe ocultarse… es realmente conmovedor. Está bien, ¡hagámoslo!

¿Pero hacer qué exactamente…?

Bliss quería preguntar, pero no pudo articular palabra y se limitó a mirarla. Mientras tanto, Penélope, con los ojos centelleando, exclamaba: «¡Mantengamos la lealtad de nuestra sociedad secreta!».

***

—Tus documentos están aprobados, así que no te preocupes y ven mañana. Yo prepararé un encuentro muy natural con el Conde.

Penélope, que incluso le había llamado un taxi, se quedó en la entrada de la mansión sujetándole la mano con fuerza mientras esperaban, repitiendo palabras de aliento sin cesar. Al final, sin haber podido confesar la verdad ni haber aceptado activamente el plan de ella, Bliss subió al taxi que acababa de llegar.

—Ven mañana a las 10. Estoy realmente ansiosa por que llegue el momento.

—S-sí… jaja. Entonces, hasta mañana…

El taxi se alejó dejando atrás a una Penélope que agitaba el brazo con energía. Solo cuando ella desapareció por completo de su vista, Bliss pudo relajar los hombros rígidos y soltar un suspiro profundo.

«¿Qué voy a hacer? Metí la pata hasta el fondo.»

—Haaaaah…



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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