Capítulo 22
Por más importantes que fueran sus amigos, no tenía sentido. ¿Qué clase de compromiso podía tener en plenas vacaciones? “Qué muchacho tan insolente. Cree que no me doy cuenta de que todo son excusas”.
Incluso llegó a pensar si se había equivocado en su crianza, pero como ya estaba muy grande para reprenderlo con nalgadas, solo le quedaba la frustración.
“Míralo nada más, está completamente desanimado”.
La duquesa acarició suavemente la mejilla de Bliss, fingiendo que le quitaba las migajas de galleta de la comisura de los labios. Tras satisfacer su deseo de consentirlo, esbozó una sonrisa complacida y habló:
—Entonces, ¿qué tal si juegas conmigo hoy? Justo yo también estaba aburrida.
—¿Con usted, duquesa?
Ante la inesperada propuesta, Bliss dejó de comer su galleta y la miró. Al ver esos ojos grandes y redondos fijos en ella, la duquesa sintió que su expresión se suavizaba por completo y asintió.
—Sí. Hmm, podríamos platicar así, o dar un paseo por el jardín…
Mientras hablaba, observó de reojo la reacción del niño. Tal como temía, el rostro de Bliss estaba lleno de aburrimiento. La duquesa se apresuró a preguntar:
—En… entonces, ¿qué es lo que tú quieres hacer, Bliss?
—¿Yo?
—Sí —asintió ella con consideración—. Hagamos lo que tú quieras. ¿Qué crees que sería divertido?
Ante la pregunta de la duquesa, Bliss parpadeó un momento como si estuviera pensando y, de repente, su rostro se iluminó mientras la miraba.
—Duquesa, ¿puedo ver un drama?
—¿Un drama?
La duquesa solo pudo mirarlo desconcertada. Aprovechando el impulso, Bliss intentó convencerla con más entusiasmo:
—Es que hay un drama que estaba viendo. Si usted lo ve conmigo, le va a encantar, ¡se lo garantizo! De verdad que sí.
Al ver al niño hablar con tanta pasión, la duquesa no pudo evitar sonreír y asintió.
—Está bien, hagámoslo así. ¿Nos movemos de lugar entonces? A la sala de televisión.
—¡Síii!
Emocionado, Bliss saltó de la silla y caminó dando saltitos al lado de la duquesa. Ella lo miraba desde arriba con una sonrisa y preguntó:
—Y dime, ¿cómo se llama ese drama?
Bliss respondió con una sonrisa radiante:
—¡Se llama «La esposa tentadora es la reina de la venganza»!
—¿…Qué?
La duquesa volvió a preguntar, desconcertada ante un título cuyo contenido era incapaz de descifrar. Como ella esperaba que se tratara de algún drama infantil sobre la amistad, la familia o alguna aventura insignificante, era natural que no pudiera asimilarlo fácilmente.
Bliss, sin tener idea de lo que pasaba por la mente de la duquesa, siguió hablando sin parar:
—¡He visto ese drama más de diez veces! Pero sigue siendo divertido. Usted también se va a enviciar, de verdad se lo digo.
—¿Ah, sí? Pues ya me dio curiosidad.
Aunque no tenía ni la menor idea de qué trataba, la duquesa le siguió la corriente al niño. Ignoró ese extraño presentimiento que le decía que algo no andaba bien.
—¡Hijo de p…! Voy a hervir tus huesos, me los voy a comer, los voy a triturar y a consumir hasta que no quede nada. ¡Jamás te voy a perdonar! ¡Maldito seas, XXXXX, XXX, XXXX…!
—¡Cielos!
En la gran pantalla, una actriz gritaba fuera de sí, consumida por el odio. La duquesa, horrorizada por los insultos tan crudos que jamás había escuchado en su vida, se cubrió la boca con una mano.
—¡Por Dios! ¿Cómo puede decir esas groserías tan terribles? Oh, Señor, perdónanos. Señor…
Mientras la duquesa juntaba las manos apresuradamente para rezar, Bliss, a su lado, le explicaba la situación con mucha seriedad:
—Es que el esposo de esa mujer la sedujo para casarse con ella, pero la está engañando con su mejor amiga. Y ahora quiere matar a la protagonista porque ella no le quiere dar el divorcio.
—¡Ay, no puede ser! Qué cosa tan espantosa.
Cuando la duquesa se llevó la mano al pecho soltando una exclamación, Bliss continuó de inmediato con la explicación:
—Por eso ella finge su muerte y jura que se va a vengar. Ahora se la va a cobrar tanto al esposo como a la amiga.
—Ya veo. Sí, eso es lo que tiene que hacer.
La duquesa, asintiendo repetidamente sin despegar los ojos de la pantalla, preguntó:
—¿Y qué pasa después? ¿Logra su venganza? ¿Cómo se venga de ellos?
—¡No puedo! Si se lo digo, ya no va a ser divertido.
Ante la firme negativa del niño a darle “spoilers”, la duquesa le suplicó con impaciencia:
—Bliss, no seas así. ¿No puedes decirme aunque sea una cosita? Me muero de curiosidad por saber qué sigue. ¿Sí? Por favor.
Ante las constantes súplicas de la duquesa, Bliss no tardó en ceder. A decir verdad, ya le hormigueaba la boca de tanto aguantarse las ganas de soltar toda la historia que ya conocía. Bliss lo pensó un momento y, con los ojos brillando de emoción, abrió el cerrojo de sus labios:
—Se pone un lunar debajo de la nariz para fingir que es otra persona. ¡Y así va a buscar al esposo!
Sin embargo, la duquesa no estuvo dispuesta a creer de inmediato la reveladora información que Bliss le acababa de dar.
—¿Un lunar debajo de la nariz? No me digas… ¿A poco todos se dejan engañar solo con eso?
Ante la mirada incrédula y sorprendida de la señora, Bliss respondió impaciente:
—¡Ay, por favor! Por eso le digo que lo vea. Una vez que lo vea, lo va a entender.
—Está bien, está bien. Ya entendí. Sigamos viendo.
La duquesa agitó una mano en señal de rendición mientras reía, y pronto volvió a sumergirse en el drama junto a Bliss. Al final, ambos terminaron incluso cenando ahí mismo, pasando varias horas sentados hombro a hombro en el sofá siguiendo la larga historia.
Cuando un hombre sumamente alto entró al club, la gente que estaba cerca de la entrada volteó por inercia y se quedó con los ojos como platos. Algunos le tomaban fotos y otros lo miraban embobados, pero el hombre se limitaba a recorrer el interior con indiferencia, buscando un rostro conocido.
—¡Cassian, por aquí!
En medio de la música que retumbaba con fuerza, un hombre lo llamó con entusiasmo mientras agitaba el brazo. El que estaba de pie junto a la entrada buscando a su alrededor, localizó pronto el origen del grito y relajó el entrecejo.
—Jeffrey.
Pronunció su nombre con sencillez y caminó hacia él, atrayendo miradas a cada paso. Como si esto fuera algo de lo más común, Cassian llegó a la barra sin mostrar el más mínimo interés en la atención recibida. Jeffrey, que lo observaba mientras él pedía una cerveza, tomó la palabra:
—Y bien, ¿qué tal? ¿Cómo va ese plan de tu gran escape?
—Ja…
Cassian soltó un suspiro antes de responder. Y no era para menos; tenía tanto que contar que no sabía por dónde ni cómo empezar.
—¿Qué pasa? Tu reacción está medio rara —preguntó Jeffrey extrañado.
No pensó que en apenas unos días hubiera pasado algo tan trascendental, pero, para su sorpresa, la expresión de su amigo delataba que realmente habían ocurrido muchas cosas. Cassian le dio un trago a su cerveza directamente de la botella, la dejó sobre la barra tras vaciarla a la mitad y habló:
—Es un desastre.
—Vaya, parece que entonces todo va saliendo según el plan —dijo Jeffrey riendo.
Justo en ese momento, una mujer se paró al lado de Cassian. Ya fuera porque ignoraba sus miradas de reojo o porque realmente no se daba cuenta, él siguió respondiendo con desinterés:
—No es este tipo de desastre el que quería.
La llamada de su amigo había sido la oportunidad perfecta para escapar. Sin pensarlo dos veces, salió del castillo y se fue directo al club que Jeffrey mencionó. Pensaba beber hasta perderse y disfrutar del caos. Sí, exactamente el tipo de “desastre” que él estaba buscando.
—Dime ya qué fue lo que pasó, se siente un ambiente medio raro por aquí —insistió Jeffrey, pero este no era el lugar para soltar todos los detalles.
Este era un sitio para beber, emborracharse y terminar revolcado con cualquiera; y, sobre todo, si confesaba que, después de haber salido huyendo con la excusa de sus vacaciones, terminó haciendo de niñera, lo único seguro era que Jeffrey se burlaría de él hasta el cansancio. Por eso, Cassian desvió la conversación sutilmente.
—Sobre el campamento que mencionamos antes, ¿tienes pensado ir? Si es así, te incluyo.
—¿Eh? ¿Qué onda? ¿A poco no estaba ya por sentado que yo iba?
Justo cuando Jeffrey respondía con el ceño fruncido, otra mujer se acercó a la que estaba al lado de Cassian observándolo, probablemente su amiga. “Dos, perfecto”, pensó Jeffrey, mientras Cassian respondía:

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN