Capítulo 24
—¿Te duele algo? No pudiste comer bien… tienes mala cara, ¿verdad?
—¿Qué?
«¡Es porque me estresas tú, maldito…!»
La ira subió por su garganta, pero no era una mentira total. De por sí, su cabeza ya pesaba por la resaca, y ahora el dolor era más agudo. Sin mencionar ese dolor persistente en aquella zona de la que no se puede hablar.
Justo cuando pensaba en cómo deshacerse de ese mocoso, una idea cruzó su mente como un relámpago.
«Espera un segundo.»
Bliss seguía mirándolo con el rostro lleno de preocupación. A pesar de ser el culpable de todo, actuaba como si no tuviera la menor idea.
Pero había una salida. Después de todo, este niño no era más que eso: un niño.
—Bueno, un poco —dijo Cassian, forzando una voz aún más débil mientras se llevaba una mano a la frente—. Quizás es porque no dormí bien, pero no me siento nada bien.
—¡Lo sabía! —exclamó Bliss de inmediato, como si lo hubiera sospechado todo el tiempo.
Sin perder la oportunidad, Cassian esbozó una sonrisa amarga y preguntó:
—Por eso, Bliss… como hoy necesito descansar, ¿podrías jugar solo? ¿Está bien?
—Eh…
Bliss parpadeó aturdido ante la situación inesperada. Era natural; seguramente esperaba que hoy fuera el día en que por fin jugaran juntos.
Pero Cassian no tenía la más mínima intención de hacerlo. Si es que alguna vez tuvo un rastro de ganas, ahora habían desaparecido por completo. Lo único que quería era quitarse de encima a este niño molesto y quedarse acostado en la cama durmiendo hasta tarde.
—Uuugh… —Cassian cerró los ojos rápidamente, fingiendo una expresión de agonía mientras se apretaba la frente.
Al verlo así, Bliss se asustó y asintió apresuradamente:
—¡Sí, entiendo! Cassian, ve a descansar ahora mismo. ¿Te vas a acostar en la cama? ¡Yo te llevo, vamos a que te acuestes!
Bliss corrió hacia él y, dando un saltito, sujetó la mano de Cassian. Cassian tuvo que inclinarse bastante hacia donde el niño lo jalaba, pero no le importó. Bliss lo arrastró mientras él fingía tambalearse, cruzaron el largo pasillo hasta llegar a su habitación y, una vez más, el niño se puso de puntillas para alcanzar la manija de la puerta.
—Recuéstate, rápido.
El niño insistió en llevarlo hasta la cama, lo ayudó a acostarse y le subió la sábana hasta los hombros antes de mirar su rostro.
—Si duermes mucho, te vas a curar pronto.
—Está bien, gracias, Bliss.
Acompañando sus palabras con un tono que claramente decía “ya puedes irte”, el niño asintió y se dio la vuelta como Cassian esperaba.
—Oye.
Pero al llegar a la puerta, el pequeño se detuvo y se giró de repente. Sabía que no se iría a la primera, pensó Cassian para sus adentros mientras forzaba una sonrisa.
—Dime, ¿qué pasa?
Ante la pregunta, Bliss vaciló un momento y luego preguntó con cautela:
—Cassian, ¿lo que tienes ahora es un resfriado?
—Ah…
Desconcertado por la pregunta inesperada, se quedó mudo un instante, pero pronto asintió con una sonrisa. De todos modos, el niño no entendería qué es una resaca; decir que era un resfriado funcionaba perfecto como excusa.
—Exacto. Por eso no debes venir aquí. Sería terrible si te contagio el virus.
—Sí, entiendo —asintió Bliss obedientemente.
—Entonces descansa mucho, Cassian.
El niño agitó la mano para despedirse y finalmente abrió la puerta para salir. Antes de cerrarla, por alguna razón le dedicó a Cassian una sonrisa tan radiante que le resultó inquietante, pero afortunadamente la puerta se cerró sin más incidentes.
Uff. Cassian soltó un suspiro acostado en la cama, relajándose al fin con la paz recuperada. Pensaba quedarse en su habitación todo el día; no quería más desastres por hoy.
O, para ser más exactos, no quería más de “Bliss Miller”.
Tras corregirse mentalmente, Cassian cerró los ojos, disfrutando de esa tranquilidad que tanto le había costado conseguir. No sabía que un descanso silencioso pudiera ser tan valioso. Al diablo con las vacaciones desenfrenadas y ruidosas; una rutina donde no pasara nada era lo mejor.
De pronto, el cansancio lo golpeó con fuerza. Era el resultado lógico de haber bebido y festejado toda la noche. Dormiría un buen rato y quizás saldría de nuevo por la noche. El auto que usó ayer ya debería estar de vuelta…
En los últimos días, Cassian por fin había estado saboreando unas vacaciones de verdad. Había pasado el día pescando con su amigo, se había divertido con chicas que acababa de conocer en el club y pronto planeaba beber junto a una fogata con sus amigos antes de saltar al lago.
