Capítulo 68
Al oír esa voz, Edith se giró lentamente. Al otro lado de la puerta abierta, estaba Richard. Sin gafas, vestía el uniforme de la guardia. Tras mirarlo atónita por un momento, abrió la boca.
—¿Richard…?
Hasta hacía un instante, aún podía negar la situación de alguna manera. Podía pensar que la persona frente a ella era Richard. Que él estaba gastándole una broma pesada. Que si le decía que esa broma no tenía gracia, él se reiría y volvería a ser el de siempre. Pero en el momento en que se giró, se dio cuenta de que ya no podía tomarse aquello como una broma.
Cuando el impacto se disipó y comprendió la situación, sintió como si la sangre en su cuerpo se helara.
—Richard, esto es…
Edith, que había empezado a hablar, se quedó sin palabras. No sabía qué decir. ¿Que no sabía que era Eckhart? ¿Que por eso había seguido acostándose con él? Mientras Edith dudaba sin saber qué hacer, Richard desvió la mirada hacia Eckhart. Su expresión era aparentemente impasible. Richard lo observó largamente antes de hablar.
—Informaré más tarde.
Su voz era serena y profesional, como si dijera que, como parecía estar ocupado, se retiraba. En su tono no había ni confusión ni ira.
Quien reaccionó a esa voz serena fue Edith. Ajustándose a duras penas la ropa que le caía sobre los hombros, se bajó de encima de Eckhart y salió de la habitación apresuradamente. Richard no se volvió para mirarla mientras ella huía del lugar. En cambio, preguntó a Eckhart:
—¿Lo hago ahora?
Eckhart observó fijamente a Richard, cuyo rostro no mostraba cambio alguno.
La primera vez que los ancianos lo trajeron diciendo que era su sombra, Eckhart se había maravillado. A pesar de haber nacido en otra familia, su apariencia era tan idéntica que uno podría preguntarse si no estaría mirándose en un espejo. Incluso, por haber nacido como su sombra, si Eckhart resultaba herido, solía aparecer una cicatriz similar en el mismo lugar del cuerpo de Richard. Por eso, cuando los dos se sentaban juntos, los Hacklam no sabían quién era quién.
Desde pequeño, Eckhart había compartido todo con Richard de manera natural. Incluso pensaba que compartían la vida. Por eso, la primera vez que dijo que había encontrado a una mujer capaz de heredar la sangre de los Hacklam, sin necesidad de discutirlo, ambos pensaron que debían compartir a esa mujer. Incluso, no solo ellos dos, sino todos los Hacklam.
Pero ahora, ese pensamiento comenzaba a tambalearse ligeramente.
«No me apetece.»
Eckhart miró a Richard, que lo observaba en silencio. Su actitud, idéntica a la de siempre, le molestaba. Y se sorprendió de sí mismo por ello. Nunca antes en su vida Richard le había molestado. Estar siempre detrás de él era algo natural. Así como ninguna persona en el mundo se queja de la sombra que le acompaña mientras camina, Eckhart también consideraba a Richard, con naturalidad, como una parte de sí mismo.
Así era, pero ahora, por primera vez, sentía incómoda su presencia.
Eckhart, tal y como Edith lo había dejado, recostó la espalda en la silla y dijo:
—Informa.
Él no había hecho nada malo. Imitar a Richard no era algo que pudiera considerarse una falta, para empezar.
Haber compartido los días y las noches de Edith tampoco había sido más que un acto de su generosidad. Como no podía tenerla todo el día entre sus brazos, ¿acaso no se la había dado para que hiciera con ella lo que quisiera durante el resto del tiempo, fuera de la noche? No era una promesa ni un contrato. Por lo tanto, si lo deseaba, él, como jefe y dueño, podía disponer de todo el tiempo de Edith en cualquier momento. Richard debía saberlo bien, por eso no decía nada especial, pensó.
Aún pensando así, la mirada de Richard le resultaba incómoda.
—Los suministros se entregaron sin problemas. No hay heridos, pero algunos han solicitado conocer a la familia del castillo, así que cuando amaine la tormenta de nieve, volverán al castillo. Y hay un asunto que el responsable informó tras haberlo comprobado personalmente.
—¿De qué se trata?
—Dijeron que se oían ruidos en un pasaje en desuso. Además, al parecer, el sonido se acercaba desde el lado de Vasane hacia el nuestro.
—¿Qué?
Desde que se asentaron aquí, construyeron el castillo y desarrollaron las minas, nunca se había oído el sonido de otra presencia en los pasadizos subterráneos.
—Intentamos llevar a unos mineros de confianza para verificar el lugar de donde provenía el sonido, pero justo en el punto más complejo, el sonido se cortó y ya no pudimos seguirle el rastro. A partir de ahí, son pasajes no marcados en el mapa de la mina, así que, una vez termine el entrenamiento, creo que deberíamos tomar el mapa del castillo principal y volver a comprobarlo.
Ante el informe de Richard, la mente de Eckhart se volvió compleja. En el pasado, los Nil, al borde del exterminio, habían acudido a los Hacklam. Solicitaron que los protegieran hasta su último aliento, ofreciendo a cambio los mapas que ellos habían creado. La verdad, en ese entonces, los Hacklam no necesitaban los mapas de los Nil. Las tierras donde los Nil se habían reunido eran demasiado frías y remotas en el continente; por más minas de buena calidad que tuvieran, no eran lo suficientemente atractivas como para emigrar allí.
Sin embargo, como a los Nil no les quedaba mucha población, los Hacklam los aceptaron por razones humanitarias y también recibieron los mapas que los Nil les dieron, insistiendo en que un trato sin compensación los avergonzaría.
Con el paso del tiempo, cuando el Imperio del Emperador comenzó a crecer y a presionarlos, los Hacklam recordaron los mapas que los Nil les habían dado.
—Debemos verificar ese lugar en previsión de una emergencia. Si llegara el caso, tendríamos que huir usando los pasadizos de los Nil y establecer un nuevo asentamiento en otro lugar.
Desde entonces, Eckhart y los ancianos comenzaron a memorizar los pasadizos subterráneos de los Nil. Era un asunto que requería una seguridad exhaustiva, por lo que solo unos pocos autorizados los memorizaron. Y ahora, que alguien más aparte de ellos estuviera usando esos pasadizos…
—En aquel entonces, los Nil no acudieron a otras razas. Por lo tanto, si alguien está usando los pasadizos de esta zona… podría tratarse de algún Hacklam superviviente.
Ahora ya era conocido en todo el continente que los Hacklam estaban aquí. La razón por la que decidieron aliarse con el Imperio fue, precisamente, con la esperanza de que, si algún Hacklam superviviente tuviera noticias, pudiera encontrar el camino a estas tierras sin problemas. El problema es que el Emperador también intuyó esa intención, por lo que ha establecido puestos de control en todos los caminos que llevan a los Hacklam para verificar la identidad de quienes entran y salen.
—No hubo ancianos que sobrevivieran. Por lo tanto, no debería haber nadie que conozca los caminos.
Todos murieron enfrentándose al ejército imperial hasta el final para proteger a los niños. Eckhart recordaba vívidamente sus últimos momentos, viendo cómo sus cabezas volaban ante sus ojos.
Hubo alguien, que no era anciano, que también conocía los pasadizos subterráneos, pero también confirmaron su muerte. Entonces, ¿quién demonios está usando los pasadizos?
—Dijiste que hicieron ruido.
—Sí.
—Entonces, es muy probable que no sean Hacklam.
Si hubieran sido Hacklam, habrían ocultado su presencia hasta encontrar la salida.
—Sí. Por eso creo que quizás sea alguien del lado del Emperador que ha encontrado el camino y se está acercando.
—Bien. Lleva el mapa que está en el castillo. Cuando termine el entrenamiento, lleva también más caballeros. Averigua quién demonios se acerca y tráelo aquí.
La respuesta de entendido debería haber llegado de inmediato. Pero Richard no dijo nada. Eckhart miró a Richard con una mirada que instaba a responder. Tras un breve silencio, Richard inclinó la cabeza.
—…Entendido.
—¿Hay algo más que informar?
En la voz de Eckhart, que volvía a preguntar, era evidente un tono de fastidio. Desde el momento en que Richard regresó, cada instante se sentía incómodo. Parecía que solo haciendo que Richard se fuera, esa incomodidad desaparecería.
—Queda lo relacionado con los hechiceros.
—Si no es algo importante, podrías descansar e informar mañana…
—Parece que las monedas de oro tienen un hechizo de anulación de habilidades. Dicen que en el castillo principal volverán a fundir las monedas para extraer solo el hechizo y hacer experimentos. También dijeron que mañana irán a ver a Edith para comprobar si el Emperador le ha lanzado algún hechizo. Esto es todo en cuanto al informe relacionado con la mina. Y sobre el entrenamiento… tomaremos un día de descanso mañana y lo reanudaremos pasado mañana.
Entrenamiento. Al oír esa palabra, Eckhart apretó ligeramente el puño. La verdad, había pensado en posponer el entrenamiento después de discutirlo con Richard, una vez que él regresara. Aunque todos los caballeros esperaban con ansias, posponerlo no era difícil. Bastaba con decir que Edith estaba embarazada. Pero, por alguna razón, ahora no le apetecía mencionar a Richard nada relacionado con Edith.
—Entonces, me retiro.
—…Sí, vete.
En cuanto Eckhart terminó de hablar, Richard se dio la vuelta y salió. Como si ya no quisiera estar más allí.
***
Dos días después, según lo planeado, comenzó el entrenamiento.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN LA MERA MERA DEL SCAN