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Capítulo 36

Sin darse cuenta, tragó saliva en seco. Si su suposición era correcta, debía salir de ahí inmediatamente. Luego, tenía que ordenar que nadie se acercara y asegurarse de que Cassian también se lavara el aroma impregnado en todo su cuerpo para tomar medidas. Si es que su suposición era realmente cierta.   

Aunque tenía claro lo que debía hacer, Cassian no pudo llevarlo a cabo. Justo cuando estaba a punto de salir de la habitación, Bliss volvió a quejarse.

—Uh, uuh… Grruuh…

Ante ese gemido entrecortado, Cassian se detuvo en seco. Los sollozos continuaron. Apenas había pensado que había dejado de llorar, y ya estaba otra vez gimiendo. Cassian se quedó quieto en su lugar, sin moverse, mirando fijamente a Bliss.

—Uu, uue… Huuuuh…

Las lágrimas, que parecían haberse detenido, volvían a desbordarse por su pequeño rostro. Ah suspiró Cassian. Simplemente no podía salir así. Tras echar un vistazo a la puerta, finalmente se rindió y volvió sobre sus pasos.

Bliss seguía sollozando. Al acercarse a la cama, Cassian se dejó caer en el borde y le apartó el cabello de la frente.

—¿Por qué lloras? Otra vez.

—Duele, duele…ee…

Bliss rompió a llorar de nuevo. Por un breve instante, Cassian se debatió. La idea de que debía darse la vuelta y salir le llenaba la cabeza, pero aun así, sus ojos no podían apartarse del rostro del niño que lloraba.

—Uuuh, huuh, huuh.

Los jadeos, que sonaban angustiosos, se fueron acompasando. La mano del niño, que parecía agitarse en el aire, tocó de repente a Cassian. Entonces Bliss, haciendo un esfuerzo, se aferró con fuerza a su manga.

Durante un rato, Cassian permaneció inmóvil, solo observando al niño. El aroma se volvía cada vez más intenso. Pronto, parecía que iba a extenderse por todo su cuerpo.

Tras un momento sentado mirando al niño, Cassian finalmente se levantó. La mano que sujetaba su manga cayó con suavidad, sin fuerzas. Cassian levantó la sábana y se metió en la cama. Al atraer hacia su pecho al niño que aún sollozaba y abrazarlo, sintió una temperatura corporal suave y cálida que llenó sus brazos. Cassian le dio unas palmaditas suaves en la espalda a Bliss y susurró con voz baja.

—Está bien, Bliss. Pronto te sentirás mejor. Así que no llores. Sé bueno.

—Uuut, eut… duele…

Bliss se quejó y restregó su rostro contra el pecho de Cassian. Las lágrimas, los mocos y la saliva pronto dejaron su camisa hecha un desastre, pero lo dejó estar. <«Es tan pequeño»>. Cassian, sintiendo lástima, abrazó al niño con más fuerza. El llanto del niño le dolía, como si le arañara el corazón sin cesar.

«No llores, Bliss. Por favor.»

Cerró los ojos y, mientras le daba palmaditas en la espalda sin parar, pensó:

«Preferiría ser yo quien estuviera enfermo.»

El tiempo pasó lentamente. Cassian, con el niño aún en brazos, no hacía más que murmurar que todo iba a estar bien. Mientras tanto, el llanto fue cesando poco a poco.

…CHAA, CHAA…

En algún momento, el niño había dejado de llorar y se había sumido en un sueño profundo. Su respiración regular le calmaba el alma. Al ver a Bliss, que dormía plácidamente aferrado a su camisa, Cassian por fin pudo soltar un suspiro de alivio.

—…Ah.

El aroma, aún más intenso, le nublaba la cabeza. Sintiendo todo su cuerpo aletargado, Cassian acarició lentamente la redonda parte trasera de la cabeza de Bliss.

«Qué buen aroma.» …pensó.

19.

—Mi diagnóstico es que podría estar en plena manifestación —dijo el médico de cabecera, que había acudido tras recibir el aviso, después de examinar a Bliss por todos lados.

Aunque era lo que esperaba, Cassian no podía asimilarlo del todo. Era porque, empapado por las feromonas, su cabeza no funcionaba correctamente.

—¿Cómo dice ahora?

—Que está manifestándose, hijo.

Esta vez fue el Duque quien habló. Dirigiéndose a Cassian, que parpadeaba aturdido, continuó con su habitual voz solemne.

—Sí, no es una situación común. Pero en familias como la de los Miller, los Alfas dominantes suelen manifestarse antes de la pubertad. Incluso es frecuente que nazcan ya con los rasgos desarrollados.

Cassian también pensaba que era posible. Sin embargo, le preocupaba que Bliss fuera demasiado pequeño.

—¿No supone un esfuerzo demasiado grande para su cuerpo? ¿Manifestarse con solo siete años…?

—Basta, Cassian.

El Duque levantó una mano para interrumpir a su hijo. Cuando Cassian calló, prosiguió con una voz calmada.

—Sobre eso, Ashley Miller lo investigará a fondo. No es algo de lo que nosotros debamos preocuparnos.

Ashley Miller.

Al recordar ese nombre conocido, Cassian frunció el ceño. Por supuesto, esto llegaría a oídos de Ashley Miller. Al saber que su hijo se había manifestado, se movería de inmediato.

El asunto parecía resuelto, pero a Cassian aún le quedaba una cosa que le preocupaba.

—Entonces, ¿regresará a Estados Unidos?

—Así debe ser.

El Duque, que habló con claridad, asintió alternativamente al médico y a la enfermera.

—Han trabajado duro. Les encargo los trámites posteriores.

—Sí, señor Duque. No se preocupe.

—Gracias por sus palabras, señor Duque. Haremos todo lo posible.

El Duque asintió y luego se volvió hacia Cassian. Su hijo, que había pasado más de medio día entero abrazando y consolando al niño, se veía, como era de esperar, extremadamente agotado. Al ver el rostro de su hijo profundamente marcado por la fatiga, el Duque chasqueó la lengua brevemente y dijo:

—¿Estás bien? Con solo pasar una noche en vela tienes este aspecto. Con un cuerpo tan débil, ¿de qué sirves, siendo un hombre?

—…Lo siento.

En realidad, llevaba casi dos noches sin dormir. Pero no tenía ni ganas ni fuerzas para discutir sobre un problema tan menor, así que Cassian pidió permiso a su padre en voz baja.

—Me gustaría descansar ya. ¿Puedo ir a mi habitación?

El Duque lo miró con el ceño fruncido. Notó un leve rubor en el rostro de su hijo. Quizá tenía fiebre por el esfuerzo.

—Está bien, hazlo así.

El Duque asintió y, dirigiéndose a la espalda de su hijo que se alejaba tras despedirse, dijo:

—Haré que te lleven algo ligero de comer a la habitación. Cómetelo cuando te levantes.

—…Sí, gracias.

Cassian, recitando las gracias sin olvidarlo, reanudó la marcha hacia su habitación. Viendo sus pasos, que parecían tan cansados como su semblante, el Duque chasqueó la lengua brevemente y luego desvió su atención. El estado de Bliss era bastante estable. Según el médico, solo había que dejarlo así hasta que despertara. Así era la manifestación.

Todos en el castillo, incluida la familia del Duque, eran betas. Por lo tanto, aparte de los conocimientos más básicos sobre la manifestación o las feromonas, no tenían ninguno. El médico tampoco había tenido necesidad de investigar sobre ello ni de prestar atención al tema, así que este era su primer caso.

«Será mejor entregarlo rápido a Ashley Miller.»

Si ocurría algún problema, aquí no podrían hacer nada. Pensando así, el Duque se dirigió a su estudio. Y, en un ambiente tranquilo, por fin llamó a Ashley Miller.

* * *

—¿Dice que Bliss se ha manifestado?

Cuando recibió la llamada del Duque, Ashley Miller pensó que, al fin, había llegado lo inevitable. Maldita sea, hasta Bliss, el que más se parecía a Koyi, terminaba manifestándose. Y además, a una edad tan temprana.

Su único deseo era que, si era posible, ocurriera lo más tarde posible, pero ni siquiera eso imaginó que fracasaría de manera tan rotunda. ¿Qué demonios hacía Dios?

«No puede existir algo así.»

Ashley rechinaba los dientes por dentro, pero por fuera, como siempre, habló con un tono profesional.

—Entiendo. ¿Ocurrió de repente? ¿El niño no había mencionado sentirse mal o algo así?

Fue una pregunta rutinaria, pero suficiente para hacer saltar el corazón del Duque. Tras carraspear varias veces —Ejem, ejem—, por fin pudo abrir la boca.

—Bueno, verá… es que hubo un pequeño incidente…

Ante esas palabras que dejaban un final inquietante en el aire, Ashley frunció el ceño y esperó a que continuara. Finalmente, el Duque no tuvo más remedio que confesar sinceramente.

—Hubo un accidente muy pequeño. Em… Mi hijo se fue de acampada con unos amigos, y al parecer Bliss lo acompañó. Y allí, por error, comió una seta venenosa…

—¿Una seta?

El tono de Ashley se volvió cortante. A pesar de que ya lo había anticipado, el Duque se sobresaltó y se quedó sin palabras.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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