«Esto sí que son vacaciones.»
Con una leve sonrisa en los labios, se quedó profundamente dormido en un instante. Sin embargo…
CREEEEK...
Con un sonido de mal agüero, la puerta de la habitación se abrió sigilosamente y un pequeño bulto entró de puntillas.
***
«Jaa, jaa.»
Extrañamente, su respiración se sentía agitada. Cassian frunció el entrecejo y respiró profundamente una y otra vez. ¿Qué pasa? ¿Por qué otra vez? Esta sensación… definitivamente la conocía. Esto era, sin duda…
En el momento en que abrió los ojos de par en par, se quedó desconcertado por un instante.
«¿Es un déjà vu? ¿O es que estoy soñando?»
Aún sin poder distinguir la realidad, Cassian solo parpadeaba. Y no era para menos: sobre su pecho estaba sentado, una vez más, el niño de rostro redondo mirándolo hacia abajo.
—… ¿Bliss?
Apenas murmuró el nombre con incredulidad, Bliss sacó algo de repente. Antes de que Cassian pudiera preguntar qué estaba haciendo, el niño se lo metió en la boca sin más. Con el habla interrumpida por un momento, Bliss declaró con firmeza:
—¡Paciente, no se mueva!
Cassian se quedó congelado, sin poder decir nada durante un buen rato.
«¿Pero qué demonios es esta situación tan absurda…?»
—¡Espere! ¡No hable con el termómetro en la boca! Yo me encargaré de todo, así que debe confiar en la palabra del doctor y obedecer.
El niño hablaba con mucha solemnidad, pero lo que Cassian tenía en la boca era, en realidad, un palito de galleta. El sabor dulce y salado en su boca lo dejó atónito, pero Bliss fue un paso más allá: le puso la mano en la frente y asintió.
—No tiene fiebre. Le daré un antipirético.
¿Para qué le ponía un “termómetro” si le iba a tomar la temperatura con la mano? ¿Y por qué le daría medicina para la fiebre si acababa de decir que no tenía? Al final, Cassian no pudo soportar más este ridículo escenario, se incorporó de golpe y gritó:
—¡¿Pero qué rayos estás haciendo?!
—¡Aaah!
Se repitió exactamente la misma escena de la mañana. La única diferencia esta vez fue que Cassian logró sujetar a tiempo a Bliss, quien estuvo a punto de salir rodando de su cuerpo y terminar desparramado en la cama otra vez.
—¿Se puede saber qué estás haciendo ahora? ¿No te dije que era un resfriado y que no entraras?
Cassian sentó al niño y lo reprendió de inmediato, pero Bliss, lejos de intimidarse, respondió con toda seguridad:
—Por eso mismo entré, para curarte.
No tuvo tiempo ni de preguntarle “¿quién te crees que eres?”. Bliss gritó emocionado con una sonrisa de oreja a oreja:
—¡Es la primera vez que veo a alguien con un resfriado! Siempre quise hacer esto: tomar la temperatura, dar la medicina…
En ese instante, Cassian se dio cuenta de que había cometido un error garrafal. Los Ultra-Alfas no se resfrían. Y en la familia Miller, todos —excepto uno— eran Ultra-Alfas. En resumen: él era el primer “humano con resfriado” que Bliss veía en toda su vida.
—Ja… aaah…
Su suspiro salió entrecortado y pesado. Bliss, entusiasmado, saltaba sobre la cama hablando sin parar sobre darle medicinas y traerle agua. El plan de Cassian de pasar el día tranquilo se fue por el caño de la forma más patética posible, y terminó refugiándose en el sueño mientras escuchaba a Bliss gritar que tenían que ponerle un supositorio.
***
De pronto, despertó al sentir algo frío en la frente. Al abrir los ojos, cómo no, ese rostro redondo estaba justo frente a él. Ya harto de esta situación que se repetía como un ciclo infinito, Cassian se dio por vencido y preguntó con voz agotada:
—¿Qué estás haciendo ahora?
—Te puse una toalla húmeda para que te baje la fiebre.
Bliss sonrió con orgullo mientras daba golpecitos a la toalla mojada sobre la frente de Cassian. El esfuerzo era tierno, pero como ni siquiera la había exprimido, el agua chorreaba empapándole no solo la frente, sino también el cabello y la almohada. Finalmente, Cassian soltó un suspiro y se incorporó, a lo que Bliss preguntó sorprendido:
—¿Estás bien? ¿Ya te curaste? ¡Tienes que estar acostado un día entero!
—No, estoy bien. Ya me curé. Gracias.
Mientras recitaba esas palabras mecánicamente una tras otra, Bliss ladeó la cabeza, dudando un poco.
—Ahora, ya pue…
—¡Traje sopa! —gritó Bliss de repente antes de saltar de la cama, interrumpiendo a Cassian justo cuando iba a decirle que se fuera.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN