Capítulo 9
—Él es Bliss, el menor de nuestra casa. Bliss, tienes que saludar.
A pesar de los primeros auxilios, con la cara aún manchada aquí y allá por los restos oscuros del chocolate, Bliss saludó enérgicamente.
—Hola. Soy Bliss Miller.
—Oh, qué adorable.
La reacción de la Duquesa fue inmediata. Sonriendo radiante, miró el rostro del niño.
—Hola, yo soy Elizabeth Strickland. Encantada de conocerte.
A continuación, miró los ojos de Bliss, que todavía estaban hinchados, y preguntó con preocupación:
—¿Están bien tus ojos? Tiene un moretón bastante feo, debió haberte dolido mucho.
Ante esas amables palabras, Bliss irguió el pecho con orgullo y respondió:
—¡Estoy bien, porque soy un hombre!
Ante eso, la Duquesa parpadeó sorprendida, pero al instante sonrió y asintió.
—Qué admirable. Entonces, claro, esto no es nada para ti. Porque eres un hombre.
Ante esas palabras, el Duque y Ashley también se rieron en voz alta. En medio de ese ambiente acogedor, Koi estaba pensando en algo completamente diferente.
«Cuando los invitados se vayan, tendré que regañar a Bliss como es debido».
Robin: pero porque!!
Por supuesto, Ashley pensaba lo mismo.
Sin tener ni idea de lo que pasaba por sus mentes, Bliss miraba a Cassian con una amplia sonrisa. Cassian le devolvió la sonrisa sin darle importancia. Sin siquiera imaginar el destino que le esperaba.
—Señora Duquesa.
Bliss habló con una voz rebosante de emoción. Con la mirada aún fija en Cassian, hizo su declaración bomba:
—¿Puedo jugar un poco más con Cassian? ¡Quiero subir a las atracciones con él!
Ante las repentinas palabras del niño, los ojos de todos se abrieron de par en par. Quien más se sorprendió y confundió fue, por supuesto, el propio Cassian.
«¿Qué está diciendo este bicho del tamaño de un cacahuete?»
—¿Jugar con Cassian? ¿Qué quieres decir con eso?
Preguntó el Duque en lugar de Cassian, a quien la inesperada y absurda situación había dejado sin palabras. Bliss miró al Duque y respondió con toda naturalidad:
—Es que Cassian y yo nos hicimos amigos. Así que quiero subir a mis atracciones con Cassian. ¿Está bien?
—Ah…
De la boca de Cassian escapó un suspiro de incredulidad.
«¿Pero qué es esto?»
Fue entonces cuando finalmente comprendió por qué Bliss lo había seguido hasta allí. En resumen, había venido a pedir permiso a sus padres para jugar con su nuevo amigo.
Como si el hecho de que Cassian estuviera a punto de alcanzar la mayoría de edad no fuera asunto suyo.
Aunque ya había percibido las retorcidas intenciones del descarado enano, ya era demasiado tarde. Al ver a los Duques, totalmente cautivados por la adorable carita del niño, reír a carcajadas, Cassian se convenció de su desesperado futuro.
—¿Ah, sí? Me alegra saber que te has hecho amigo de mi hijo. ¿Tienes atracciones?
—Sí, allí en el jardín. Son mías.
Ante la amable pregunta del Duque, Bliss asintió y añadió con orgullo:
—Cassian es mi amigo, así que le dejaré subir como un favor especial. Por favor, dejadme jugar con él.
«Esto es un problema.»
Ante la segunda petición, Cassian intervino apresuradamente, aunque ya era tarde.
—Un momento, ¿no decían que me buscaban? ¿No tenían algún asunto que tratar conmigo?
Mientras preguntaba con una sonrisa y un tono cortés, fingiendo que no pasaba nada, por dentro le gritaba fervientemente al Duque: «¡Dile que tengo un asunto importante, ahora mismo!»
Jugar con el niño había sido solo un capricho pasajero. Si hubiera sabido que acabaría teniendo que hacer de niñera, habría ignorado al niño aunque se hubiera golpeado la cabeza con la silla o algo así.
«Bueno, no, supongo que le habría impedido tener un accidente.»
Cassian rectificó su pensamiento, pero la conclusión no cambiaba.
«El caso es que yo nunca quise esta situación.»
Pero la Duquesa intervino esta vez, sin ser consciente en absoluto de la desesperación de su hijo.
—No, es que me preocupaba que pudieras estar perdido por la casa, por eso te llamamos. Ve a jugar tranquilo.
Cassian intentó rechazar cortésmente diciendo: «No soy un niño, así que estoy bien». Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, el Duque soltó una carcajada y asintió.
—Sí, haz eso. Cassian, ¿has oído? Ve.
—Es que preferiría quedarme aquí descansando.
Cassian intentó resistirse con una sonrisa. Expresó su deseo de rechazar de forma indirecta, pero el Duque no lo aceptó.
—De todas formas, ¿no estás aburrido? Como no tienes nada que hacer y debe ser tedioso, ve a jugar con tu nuevo amigo.
«Yo no estoy bien.»
Cassian lo pensó para sus adentros y volvió a declinar.
—Es que no me gustan mucho las atracciones…
—¡No importa, Cassian! ¡Verás como cuando vayas y las pruebes te empiezan a gustar!
El cacahuate que estaba a su lado se entrometió sin venir a cuento, sin captar la situación. Cuando sintió el impulso de darle un simple puñetazo, la Duquesa habló:
—Sí, Cassian, ve. Podemos esperar todo el tiempo que sea necesario, no te preocupes.
—Yo…
Iba a decir «no, gracias» de nuevo, pero no era el momento. Al comprobar que cuatro pares de ojos estaban fijos en él, Cassian solo pudo abrir y cerrar la boca y finalmente responder: Sí, señora. Al final, con el rostro pálido, tuvo que salir al pasillo, prácticamente escoltado, junto con el mocoso entrometido que no paraba de hacer de las suyas.
—¡Vamos, Cassian!
Bliss dijo estirando la mano emocionado. Por mucho que estirara el brazo con todas sus fuerzas, la mano de Cassian estaba muy arriba, así que no servía de mucho. Aun así, al ver al niño sonriente esforzarse por alcanzar la mano de Cassian con sus cortos bracitos, este acabó estallando de frustración.
—Tú, ¿cuántos años tienes?
Ante la pregunta hecha entre dientes, Bliss respondió con toda naturalidad.
—Seis. ¿Y tú?
—Yo casi cumplo dieciocho, Bliss.
Cassian se aseguró de que los adultos al otro lado de la puerta no pudieran oírle y añadió en el tono más bajo posible:
—Quiere decir que seré un adulto. Un adulto.
Quería decir que no era la edad para subirse a atracciones infantiles, pero por supuesto Bliss no lo captó.
—No importa, aunque seas un poco mayor, a mí no me molesta.
«No, a mí sí me molesta. Y mucho.»
Mirando a Bliss, que le daba palmaditas en la pierna como animándole con una sonrisa radiante, pensó Cassian. Pero sin hacer caso en absoluto a su expresión torcida, Bliss parloteó a su antojo:
—En mis atracciones también se suben papá y papi. Tú también puedes subirte.
Ya estaba sin palabras por lo absurdo de la situación, pero el niño encima añadió:
—Como tus papá y mamá nos dieron permiso, está bien. ¡Vamos ya!
«Yo ya pasé la edad de pedir permiso a mis padres para algo tan trivial como subirme a una atracción hace muchísimo tiempo.»
Cassian quiso gritar, pero por supuesto no podía. Harto de esperar a que le cogiera la mano, Bliss dio un saltito y agarró la mano de Cassian. Gracias a eso, Cassian se inclinó hacia adelante, y Bliss, que había vuelto a posarse en el suelo, le dijo:
—¡Confía en mí! ¡Va a ser muy divertido!
Y entonces se puso a correr sin más. Al final, Cassian no tuvo más remedio que ser arrastrado torpemente a través del pasillo, con una mano agarrada por un enano que apenas llegaría a la mitad de su tamaño.
5.
Las atracciones instaladas detrás de la mansión eran sencillamente enormes. Empezando por una montaña rusa, había un Flume Ride, un carrusel, un barco pirata, una torre de caída libre, etc. Parecía que tenían todo tipo de atracciones.
El problema era que todas eran infantiles.
—Vamos, Cassian. Súbete.
Antes siquiera de encontrar respuesta a la pregunta fundamental de «¿por qué habrán construido algo así en una propiedad privada?», Bliss, que ya se había subido de un salto al barco pirata, que no le llegaba ni a la cintura a Cassian, señalaba el otro extremo y gesticulaba efusivamente. Al verlo sentado en un barco pirata ridículamente pequeño y cutre, pero con el cinturón de seguridad bien abrochado, a Cassian le pareció todo aún más increíble.
—Yo paso.
—¡No hace falta que te cortes! Vamos, siéntate, rápido.
Cassian negó con la mano, pero Bliss volvió a gritar señalando el asiento de enfrente. Sin embargo, Cassian resistió con todas sus fuerzas.
—Bliss, mira. Yo soy así de grande. ¿Cómo voy a subirme en una atracción tan pequeña?
Esa era una razón que habría convencido a la mayoría de la gente, incluido Cassian. Por supuesto, Bliss no pertenecía a esa mayoría, lamentablemente.
—¡No importa! ¡Mi papá es más grande que tú y se sienta ahí muy bien!
Cassian miró el asiento vacío que supuestamente era para él y se quedó pálido.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN