Capítulo 32
Ante sus ojos todo daba vueltas, pero estaba bien. Al fin y al cabo, se había deshecho de uno. Acto seguido, logró recuperar el equilibrio y se giró hacia el grupo que aún reía y charlaba animadamente. Con los ojos ardiendo en llamas, Bliss apretó los puños.
—Venganza.
16.
—Oye, ¿hay más cerveza por ahí? Aquí ya se acabó.
Señalando una caja vacía, un tipo dijo eso, y otro comenzó a merodear cerca en busca de más cerveza. Había otro que, completamente borracho, no podía ni mantenerse en pie, mientras que otro retiraba los malvaviscos carbonizados por el fuego y, en su lugar, colocaba unas setas que había recogido en algún sitio. Al ver eso, un tipo que estaba detrás de él, el cual soltó una risita, se quedó paralizado y gritó:
—¡Oye, ¿qué haces?! ¿Esas setas son comestibles?
—Eh, no lo sééé.
—¿¡Qué!? ¡Eso es peligroso, idiota!
El tipo, sorprendido, intentó quitarlas de allí, pero el amigo que acababa de ponerlas lo detuvo y dijo:
—Ehh, qué importa, es divertido. Déjalas ahí.
—Este tío…
El que intentaba detenerlo también estaba borracho. Tambaleándose, murmuró algo y luego retrocedió. En ese momento, el hombre que estaba dormitando levantó la cabeza y, poco a poco, comenzó a ensartar malvaviscos en un palo. Detrás de ellos, el que estaba algo menos ebrio miró a su alrededor y murmuró:
—Qué raro, parece que faltan algunos… Eh, ¿qué? Ah, estabas ahí.
En ese preciso instante, Cassian regresaba al grupo. Al verlo, chasqueó la lengua ligeramente.
—Idiotas, todos borrachos perdidos.
Eina, que había llegado antes, dijo riendo:
—Era ese el plan, ¿no? Lástima para ti.
Que fuera cierto le irritaba aún más. Cassian soltó un suspiro de fastidio y luego miró a su alrededor. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo andaba mal. ¿Qué era? Faltaba algo que debería estar ahí. No tardó mucho en comprender qué era.
—…¿Y Bliss?
Ante su pregunta, Eina levantó la vista. La mayoría de los borrachos ni reaccionaron, y a Cassian se le encogió el corazón, aunque ya era tarde.
—Oye, ¿alguno ha visto a Bliss? ¿Dónde está Bliss? ¿Eh?
Sacudía a uno y a otro, les gritaba, pero todos solo farfullaban incoherencias. En un instante, Cassian palideció por completo.
Bliss Miller había desaparecido.
En ese momento, los rostros de su padre, su madre y Ashley Miller pasaron rápidamente ante sus ojos. Acto seguido, la imagen de Bliss hecho un desastre, las críticas que le lloverían y los artículos malintencionados se desplegaron en su mente sin querer, dejándolo petrificado.
—Esto es un desastre.
—¡Maldita sea…! ¡Eh, espabilad! ¡Eh!
Cassian, desesperado, agarró del cuello al tipo que tenía más cerca y le gritó mientras le abofeteaba las mejillas.
—¡Oye, despierta! ¡Espabila! ¡Bliss ha desaparecido, oye!
—Cassian, en lugar de esto, ¿por qué no buscamos a nuestro alrededor aunque seamos nosotros?
Eina, también nerviosa, se adelantó, y Jeffrey, que era de los menos borrachos, se acercó tambaleándose y dijo:
—S-sí. Eso, si, e-esto, si no aparece, ll-llamamos a la poli… hip.
—¿¡Cómo vamos a llamar a la policía con este aspecto? ¡Maldita sea! ¿¡Qué demonios estabais haciendo que no pudisteis vigilar a ese enano diminuto ni un momento!?
Cuando Cassian se enfadó de verdad, tanto Eina como Jeffrey se encogieron y retrocedieron. Por supuesto, Jeffrey también tenía algo que decir al respecto:
—¡Oye, fue idea tuya traerlo! ¡El responsable de vigilarlo eras tú, normal! ¡Y ahora qué coño nos gritas a nosotros!
No le faltaba razón, pero era suficiente para avivar la ira de Cassian. Sin mediar palabra, agarró a Jeffrey por el cuello y lo zarandeó violentamente.
—¡Solo fue un momento, solo un instante! ¡¿Y no pudisteis esperar ni ese momento sin descuidar al niño?! ¡Cuántos sois aquí!
—¡Basta, basta ya! ¡Vosotros dos, ahora no es momento para pelearse!
Eina se interpuso apresuradamente y alzó la voz.
—¡Busquemos primero a Bliss y luego discutimos quién tuvo la culpa! ¡Lo que tenemos que hacer ahora es encontrar a Bliss!
Entonces, Cassian y Jeffrey se quedaron paralizados por un momento. Eina los miró a ambos y continuó rápidamente:
—Por ahora, aunque seamos solo los tres que estamos más o menos bien, separémonos y busquemos. Por si acaso, también contactemos con la policía. Seguro que el Duque nos va a reñir un montón, pero lo primero es encontrar al niño, ¿no? ¿De acuerdo? ¿Alguna objeción?
—…Uf.
Cassian se pasó una mano por la cara y soltó un suspiro de frustración. Eina asintió, sacó su teléfono móvil y dijo:
—Primero busquemos por los alrededores. Tú ve para allá, tú para allá. Yo haré la denuncia e iré por aquí. ¿Tenéis el móvil a mano? Si lo encontráis, contactad…
Eina, que había llegado hasta ahí en su discurso, se giró para mirar atrás. Las llamas se estaban debilitando.
—¡Oye, echad más leña ahí! ¡Puede que Bliss vea la luz del fuego y encuentre el camino de vuelta, rápido!
Al gritar señalando las llamas, el tipo que estaba ensartando malvaviscos se detuvo y luego arrojó la madera que tenía al lado. Inmediatamente, las llamas se avivaron y los alrededores se iluminaron con fuerza.
Fue entonces cuando, al otro lado del fuego, vieron a un pequeño niño de pie, erguido.
—…¿Eh?
Jeffrey soltó una pequeña exclamación. Eina también frunció el ceño y se quedó quieta, sin moverse. Quien reaccionó primero fue Cassian.
—¿Bliss?
No había duda. Era él, con esa carita pequeña y redonda. Por un instante, Cassian sintió tal alivio que casi se desploma allí mismo. Las fuerzas abandonaron sus piernas y por poco se viene abajo, pero logró mantenerse. Tapándose la boca con una mano, exhaló un suspiro tembloroso. Menos mal. Pero cuando la tensión se disipó de golpe, lo que acudió a él fue un ataque de ira.
—¡Tú, idiota! ¿Sabes cuánto me has preocupado? ¿Dónde te metías solo? ¡Qué peligro!
Cassian, que al fin le gritó a Bliss, agitó una mano y volvió a vociferar:
—¡No te quedes ahí parado y ven aquí! A partir de ahora no vuelvas a irte solo así, ¿entiendes?
Aunque le reprendió con un tono de voz más calmado, Bliss no mostraba intención alguna de moverse de donde estaba. De repente, Eina sintió que algo era extraño. Los puños pequeños pero firmemente apretados, la cara sucia manchada de polvo y hollín por todas partes, y esos dos ojos bien abiertos. Parecía bastante amenazador. Si no fuera porque era un enano con cara redonda de proporciones de niño pequeño, claro.
—Cassian, creo que esto es un poco raro…
Justo cuando Eina susurraba eso. Por un instante, al otro lado de las llamas, una chispa de locura brilló en los ojos de Bliss. Tanto Eina como Cassian se sobresaltaron, y de repente, Bliss, agitando los brazos descontroladamente, se abalanzó sobre ellos.
—¡¡Grrraaahhh!!
Cassian parpadeó, sorprendido, mirando a esa pequeña masa que corría hacia él. Aquello, que no llegaba ni a la mitad de su tamaño, lejos de ser una amenaza, solo resultaba adorable.
¿Qué hace? ¿Quiere jugar? Desconcertado, Cassian pronto sonrió y se agachó.
—¡Upa!
—¡Ah, ah!
Bliss intentó embestirle con la cabeza, pero la realidad fue totalmente distinta a lo que había imaginado. Cassian, con los brazos abiertos y el cuerpo inclinado, lo atrapó suavemente.
¡Así no, así no es!
Bliss se alteró, pero eso no fue todo. Cassian, riendo a carcajadas, lanzó a Bliss hacia arriba.
—¡Aaaaah!
Bliss, asustado, chilló. En el momento en que el terror de la caída nublaba su mente, Cassian lo atrapó en el aire.
—Jajaja, ¿divertido, eh?
«¡Qué divertido ni qué ocho cuartos, suéltame!»
Le habría encantado poder decir eso, pero Bliss estaba tan aterrorizado que solo podía temblar como una hoja. Y antes de que pudiera pedirle que parara, Cassian volvió a lanzarlo al aire.
—¡¡Aaaaah!!
Bliss, agitando los brazos, volvió a gritar.
—¡Papá, papi! ¡Tengo miedo! ¡Socorro!
—¡Upa!
Esta vez también Cassian lo atrapó. Bliss ya ni siquiera recordaba qué era lo que había intentado hacer. Cuando lo vio completamente atontado y desmadejado, Cassian sonrió y dijo:
—Así que, ¿no volverás a andar por ahí por tu cuenta, eh?
Tras reprenderlo a su manera, abrazó a Bliss y restregó su mejilla contra la suya, luego lo depositó en el suelo. Apenas sus pies tocaron el suelo, Bliss, tambaleándose, acabó por desplomarse.
«Es… Estoy vivo…»
Aunque había esquivado el peligro por los pelos, cuando recobró la consciencia, la ira regresó.
«¡Iba a vengarme!»
—Grr…
Bliss, que había vuelto a apretar los puños y se había girado, no pudo, sin embargo, abalanzarse sobre Cassian. Si lo atrapaban de nuevo y lo lanzaban por los aires, esta vez su corazón sí que se detendría. Pero tampoco podía dejar así como así a ese tipo.
«¿Qué hago? ¿Qué hago?»

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN